El anarco-sindicalismo en Japón desde 1911 hasta 1934
by Philippe Pelletier
Como parte de la serie de artículos que venimos publicando sobre el anarquismo en el Lejano Oriente, reproducimos aquí una ponencia de Phillippe Pelletier
sobre la historia del anarquismo japonés entre 1911 y 1934. Creemos que esta historia es fecunda en lecciones para el anarquismo contemporáneo, sobre todo para no repetir los mismos errores.
Agradecemos al compañero Frank Mintz y a la compañera María Ester Tello el habernos facilitado este importante documento, el cual ellos han traducido del francés original (la actual versión
contiene algunas correcciones de José Antonio Gutiérrez). Este documento será publicado en un volúmen titulado "Historia del Movimiento Obrero Revolucionario" por la editorial argentina
Anarres, colección Utopía Libertaria (http://www.quijotelibros.com.ar/anarres.htm). Agradecemos su autorización para realizar esta publicación.

Fábrica japonesa a inicios del período Meiji, 1880.
El anarco-sindicalismo en Japón desde 1911 hasta 1934
La historia del anarco-sindicalismo, del anarquismo y más ampliamente del movimiento obrero y campesino en el Japón durante el tiempo que va entre las dos
guerras mundiales, es de una riqueza inaudita. Ella tiene también fuertes enseñanzas en todos los dominios: tácticos, estratégicos, ideológicos y filosóficos. Si había ya una conclusión a
extraer sería ésta : en el otro extremo del mundo lucharon centenas sino millares de personas por un ideal de emancipación libertaria por valores que, por supuesto dependían del contexto local-
japonés y más ampliamente asiático- pero que eran y continúan siéndolo todavía, universales.
Por otra parte, los militantes japoneses anarquistas y anarco-sindicalistas no han evolucionado en un coto cerrado. Estuvieron siempre informados, algunas veces
con cierto retardo, de las evoluciones teóricas y de los debates estratégicos del movimiento en los otros países. Ellos tuvieron siempre contactos, viajaron, hicieron traducciones. Kotoku
Shûsui ( 1871-1911 ) fue a EE.UU; Osugi Sakae (1885-1923 ) a Francia y a China; Ishikawa Sanshiro ( 1876-1956 ) a Bélgica y a Francia ( en casa de Paul Reclus) y a China en 1927; Iwasa Sakutaro
(1879- 1967) a California y a China; Yamaga Taiji ( 1892-1970 ) a China, Taiwán y a Filipinas. Además del aprendizaje de lenguas occidentales muchos de ellos eran esperantistas (Osugi Sakae,
Yamaga Taiji, etc.). Participaron así de numerosas iniciativas internacionales. Los anarquistas eran también más numerosos que los comunistas en las delegaciones japonesas que concurrieron a
Irkutsk en noviembre de 1921 para la conferencia preliminar al Congreso de pueblos de Oriente. El anarco-sindicalista Yoshida Hajime hasta se agregó en la delegación que asistió a la
conferencia plenaria de Moscú en 1922 [1].
Sin embargo, es difícil abordar esta historia. Más allá de los problemas puestos por el acceso a las fuentes de comprensión lingüística, es necesario subrayar por
lo menos dos factores que han constituido un obstáculo durante mucho tiempo: el predominio, en el curso de la post-guerra de historiadores, tanto de la democracia liberal como de la izquierda
marxista sobre la lectura del periodo de antes de la guerra que ha ocultado o marginalizado, el rol de los anarquistas o de los anarco-sindicalistas; la debilidad extrema del movimiento
anarco-sindicalista y anarquista japonés en ese mismo tiempo de antes de la guerra, ligado en parte al factor precedente [predominio marxista y liberal] y de otra parte a las fantásticas
mutaciones de un país que en treinta años pasó de ser un país en vías de desarrollo (así clasificado por el geógrafo Yves Lacoste en los años 1950) al de una gran potencia
industrial.
Felizmente los japoneses, que tienen una gran cultura de lo escrito y de la memoria, han conservado múltiples trazas de esta historia. Algunos de sus militantes
han también intentado traducirlo al inglés. Además, después de una quincena de años una nueva generación de investigadores e historiadores occidentales ha sabido repasar los trabajos
precedentes (George Beckman, Fred Notehelfer, Thomas Stanley, Stephen Large) que habían estado, por decir lo menos, "encargadas" por las autoridades norteamericanas en el cuadro de la guerra
fría con el fin de conocer el enemigo comunista global y han producido trabajos de gran calidad, tanto del Japón como de la China (Corea era por el momento la gran ausente en ese
dominio).
En este sentido es necesario subrayar sobre todo el aporte efectuado por historiadores como John Crump, Byron Marshall, Phil Billingsley, Arif Dirlik, Edward
Krebs y Peter Zarrow (estos últimos han escrito a propósito de China). La otra originalidad de estas investigaciones, aunque uno no comparta forzosamente sus puntos de vista, es que ellos
ofrecen a parte de algunas excepciones, la inestimable ventaja de no deformar los principios o la historia del anarquismo o del anarcosindicalismo. Hay que agregar así también la obra del
Diccionario biográfico del movimiento internacional editado por Jean Maitron (volumen sobre el Japón escrito por Shiota Shobei, procomunista)
1. Del “Partido Popular” ( Heimin-Sha) a la “era del invierno”
1911 es una fecha crucial y sombría tanto para el socialismo como para el anarquismo en Japón. Es el año donde alegando un proyecto de asesinato del
Emperador, el Estado japonés aprovecha para reprimir el movimiento socialista naciente (Taigyaku jiken) asunto que fue catalogado de “alta traición”.
A continuación de un proceso sin apelación, 24 personas fueron condenadas a muerte y de ellas, 12 fueron ejecutadas. Entre ellas Kanno Sugako (1881-1911) y su
compañero Kotoku Shûsui (1871-1911). Los dos eran anarquistas. Kotoku era, asimismo, en esa época la principal figura del socialismo en el país, una especie de Jean Jaurès japonés, más
claramente y expresamente anarquista. La importancia de Kotoku era más grande aún por el hecho de haber pasado, después de reflexión y contactos con los movimientos extranjeros (sobre todo los
IWW) de la socialdemocracia más o menos marxistizante al anarquismo y que haya impulsado hacia posiciones de acción directa y antiparlamentarias a la mayoría del movimiento socialista japonés
de entonces. Fue Kotoku Shûsui quien introdujo en Japón la idea de huelga general (zenesuto) en el curso de los años 1905-1910.
Subrayemos al pasar que en la época, a pesar de sus discursos ideológicos, el conjunto de los socialistas, en el sentido amplio del término, se estimaban y se
frecuentaban entre sí. Esta situación duró hasta el fin de los años 1920, a “grosso modo” -hasta la bolchevización de algunos- ya que sus posiciones minoritarias, sino marginales, en
el seno de la sociedad y de la política japonesa lo justificaría ampliamente. Los lazos interpersonales eran fuertes, a veces tensos, pero existían. Kanno Sugako se alejó así de uno de los
fundadores del Partido Comunista japonés, Arahata Kanson (1887-1981), para unirse a Kotoku; Ito Noe (1885-1923) dejó al stirneriano dadaísta Tsuji Jun (1884-1944) por Osugi Sakae; el anarquista
Kondo Kenji (1895-1969) se casó con una de las hijas de la gran figura marxista japonesa, otro fundador del Partido Comunista japonés, Sakai Toshihiko (1871-1933).etc.
La mezcla de militantes socialistas estaba así permitida porque aún no se cerraban ciertas clarificaciones ideológicas que dependían, en parte, de la evolución
interna propia del movimiento japonés y de otra parte, de la evolución del movimiento obrero mundial, en particular después de la Revolución rusa. Según la rapidez de la percepción de este
hecho, de su análisis y de la fiabilidad de las informaciones, las reclasificaciones ideológicas se harían más o menos rápido.
Así, como en otros países pero con una ligera diferencia en el tiempo, hacia los años 1920 en el Japón, la mayor parte de los fundadores y de los primeros
militantes del PCJ, provenían del movimiento anarquista o bien habían militado estrechamente ligados a los anarquistas. Es el caso, para los fundadores, de Arahata Kanson que actuaba al costado
de los anarquistas Osugi Sakae e Ito Noe para editar la revista Kindai shiso (pensamiento moderno), de Takao Heibei (1893-1923) o del teórico Yamakawa Hitoshi (1880-1958) muy
anarquizantes antes de su adhesión al marxismo. Por los primeros adherentes, citemos el caso de Watanabe Masanosuke (1899-1928), obrero, organizador del sindicato libertario Kokushoku rodo
kumiai en el barrio de Kameido en Tokio, que adhirió al PCJ desde su creación y del que llegaría a ser un alto dirigente en 1927.
En los años 1930, la situación evolucionó, sin embargo, de una manera diferente como consecuencia de los dramas engendrados por la bolchevización y las
clarificaciones político-ideológicas que resultaron de ella... Destaquemos también que la mayor parte de los primeros comunistas de origen anarquizante serán pulverizados por la máquina
estaliniana del Komintern y de sus afiliados japoneses.
En el curso de los años 1910, 1920 y 1930, el Japón había cambiado mucho. El resto del país, todavía profundamente rural, marcado por una capa de propietarios
terratenientes frecuentemente ausentistas, que explotaban granjeros y aparceros... Pero la industria, en el comienzo industria ligera, después industria pesada, se desarrolla y la urbanización
se acelera. Social y culturalmente el país se moderniza en todos los sentidos (arte, literatura, relaciones hombres-mujeres, etc.).El movimiento socialista participó innegablemente en ese
proceso.
Políticamente, el régimen imperial se democratizó un poco: es el período llamado de la “democracia Taisho”. En 1925 fueron promulgadas dos leyes: la primera, que
reemplazaba un sistema electoral basado en el censo, acordaba el derecho del voto a todos los hombres mayores de veinticinco años. Era la zanahoria delante del burro. La segunda, la “Ley sobre
el mantenimiento del orden”, reenforzó la represión que era encuadrada por la “Ley de policía sobre la seguridad pública”. Ese era el garrote.
Es necesario insistir sobre dos cosas a propósito de esta legislación represiva.
En primer lugar, ella constituye una respuesta directa al progreso del movimiento socialista y más precisamente del movimiento sindical. La ley de 1900 llegó
justo después de la emergencia de los primeros sindicatos en Japón, que datan de 1897 (Rodo kumiai kiseikai; periódico Rodo sekai) y que precedieron poco antes a la creación
de los primeros grupos específicamente socialistas (Shakaishugi kenkyûkai de 1898, transformado en Shakaishugi kyokai en 1900; Shakai minshu to de 1901;
Heimin-sha en 1903).
En segundo lugar, esta legislación represiva, trabó considerablemente, pues ese era su objetivo, toda actividad socialista, comunista, anarquista. Llegó hasta a
molestar, en el curso de su aplicación, a los sectores liberales y democráticos. Fue particularmente feroz con las tendencias radicales, comunistas y anarquistas. Todos los nuevos partidos
«demasiado» radicales fueron rápidamente prohibidos. Los periódicos fueron regularmente suspendidos o clausurados. Las reuniones públicas o los congresos, casi sistemáticamente interrumpidos
por la policía, los militantes apresados (entre 1925 y 1945, más de 75 000 personas fueron arrestadas y diferidas a la Justicia por infracción a la ley de mantenimiento del orden); muchas veces
torturadas, maltratadas en prisión, donde terminaban finalmente por morir. O fueron pura y simplemente asesinados como fue el caso frecuente de los anarquistas.
