Jeudi 12 novembre 2009 4 12 /11 /Nov /2009 21:35

Miguel Bakunin

A los Hermanos de la A.[lianza]

(Empieza Bakunin por un código A. por Alianza y luego lo deja, lo que demuestra que la carta permaneció en el estado de borrador)

en España

[12-13 de junio de 1872]

 

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[La Alianza y la AIT,

La Internacional y su desarrollo,

La Internacional y los escollos,

Desviación impuesta por Marx a la Internacional,

Organización de la lucha popular y sociedad secreta,

La AIT y Carlos Marx, cualidades y defectos, el papel de Proudhon y de Bakunin]

 

Hermanos:

Soy un antiguo e íntimo amigo, puedo decir el hermano de Christophe, el amigo y el

hermano cuyo recuerdo por cierto muchos no han perdido entre ustedes. Con él he sido uno de los

primeros fundadores de la A.[lianza] Y es con este doble título que me dirijo a ustedes, Hermanos de

la A.[lianza]

 

Determinadas disensiones infelices producidas por luchas de amor propio entre hermanos

que parecen haber sacrificado nuestro gran objetivo, el triunfo de la revolución universal y social al de sus vanidades y ambiciones personales, tuvieron como último resultado la disolución de la A.[lianza] madrileña.

 

No me erijo en juez de nadie, pero en nombre de nuestros principios tanto como del de

todos nuestros hermanos, debo decir que quienes contribuyeron a esa disolución, quienes divulgaron el secreto de la A.[lianza], secreto que todos prometimos guardar sobre nuestro honor, son muy culpables...

 

[Definición de la Alianza]

Traicionar a la A.[lianza] es traicionar a la revolución, porque la A.[lianza] no tiene otro

fin que servir la revolución. No formamos una institución teórica o exclusivamente económica.

 

La A.[lianza] no es ni una academia, ni un taller; es una asociación esencialmente militante, que tiene por objeto la organización de la potencia de las masas populares con la finalidad de la destrucción de todos los Estados y de todas les instituciones religiosas, políticas, judiciales, económicas y sociales actualmente existentes, para la absoluta emancipación de los trabajadores supeditados y explotados del mundo entero (2 Esta definición conlleva la desaparición de la Alianza cuando se pone en marcha la revolución. Lo que confirma la frase siguiente “las poblaciones agrícolas e industriales [se organizan] de abajo arriba, espontáneamente, libremente, fuera de toda tutela oficial, ya reaccionaria ya incluso la supuestarevolucionaria.” Es absurda la interpretación de la Alianza como anticipación del verticalismo marxista leninista, como la de muchos anarquistas y anarcosindicalistas (de hecho muy verticalistas) de contemplar la Alianza como una dirección continua sobre las masas. Luego escribe Bakunin Es una sociedad secreta formada en el seno mismo de la Internacional, para dar a esta última una organización revolucionaria, para transformarla a ella y a todas las masas populares que se encuentran fuera, en una potencia suficientemente organizada para aniquilar la reacción político-clerical-burguesa, para destruir todas las instituciones económicas, jurídicas, religiosas y políticas de los Estados. Dicho de otro modo, el poder permanece entre las masas y nunca se deja a los grupos políticos). El objetivo de nuestra organización es incitar a las masas a que hagan tabla rasa, para que las poblaciones agrícolas e industriales puedan reorganizarse, de acuerdo a los principios de la justicia, de la igualdad, libertad y solidaridad, de abajo arriba, espontáneamente, libremente, fuera de toda tutela oficial, ya reaccionaria ya incluso supuestamente revolucionaria.

 

[La Internacional y su desarrollo]

 

A quienes nos pregunten a qué viene la existencia de la Alianza cuando la Internacional existe, responderemos: la Internacional es una magnífica institución, es incontestablemente la más bella, la más útil, la más beneficiosa creación del siglo presente. Creó la base de la solidaridad de los trabajadores del mundo entero. Dio un inicio de organización a través de las fronteras de todos los

Estados y fuera del mundo de los explotadores y privilegiados. Hizo más, contiene ya hoy por hoy los primeros gérmenes de la organización de la unidad por venir, y al mismo tiempo dio al proletariado del mundo entero el sentimiento de su propio poder. Por supuesto son inmensos los servicios que dio a la gran causa de la revolución universal y social. Mas no es una institución que basta para organizar y dirigir esta revolución.

