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El convencimiento de que la Revolución abría ipso facto las puertas de la Felicidad siempre fue rechazado por los anarquistas realistas.
Solamente algunas personas quedaron prendadas de la Revolución como orgasmo de la historia; creían los pone bombas que abatido el déspota o el tirano la humanidad amanecería en la anarquía. Ya
desde fines del siglo XIX era evidente que o se iba al pueblo o la causa de los cambios sociales estaba perdida. Frente al parlamentarismo el anarquismo enarboló las banderas del sindicalismo
revolucionario y fundamentalmente porque los sindicatos, tras el hecho revolucionario, se encargarían de la administración de las cosas prescindiendo
de la maquinaria del Estado burgués. Se concebía la Revolución como el estallido de los antagonismos de clase, que sólo podían estallar por la existencia de una organización previa en cuyo seno
los proletarios ya ejercerían las funciones elementales de la producción capitalista. Tras el estallido revolucionario se formarían nuevos organismos –soviets, colectividades, etc.- que al lado
de los sindicatos administrarían la confederación de comunas libres. Era éste el esquema aproximadamente. Con la Comuna de París, con la forma brutal como fue aplastada, todo el mundo se dio
cuenta que sin una organización previa de masas no habría Revolución posible. Marx, que era el más estudioso de todos los fundadores de las doctrinas socialistas, veía el proceso como una
evolución de un modo de producción del capital a un nuevo modo de producción socialista; el desarrollo de las fuerzas productivas entraba en contradicción con las relaciones de producción, es
decir, con relaciones de propiedad. ¿Dónde estaban más desarrolladas las fuerzas productivas? ¡En los países imperiales! Inglaterra con su gran imperio disputado por los Estados Unidos; y
Alemania que era el imperio de toda la Europa central y oriental. En cierta oportunidad Marx hizo una concesión sobre Rusia, aduciendo que las formas de convivencia del campesino ruso –el mir-
podían ser el germen del modo de producción socialista, pero que esto sería cuando Rusia pasara primero por el modo capitalista de producción. Para Marx, Rusia era marginal, porque en el esquema
de Marx no cabe el campesinado como clase social sujeto del socialismo. O había proletarios o no habría Revolución. Sin proletarios no habría socialismo así como sin tetas no hay paraíso. Pero la
revolución rusa de 1917, que realmente no fue una sino dos, evidenció que tanto Marx como los anarquistas estaban errados. Y, entonces, comienza a tenerse por socialista a las revoluciones que se
van a llevar a cabo en los países campesinos del mundo colonial. Es en las colonias donde habrá revoluciones y no en las metrópolis imperiales. La revolución se hará en San Petesburgo (Tercer
Mundo europeo) y no en Berlín (imperio central). La revolución se hará en México (Tercer Mundo latinoamericano) y no en París (centro del imperialismo francés); y la revolución se hará en China
(Tercer Mundo asiático) y no en Japón (imperio colonial asiático). Y, por más que Lenin se reventara poniéndole un remoquete “la revolución proletaria rusa” no tenía un carajo de proletaria; y
menos proletaria fue la mexicana y mucho menos la china. Es decir, las primeras revoluciones del siglo XX se producen en ausencia de los carajos más interesados en hacer la Revolución (según
Marx): los proletarios. No había proletariado pero había Revolución. Bakunin se distanciaba de Marx en el sentido de que veía en el campesinado (especialmente el italiano) capacidad de combate
revolucionario. Por eso se ha dicho que las revoluciones del Tercer Mundo (incluida la rusa) seguían más el esquema de Bakunin que el de Marx. Inclusive a Lenin los mencheviques lo acusaron de
“seguir los pasos de Bakunin”; y todavía uno consigue anarcos que te dicen que “Bakunin es muy leninista”. En resumidas cuentas: las Revoluciones –todas ellas, incluso la española de 1936- se dan
en países atrasados en los cuales es fácil a los imperios cercarlos, atosigarlos, crear todo un mundo intelectual con el objeto de condenarlas, de apabullarlas, de derrotarlas y de matar a los
revolucionarios y a las poblaciones que los apoyaban. Entonces surge el “capitalismo de Estado” como hermano gemelo de lo que empezó siendo socialismo. ¿Qué en Rusia no hubo socialismo sino
capitalismo de Estado? Claro. ¿Y qué hubo en España, un país donde el anarquismo llegó a ser hegemónico en el movimiento obrero, en el sindicalismo? ¿No se vieron los anarquistas en la necesidad
de llevarle al Estado catalán el decreto de colectivizaciones para “legalizar” lo que meses antes habían hecho los propios trabajadores por su cuenta y riesgo? ¿Por qué debo disciplinadamente
explicar esa legalización de la revolución anarcosindicalista por el Estado catalán, en 1936, como un “triunfo libertario” y negarle a los excluidos de Venezuela que su ley de los consejos
comunales es tan revolucionaria como el decreto de colectivización de Cataluña? ¿Quién me dice a mí que se es más anarquista que nadie porque uno sea europeo o español? Vamos, señores, o hablamos
como caballeros o hablamos como lo que somos, que dijo el libertario Cantinflas.-
Así, a medida que la ciencia avanza, Dios parece tener cada vez menos que hacer. Es un gran universo, desde luego, por lo que Él, Ella o Ello, podría estar ocupado provechosamente en muchos sitios. Pero lo que evidentemente ha ocurrido es que ante nuestros propios ojos ha ido apareciendo un Dios de los vacíos; es decir, lo que no somos capaces de explicar, se lo atribuimos a Dios. Después, pasado un tiempo, lo explicamos, y entonces deja de pertenecer al reino de Dios. Los teólogos lo dejan de lado y pasa a la lista de competencias de la ciencia.
Carl Sagan: “La diversidad de la ciencia”
[2007]
"La estirpe humana no es más que un sustrato químico en un planeta pequeño, orbitando alrededor de una estrella mediana, en los suburbios de una galaxia del centenar de miles de millones que existen"
“Durante el curso de su desarrollo, las fuerzas productivas de la sociedad entran en contradicción con las relaciones de producción existentes, o, lo cual no es más que su expresión jurídica, con las relaciones de propiedad en cuyo interior se habían movido hasta entonces. De formas de desarrollo de las fuerzas productivas que eran, estas relaciones se convierten en trabas de esas fuerzas. Entonces se abre una era de revolución social” (1859)
Si una idea no parece absurda
de entrada,
pocas esperanzas
hay para ella.-
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"El secreto de la vida es la honestidad y el juego limpio, si puedes simular eso, lo has conseguido." |
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MARX, Groucho (1890-1977) |