Resultado: todos los organismos socialistas tuvieron un funcionamiento caótico, clandestino y semi-clandestino (el PCJ, por ejemplo, no será jamás tolerado, lo
que obligó a subterfugios organizativos de los bolcheviques) que conllevó derivaciones ya sean terroristas (sobre todo en el movimiento anarquista y sus márgenes) ya sean hiperpragmáticas o a
querellas atribuyéndose la responsabilidad de un empeoramiento de la represión o también una gran sensibilidad sobre los modos de organización (centralismo o no), así como una personalización
de las tendencias alrededor de líderes, ellos mismos bajo el fuego de la represión;
El socialismo encontró en Japón su primer verdadero eco popular protestando contra la guerra, sobre todo cuando la guerra ruso-japonesa de 1905. El socialismo
estuvo allí, de alguna forma, consustancialmente ligado al imperialismo. Su pujanza será pues inversamente proporcional a su fuerza y por consiguiente su suerte, ampliamente ligada a la
evolución de la situación internacional.
El cristianismo ha jugado en Japón un rol importante en la toma de conciencia socialista, como ideología juzgada occidental, moderna, cuidadosa de la realidad
social y ubicada contra el sistema imperial puesto que éste reposa sobre un dios pagano, el emperador. La mayor parte de los primeros socialistas fueron cristianos o transitaron por el
cristianismo, incluidos ciertos anarquistas, por lo menos en el primer tiempo (Ishikawa Sanshiro, MurakiGenjiro, Hatta Shuzo, Hisaita Unosuke, etc.), con no obstante mucha menor amplitud que
entre los marxistas o los social-demócratas. Kotoku Shûsui fue siempre hostil al cristianismo. Su última obra fue, sin ambagajes, intitulada "De la supresión del cristianismo" (Kirisuto
massatsu ron).
En 1911, el movimiento socialista fue groseramente dividido en tres tendencias: una social-demócrata, más o menos cristianizante, una marxistoide en vía de
bolchevización y una anarquista en vía de anarco-sindicalización.
Con la represión el movimiento socialista entró en lo que los militantes de la época, y después también los historiadores, han llamado la «época del invierno»
(fuyu no jidai). En 1918 fue el despertar. El capitalismo japonés surge verdaderamente reforzado de la Primera Guerra mundial. Políticamente está en el campo de los aliados, de los
vencedores; recupera así territorios y beneficios políticos. Económicamente, saca provecho de la situación. La industrialización y la urbanización se aceleran y con ellas la proletarización y
el descontento popular. De ser 50 e implicando 8.000 trabajadores aproximadamente en 1914, las huelgas pasaron entonces a 497, implicando 63.137 trabajadores [2]. Los «disturbios del arroz»
(kome bodo, 1918) marcan una nueva etapa y el movimiento socialista pudo al fin salir de su letargo. Del mismo modo, esto ocurrió con el sindicalismo.
Yo me circunscribiré aquí esencialmente a las concepciones y a la evolución de ese sindicalismo bajo el ángulo anarco-sindicalista, singularmente en el medio
rural y urbano. No trataré, por lo tanto, o lo haré muy poco, otros aspectos y dominios de intervención de los socialistas y de los anarquistas de la época, igualmente muy importantes, como el
mundo rural, la lucha de las mujeres, la lucha de parias burakumin, la lucha de los inmigrantes coreanos, el movimiento cultural, etc. Esos campos de acción y de reflexión estuvieron
en parte ligados a la evolución de las estrategias sindicales, las cuales formaron de todos modos el centro de gravedad, al menos en términos numéricos, del socialismo de entonces. Así, los
anarquistas trataron de reorientar el campo popular en los inicios de los años 30, para pasar por alto las divisiones del movimiento libertario y reencontrar las posiciones comunes.
La Revolución rusa fue igualmente estimulante. Pero sus efectos fueron mucho más distendidos en el tiempo. Los reposicionamientos que ella indujo en el movimiento
revolucionario se efectuaron sobre todo en 1921-1922. Fue preciso todo el descaro de los agentes del Komintern para intentar desembarazarse de la fuerte presencia anarquista y
anarco-sindicalista. Ese proceso fue viable tanto en China como en Japón. Las dificultades lingüísticas, las diferencias culturales, la distancia geográfica con el teatro europeo, la fuerza de
las especificidades locales fueron otros de los factores que explican este distanciamiento de los anarquistas del Komintern, que se explica algunas veces por la desconfianza en los militantes
japoneses o chinos deseosos de controlar sus propios asuntos.
En 1912 se fundó un grupo nacional de sindicatos bajo el impulso de un militante cristiano, futuro diputado socialista, Suzuki Bunji (1885- 1946). Su base
ideológica era la de una colaboración trabajo-capital, como su nombre lo indica bien: la Yûaikai (sociedad fraternal). Embrionaria en sus comienzos, pero respondiendo a los deseos
presentes en la nueva clase obrera, ese sindicato obtuvo rápidamente éxito: contaba con 15 miembros en agosto de 1912, 1.295 en junio de 1913, 7.000 a fines de 1915, 20.000 en abril de 1917 y
30.000 en 1918.
Simultáneamente y bajo el impacto del socialismo en sentido amplio, la Yûaikai endureció sus posiciones. Muchos militantes, confrontados a la lucha de
clases, se orientaron hacia el anarquismo. Takada Waitsu (1895-1970) intentó así expurgar la Yûaikai de sus militantes intelectuales moderados, animar un ala izquierda en el seno del
sindicato y desplegar una gran actividad en las tropas de choque durante las grandes huelgas de los astilleros navales Kawasaki y Mitsubishi en 1921 en Kobe, que marcaron un punto de inflexión
de la conciencia obrera. Takada, con su camarada Yamamoto Kenzo (1885-1942) fue uno de los animadores de los «radicales de Tsukijima», una pequeña isla en el puerto de Tokio donde quiso hacer
nada menos que el Kronstadt del Japón [3]. Hizo discusiones sobre Kropotkin, la revolución rusa, los IWW, la CGT y otros movimientos obreros en el mundo.
2. Osugi Sakae, el dinamizador.
Del lado de los anarquistas ya organizados, un grupo y una personalidad, Osugi Sakae y sus amigos, jugaron un papel importante en la radicalización de la
Yûaikai. Paralelamente a la revista Kindai Shiso y en común con Arahata Kanson, Osugi Sakae animó un «Grupo de estudio del sindicalismo revolucionario» (sanjikarizumu
kenkyûkai) que hizo múltiples reuniones públicas entre 1913 y 1916. Muy significativamente, Osugi, en un artículo escrito poco tiempo después, en 1920, va a rebautizar ese grupo bajo el
nombre de «Sociedad de estudios sobre el anarcosindicalismo» (anarukosanjikarizumu no kenkyû-kai). Esto prueba que el término anarco-sindicalismo era ya conocido en el Japón y aceptado
como tal. El término de «sindicalismo» (traducido en japonés sanjikarizumu), en cuanto a sí mismo, debe ser tomado en su sentido anglosajón como «sindicalismo
revolucionario».
Osugi atrae a su alrededor la mayor parte de los anarquistas de la época: Miyajima Sukeo (1886-1948), autor de Mineur considerada como obra maestra de la
literatura proletaria; Watanabe Masataro (1873-1918), veterano del anarquismo; Wada Kyutaro( 1893-1928); Hisaita Unosuke (1877-1922), Mizunuma Tatsuo (1892-1965); Mochisuki Katsura; Kondo
Kenji, que había organizado la Tokio roo undo omei-kai en 1919...Algunos vivían con él y su compañera Ito Noe.
Osugi se convirtió en una de las figuras del grupo anarquista de la "Sociedad del viento del Norte", fundada por Watanabe y rebautizada así en 1918 después de la
muerte de éste último. Él ayudó a la creación de una "Sociedad del verdadero progreso" (Seishin-kai), un sindicato de la imprenta, fundado en diciembre de 1919 después de una
huelga[4]. Tuvo también influencia en el seno de un sindicato de tipógrafos, la "Sociedad de verdaderos amigos" (Shin'yû-kai) creada en noviembre de 1916 y en la emergencia del
sindicato de tipógrafos de escritura romana (Oyukai, fundado en 1907). Seishin-kai, de los impresores y Shin' yû-kai de los tipógrafos (Mizunuma Tatsuo, etc.):
encontraremos con frecuencia el nombre de esos dos sindicatos que van a jugar un papel fundamental en el sindicalismo y en el anarco- sindicalismo del Japón.
El aporte de Osugi Sakae fue sumamente original. Su padre espiritual, político y militante, Kotoku Shûsui, era el representante de antiguas generaciones. Kotoku
era descendiente de samurái, marcado por el confucionismo y por el colapso de Meiji. Por otra parte Osugi Sakae fue el símbolo de una nueva modernidad japonesa. Como Kotoku, o más que él si es
posible, apreciaba las ciencias modernas, la filosofía y la literatura occidentales (él estudia a Nietzsche, Stirner, Bergson, Sorel, Romain Rolland, etc.) Apasionado de las lenguas e
internacionalista, fue uno de los fundadores del esperanto en Japón. Fue también un antimilitarista. Como Kotoku, eligió adecuar su vida a sus ideas, comprendido también en eso, el amor
libre.
De otro lado Osugi tuvo menos que ver con el mundo rural que Kotoku o sus predecesores: fue un hombre de ciudad, la encarnación de una nueva forma de modernidad
urbana en el Japón, un nuevo habitante de Tokio. La personalidad de Osugi era cálida, colorida. Amaba los niños, los ancianos, las mujeres. Era un «bon vivant» aún siendo capaz de un
ascetismo militante. Siendo tartamudo, perdía este trastorno cuando se lanzaba en un discurso ardiente delante del público. Osugi era un rebelde devenido revolucionario.
Osugi Sakae denuncia sin descanso las élites intelectuales-comprendidos los marxistas o social demócratas- que quieren tomar la dirección del movimiento obrero:
él lo conoce en buena parte; él ve lo que pasa; constata también el auge autónomo de numerosos sindicatos, en particular entre los gráficos. Sakae difunde las teorías libertarias (Kropotkin,
Bakunin, etc.) así como las prácticas del movimiento anarquista internacional. Además de eso y de su talento tanto como organizador así como de propagandista infatigable, el principal aporte
teórico-práctico de Osugi Sakae consiste en una combinación del individualismo y del anarco-sindicalismo: él preconiza la liberación del «yo», la emergencia del sujeto en todos los dominios
(social, político, sexual, artístico, etc.) paso auténticamente innovador en el seno de una sociedad japonesa marcada por el «grupismo» y el consenso. Simultáneamente ve a ese «yo» liberado e
integrado en un proyecto colectivo fundado sobre el sindicalismo. Y él ataca a todos los burócratas o los susodichos intelectuales que quieren tomar la dirección del movimiento
obrero.
Osugi Sakae recuerda que «la revolución no comenzará por gracia de uno o dos terroristas» [5]. Él no hace gárgaras con la palabra «revolución» que, por
otra parte emplea poco en sus textos, probablemente para evitar la censura. Es partidario de la acción directa de la clase obrera fuera de todo reformismo y de toda burocratización. El extracto
siguiente muestra las ambiciones de su anarco-sindicalismo.
"Pero en la medida en que los obreros son seres humanos, el movimiento obrero no se contentará jamás únicamente con la reivindicación biológica. En tanto
obreros que somos, la situación no se resume sólo en comer bien. Tenemos reivindicaciones que van mucho más lejos. Un movimiento obrero que no tome en cuenta ese elemento humano no ha
comprendido qué es un movimiento obrero. [...] Lo repito: un movimiento obrero es un movimiento de autoconquista de los obreros por una vía autónoma.es un movimiento por el hombre para el
individuo". [6]
Dice también:
«El movimiento obrero no es el monopolio de los obreros. No sería para que los intelectuales no pudieran sumarse a ello, pero es absolutamente necesario que
los obreros resten el centro, en su espíritu, el movimiento obrero es la conquistas de todas las capacidades obreras, es el movimiento de la conquista humana.es necesario que la inteligencia
se apodere antes que todo de esta esencialidad.es necesario que esta inteligencia de la cual la tarea histórica es defender la clase dominante y engañar a la clase oprimida, se decida a tomar
este nuevo partido y que ella devenga la verdadera aliada de la clase oprimida. Sus lamentaciones y su suficiencia vienen de esta falta de introspección y de compromiso» [7].