Todos los revolucionarios serios que tomaron una parte activa en las actividades de la Internacional en el país que sea, desde 1864, año de su fundación, han debido convencerse de ello. La Internacional prepara los elementos de la organización revolucionaria, pero no los cumple. Ella los prepara organizando la lucha pública y legal de los trabajadores solidarizados de todos les países contra los explotadores del trabajo, capitalistas, propietarios y empresarios de industria, pero nunca va más allá. La única cosa que está haciendo fuera de esa obra ya tan útil, es la propaganda teórica de las ideas socialistas en las masas operarias, obra también muy útil, muy necesaria a la preparación de la revolución de las masas, pero que está todavía lejos de la organización revolucionaria de las masas.

 

[La internacional y sus escollos]

La Internacional, en una palabra, es un medio inmenso, favorable y necesario a esa organización, pero no es todavía esa organización. La Internacional acepta en su seno, prescindiendo

totalmente de todas las diferencias de creencias políticas y religiosas, a todos los trabajadores honrados con la única condición de que acepten con todas sus consecuencias la solidaridad de la lucha de los trabajadores contra el capital burgués, explotador del trabajo. Es esta una condición positiva, suficiente para separar el mundo de los trabajadores del mundo de los privilegiados, peros insuficiente para dar al primero una dirección revolucionaria. Su programa es tan amplio que los monárquicos y los mismos católicos pueden ingresar. Y esa amplitud de programa es absolutamente necesaria, para que la Internacional pueda abarcar centenas de miles de obreros, y sólo contando con centenas de miles de miembros se convierte en un verdadero poder. Si la Internacional se hubiera dado un programa más explícito y más determinado en el ámbito de las cuestiones políticas, religiosas y sociales, si hubiera reconocido una doctrina obligatoria y por así decir oficial, si por ejemplo hubiera tomado la aceptación de los principios del ateísmo en religión, del comunalismo en política como un requisito del ingreso de cada uno en su seno, a penas contaría unos miles de miembros, y habría excluido a millones de trabajadores de la industria y de la tierra, que por su posición como por todos sus instinto son revolucionarios, ateos, socialistas, pero que no han perdido aún la mala costumbre de los pensamientos reaccionarios. Habría conformado entonces tan solamente un partido bastante mediocre y que en toda Europa contaría con unos escasos miles de miembros. Y ese mismo partido se escindiría necesariamente en muchas pandillas diferentes. En efecto en cuanto hay una teoría oficial, brotan infaliblemente teorías diferentes y contrarias. Habría socialistas burgueses, socialistas pacíficos, cooperativistas, socialistas autoritarios, con la esperanza puesta en su emancipación con la reforma del Estado y socialistas revolucionarios que sólo la esperan de la destrucción del Estado.

 

Todas esas teorías con muchos otros matices más, ya existen hoy en la Internacional; pero mientras ninguna de ellas sea proclamada como la teoría oficial, esas diferencias de doctrina y las luchas pacíficas consiguiente en el mismo seno de la Internacional, lejos de ser un mal, son a mi parecer un gran bien, porque contribuyen a desarrollar el pensamiento y el trabajo espontáneo de la inteligencia de cada uno; no pueden perjudicar a la solidaridad, que debe unir a los trabajadores de todos los países porque esta solidaridad no es de tipo teórico, es del todo práctica. Es, lo repito otra vez, la solidaridad de la lucha económica del trabajo contra el capital, con todas las consecuencias prácticas que trae. Los obreros de la Federación Jurasiana por ejemplo, que aborrecen cualquier organización autoritaria y que han adoptado como programa la abolición del Estado, son profundamente separados desde ese punto de vista de los obreros de Alemania, que aceptan con una gran mayoría -por lo visto- las teorías autoritarias de Marx. Y sin embargo, en cuanto estalle una huelga en Alemania, los trabajadores del Jura serán los primeros en sostenerla con todos sus medios.

 

No estoy seguro de que, pero lo espero, los obreros de Alemania harían la misma cosa... Esta es pues, la única solidaridad que crea la Internacional. Es del todo práctica, y persiste, se mantiene poderosa pese a todas las disidencias teóricas que pueden brotar entre diferentes grupos de obreros.

