Amitai Etzioni (1929), el fundador del comunitarismo contemporáneo, ha escrito que el único paradigma internacionalista que triunfó fue el sionismo. Y está en lo cierto. Porque los otros paradigmas naufragaron absolutamente todos, incluso el neoliberal que está sucumbiendo en los actuales momentos, ante nuestros ojos, a pesar de la globalización. Ésta, que como todos los procesos tiene diversas lecturas, ha evidenciado, empero, que una sociedad regida por el Estado, con partido único sedicentemente comunista, de férrea dictadura por tanto, deviene en primera potencia mundial eclipsando a los viejos imperios y potencias militares: China. También ha demostrado, es otra lectura, que una nación como la India, donde se mantiene todavía una diversidad en formas de opresión y explotación, siguiendo el patrón heredado de los británicos, que funge de ser la mayor democracia del mundo, a la usanza occidental, puede tranquilamente posicionarse entre las grandes potencias del nuevo siglo que apenas comienza.
Sin embargo el sionismo tiene algunas desventajas. En primer lugar, se basa en un Estado que encarna a una sociedad escindida por las pugnas religiosas, porque Israel no sòlo tiene el problema palestino sino también el de los fanáticos religiosos del judaísmo. En segundo lugar, si bien el sionismo ha crecido fuera de Israel, como se desprende del crecimiento cualitativo de la corriente cristiano-sionista en los Estados Unidos, una sociedad tan fiel a las creencias religiosas más retrógradas, su proyecto sigue enfrentando, en Oriente Medio, un serio peligro.
Por eso al sionismo le urge una periferia que diplomáticamente envuelva a sus adversarios en Oriente Medio, empezando por los palestinos, con la fatalidad de que Israel llegó para quedarse y que nada puede hacerse para impedirlo, salvo la guerra nuclear que, obviamente, liquidaría la vida en la faz de la Tierra.
Desplazando de este texto cualquier alusión a los Protocolos de los Sabios de Sión y demás basura antisemita, es evidente que por las características de las persecuciones desatadas contra los judíos, en tanto etnia y religión, éstos se vieron obligados a ejercer oficios condenados por la Inquisición o por las autoridades terrenales que, dicho sea de paso, durante siglos fueron, a la vez, autoridades eclesiásticas. Fue así como en muchas comunidades hebreas también se abrazó un dogmatismo paralelo pero de la misma intensidad y de sentido al contrario al que se aplicaba contra los judíos. Baruch Spinoza, el filósofo, por ejemplo, fue expulsado de la sinagoga por sus ideas ateas y revolucionarias…
El sionismo es por lo tanto otro fundamentalismo como el proveniente de cualquier idea religiosa o política. Con el agravante de que cuenta con colmillos nucleares y, sobre todo, con mucho capital, sin que esto último signifique que el capitalismo tiene un origen judío lo cual es, definitivamente, falso de toda falsedad.
Siendo, pues, un internacionalismo victorioso, debe administrar sus triunfos con sumo cuidado, y una de las formas que tiene para hacerlo es catapultar a gente de su sangre a los espacios en los cuales se toman las decisiones últimas. Tiene esa ventaja sobre los otros internacionalismos tanto de ayer como de hoy: se hereda genéticamente, según las creencias judaicas.
No es casual que el mismo Etzioni haya contribuido a crear una doctrina política sobre la base de las comunidades hebreas de la diáspora: el comunitarismo es, en gran medida, una lectura de la relación entre los sujetos, la sociedad y el Estado desde el ángulo de la cultura judía.
Si bien el sionismo tiene sus fortalezas también posee muchas debilidades. La primera de ellas, la más sobresaliente quizá, es que para poder lograr su objetivo de que el pueblo elegido de Dios sea, en toda regla, el verdadero pueblo elegido de Dios, está obligado a contribuir a que las otras tribus vivan en la barbarie permanente. Y esto es lo que ha hecho Israel bajo el pretexto de defenderse a sí misma, cuando el problema histórico no ha sido resuelto ni lo será, aparentemente, por la vía de la paz y de la convivencia de tribus distintas. Para Israel el derecho internacional está supeditado a su criterio que se fundamenta en su seguridad nacional por encima de cualquier otra consideración.
Ayer, su enemigo era Nasser; hoy, es el Irán de los ayatolas. Israel siempre tiene un enemigo predilecto. La propaganda sionista contra Irán ha recrudecido en las últimas semanas. Eso cuenta con que los países aliados de Irán, o que son simplemente socios comerciales suyos, como el caso de Venezuela, entran dentro del círculo de los objetivos de los servicios de inteligencia sionistas. Por eso, han montado toda una campaña para apuntalar a Radonski como candidato de una Venezuela que regrese al camino correcto, entendiendo por tal aquel que favorece los planes sionistas.
Hasta donde sabemos ya hemos visto ejemplos recientes de esos planes en los casos de Libia y Siria donde la barbarie impera bendecida por el sionismo y sus parapetos circunstanciales. ¿Será eso lo que quieren hacer en Venezuela en octubre de este año?