Retomando la famosa frase de Goethe, “al principio, está la acción” (hajime ni koi ga ari), Osugi Sakae desarrolla una verdadera
filosofía de la acción, en la línea de Camus:
“La filosofía tiene como objeto principal e histórico interrogarse sobre qué es la humanidad, con las diferentes respuestas aportadas por los supuestos
filosofos. Pero la humanidad no es un libro escrito previamente y publicado en limpio de una vez por todas. Es una página blanca en que cada hombre escribe una palabra, una frase. La
humanidad es lo que viven los hombres.” [8]
Esta filosofía de la acción, Osugi Sakae trata de ponerla en práctica tanto en lo cotidiano como en su militancia. El párrafo siguiente, que cuenta
un episodio de su militancia, traduce bien ese deseo, así como la personalidad que conlleva:
"Pero el auditorio es el que comprende más rápido. Es el pueblo. El auditorio que aullaba al principio contra los perturbadores que nosotros éramos, tomaba
poco a poco partido a nuestro favor. Al final, casi todo el mundo se había aliado a nosotros. El pretendido orden en la sala tomó una nueva forma y la guardó, magníficamente.
Ese fue el fin. Al principio, nosotros habíamos abandonado nuestra intervención porque casi toda la sala se había puesto de pie y gritaba para que nos echaran o nos hicieran callar. La
policía nos rodeaba. Nos tiraba de los pies y de las manos, pero como teníamos alguna fuerza se crearon las condiciones para que el orden en la sala cambiara de sentido si se utilizaba la
fuerza. Cuando intentaron violentarnos, se despertó de inmediato el instinto popular de la solidaridad, que entonces nos protegió. Alertada, la policía se dio cuenta y se detuvo
inmediatamente.
Nosotros aprovechamos entonces esa ventaja y los abucheamos cada vez más fuerte. Mostramos las contradicciones y las ambigüedades de los argumentos del orador, completando un punto que no
había sido tocado y que queríamos recordar. Nuestras exclamaciones dieron en el clavo. El público nos aplaudió y algunos comenzaron a hacer preguntas ellos mismos al orador. Furiosos, orador,
organizadores y policías, no tuvieron más que callarse. Al fin, subí a la tribuna. La multitud que al principio me había rechazado, tratado de loco e insultado, me aplaudía más vigorosamente
que lo que lo había hecho con el orador precedente. Yo intenté entonces establecer un debate entre la sala y la tribuna. Era la primera vez que lo hacía ante centenares, o es posible que
hayan sido miles, de personas. Siendo como soy, tartamudo, pésimo orador y de una timidez que no me ha permitido habituarme a los grandes mítines, me preguntaba si podría lograr algo.
Pero una vez sobre la tribuna, me sentí de pronto muy bien. No había preparado lo que iba a decir. Pensé en hablar de las órdenes que habían planteado a esta sala pero todo el mundo lo había
ya comprendido muy bien. Un nuevo ánimo se despertaba por todas partes.
Yo olvidé completamente que era tartamudo, mal orador y tímido, me sentí bien, como si hubiera estado ebrio y dialogué con el auditorio. Y discutí con el público. Fue la primera vez que viví
un tan buen mitin.” [9]
Si bien él impresionó e influenció a numerosos militantes, uno puede preguntarse si la herencia ideológica de Osugi Sakae se perpetuó después de su
muerte. Su pensamiento estuvo demasiado ligado a su accionar y a su carisma. Sin proponerse como modelo, él era un dinamizador. Después de su muerte el movimiento anarquista y
anarco-sindicalista eligió, finalmente, profundizar en otras direcciones, combinando a la vez un kropotkinismo puro y duro, estricto y una reapropiación de ciertas estructuras de la sociedad
rural japonesa.
3. El auge: progreso del sindicalismo y del anarco-sindicalismo (1918-1922)
En agosto de 1918, la Yûaikai se transformó en Nihon rodo sodomei, después en Rodo kumiai domei kai en mayo de 1920 y en Nihon roo
sodomei en octubre de 1921 (abreviado a Sodomei). Esos cambios de nombre reflejan la dificultad de montar una organización estable a causa de la represión, pero también por la
adhesión de nuevos sindicatos. Revelan, simultáneamente, los debates sobre la naturaleza del sindicalismo a construir. Tres tendencias más o menos iguales se afrontaron en esta cuestión:
reformistas, bolcheviques y anarquistas. En general, se puede decir que antes de 1921 la influencia anarquista en el seno de la Sodomei era más fuerte en Kanto (gracias a Osugi Sakae)
que en Kansai, donde el rol de moderados como Kagawa Toyohiko (1888-1960), Hisatome Kozo (1891-1946) o Kimura Jokichi (1870-1948) fue importante.
Durante dos años, de 1920 a 1922, la posición más importante fue la unión entre las tres tendencias, de buen o mal grado. Al margen de los marxistas, pareciera
que ellos no tuvieron otra alternativa: eran aún muy débiles, mal organizados y fluctuantes ideológicamente. Los burócratas reformistas ya en plaza, que constituían pandillas informales
controlando la contratación en ciertos sectores (Nishio Suchiro, Matsuoka Komakichi, Aso Hisashi, etc.) eran por el contrario mucho más hostiles [10].
La lucha interna se hizo en tres tiempos: primero, los anarquistas se oponían sólo a los reformistas socialistas (1920), después pasaron a una alianza con los
bolcheviques que ganaban terreno (1921) y al fin fueron desplazados por una alianza entre socialistas y bolcheviques que efectuaron contra ellos (1922) . La confrontación se hizo sobre los
mismos temas: «acción directa» (chokusetsu kodo) versus «parlamentarismo» (gikaishugi); «descentralización» (jiyû rengo) versus «centralización» (godo
rengo).
Durante la séptima convención de la Sodomei, el 31 de agosto de 1919, los anarquistas –bajo el impuslo de dos delegados del sindicato de metalúrgicos de
Tokio, Takada Waitsu y Yamamoto Kenzo- lograron que se admitieran sus puntos de vista: rechazo del parlamentarismo, adopción del principio de la huelga general. Llegaron hasta a desembarazarse
de los líderes sindicales juzgados demasiado reformistas como Tanahashi Kotora o Kagawa Toyoshiko, un veterano del socialismo japonés, quien entonces se comprometió aún más intensamente con los
campesinos.
Pero después de la convención de la Sodomei en Osaka -en octubre de 1920- no obtienen éxito en algunos puntos: el abandono de «Dai»en el nombre
de la organización y el abandono definitivo del nombre de «Yûaikai» demasiado compatibles con los valores capitalistas o imperialistas. Ellos llegaron a bloquear la reivindicación del
sufragio universal como objetivo estatutario de la Sodomei (que sólo será acordado en 1924). Pero perdieron sobre la cuestión de la centralización (lo que implicaba que las huelgas
debían desde entonces ser decididas por el centro de la organización) y sobre la afiliación de la Sodomei a la ILO.
«Retrospectivamente, la convención de 1920 ha revelado la capacidad de los anarquistas de activar las controversias en la Sodomei aún si muchas de las
proposiciones importantes fueron rechazadas» [11].
Entre los anarquistas, muchos se opusieron a Osugi Sakae, que sostenía un frente unitario en el seno de la Sodomei. Estos se mostraron muy activos en el
seno de la "Sociedad del viento del norte" (Hokufû-kai): fue el caso de Miyajima Sukeo, Yoshida Hajime, Muraki Genjiro (1890-1925), Wada Kyutaro, Hisaita Onosuke y Takao Heibi
(1893-1923, futuro fundador del PCJ en 1922, que abandonó en febrero de 1923). Ellos crearon en abril de 1921 la revista Obreros (Rodosha). Ishikawa Sanshiro (1876-1956) teórico
anarquista que sería sobretodo conocido más tarde, se opuso igualmente, pero al volver al extranjero sus puntos de vista tuvieron menos eco.
Osugi Sakae y sus camaradas mayoritarios fueron, pues, favorables al frente común con los bolcheviques, en un primer tiempo en todos los casos. Osugi hasta llegó
a viajar a Shanghái en octubre 1920 al Congreso de socialistas de Extremo Oriente organizado por el Komintern. Es necesario señalar que los marxistas japoneses interesados en esto se
escabulleron e insistieron para que concurriera allí Osugi, quien se tornó escéptico y rechazó todo liderazgo político del Komintern pero aceptó sin embargo dinero para relanzar su revista
Roo undo (movimiento obrero) en cooperación con los bolcheviques .
En el mismo diario que reapareció en enero de 1921, se encuentran por lo tanto, puntos de vista opuestos sobre la ideología, la organización y sobre los sucesos
rusos.
Las tensiones aumentaron. Osugi, gran admirador de la Makhnovichina y sus camaradas difundieron los análisis críticos de Alexandre Berkman y de Emma Goldmann
sobre el rol nefasto del bolchevismo en la revolución rusa. En fin, Osugi condenó sin ambagajes el bolchevismo del Estado dictatorial constituido por los bolcheviques en Rusia.
«¿Una crítica del gobierno bolchevique? He sido discreto durante mucho tiempo. Yo no era el único, la mayor parte de los anarquistas en el mundo han
observado la misma actitud. Y hay así mismo algunos que han sostenido una línea de colaboración con los comunistas (...). No queríamos hacernos tratar de contrarrevolucionarios. Pero la
realidad se volvió de más en más evidente, día a día. Aún el gobierno de los soviéticos, es decir el gobierno de los obreros y de los campesinos, se ha vuelto un elemento
contrarrevolucionario. Todo el mundo apoya la revolución rusa con alegría, pero ¿quién puede apoyar a este gobierno bolchevique?» [12]
Para Osugi Sakae, las cosas están claras: los bolcheviques son “los traidores de la revolución” (kakumei no uragimono, titulo de un articulo
de agosto de 1922).
La ruptura esta entonces consumada entre anarquistas, anarcosindicalistas y bolcheviques en Japon. Conocida bajo el nombre de “anaboru ronso” (polémica
entre anarquistas y bolcheviques), se propaga en todo el movimiento socialista en el sentido amplio: sindicalista, feminista, de liberación de los parias burakumin. Al movimiento de
liberación de los parias –adherido en 1924 a la Suiheisa (sociedad de la nivelación por la liberación de los parias fundada en 1922)-, se sumó el PCJ en 1923 e hizo tenko
(ie., viraje a la derecha) antes de reunirse con él de nuevo; los anarquistas Asada Zennosuke (1902-1983) y Kitahara Daisaku (1906-1981) organizan así, durante el año 1925, giras
propagandísticas para contrarrestar la bolchevización [13].
Rodo Undo dejó de publicarse a partir de junio de 1922. Volvió a salir en diciembre con una postura exclusivamente anarquista y anarcosindicalista. En el
plano político, la organización que intentaba aunar a todos los socialistas –desde los moderados hasta los anarquistas-, la "Liga Socialista de Japón" (Nihonshakaishugi domei), fundada
el 10 de diciembre de 1920 a iniciativa, entre otras personas, de Osugi Sakae, que integraba a un millar de adherentes, se disolvió el 28 de mayo de 1921, en medio de polémicas así como, no lo
olvidemos, de la represión.
En setiembre de 1922 en Osaka, la "unión sindical unitaria" procedente de la Yuaikai celebró un congreso sumamente importante, bajo el nombre de
Nihon rodo kumiai sorengo (Unión General de los Sindicatos Obreros de Japón, UGS). Asistieron 60 delegados representando 59 sindicatos, o sea 27.430 miembros. A menudo interrumpidos
por la policía, los debates terminaron en la confusión.
Allí las dos tendencias, reformista y bolchevique, se aliaron sobre el principio del centralismo para mejor excluir al enemigo común, a la tendencia anarquista.
Esta defendía los principios de la libre federación (jiyu rengo) y la autonomía de los sindicatos en base al respeto de la carta general de la Unión. Las tendencias reformista y
bolchevique crearon pocos días más tarde la Sodomei (35 sindicatos, con unos 20.000 afiliados), que los bolcheviques dejaron en 1925 para crear la Nihon rodo kumiai hyogikai
(Consejo de los Sindicatos Obreros de Japón; 32 sindicatos, 12.500 miembros).