 

[Desviación impuesta por Marx a la Internacional]

Sólo se puede mantener, no obstante, con esta única condición de que ninguna teoría sea política, sea socialista, sea filosófica, no se convierta jamás en la teoría oficial, obligatoria de la Internacional. Primero cada teoría oficial es un buen sentido [el sentido único de su verdad]. Para tener el coraje y el pretexto de imponerse, debe proclamarse absoluta, y el tiempo de lo absoluto ya pasó, por lo menos en el campo de la revolución. Lo absoluto para los hombres de la libertad y de la humanidad, es un absurdo. Luego, como nunca hubo ejemplo en la historia y como será para siempre jamás imposible que cualquier teoría determinada sea realmente el producto del pensamiento individual de todo el mundo; como todas las teorías, en tanto que teorías explicitas y finitas, fueron y serán siempre elaboradas por un pequeño número de individuos, la teoría supuestamente absoluta no representará en realidad nunca otra cosa que el despotismo ejercido por el pensamiento de algunos sobre el pensamiento de todos, despotismo teórico que no dejará nunca de caer en despotismo y en explotación prácticos. Es precisamente lo que vemos producirse hoy en día en el seno mismo de la Internacional.

 

La pandilla marxiana (3“marxiano” es el adjetivo que usaba Bakunin, puesto que el término “marxista” no se empleaba.), con sumo poder en el Consejo General, aprovechándose del desconcierto momentáneo de los socialistas revolucionarios de Francia, que le habían desafiado hasta ahora pero que hoy por hoy asesinados, diezmados, deportados, exilados, o forzados al silencio, no pueden hacer oír su voz, tiende evidentemente a imponer la doctrina política y socialista de Marx, la de la emancipación de las clases obreras por la potencia del gran Estado centralizado, como la doctrina oficial de la Internacional. Paralelamente a ese objetivo y como su consecuencia necesaria, esa pandilla persigue otro: el de transformar el Consejo General, siempre dirigido por Marx en persona, como el gobierno, el director oficial, como el dictador de la Internacional. Y está obrando, intrigando inmensamente hoy, derramando las calumnias a montones, para preparar un Congreso que tras haber proclamado la doctrina y la dictadura naturalmente enmascarada de Marx como obligatorias para todas las secciones de la Internacional, declarará heréticas todas las que no querrán aceptar esta doctrina, y traidores a cuanto no deseen inclinar sus cabezas bajo esta dictadura. Tal es el efecto fatal de las doctrinas oficiales.

 

La Internacional, para no traicionar su misión, no debe aceptar ninguna. ¿Y entonces qué pasará? Acontecerá eso, ilustrados cada vez más por la lucha y por la libre propaganda de las ideas diferentes, dirigidas por su propio instinto y cada vez más elevadas a la consciencia revolucionaria por la práctica misma y las consecuencias inevitables de la solidaridad universal de la lucha del trabajo contra el capital, las masas elaborarán, despacio es verdad, pero de modo infalible, sus propios pensamientos, teorías que brotarán de abajo arriba, pero que no serán ya impuestas de arriba abajo.

 

Dije que ese trabajo se hará y se va haciendo despacio. No tan despacio sin embargo como se podría creerlo. Quienes tuvieron alguna práctica en el desarrollo de la Internacional, saben qué maravillosos progresos ha hecho la consciencia operaria en un muy corto número de años, gracias a la libertad absoluta que ha reinado hasta ahora en el seno de la Internacional, libertad en la propaganda, tanto como en la organización... A mi parecer, dichos progresos son inmensos. No obstante, reconozco que resultan insuficientes para dar al poder elemental de las masas una organización revolucionaria. Y mientras las masas no tengan esta organización, incluso si fueran aún más imponentes en cuanto al número, en comparación con el de las clases privilegiadas, serán siempre aplastadas por aquellas.

 

Reconozco con alegría que las clases privilegiadas en todos los países han perdido mucha de su fuerza pasada. Han perdido seguramente su fuerza moral; ya no tienen fe en su derecho, saben

que son inicuas, odiosas, y se desprecian a sí mismas. Ya es mucho. Perdida su fuerza moral, pierden ostensiblemente y necesariamente también su fuerza inteligente. Son mucho más sabias que el proletariado, pero eso no les impide hacerse cada vez más tontas. Han perdido cualquier valentía intelectual y moral. No se atreven ya más a mirar adelante y sólo miran atrás. Todo eso las condena infaliblemente a la muerte. El proletariado que durante la misma vida de ella ha heredado de su potencia intelectual y moral de antaño, se prepara a forzarlas hoy en sus últimos baluartes políticos y económicos.