La tendencia generalmente denominada anarquista se organizó tras su exclusión–salida. Pero el proceso tardó algunos meses porque ocurrieron varios eventos graves
y perturbadores.
4. Los golpes de 1924 y la refundación de 1926 [14]
A raíz del gran seísmo que afectó la región de de Kanto en setiembre de 1923, la policía aprovechó el desorden provocado por la catástrofe (142.000 muertos y
desaparecidos) para atacar a los militantes revolucionarios. Quince activistas radicales de la Sodomei fueron encarcelados y luego asesinados por la gendarmería el 4 de setiembre en
Kameido, un barrio de Tokio (su muerte sólo se conoció el 10 de octubre). Algunos días más tarde la pareja Osugi Sakae e Ito Noe, con su sobrino de seis años, fueron detenidos y apaleados hasta
la muerte por la misma gendarmería, en Tokio el 16 de setiembre.
Este crimen, además de privar al movimiento de un par de grandes anarquistas, provocó una gran cólera entre los militantes. Cuanto más que el capitán de
gendarmería responsable de la unidad que cometió el asesinato, Amakasu Masahiko (1891-1945), cumplió sólo tres de los diez años de cárcel de la condena.
En setiembre de 1924, un grupo anarquista y anarcosindicalista intentó aplicar la justicia por sus propias manos, pero la operación no se concretó. Sus miembros
fueron duramente castigados. Condenados a cadena perpetua en setiembre de 1925, Wada Kyutaro (1893-1928) se suicidó en la cárcel.
Otro grupo, llamado la "Sociedad de la Guillotina" (Girochin-sha, fundado en la primavera de 1922) también implicado en este asunto, había ampliado su
campo de actividad con el ataque de bancos o las extorsiones, pero fue desmantelado. Uno de sus responsables, Furuta Daijiro (1900-1925), fue detenido y condenado al mismo tiempo que Wada y
ejecutado. Otro, Nakahama Tetsu (1897-1926) siguió la misma suerte (fue ejecutado el 15 de abril de 1926 en Osaka). Otros nueve fueron condenados a penas a menudo fuertes. Muraki Denjiro
(1890-1925) murió antes de enfermedad en la cárcel.
El 27 de diciembre de 1923, otro anarquista Namba Daisuke (1899-1924), intentó asesinar a la príncipe regente para vengar a Kotoku Shusui, Osugi Sakae e Ito Noe,
en vano. Fue detenido, condenado a muerte y ejecutado dos días después de la sentencia (Toranomon Jiken). También antes, la pareja anarquista Pak Yol (1902-?), coreano, y Kaneko Fumiko
(1904-1926), su compañera japonesa, fueron detenidos dos días después del seísmo por un proyecto de complot contra el emperador y condenados a muerte en marzo de 1926. La sentencia fue
conmutada a encarcelamiento a perpetuidad pero Kaneko Fumiko se suicidó en la cárcel mientras que Pak Yol fue liberado después de 1945.
De 1923 a 1926, el movimiento anarquista pagó por consiguiente un pesado tributo. Los militantes decidieron sacar un balance de este episodio, reaccionando y
reorganizándose. Simultáneamente la nueva ley electoral de 1925 modificó el marco político con la creación del Partido Obrero Campesino (Nomin rodo-to), de inspiración marxista y
sustituto del PCJ clandestino.
Dos organizaciones libertarias nacieron en ese momento el mismo año, con algunos meses de intervalo [15]:
-La "Federación de las Juventudes negras" (Kokushoku seinen renmei, o Kokuren, en adelante referida sencillamente como Federación), con su
periódico "Juventudes Negras" (Kokushoku seinen, abril de 1926-febrero de 1931), que fue una organización anarquista específica, creada en enero de 1926;
-La "Unión General Libre de los Sindicatos Obreros" (Zenkoku rodo kumiai Jiyu rengokai, o Zenjiren o incluso Jiren; en adelante
referida como Unión General), federación sindical de inspiración anarquista con su periódico "Libre Federación" (Jiyu rengo, ed. Otsuka Tokusanro) creada en mayo de 1926.
Se puede leer, en el periódico de la Federación, Juventudes Negras, este balance de 1926:
“Todos creemos que la revolución en Japón será obra de una actividad colectiva fundada en el movimiento trabajador. Habiendo mirado nuestro pasado,
examinado el presente y previsto las consecuencias, consideramos que el terrorismo de una minoría es un fracaso. Al mismo tiempo, tenemos siempre la misma impaciencia por la revolución, que
será realizada por la consciencia de todo el pueblo. La vía para eliminar la explotación y la opresión, para tener la libertad, la igualdad y la prosperidad, es el rol que la unión de los
trabajadores, su libre federación, cumplirá subjetivamente en la revolución. Nuestra creencia no es para nada dogmática. Si tal federación de sindicatos, de aldeas, de fábricas y de ciudades
se lleva a cabo, se llevará a cabo también la revolución."
Los anarquistas de la Federación se lanzaron pues activamente al combate sindical, distinguiéndose en varias huelgas (tranvías Keisei en marzo de 1926, Hitachi
Kameari Denki con 600 huelguistas en setiembre-octubre de 1926, compañía de instrumentos de música Hamamatsu en abril-agosto de 1926 con 1.200 huelguistas y 105 días de luchas).
En la medida en que la constitución de su organización específica había precedido un poco la del sindicato Unión General, es tentador considerar que los
anarquistas específicos constituían el brazo activo cuando no dirigente del sindicato libertario. Algunos hasta evocaron una relación de tipo. FAI-CNT. Pero no es exactamente el caso. Así
mismo, se podría pensar que el sindicato libertario reivindica el anarcosindicalismo. Pero no es el caso en absoluto. Veamos de qué se trata.
De hecho, tanto la Federación como la Unión General, están atravesadas por dos tendencias: la corriente anarco-comunista, mayoritaria, y la corriente
anarcosindicalista minoritaria. Ambas tendencias van a oponerse luego en los planos ideológico y orgánico cada vez más fuerte durante ocho años, de 1926 a 1934. Se enfrentan con dureza sobre la
cuestión del sindicalismo. Digamos ya que no hay de un lado la Federación, anti sindical, y, del otro, la Unión General, que reivindicó el anarcosindicalismo. No, quienes se dicen ellos mismos
anti sindicalistas militan dentro de sindicatos de la Unión General, y la corriente mayoritaria de ésta está incluso ¡opuesta al ... anarcosindicalismo!
El congreso fundador de la Kokuren se celebró el 31 de enero de 1926 en Tokio (Shiba no Kyocho Kaikan) [16]. Reunió a 700 personas, 24 grupos de
los cuales 7 eran sindicatos (muchos de impresores). Uno de sus baluartes fue compuesto de militantes anarquistas del sindicato de impresores de Tokio [17].
Entre los grupos anarquistas específicos, se encuentran: la "Sociedad de los individualistas" (Jigajin-sha) de Kuwabara Ichio y Matsunaga Ga'ichi; la
"Sociedad del movimiento obrero" (Rodo undo-sha) de Kondo Kenji, Yoshikawa Tokio, Kawaguchi Keisuke; la "Sociedad de la carretera sin eje" (Mujikudo-sha) de Hatano Hachiro,
Sakano Ryozo; la "Sociedad de investigaciones de fisiología social" (Shakai seiri kenkyû-kai) de Hatta Shûzo, la "Sociedad de la bandera negra" (Kurohata-sha) de Onuma Wataru
(1901- ?) y Yamamoto Kansuke; la "Sociedad del tornado negro" (Kokusenpü-sha) de Sugiura Bankameo y Sonoda Ei’chi; la "Sociedad del viento contrario" (Gyakufïc-kai) de
TakeYoji e Iwasa Sakutaro; la "Liga del movimiento rural" (Noson undo domei) de Mochizuki Katsura (1887- ?) y Kinoshita Shigeru; el "Frente de emancipación" (Kaiho sensen-sha)
de Goto Kakuzo Yamazaki Masamichi, Ueda Kogeki, Kita'ura Ben, la "Federación de los hijos naturales" (Shizenko renmei) de Yamada Sakumatsu, Mukumoto Undan ,Yokoyama Kantaro y Maeda
Te’ichi; la "Sociedad de crítica artística" (Bungei hihan-sha) de Matsumoto Yûzo, Akibara Kanjiro, Asa Magi, la "Sociedad sin discriminación" (Musabetsu-sha) de Mochizuki
Shintaro [18].
Los puntos fuertes de la Kokuren se sitúan en Kanto, pero se extiende en todo el país, e incluso en Taiwán y en Corea. El nombre de “juventud”, que se
puede entender como “nueva salida” o “grupo nuevo en devenir”, no debe dar lugar a errores. De hecho, la organización reagrupó a la mayor parte de los anarquistas de la época.
El congreso fundador de la Kokuren adoptó seis consignas:
-La emancipación de los trabajadores será obra de los mismos trabajadores.
-Reivindicamos el federalismo libertario (Uiyü rengo shugi).
-¡Destruyamos cualquier movimiento político!
-¡Denunciemos todo partido político proletario!
-¡Erradiquemos todo corporativismo sindical!
-¡Abolamos la ley de seguridad pública!
La Federación es en su mayor parte, cuando no de modo hegemónico, comunista libertario (anarco-comunista), sobre todo desde mayo-junio de 1927, cuando la minoría
anarcosindicalista se separó. El grupo Kurohata-sha salió así para fundar el periódico Han seito undo (Movimiento anti-partido político), boicoteado, según Kondû Kenji, por
los otros grupos [19].
Kondû Kenji, amigo de Osugi Sakae y uno de los principales animadores del movimiento anarquista tras la muerte de éste, participó en la creación de la Federación,
en la que sostuvo posturas anarcosindicalistas. El nuevo periódico de la Federación, Bandera Negra (Kurohata), lanzado en enero de 1930, tuvo firmas de Aizawa Hisao (1908- ?), Miyazaki
Akira (1889-1977) y Hatta Shûzo (1886-1934).
La proyección de la Kokuren parece un tanto caótica, difícil de captar, sin duda por sus múltiples grupos y su funcionamiento discreto y flexible. Hay
que observar la creación por los grupos de Kansai y Shikoku de una Anarukisuto Renmei (Federación anarquista) con su periódico también llamado Kurohata (Bandera Negra) en
abril de1930.
La Unión General es mucho más identificable que la Federación. Durante su congreso fundador de mayo de 1926, reunió a 400 delegados, de 25 sindicatos que sumaban
8.400 miembros. Alcanzó hasta 15.000 afiliados en 1927. No es aún una verdadera organización de masas, pero tampoco es un grupúsculo. En comparación, la organización sindical controlada por los
bolcheviques creada el año anterior (1925, ver más arriba) no es mayor, con 12.500 miembros. Los anarcosindicalistas y los anarquistas no son pues inexistentes o grupusculares en el seno del
movimiento obrero, incluso desde el asesinato de Osugi Sakae e Ito Noe, como se complacen en afirmarlo –se adivina el por qué- los historiadores liberales o marxistas.
Para comprender la real implantación de la Unión General en los distintos oficios y en todo el país, es importante conocer su composición. La Unión General está
formada de:
-"La libre federación de sindicatos obreros de Kantê" (Kanto rodo kumiai jiyû rengokai): precarios, impresores (Tokio, Yokohama, Jomo), los obreros de
periódicos (Tokio, Shizuoka), mecánicos, operarios textiles, arrendatarios de Saitama, UL de Shizuoka.
-"La libre federación de sindicatos obreros de Kansa" (Kansai rodo kumiai jiyû rengokai): precarios, impresores (Kioto, Osaka), mecánicos. El
anarcosindicalista Henni Yoshizo (1903- ?) es el secretario del Sindicato de mecánicos de Osaka (Osaka kikai giko kumiai), fundado en agosto de 1924. Y también está Yashima
Shigeru.
-"La libre federación de sindicatos obreros de Chûgok" (= Okayama) (Chûgoku rodo kumiai jiyû rengokai): mecánicos, operarios textiles, empleados del
caucho.
-"La libre federación de sindicatos obreros de Hiroshima precarios" (Hiroshima Kure), empleados del caucho, impresores -Hokkaido: impresores (Hakodate,
Sapporo).
Se nota enseguida la importancia del sindicato de impresores en el sindicalismo libertario. Japón no es ajeno a esta ley que se encuentra en el anarquismo de
casi todos los países.
Después de los metalúrgicos (1897) y los mecánicos ferroviarios (1897), los sindicatos de impresores se cuentan, por lo demás, entre los primeros fundados en
Japón (1898). Muy rápidamente, fueron influidos por el anarquismo, en particular dos de ellos en Tokio, como ya se vio.
-
la Nihon insatsuko kumiai shin 'yûkai (abreviado Shin yûkai o "Sociedad de los verdaderos amigos"), fundada en marzo de 1918, reunía
principalmente a los tipógrafos. Incluyó a Mizunuma Tatsuo (1892-1965), que estuvo en contacto con Osugi Sakae y Sakai Toshihiko en ese momento, y que se convirtió en su principal
secretario. En 1919, contaba con 1.500 adherentes y una orientación anarquista. Más Insatsu kumiai rengokai, fundada en 1924 en una línea de oposición a la Shuppan rodo
kumiai, procomunista;
-
la Shimbunko kumiai seishinkai (abreviado Seishinkai, "Sociedad del verdadero progreso"), creada en julio de 1920, reunía principalmente a
los impresores, con 500 adherentes, entre ellos, Wada Eitaro (1894-1930?).
La Shin'yûkai y la Seïshinkai entraron muy temprano en la Yûaikai, contribuyendo a radicalizarla y dentro de la cual constituyeron
el polo libertario. En 1923, formaron una "Federación general de obreros de la imprenta", con 3.850 miembros en 1924.
Numéricamente, con unos 5.000 afiliados, este tipo de "Sindicato de Artes Gráficas de Tokio" constituyó el grueso de las tropas en el seno de la Unión
General, siendo su eje ideológico. Pero el mismo sindicato estuvo sacudido por la oposición comunistas libertarios-anarcosindicalistas, y, como la Unión, se escindió.
La carta adoptada por el congreso de la Zenkoku Jiren de 1926 es la siguiente [20] :
"-Tomamos la lucha de clases como base del movimiento para liberar a los obreros y a los arrendatarios.
-Rechazamos a todo movimiento político e insistimos en la acción económica únicamente.
-Aprobamos le federalismo libertario organizado industria por industria y negamos el autoritarismo centralizado.
-Nos oponemos a la agresión imperialista y apelamos a la solidaridad internacional de la clase obrera. [21]”
John Crump ve una fuerte inspiración en la Carta de Amiens de 1906. Diré que, a mi parecer, va incluso más lejos: si ella se apoya en efecto en el principio
de la lucha de clases privilegiando el terreno económico, es mucho más explícita en los aspectos libertarios, como el federalismo o el anti autoritarismo. Digamos que se acerca más a la
CGT-SR. Además, el número 2 del periódico Rengo consagró un artículo a Fernand Pelloutier, los números 9 y 10 dieron un informe sobre la formación de la CGTSR.
La Unión General creció bastante rápidamente tras su formación y acogió nuevos sindicatos (al menos 14), en nuevos sectores (precarios, coreanos, Gas de de
Tokio, empleados de Hitachi, gastronómicos de Tokio, pescadores de Jaizumi, etc.) y en nuevas regiones (Yokohama, Senshu, Kobe, Niigata, Asahikawa, etc.). Así, aumentó, como ya se vio, el
número total de sus adherentes a 15.000 [22].
El año 1926-27 es el de la multiplicación de sus actividades.
Huelgas: fábrica de Hitachi à Kameido (setiembre-octubre de 1926); imprentas; defensa de Sacco et Vanzetti (ejecutados el 23 de agosto de 1927).
En enero de 1927 se publicó la quinta versión de Rodo Undo teniendo como columna vertebral a Kondo Kenji, Yoshikawa Tokio, Yamaga Taiji, Mizunuma
Tatsuo y Wada Eitaro, y con el apoyo de Ishikawa Sanshiro, Iwasa Sakutaro y Hatta Shûzo.
5. Las querellas de tendencias y la escisión de 1928
En mayo de 1927, la Unión General mandó a tres delegados al congreso de sindicatos del Pacífico que tuvo lugar en Han-K'eou (Hankow, China): Henmi
Yoshizo, Utagawa Noboru y Onuma Wataru. Henmi, detenido en Formosa y repatriado a la fuerza al Japón, no pudo llegar. Utagawa Noboru (1895-1944), sí estuvo. La Kokuren fue muy
hostil a esa participación (que juzgó “oportunista”) en una operación liderada por el Profintern.
La tensión aumentó entre anarquistas y anarcosindicalistas en el seno de ambas organizaciones, y sobre todo en la Kokuren. La tendencia
anarcosindicalista de la Kokuren, sintiéndose limitada, creó su grupo Han seito undo, como ya se ha visto. Se reanudó la polémica con la publicación de un folleto de Iwasa
Sakutaro, «Así responden los anarquistas» (Museifû shugisha wa kotaeru), en julio de 1927, porque rechazaba la teoría de la lucha de clases y se hacía iconoclasta.
El anarcosindicalista Katamichi le contestó con aplomo (Jiyû Rengo del 5 de agosto de 1927). Mizunuma Tatsuo replicó el número siguiente (5 de
setiembre de 1927). Explicó que no se atacaba a la lucha de clases sino que se negaba a hacer de ella una teoría para explicar y reducir a la misma todos los fenómenos sociales en una
visión simplista del antagonismo entre el capital y el trabajo. Planteó la cuestión del arrendamiento en el campo, y criticó la visión estrecha de un proletariado que sólo sería industrial
representando pues un 10 % de los trabajadores.
“La lucha de clases en la que descansa el federalismo libertario no insiste únicamente la transferencia de los medios de producción de los capitalistas
a los trabajadores, como lo afirma el compañero Katamichi. Debe ser el medio inicial para ir más allá y realizar una sociedad realmente libre e igualitaria, sin clases y en que toda
explotación social sea abolida.”
La Unión General tuvo una convención los días 19 y 20 de noviembre de 1927 en Tokio (Asakusa Honganji), presidida por Mizunuma Tatsuo
(Tokio Ippanrogumi) y vice presidida por Sugimura Naotaro (Waizumi Gyogyo kumiai). Pero se planteó el problema de la afiliación y de la representación del sindicato
Osaka Goseirogumi, sospechoso de infiltración bolchevique. El congreso dedicó a ese asunto casi todo el tempo terminando en confusión. Simultáneamente, la tensión entre anarquismo
(anâkizumu) y sindicalismo (sanjikari zumu, compréndase anarcosindicalismo) fue aumentando.
Alertados por las divisiones por las que atravesaba el movimiento japonés, los compañeros extranjeros intentaron calmar las cosas:
Agustín Souchy (1892-1984), en ese momento secretario de la AIT, remitió una carta el 4 de octubre de 1927 a la Unión General, con el deseo de éxito en la
convención de ésta, carta que sólo fue publicada en el Jiyü Rengo el 10 de enero de 1928.
“Compañeros, hemos sabido que una disputa teórica enfrenta actualmente a los anarquistas puros y a los sindicalistas puros en el movimiento obrero
libertario japonés. Si podemos dar nuestra opinión, pensamos que no es realmente el momento de discrepar por tal cuestión. Está tomando un carácter totalmente teórico. En esa ocasión,
quisiéramos atraer la atención de ustedes sobre Argentina y los países de América del Sur en general. En esos países, el movimiento obrero actúa con la inspiración de Miguel Bakunin y
también, al mismo tiempo, bajo la dirección espiritual de nuestro indomable pionero Errico Malatesta. En esos países, todos los anarquistas participan heroicamente del movimiento
sindicalista mientras, al mismo tiempo, todos los sindicalistas luchan por abolir la máquina opresora del Estado y para resistir la explotación capitalista. En España, igualmente,
anarquistas y sindicalistas están ocupados con las cuestiones económicas y el aspecto espiritual de las cosas, de modo que las discrepancias teóricas no aparecen.”
Jean Grave también escribió, unos años más tarde, en marzo de 1933, una carta “A los compañeros japoneses”, en respuesta a una circular que
recibió de Japón [23]. Desde el principio, rechaza a uno como a otro de los dos “campos” opuestos del movimiento anarquista japonés. Se muestra favorable al involucramiento de los
anarquistas en el sindicalismo, sabiendo que estos deben, al menos, dotarse de una herramienta de mejoramiento del día a día, y en el mejor de los escenarios, de un medio de agitación
revolucionaria, “un arma de combate”, pero que no puede, ni debe ir más allá de esto. La revolución, de acuerdo a Jean Grave, no será sólo la obra de los sindicatos, la construcción de la
sociedad futura tampoco. No será “a los sindicatos que corresponderá la tarea de organizar la sociedad futura” sino a nuevas agrupaciones. Jean Grave desarrolla finalmente la
posición clásica del comunismo libertario, la cual no es tan remota de la que defienden los anarco-comunistas de Japón, lo que muestra, por otra parte y con otros elementos, que no entendió
bien lo que pasaba en Japón; pero no obstante, no se mostró hostil al sindicalismo. Confiesa, además, estar mal informado sobre la situación del sindicalismo revolucionario en Occidente, y
su carta, que deplora el estado calamitoso del movimiento anarquista, termina por acentuar lo negativo.
El mensaje de Agustín Souchy no templó realmente los ardores en Japón. El mes siguiente, la Kokuren pidió su ingreso en la AIT en una carta en que
declaró que la federación estaba empeñada desde 1927 en una lucha contra “los traidores, los oportunistas y los sindicalistas imperialistas” que estaban en el seno de la
Zenkoku Jiren.
El 19 de febrero de 1928, el poderoso "Sindicato de impresores de Tokio" celebró su quinto congreso, en que refundó sus estatutos en ruptura con la Carta de
Amiens y el anarcosindicalismo. Se hizo el portador de una modificación de la carta de la Unión General que tuvo su segundo congreso el 17 de marzo de 1928 en Tokio (Hongo). Pidió
que se cambiara el primer punto de la carta por:
“Tomamos el federalismo libertario como base del movimiento para liberar a los obreros y a los campesinos.”
El "sindicato de precarios de Tokio" se opuso, proponiendo un texto para insistir en el rechazo del centralismo y el sostén al federalismo libertario,
manteniendo el principio de la lucha de clases:
“Tomamos la lucha de clases como base del movimiento para liberar a los obreros y a los campesinos.”
Tras varias horas de debates tensos, agitados, de insultos y burlas, la escisión estaba consumada. La tendencia anarcosindicalista abandona la Unión General.
Esa salida no sólo afecta al sindicato sino también al conjunto del movimiento libertario, en parte a la Kokuren así como al movimiento de liberación de los parias, los movimientos
artístico, feminista, etc. En abril de 1929, el "Sindicato de impresores de Tokio" se escinde también entre ambas tendencias.
En 1928 viene la exclusión del Koto jiyû rodosha kumiai de Onuma Wataru (anarcosindicalista que se suma al marxismo) por desacuerdos sobre la reforma
de los estatutos.
6. Debate teórico: comunismo libertario versus anarcosindicalismo
Para resumir las cosas, se puede decir que tres teóricos encarnan el debate que condujo a la escisión. Hatta Shûzo e Iwasa Sakutaro defienden el “comunismo
libertario” (museifukyosan), el “anarquismo puro” (junsei museifushugi) según lo denominan sus contrarios. Ishikawa Sanshiro defiende el “anarcosindicalismo”
(anaruko-sanjikarizumu), el "sindicalismo” (sanjikarizumu) sin más para sus adversarios.