 

Todo eso es real. Pero no hay que hacerse ilusiones, los baluartes siguen siendo muy fuertes: se denominan el Estado, la Iglesia, la Bolsa, la policía, el ejército, y luego esa gran conspiración internacional y pública, legal, confesada, cuyo nombre es la diplomacia. Todo eso está sabiamente organizado y es poderoso por la organización. Y en presencia de esa formidable organización, el proletariado, incluso unido, agrupado y solidarizado en y por la Internacional, queda desorganizado. ¡Qué importa su número! El pueblo, por mucho que alcance aún un millón, varios millones, estará dominado por algunas decenas de millares de soldados, mantenidos y disciplinados a costa suya, contra él, por el dinero burgués producido por su propio trabajo.

 

Tomen la sección de la Internacional más numerosa, más avanzada y mejor organizada. ¿Acaso lo es para el combate? Ustedes saben muy bien que no. De mil trabajadores, ya es mucho si se reúnen unos cien o a lo sumo doscientos el día de la lucha. Para organizar una fuerza, no basta con unir los intereses, los sentimientos, el pensamiento... Hay que aunar las voluntades y los caracteres.

 

Nuestros enemigos organizan sus fuerzas por el poder del dinero y la autoridad del Estado. Sólo podemos organizar las nuestras por la convicción, la pasión.

 

[Organización de la lucha popular y sociedad secreta]

No podemos y no debemos tener otro ejército que el pueblo, la masa. Pero para que esta masa se levante simultáneamente toda y entera, y sólo con esta condición puede vencer, ¿cómo hacer? Sobre todo ¿cómo hacer, para que las masas incluso electrizadas, alzadas no se contradigan y no se paralicen con movimientos contrapuestos? Únicamente existe un medio: es asegurar el concurso de todos los jefes populares. Llamo jefes populares a individuos siempre procedentes del pueblo, que viven con él, la misma vida, y que gracias a su superioridad intelectual y moral, ejercen sobre él una gran influencia. Muchos entre ellos se abusan de esta y la ponen al servicio de sus intereses personales. Son hombres muy peligrosos y se debe evitarles como la peste, combatirles y aniquilarles cuando se puede. Hay que buscar a buenos jefes, los que sólo buscan su propio interés en el interés de todo el mundo. ¿Pero cómo dar con ellos y reconocerles, y quién es el individuo lo bastante inteligente, lo bastante perspicaz y lo bastante poderoso, como para no equivocarse primero en la elección y luego para convencerles y organizarles él a solas?

 

Es evidente que no puede ser el trabajo de un solo hombre; que muchos hombres asociados únicamente pueden emprender y llevar a cabo una acción tan difícil. Pero para eso, es necesario

primero que se entiendan juntos y que se den la mano para esta obra común. Dado que esta obra tiene un objetivo práctico, revolucionario, la comprensión mutua que es la condición necesaria, no se puede hacer en público; si se hiciera de ese modo, atraería contra los iniciadores las persecuciones de todo el mundo oficial y oficioso y quedarían aplastados antes de haber podido hacer la menor de las cosas.

 

Por lo tanto este entendimiento y esta asociación que debe fraguarse sólo puede hacerse en secreto, por eso hay que fundar una conspiración, una sociedad secreta en regla. Tal es también el pensamiento y la finalidad de la Alianza. Es una sociedad secreta formada en el seno mismo de la Internacional, para dar a esta última una organización revolucionaria, para transformarla a ella y a todas las masas populares que se encuentran fuera, en una potencia suficientemente organizada para aniquilar la reacción político-clerical-burguesa, para destruir todas las instituciones económicas, jurídicas, religiosas y políticas de los Estados.

 

La última Conferencia de Londres pronunció el anatema contra toda sociedad secreta que se quisiera formar dentro de la Internacional. Es un golpe evidente en contra nuestra. Pero lo que la pandilla marxiana que dirigió esta Conferencia, como dirige por ahora el Consejo General, cuidó mucho de no informar a la mayoría de los miembros de esta Conferencia, y lo que dijo únicamente a sus muy íntimos partidarios o a sus fieles es que ella empujó a formular esta condena contra nosotros, sólo con el fin de preparar el terreno para su propia conspiración, la sociedad secreta que bajo la dirección de Marx existe desde 1848, fundada por Marx, Engels, el difunto Wolff y que no es otra que la sociedad casi exclusivamente germánica de los comunistas autoritarios.