Hatta e Iwasa estiran al extremo la lógica de las teorías de Kropotkin. Para ellos, la estructuración teórica y práctica (ideológica y organizativa) del
movimiento libertario, que aspira a la emancipación de toda la sociedad, no puede corresponder a la estructuración de la sociedad actual, capitalista y autoritaria. Debe superar la dañina
división existente del trabajo, y fundarse en otra concepción, aliando el consumo a la producción y poniendo un énfasis en el consumo. Su núcleo de base no puede por lo tanto ser el
sindicato de oficina o de industria sino la comuna, y en particular la comuna rural.
Hatta e Iwasa desarrollan un sentimiento anti-urbano, que existía por otra parte desde hace mucho en el movimiento anarquista japonés, que se basa a la vez en
la realidad de un Japón todavía muy rural pero también en una nostalgia de ese pasado rural algo mistificado. El agrarismo (nohon-shugi), que tiene su auge en los 1930 en Japón,
transciende por otra parte ampliamente todas las corrientes políticas. Anima así la mayor parte de las facciones de la extrema derecha o de un fascismo campesino japonés opuesto a las
elites urbanas, a los burgueses.
Tal es el caso de dos personajes. Kita Ikki (1883-1937), amigo de Kotoku Shûsui y Sakai Toshihiko, a quienes frecuentó en el seno de la Heimin-sha,
luego amigo de un ideólogo de extrema derecha, Okawa Shûmei (1886-1957), quien construye en teoría una suerte de nacional-socialismo japonés fundado en la nacionalización de las principales
industrias y en una profunda reforma agraria. Gondo Seikyo (1868-1937), amigo de Kita Ikki y Okawa Shûmei, situado a la derecha desde su compromiso político, predica, a partir de 1920, el
agrarismo, con un Estado compuesto de comunidades de aldeas autogestionadas y directamente dirigida por el emperador (kanmin kyoji “ co-reino del pueblo y del emperador ”),
liberado de la burocracia y del capitalismo monopólico. Hay que notar que tanto Kita Ikki como Gondo Seikyo sostienen el pan-asiatismo y la emancipación de los pueblos de Asia. Con el
anarquista Hashimoto Yoshiharu, las ideas de Gondo Seikyo influyeron a Ishikawa Sanshiro y a lwasa Sakutaro [24].
Desde luego, el kropotkinismo rural macro escala de los “anarquistas puros”, que existió en Hatta, Iwasa o los teóricos de las "Juventudes rurales" como
Suzuki Yasuyuki (1903-1970) y Miyazaki Akira (1889-1977, cf. infra), no es fascista: se opone al capitalismo, a la moneda, a la autoridad, predica la autonomía socio-económica de las
comunas rurales; se muestra así mismo hostil al progreso técnico (rechazo de la electricidad, por ejemplo). Son tendencias que se encuentran también en los movimientos libertarios en China
o en Corea. Está claro que la visión kropotkiniana encontró un eco naturalmente favorable en los países agrarios del Asia oriental.
Pero ¿qué es la parte de la nostalgia, e incluso del mito?
Con la lectura de un texto más antiguo de Ito Noe, publicado en Rodo Undo en 1921, con una descripción del funcionamiento casi anarquista de su
pueblo natal de agricultores pescadores en la costa de Kyûshû, no podemos no estar impactados por una visión francamente idílica de una situación que encubre los aspectos opresores de esta
"utopía" (patriarcado, paternalismo, colectivismo, dificultad de una verdadera vida privada, etc.). Otra paradoja: la mayor parte de los anarquistas con aspiraciones a un kropotkinismo
rural absoluto anti urbano viven y militan en Tokio. Excepto algunos viajes al campo, como mucho, es desde la capital que desarrollan sus ideas. La insurrección kropotkinista de las
"juventudes rurales" que se va a desarrollar en 1935-36 en las sierras de Nagano, o sea cuatro años tras la disolución de la Noson seinen-sha urbana de Suzuki y Miyazaki, es
ejemplar de ese desfase.
La defensa del comunalismo y, más francamente, del comunismo libertario kropotkinista conduce a Hatta y, sobre todo, a Iwasa a condenar toda concepción de la
lucha de las Masas y toda organización que se apoye en ese principio. Critican pues el anarcosindicalismo que, para ellos, se apoyo en dicho principio.
En “Los anarquistas responden” (Museifüshugisha wa -otaeru), publicado en julio de 1927, lwasa Sakutaro sienta las bases teóricas de lo que será
denominado el '“anarquismo puro” (iunsei museifûshugi) [25]. Los sub-títulos de ese texto explicitan su enfoque:
“Lo que llamamos revolución ocurre gradualmente por el progreso, no es algo que los anarquistas pueden precipitar. [...] La historia de la humanidad es
la historia de la lucha de clases. A pesar de todo, para los anarquistas, la revolución no es una guerra de clases. [...] Las clases dirigentes usan la ley y el Parlamento para su poder y
para alcanzar sus objetivos. Para alcanzar los nuestros, nunca podemos usarlos.”
Iwasa Sakutaro aporta luego sus respuestas a interrogantes o afirmaciones a menudo aducidas a propósito del anarquismo:
“La vida humana necesita organización. La organización, es la política. Pero para los anarquistas, no hay organización. Su realización es por lo tanto
imposible. [...] El hombre tiene múltiples caras y de múltiples colores. Pero no es perfecto. Son necesarias pues leyes que den normas de acción. De lo contrario, el mundo está hundido en
la oscuridad total. [...] La sociedad es un organismo. El organismo está ordenado en su centro. EI hombre está dirigido por su cerebro, la sociedad por el gobierno. [...] En el transcurso
de la sociedad, están las clases. Luego viene la época del socialismo, y después la del anarquismo. [...] Una orquesta requiere un director. Lo mismo sucede para la sociedad. Si no hay
gobierno, no funciona. [...] Si hay hombres que no se mueven, ¿qué hacemos? [...] ¿Qué hacemos con los criminales?”
Subrayemos que Iwasa no descarta la existencia de la lucha de clases, ni tampoco la organización.
“La historia de la humanidad es lucha de clases. Los anarquistas no la niegan. Pero no es toda la historia. O es un movimiento por esencia conservador,
un compromiso o, antes bien, una solución con el pasado. Sea un movimiento reformista para quien la emancipación de toda la humanidad no tiene sentido. Por consiguiente, ella no puede
prever las etapas progresivas del futuro.” (p. 8)
En octubre de 1927, Hatta Shûzo publica un folleto titulado "Un examen del sindicalismo" (Sanjikarizumu no kento) [26].
En ese texto, Hatta destaca primero el fracaso histórico del sindicalismo, desde la Inglaterra cartista hasta la Rusia bolchevique, que fue incapaz de escapar
a la recuperación política. Es necesario por tanto concebir un movimiento totalmente diferente, con nuevas bases, definidas por Kropotkin. También se refiere a la posición de Malatesta en
el congreso anarquista de Ámsterdam en 1907 y a la de Nabat en Ucrania durante la Revolución rusa.
Para Hatta, por ser el sindicalismo esencialmente de orden práctico, no puede ser ideológicamente orientado sino desde fuera, ya sea por el marxismo, ya sea
por el anarquismo, o por ambos. «En ese sentido, el sindicalismo es un animal anfibio», escribe. El aporte más fuerte es el del marxismo para Hatta: la lucha de clases, que otorga
una supremacía a la parte más consciente de la clase obrera, la «violencia creadora» que no es incompatible con el marxismo y que permite a una minoría activista dominar a la
mayoría; y la división industrial del trabajo, reflejo de la sociedad capitalista y así mismo dada a la sociedad de productores vista por Marx.
Es en ese último punto en que insistió Hatta en su conclusión: la división del trabajo – y su corolario, la mecanización – vuelve irresponsable al trabajador
y requiere una autoridad coordinadora y dirigente, una tecnoburocracia precursora, lo que es incompatible con los principios del comunismo libertario definidos por Kropotkin. Si vence el
sindicato después de la huelga general, sólo va a reproducir la división económica, y por tanto política, del trabajo. Se impone desde ahora la necesidad de otra organización.
Hatta Shûzo recalca su idea en «El fracaso de la teoría de la lucha de clases» (Kaikyü tososetsu no gokai), publicado por la Zenkoku Jiren
de agosto de 1929 a octubre de 1929, y que sirvió de base para animar varias reuniones públicas [27].
Iwasa Sakutaro va aún más lejos en el tono. Publica así en 1931 un folleto que dio mucho que hablar, titulado nada menos que: "De la teoría del bandidismo de
los sindicatos obreros" (Rodo kumiai sanzokuron). Iwasa explota en su obra la metáfora de las pandillas para ilustrar el vínculo genérico que reúne el sindicalismo convencional con
la clase capitalista: tomar el lugar de la otra. Un jefe de pandilla siempre tiene un rival que quiere tomarle el puesto, y la lucha puede ser áspera. Una clase, por más obrera que fuese,
que sólo piensa en sus propios intereses, puede también convertirse en clase dirigente. Es una crítica, pese a la mala formulación, de la teoría marxista-leninista de la «dictadura del
proletariado» que estaba muy de moda en Japón como en otros países.
Iwasa Sakutaro ya había usado la metáfora de la pandilla en su texto «Así responden los anarquistas» (Museifüshugisha wa kotaeru) de julio de
1927.
«Ellos [los sindicalistas] no se distinguen de los bandoleros del monte, como antaño. Su movimiento, o sea a saber la lucha de clases, no rompe
fundamentalmente con la explotación y la opresión del sistema capitalista, en su esencia. Está cooperando con el capitalismo, mantiene compromisos con éste, es en realidad un movimiento
reformista conservador que prolonga la explotación y la opresión. Por eso, no puede emancipar a toda la sociedad.»[28]
Por supuesto los anarcosindicalistas rechazan esa argumentación. Iwasa es tratado, por ejemplo, de «sentimentalista pequeño-burgués» por el
anarcosindicalista Yamaguchi Kensuke [29]. El anarcosindicalista Kubo Yuzuru (1903-1961) contesta en un texto titulado «Sobre la lucha de clases y la lucha cotidiana» y publicado en el
Kokushoku Undo en 1928:
«La táctica de la lucha de clases no es el monopolio de los marxistas. Sabemos que hay muchos dogmáticos e idealistas superficiales que confunden la
lucha de clases de Marx con la nuestra. [...] Lo mismo sucede con la lucha diaria. [...] El deseo de conseguir un pan mejor y de conquistar el pan fue, de hecho, la fuente del socialismo
moderno. Si los trabajadores no hubieran tenido la preocupación de mejorar el futuro inmediato, no habría habido movimiento emancipatorio. Sin eso, no habría podido haber anarquismo.
[...] Al lado de la lucha económica, también está la lucha política. Al lado de la explotación económica de los capitalistas, está así mismo la tiranía política.»
Kubo Yuzuru subraya pues que hay que llevar la lucha en todos los frentes de la autoridad, en todos los ámbitos. Y concluye a propósito de la
organización necesaria:
«Sin medio adecuado al objetivo, todo queda en quimeras. Dejarlo todo a la suerte y al "házlo tú mismo" no aporta nada. Debemos agarrar cada ocasión y
usar cada momento del fenómeno social para colocar los cimientos de la nueva sociedad. La violencia verbal y las personas fantasiosas que entendieron mal la violencia temporaria como la
propaganda por el hecho nada consiguen. Dicho de otro modo, la lucha diaria es una lucha incesante.»
Ishikawa Sanshiro da su apoyo a los anarcosindicalistas. En 1927, escribe «Consideraciones sobre el sindicalismo» (Sanjikarizumu nio
hanashi), que provoca las burlas de la Zenkoku jiren pero que será aceptado como base teórica por el Jikyo. Ishikawa saca provecho del conocimiento que tiene del
movimiento obrero y libertario europeo, puesto que vivió varios años en Europa (Bélgica, Francia, un poco en Inglaterra). Frecuentó a muchos, en particular, a la familia Reclus.