 

Lo que digo aquí no es una suposición sino un hecho conocido de muchas personas y que varias veces, en diferentes procesos políticos, pasó a la luz pública en Alemania. Por consiguiente, dejando de lado la parte odiosa de las personalidades que fue llevada hasta la más ignominiosa suciedad, por nuestros vindicativos y demasiado perseverantes adversarios, hay que reconocer que la lucha intestina que acaba de estallar hoy en día en el seno de la Internacional, no es sino la de dos sociedades secretas tan contrapuestas por sus principios, como por el sistema de su organización, y con una, la de los comunistas autoritarios, que existe como lo acabo de decir, desde 1848, y la otra, la de la Alianza de los socialistas-revolucionarios con su existencia desde 1864, es verdad, pero que sólo empezó a establecerse en la Internacional desde 1868.

[La AIT y Carlos Marx, cualidades y defectos, el papel de Proudhon y de Bakunin]

Empecemos primero por rendir justicia a nuestros adversarios cuando merecen esta justicia. Marx no es un hombre común. Es una inteligencia superior, un hombre de una ciencia muy vasta, sobre todo en las cuestiones económicas, y además un hombre que, desde 1845 por lo que sé, la época de mi primer encuentro con él en París siempre ha sido sinceramente, enteramente dedicado a la causa de la emancipación del proletariado, causa a la cual ha prestado incontestables servicios, que nunca ha traicionado adrede, pero que compromete inmensamente hoy en día por su vanidad formidable, por su carácter odioso, malévolo y por sus tendencias a la dictadura en el mismo seno del partido de los revolucionarios-socialistas. Su vanidad en efecto no tiene límites, una verdadera vanidad de judío (4 El antisemitismo de Bakunin chocó con razón a Anselmo Lorenzo entre las acusaciones dirigidas por Bakounine contra Marx descuella como motivo especial de odio las circunstancias de que Marx era judío. Esto, que contrariaba nuestros principios, que imponen la fraternidad sin distinción de razas ni de creencias, me produjo desastroso efecto, y dispuesto a decir la verdad, consigno esto a pesar del respeto y de la consideración que por muchos títulos merece la memoria de Bakounine. Lorenzo Anselmo El Proletariado militante, Madrid, 2005, p. 204. Además se añade el desconocimiento de Bakunin de un proletariado judío campesino e industrial en Rusia -en particular en Ucrania y los países bálticos- que protagonizó luchas anticapitalistas sangrientas a partir de fines del siglo XIX en grupos del Bund (socialismo judío) o del anarcocomunismo); y es una gran lástima, es un lujo inútil, porque se comprende la vanidad en un ser nulo, que no siendo nada, quiere parecerlo todo. Marx tiene cualidades y una potencia de pensamiento y acción muy positiva, muy grande y que le habría podido ahorrar, a mi parecer, la pena de valerse de los miserables medios de la vanidad. Esa vanidad, naturalmente ya muy fuerte, fue considerablemente acrecentada por la adulación de sus amigos y discípulos. Muy personal, muy envidioso, muy susceptible, y muy vindicativo, como Jehová, el Dios de su pueblo, Marx no tolera que se reconozca a otro Dios que él mismo; ni siquiera que se rinda justicia a otro escritor o creador socialista, en su presencia. Proudhon que nunca fue un Dios, pero que por cierto era un gran pensador revolucionario prestando inmensos servicios al desarrollo de las ideas socialistas, se volvió por esa misma razón la bestia negra de Marx. Encomiar a Proudhon en presencia suya, era hacerle a él una ofensa mortal,

digna de todas las consecuencias naturales de su enemistad. Y esas consecuencias son: primero el odio, luego las más sucias calumnias. Marx nunca retrocedió ante la mentira, tan odiosa, tan pérfida como sea, cuando creyó poder usarla sin un peligro demasiado grande para sí mismo contra quienes tuvieron la desgracia de sufrir su ira. Dije que Marx es excesivamente personal. Ahí viene una prueba: él cree aún en la propiedad individual de las ideas. Tras la muerte de Lasalle, famoso agitador y fundador del Partido de la Democracia Socialista en Alemania, muy gran parte discípulo de Marx, comunista autoritario como él y que como él había predicado la emancipación de las masas obreras por el Estado, cuando murió, digo, Marx publicó el primero y hasta ahora el único volumen de su gran libro sobre el Capital. En el prefacio, criticó con amargura a Lasalle por haberle robado ideas y hasta la forma de las ideas (5La pretensión de Marx es mayor de lo que sugiere Bakunin: Esto pareció tanto más necesario, por cuanto la obra de Ferdinand Lasalle contra Schulze-Delitzsch [Herr Bastiat-Schulze von Delitzsch, der ökonomische Julian, oder Kapital und Arbeit ], hasta en la parte en que su autor proclama brindar "la quintaesencia intelectual" de mis concepciones sobre esos temas, contiene errores de importancia. En passant [incidentalmente]. El que Lasalle haya tomado casi textualmente de mis escritos, y por cierto sin consignar las fuentes, todas las tesis teóricas generales de sus trabajos económicos por ejemplo las relativas al carácter histórico del capital, a la conexión entre las relaciones de producción y el modo de producción, etc., etc., valiéndose incluso de la terminología creada por mí, ha de deberse seguramente a razones de ordenpropagandístico.)

; reproche soberanamente injusto ya por el hecho de que Lasalle en uno de sus escritos, dirigido contra Schultz-Delitsch, tras desarrollar algunas ideas, añadió: "Estas ideas y expresiones de que acabo de servirme, no fueron propiamente inventadas por mí; las tomé de una magnífica obra todavía inédita de Marx". Esta declaración no le bastó a Marx. Así es cómo Marx está agarrado en flagrante delito de "propietarismo", y eso en la esfera de las ideas, que es por cierto la menos propia a la apropiación personal. Sus amigos conocen tanto esa manía de su maestro que por ejemplo Engels, un hombre muy inteligente también, el más íntimo y el más antiguo amigo de Marx, en la publicación de un trabajo bastante notable sobre el levantamiento de los campesinos alemanes en el siglo XVI, se cuidó mucho diciendo en la introducción que las principales ideas que sirvieron de base a esta obra no son suyas sino de Marx.

 

Reconozcamos ahora que Marx es un pensador economista muy serio, muy profundo. Tiene esta inmensa ventaja sobre Proudhon, de ser un realista, un materialista. Proudhon, a pesar de todos los esfuerzos que hizo para sacudir las tradiciones del idealismo clásico, permaneció no obstante toda su vida un idealista incorregible, inspirándose como se lo dije, dos meses antes de su muerte, ya en la Biblia, ya en el derecho romano, y metafísico siempre, hasta los tuétanos. Su gran desgracia es no haber estudiado jamás las ciencias naturales, y no haberse apropiado de sus métodos. Tuvo instintos de genio que le hicieron entrever la vía justa, peros llevado de las malas o las idealistas habitudes de su espíritu, volvía siempre a caer en los viejos yerros; de ahí que Proudhon fue una contradicción perpetua, un genio vigoroso, un pensador revolucionario que se debatía siempre contra los fantasmas del idealismo y no logró nunca vencerlos.

Marx como pensador está en la buena vía. Ha establecido como principio que todas las evoluciones religiosas, políticas y jurídicas en la historia no son las causas, sino los efectos de las evoluciones económicas. Es un gran y fecundo pensamiento que en absoluto ha inventado él, fue

entrevisto, expresado en parte por no pocos otros que él. Pero al fin le pertenece el honor de haberlo

sentado sólidamente y haberlo colocado como base de todo su sistema económico. Por otro lado,

Proudhon había comprendido y sentido la libertad mucho mejor que él. Proudhon, cuando no hacía doctrina ni metafísica, tenía el verdadero instinto del revolucionario. Adoraba a Satán y proclamaba la An-arquía. Es muy posible que Marx pueda elevarse teóricamente a un sistema todavía más racional de la libertad que Proudhon. Mas le falta el instinto de Proudhon. Como alemán y como judío, es de los pies a la cabeza un autoritario.

 

De ahí dos sistemas opuestos: el sistema anárquico de Proudhon, por nosotros ampliado, desarrollado y liberado de todo su ropaje metafísico, idealista, doctrinario, y aceptando de lleno la materia en la ciencia, y la economía social en la historia como base de todos los desarrollos ulteriores. Y el sistema de Marx, jefe de la escuela alemana de los comunistas autoritarios.