En un texto titulado «Anarquismo y sindicalismo» (Museifushugi to sanjikarizumu, 1926-27), Ishikawa Sanshiro escribe
«De acuerdo a la experiencia del movimiento anarquista en Francia, en cuanto ésta se alejó de los grupos obreros, se disecó completamente. Y se puede
decir también que, siempre según la historia de Francia, el movimiento anarquista tuvo su auge a partir del sindicalismo. [30]»
Pero las diferencias entre unos y otros son a veces menores. Ishikawa es en varios puntos próximo a Hatta o Iwasa, como la importancia que da a
la comuna rural o a las raíces de la cultura asiática. Ishikawa e Iwasa, con Yamaga Taiji, salieron juntos en agosto de 1927 a China a invitación de anarquistas chinos para animar
conferencias en el seno de la Universidad Nacional del Trabajo (Laodong Daxue), recién creada en Shanghai [31]. Iwasa se quedó allí más tiempo que Ishikawa, de 1927 a 1929. Eso le
puso, por lo demás, al margen de las polémicas internas en el movimiento japonés, las que contribuyó, sin embargo, a alimentar con sus escritos.
En 1933, Ishikawa Sanshiro publica un estudio sobre el Kojiki, un texto antiguo de la mitología imperial; luego se dedica a investigaciones de la
cultura oriental. Durante la guerra, publica "Cien clases sobre la historia de la cultura oriental" (Toyo bunka-shi hyakko, tres volúmenes publicados respectivamente en 1939, 1942
y 1944). Iwasa Sakutaro se interesa así mismo en la historia japonesa y en un texto («Del Estado y sus principios», Kokka-ron taiko), que algunos consideran como una falsificación
fabricada por el poder, defiende el sistema imperial japonés, juzgado orgánico y benevolente, al contrario de las realezas tiránicas de Occidente [32].
Como Iwasa, Ishikawa cultiva el también la paradoja. En abril de 1930, no vacila en empezar un texto, luego famoso, diciendo: «Soy conservador, porque el
movimiento de las cosas, por ejemplo el de la Tierra en torno al Sol, es un movimiento repetitivo y por tanto, en cierto sentido, conservador.»
Ishikawa va a elaborar toda una reflexión nihilista o individualista, a menudo cercana a la de Han Ryner. Su revista se llama Dinámica (noviembre de
1929-octubre de 1934). Se interesa en diferentes temas, como la energía o la concepción de la Historia.
7. La escisión (1928) y luego la fusión (1934)
En abril del 1929, la tendencia anarcosindicalista constituye un nuevo sindicato: el Nihon rodo kumiai jiyü rengo kyogi-kai (El consejo federal
libertario de los sindicatos obreros de Japón), abreviado en Jikyo.
Su baluarte esta en Kanto (sindicato de metalúrgicos, impresores, trabajadores de la química, empleados) [33]. En junio, la nueva organización ve cómo algunos
sindicatos dejan la Jiren para sumarse a ella, sobre todo en Kansai: en Kioto (en general, impresores), Waizumi (pescadores), Kichiwada, Osaka, Kobe.
El Jikyo se equipó con un periódico, Kokushoku rono shimbun (el "periódico de los obreros-campesinos anarquistas", de julio de 1930 en 1932,
basado en Kanto), que pasó a ser Rodosha shimbun (el periódico de los trabajadores) en junio de 1932, animado por Enishi Ichizo, Takahashi Kokichi, Shirai Shimpei, Tsuruoka
Naokazu, Ogawa, Mizunuma Tel, Murata Jojiro, Utagawa Ichiro, etc.
En setiembre de 1932, varios militantes, a veces los mismos (Takahashi Kokichi, Shirai Shimpei, Mizunuma Tei, Shionaga Goro, Ejima Ei'ichi, Yamada Kensuke,
Nakamura Kichijiro, Tadokoro Shigeo, etc.), apoyados por veteranos (Ishikawa Sanshiro, Kondo Kenji, Yarita Ken'ichi, Okutani Matsuji, etc.), lanzan una revista teórica, titulada "bajo los
pliegues de la bandera negra" (Kurohata no shita ni), que se opone al Jiyu rengo shimbun y al Kurohata de la Jiren [34].
El Jikyo va a llevar varias luchas. Se hace popular en el curso de una huelga en abril de 1931 en una fábrica en Senjû, la ciudad baja de Tokio,
donde impulsa una huelga del hambre, un método de lucha más bien nuevo en Japón, y donde un militante, flameó una bandera negra.
En 1931, el Jikyo comprende unos 3.000 miembros (2.968 para ser exactos). En la misma época, la Zenkoku Jiren (que seguía en pie) cuenta con
16.300 miembros. John Crump insiste en el hecho que esta última cifra representa el doble del número de adherentes que la Jiren tenía en su creación en 1926, o sea 8.400 miembros,
lo que tendería a probar que ni las discrepancias teóricas o de otro tipo, ni la escisión, afectaron cuantitativamente el movimiento libertario. No obstante hay que partir, en realidad, de
la cifra de 15.000 miembros en 1927, cuando la Zenkoku Jiren unitaria funcionaba a fondo un año después de su creación. En cuatro años, de 1927 a 1931, la Zenkoku Jiren no
progresó por lo tanto de verdad. Si en un primer tiempo parece no haber sufrido demasiado de la erosión militante y de la escisión, la caída va a ser rápida a partir de 1931.
Para eso, hay también que tener en cuenta el contexto del imperialismo japonés creciente (incidente de Manchuria en setiembre de 1931), endurecimiento de la
represión, crisis económica, perdida de combatividad de los trabajadores. El declive afecta por igual al movimiento comunista, que, a raíz de una serie de detenciones, ve a algunos de los
más eminentes miembros de su buró político, como Sano Manabu (1892-1953) o Nabeyama Sadachika (1901-1979), escribir una carta pública de renuncia al comunismo y respaldo al régimen imperial
japonés. Ese cambio súbito (tenko), que se convierte en una estrategia consciente y minuciosamente elaborada por el Estado japonés, va a tocar a más del tercio del PCJ. Además, los
grupos de derecha y ultra derecha penetran el movimiento obrero. Arman sus propias organizaciones o derechizan las que existen. El contexto no es por lo tanto favorable a la militancia
radical o revolucionaria.
El número de adherentes de la Jiren cae a 11.000 en 1932 luego a 4.359 en 1933, mientras el del Jikyo baja de 2.850 en 1932 a 1.100. Algunos
militantes de valor se apartan del movimiento (Yamamoto Kansuke, Nakamura Bo'ichi, Yamanaka Sei, etc.). Para el veterano activo Kondo Kenji, desengañado «más que una organización
obrera, la Zenkoku Jiren es en esa época más bien una organización de pensamiento y su periódico, que se añade a esta tendencia, el Jiyü Rengo Shimbun, está controlado por la Kokuren
[35]». En el mismo plano, Komatsu Ryûji evoca el testimonio del anarquista Aizawa Hisao, que subrayaba que la Zenkoku Jiren ya ni siquiera distribuía volantes delante de las
fábricas [36].
El movimiento libertario reacciona ante este panorama. El Primero de Mayo de 1932 es la oportunidad para varios grupos de ambos lados de empezar una
autocrítica común. En 1932, el Jikyo multiplica los llamamientos a la unidad de acción. En abril de 1933, durante su tercer congreso, la Jiren (auto)critica los excesos de
la tendencia anarquista pura y acoge a un representante del Jikyo. Ambas organizaciones celebran juntas el Primero de Mayo de 1932, así como con una parte de la izquierda
revolucionaria.
En términos más generales, los militantes libertarios actúan de cuatro modos:
-
La reunificación de los sindicatos libertarios, que sucede el 14 de enero de 1934, seguida por una conferencia nacional el 2 de abril de 1934 que reunió a 150
delegados. La Zenkoku Jiren reunificada reunía a 4.000 miembros a aquel momento pero únicamente 2.300 un año después, en 1935 [37]; será disuelta en 1936.
-
la creación del "Partido anarco-comunista" en enero de 1934.
-
La inserción en el movimiento campesino.
-
Una táctica de ”Frente común antifascista”.
Lo que se puede llamar el «frente común antifascista», estimulado por la situación japonesa pero también por la llegada de Hitler al poder en Alemania y la
fascistización de Europa, es defendido por los anarquistas en algunas regiones, en particular en Kansai. A pesar de todo permanece como algo embrionario. Pero fue uno de los factores que
favorecieron la reunificación sindical libertaria.
La inserción libertaria en el movimiento campesino pasa por dos fases: una incubación teórica, de 1931 a 1932, luego una insurrección rural para poner en
práctica esos principios en 1934-1935. Pero ciertos teóricos así como su organización, la Noson Seinen-sha (Sociedad de la juventud rural), se ven paradójicamente ausentes de esta
segunda fase (Miyazaki Akira y otros están además encarcelados). Desde cierto punto de vista, eso refuerza los principios sostenidos en aquel entonces que consistían en superar toda
organización específica para difundir el comunismo libertario en el seno de las masas.
La Noson Seinen-sha se funda en Tokio en febrero de 1931 y se disuelve en setiembre de 1932. Cuenta con catorce miembros al inicio. Entre ellos:
Miyazaki Akira, Suzuki Yasuyuki, Hiramatsu Hideo, Hoshino Junji (1906- ?), Wasada Yoshio, Yagi Akiko (1895-1983), Ono Nagagoro, etc. [38] Sus dos teóricos y animadores son Miyazaki Akira y
Suzuki Yasuyuki. En un texto que va a causar sensación, «Llamamiento a los campesinos» (Nomin he uttaeru), publicado en Kurohata en febrero de 1931, Miyazaki alienta a los
campesinos a alejarse de las ciudades, a rechazar el pago del impuesto o reconocer al Estado cualquiera sea la forma, incluido el servicio militar; y a organizar inmediatamente una
federación de comunidades aldeanas fundadas en el comunismo libertario, la autarquía entre la producción y el consumo. La Noson Seinen-sha quiere apartarse no sólo de las ciudades
sino también de las sectas políticas que pululan únicamente en la ciudad.
Ya algunos grupos anarquistas habían intentado organizar a los campesinos. Tal es el caso de la "Sociedad de aparceros" (Kosakunin-sha) y de la "Liga
del movimiento rural" (Noson undo-domei) con Yoshida Daijiro, Watanabe Benisu, Nagashima Shin, Kinoshita Shige, Mochizuki Akira, etc. [39] La Noson Seinen-sha va más allá.
Como lo destaca John Crump, retoma algunas de las posiciones del anarco-comunismo ya existentes en Japón, como la crítica de las ciudades [40], el federalismo libertario, el kropotkinismo,
pero impulsándolos hasta el extremo, en particular a propósito de la descentralización. Los obreros de las ciudades son así considerados como los explotadores de los campesinos pobres del
campo, teoría que se acerca a los análisis de Hatta Shûzo sobre la nueva aristocracia obrera urbana. En «Breve teoría del anarquismo japonés» (Nihon museifushugi shoron), publicado
en mayo de 1932, Suzuki estima que los principios del «desde abajo hacia arriba» y «del centro a la periferia» heredados de la Primera Internacional y de Bakunin no van bastante lejos, y
hasta son erróneos [41]. Según él, no hacen falta ni centro, ni periferia, ni arriba, ni abajo, sino el comunismo libertario por doquier. La lógica de esta concepción desemboca en la
negación de cualquier organización específica. Eso explica en parte que tras una oleada de represión que conduce a la detención de algunos de sus miembros, la Noson Seinen-sha se
auto disuelva un año y medio después de su creación.
Pero esas ideas van a tener secuelas, en particular en las montañas del centro de Honshû y en una parte del departamento de Nagano que va a conocer un periodo
de insurrección en el cual se movilizaron algunas aldeas y varias centenas de personas en 1934-35. Pero el movimiento fue reprimido, y los agitadores detenidos a raíz de la represión
anti-anarquista provocada por otro episodio que implicaba al partido anarco-comunista.