 

Esas son las bases de ese sistema. Como nosotros, los comunistas autoritarios quieren la abolición de la propiedad individual. Pero difieren de nosotros principalmente en que quieren la expropiación de todos los individuos por el Estado, mientras que lo queremos por la abolición del Estado y del derecho jurídico necesariamente garantizado por el Estado. Por eso, en el Congreso de Basilea, proclamamos la abolición del derecho hereditario, y se opusieron ellos, diciendo que esta abolición quedaría inútil a partir del momento en que el Estado sería el único propietario. El Estado - dicen- debe ser el único propietario de la tierra, e incluso el único banquero. Por sustituir el banco del Estado los bancos feudales hoy existentes, debe sólo él comanditar el trabajo nacional; de modo que de hecho todos les obreros, tanto de la industria como de la tierra serán asalariados del Estado. Los comunistas ingleses de esa misma escuela, decidieron en el Congreso de Basilea, que la tierra deberá cultivarse bajo la dirección de ingenieros del Estado.

 

Rechazamos ese sistema por dos razones; primero porque en lugar de menguar la potencia

del Estado, la aumenta concentrando todos los poderes en sus manos. Es verdad que dicen que su Estado será el Estado del pueblo, gobernado por asambleas y funcionarios elegidos directamente por el pueblo y sometidos al control popular. Es el sistema representativo, parlamentario, el del sufragio universal, corregido por el referéndum y por la votación directa de todas las leyes por el pueblo. Pero sabemos lo que vale la sinceridad de sus representaciones. Lo que está claro, es que el sistema marxiano desemboca, como el de Mazzini, en la formación de un supuesto poder popular muy fuerte, o sea la dominación de une minoría inteligente, única capaz de abarcar las cuestiones complicadas inseparables de la centralización, y por consiguiente al avasallamiento de las masas y a su explotación por esta minoría inteligente. Es el sistema de las autoridades revolucionarias, de la libertad y dirigido desde arriba, o sea una evidente mentira.

 

La otra razón que nos hizo rechazar ese sistema, es que llega directamente a la creación de nuevos grandes Estados nacionales, separados y necesariamente rivales y hostiles, a la negación de la internacionalidad, de la humanidad. En efecto a menos que ellos pretendan fundar un solo Estado universal -empresa absurda y condenada por la historia-, deben forzosamente fundar Estados nacionales, o lo que es aún más probable, grandes Estados en los cuales, una raza, la más poderosa, la más inteligente, supeditará, oprimirá y explotará a otras razas, de modo que sin confesárselo, los marxianos fatalmente desembocan en el pangermanismo…

 

[Aquí termina el manuscrito, original francés sacado del CD-R del Instituto Internacional de

Historia Social, IISG, de Ámsterdam; traducción y notas de Frank Mintz].

 

Par Verde - Publié dans : Comunismo Libertario
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Miguel Bakunin

 

 

Carl Sagan

Así, a medida que la ciencia avanza, Dios parece tener cada vez menos que hacer. Es un gran universo, desde luego, por lo que Él, Ella o Ello, podría estar ocupado provechosamente en muchos sitios. Pero lo que evidentemente ha ocurrido es que ante nuestros propios ojos ha ido apareciendo un Dios de los vacíos; es decir, lo que no somos capaces de explicar, se lo atribuimos a Dios. Después, pasado un tiempo, lo explicamos, y entonces deja de pertenecer al reino de Dios. Los teólogos lo dejan de lado y pasa a la lista de competencias de la ciencia.

 

Carl Sagan: “La diversidad de la ciencia” [2007]



 

Stepehen Hawking

"La estirpe humana no es más que un sustrato químico en un planeta pequeño, orbitando alrededor de una estrella mediana, en los suburbios de una galaxia del centenar de miles de millones que existen"

 

Carlos Marx

“Durante el curso de su desarrollo, las fuerzas productivas de la sociedad entran en contradicción con las relaciones de producción existentes, o, lo cual no es más que su expresión jurídica, con las relaciones de propiedad en cuyo interior se habían movido hasta entonces. De formas de desarrollo de las fuerzas productivas que eran, estas relaciones se convierten en trabas de esas fuerzas. Entonces se abre una era de revolución social” (1859)

 

 

Albert Einstein

Si una idea no parece absurda

de entrada,

pocas esperanzas

hay para ella.-

 

Groucho Marx

"El secreto de

la vida es

la honestidad y

el juego

limpio, si puedes

simular eso,

lo has conseguido."  

  

MARX, Groucho (1890-1977) 
Actor estadounidense

 

 

 

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