Procedente de un grupo previo, denominado "Federación de los anarco-comunistas del Japón" (Nihon Museifukyo-sanshugi-sha Renmei) y fundado en
diciembre de 1933, el "Partido anarco-comunista" (Museifukyosanto) se funda el 30 de enero de 1934 por un puñado de anarquistas: Aizawa Hisao (1908- ?), Umemoto Eizo (1904-1943),
Uemura Tai (1903-1959), Tadokoro Shigeo, Futami Toshio (1906-1967), etc. Aizawa Hisao, por ejemplo, que entra en contacto con el movimiento anarquista en 1927, adhiere a un grupo específico
en 1928 (Kokushoku sensen-sha luego Kokki-sha). Él funda en 1932, con Irie Ichiro y Endo Sakan, el "Sindicato de empleados de la región de Tokio" (Tokio chiho shiyonin
kumiai), adherente a la Jiren, de la que se retira en febrero de 1933. Pasa entonces a ser redactor en el Jiyû rengo shimbun (la Unión independiente) que acaba de
crearse.
Estos militantes, que tienen treinta años y forman parte de la nueva generación, están fatigados por las discrepancias internas dentro del movimiento.
Predican la unidad. Al mismo tiempo, les inquieta el aumento del militarismo japonés, que va a amenazar a todo el movimiento revolucionario, libertario o no, sin distinguirlos. De ahí, para
ellos, la necesidad de una organización fuerte y secreta.
El momento les es bastante favorable. Además de su edad y de su dinamismo, se benefician de las señales de debilidad de la vieja guardia. Hatta Shûzo,
moribundo, se había apartado algo del movimiento. Ishikawa e Iwasa (en los cincuenta años en esa época) se dedican a sus estudios históricos.
El "partido anarco-comunista" adopta en agosto de 1934 un «programa» (koryo) y un «programa de acción» (kodo koryo). El primero retoma los
principios clásicos del anarquismo. El segundo mezcla consignas radicales (abolición del sistema capitalista) con reivindicaciones más materiales (un sistema de indemnización por
desocupación el cual debe ser otorgado por el gobierno y los capitalistas). Aizawa y los suyos se consideran como un grupo que debe superar la iniciativa únicamente de las masas, según
ellos fatalmente limitada, para impulsar la revolución, alcanzar la hegemonía social y para auto disolverse una vez conseguidos los objetivos. El partido anarco-comunista combina pues a la
vez posiciones vanguardistas y consignas reformistas. Hace adoptar éstos a la Zenkoku Jiren reunificada.
Este partido anarco-comunista y su grupo previo obran asiduamente por la unidad y la fusión, reuniendo finalmente a la Zenkoku Jiren y el
Jikyo. Al mismo tiempo, el partido se apodera del periódico, Jiyu rengo shimbun. Pero, con la paranoia y los vicios de la clandestinidad, se metieron en una depuración
interna que condujo al asesinato de uno de sus integrantes, un supuesto espía, y al atraco de bancos.
El Gobierno agarró la oportunidad para lanzar una gran redada. Hizo detener a 400 personas en el otoño de 1935. Luego, en el marco de la represión ya
mencionada de las "Juventudes rurales", otras 350 personas fueron detenidas en mayo de 1936. Eso representaba a la casi totalidad de los anarquistas y sus simpatizantes, supuestos o no.
Futami Toshio, el asesino del supuesto espía, fue condenado a la pena de muerte, pero su sentencia fue conmutada por la de cárcel perpetua. Aizawa Akira fue condenado a seis años de cárcel,
Miyazaki Akira y otros miembros de las "Juventudes rurales" a tres años. Unos meses antes de la Revolución española, todas las organizaciones libertarias quedaron destruidas en
Japón.
Este episodio señala en la práctica la desaparición del movimiento anarquista y anarcosindicalista organizado antes de 1945. Con el militarismo y el
imperialismo creciente de Japón, cualquier actividad radical se hace casi imposible,
***
Esta reseña del anarcosindicalismo en Japón entre las guerras mundiales deja de lado cierto número de elementos. Habría que interrogarse sobre la
sucesión de generaciones militantes y la evolución de sus orígenes sociales para valorar el papel de las personalidades y de sus características sociológicas en relación con su época.
Entre el pionero Kotoku, todavía impregnado del rigor confuciano procedente de su familia samurái terrateniente, y el empleado Aizawa, hijo de un humilde docente, existe ya todo el arco
de una época caracterizada por la movilidad social. Pero, en casi todos los casos, se vuelve a encontrar una pasión por la lectura, la escritura, el periodismo y el debate de
ideas.
Se añaden además, en el caso de Japón, los rasgos regionales marcados por una distinción socio cultural fuerte entre el mundo de Kanto (región de Tokio) y
el de Kansai (región de Osaka). Esta distinción repercute en las prácticas militantes y en las elecciones ideológicas. Se la vuelve a encontrar por lo demás hasta hoy en día.
Cada uno puede juzgar las elecciones efectuadas por el movimiento anarquista y anarcosindicalista en Japón, o valorar, en la medida de lo posible, el
impacto de las disensiones tanto ideológicas como organizativas. Es difícil decir si la hemorragia de militantes que sufrió el movimiento sindical libertario a inicios de los 1930 se debe
al cansancio generado por las discrepancias internas, por la inadecuación de éste a las urgencias del momento (desocupación, crisis económica, militarismo, imperialismo), a la competencia
de los socialistas y comunistas, a la mutación socio cultural de la sociedad japonesa o a la represión. Desde luego todos esos factores actuaron, pero ¿con qué importancia
relativa?
Una de las respuestas está en el hecho de que tras la guerra el movimiento sindical libertario ya no volvió a ser lo que fue. Pero esto no es algo exclusivo
de Japón: otros factores globales están incriminados. Otra respuesta viene de la historia del movimiento especifico de la posguerra que, tras un breve periodo unitario, reprodujo con un
esquema sorprendentemente idéntico las rupturas de antes, con la diferencia esencial que su alcance social se encontraba infinitamente menguado.
Cierto extremismo anarquista, más o menos organizado y a menudo estéril, condujo a ciertos militantes a sumarse al PCJ en el momento de su creación en 1922,
a pesar de que muchos se alejaron luego. Demasiado tarde, porque el mal ya estaba hecho. Los militantes anarquistas o influenciados por el anarquismo pudieron de esta manera proporcionar
al primer PC su base obrera sin la cual únicamente habría sido compuesto de intelectuales más o menos desclasados. A la inversa, el miedo al marxismo y a la hegemonía marxista incitó a
los militantes libertarios a rechazar todo lo que, de cerca o de lejos, podía parecerse al marxismo o al bolchevismo. De ahí una batalla ideológica particularmente intransigente y formas
de depuración que, a veces, no tenían nada que envidiar al adversario mencionado, con el supuesto de clarificación y coherencia.
Más allá de las condiciones particulares y de los temas elegidos localmente, resulta importante, dentro de una perspectiva ideal-realista de la historia,
analizar, incluso de modo breve, la relación entre la ideología libertaria y la situación socio-económica de la época en Japón.
Con toda evidencia, es el pensamiento de Kropotkin, traducido, digerido, profundizado y reprofundizado hasta sus límites, que constituyó el pivote, sino el
núcleo duro, de las orientaciones ideológicas del movimiento específico y sindical. Este carácter no es por otra parte propio a Japón, puesto que se encuentra en los países vecinos como
China y Corea [42].
Ninguna duda hay que la aspiración kropotkinista a un comunalismo descentralizado que abarca el campo, la fábrica y el taller sobre una base comunista tocó
las fibras de una sociedad asiática profundamente rural y colectiva, marcada por las prácticas y los valores casi comunitarios de la rizicultura irrigada. El kropotkinismo encarnaba una
respuesta al paso de una civilización campesina hacia la modernidad, reciclando los progresos técnicos y científicos sobre la base de una identidad propia, liberada de los pesos feudales,
patriarcales y burocráticos. El rechazo radical, exacerbado incluso extremista, de toda idea de división del trabajo, encarnado por las teorías de Hatta Shúzó, remite sin lugar a dudas a
cierta añoranza de la comunidad aldeana tradicional. El rechazo de la electricidad, formulado por ciertas fracciones de las "Juventudes rurales", corresponde a una voluntad de no depender
ya de la ciudad pero puede también ser interpretado como un anti industrialismo y una forma de tradicionalismo.
La cuestión de fondo planteada en realidad es: ¿qué trabajo y qué división del trabajo? Se sabe que todo el movimiento socialista y obrero no dejó de
evocarlo. Para Hatta Shúzó, cuyo pensamiento impregnó el movimiento libertario japonés entre las dos guerras mundiales, la respuesta es clara: se debe rechazar toda división del trabajo,
porque engendraría inevitablemente una especialización de los individuos o grupos sociales, lo que les daría poder -los técnicos y los dirigentes políticos o sindicales terminarían por
vencer. El anarquismo que rechaza el poder, sólo puede rechazar, según su enfoque, la división del trabajo.
El debate queda abierto. Se puede suponer que toda división del trabajo no es necesariamente capitalista o autoritaria, a condición de considerar el trabajo
bajo el ángulo de la tarea y no del salariado. La relación entre cada trabajo y unidad de trabajadores, que Hatta resolvía por un llamamiento a la toma sobre el montón y por la prioridad
dada al consumo, constituye de hecho el pilar, los cimientos, de cualquier organización social que anarquistas y anarcosindicalistas formularon en términos de federalismo
libertario.
La misma evolución de la sociedad obliga a reconsiderar el rechazo de la división del trabajo y el análisis kropotkinista. Es excesivo, incluso erróneo,
asimilar toda división del trabajo a la misma evolución del capitalismo sin tener en cuenta las características antropológicas inherentes a la humanidad, las aspiraciones y las
necesidades tanto individuales como colectivas para efectuar tal o cual actividad. Así mismo, la rotación sistemática de las tareas comporta sus límites propios.
La teoría kropotkinista misma, tal como está formulada en el libro "Campos, Fábricas y Talleres", que abogaba por la «descentralización de la industria» así
como por las «pequeñas industrias y pueblos industriales», ofrece de modo algo ambiguo a la vez un deseo ideal para una sociedad futura y un análisis prospectivo de la misma sociedad
capitalista. Ahora bien, parece que algunas de sus páginas no se desmerecerían en una descripción de la “meta politización” o de la “reurbanización” actuales, y que podrían ser fácilmente
reivindicadas por algunos partidarios del capitalismo flexible preocupados por deslocalizar en el campo sus pequeñas unidades de producción. La centralización por la computadora y la
especulación bursátil, por supuesto, sustituirán la redistribución por el comunismo libertario.
La postura de Kropotkin era relativamente sencilla: el progreso técnico y una verdadera racionalización que no se hiciera a expensas de los individuos iba a
conducir al mejoramiento de la sociedad y, por consiguiente, a dar mayor consistencia objetiva y material al proyecto comunista libertario. En síntesis, descentralicemos, descentralicemos
más, siempre quedará algo.
La misma evolución de la sociedad japonesa contemporánea de “alto crecimiento”, “les trente glorieuses” [alusión al auge capitalista en la Europea
occidental entre los 1946-1975], que condujo a una increíble división del trabajo y a una casi deserción del campo, de hecho socavó las bases de un kropotkinismo japonés que perdió sus
señales de identidad y sus fuerzas militantes. El sindicalismo revolucionario mismo, fundado en la industria o la fábrica, y ya no en la comuna más o menos rural, llegó a ser minoritario
de cara a un sindicalismo kropotkinista original, cuanto más que el peso del bolchevismo y del PCJ, sobre todo en la posguerra, acabó por destruir sus últimas fuerzas en el áspero
contexto de la guerra fría, del sovietismo ruso y del muy cercano maoísmo chino. El lugar para un anarcosindicalismo con deseo de intentar una síntesis, al menos táctica, vino a ser
considerablemente limitado.-