Partager l'article ! Crónica Paisana de hoy: Me tocó laborar con obreros norteamericanos adictos al alcohol, al sexo alquilado y demás menudencias que les perm ...
Me tocó laborar con obreros norteamericanos adictos al alcohol, al sexo alquilado y demás menudencias que les permitía evadirse de la férrea tiranía de su multinacional. Fue a principios de los noventas cuando privatizaron la empresa en la cual yo me ganaba la vida. No eran marcianos sino terrícolas, y todos concluían, a fin de ilustrarme, que el sistema en los Estados Unidos era muy duro, como si en Venezuela no lo fuera, al menos en aquellos años, y tengo para mí que lo sigue siendo a pesar del socialismo, la revolución, la independencia, el Mercosur y todo lo demás porque en la vida cotidiana de los currantes no hay más que angustias, sacrificios y lucha de clases.
Me llamaba la atención que lo que me contaba mi padre sobre el socialismo soviético del camarada Stalin –es decir, que mientras uno o dos se partían el lomo trabajando, tres, cuatro y hasta más ordenaban, mandaban, gerenciaban o eran comisarios políticos del partido- sucedía también en las transnacionales gringas, especialmente a la que pertenecían mis amigos yanquis, que vivían bañados en ron o en cerveza.
Pero había un no sé qué que nos separaba, que nos aislaba, que nos hacía distintos a pesar de ser esclavos, tanto ellos, los gringos, como nosotros, los criollos. Era como una especie de arrogancia, como diciéndonos, todos estamos jodidos pero ustedes están más jodidos que nosotros.
Empero, cuando llegaba la hora de las cervezas frías parecía que la espuma cervecera les hacía hablar hasta por los codos sobre sus ambientes norteamericanos, los pueblos de los cuales procedían sus abuelos, o la suerte que les había tocado a familiares o conocidos en Vietnam o en otras latitudes. Uno de ellos, no sé debido a qué, llegó a confesarme alrededor de las botellas de cerveza que Fidel Castro era un gran tipo pero que Saddam Hussein era un son of a bitch. Como si estuviera refiriéndose a sus vecinos negros, judíos, chinos o musulmanes en una de esas ciudades norteamericanas en las cuales el racismo, la xenofobia o la intolerancia cobran sus cuentas, de cuando en vez o de vez en cuando, mediante un tiroteo inesperado de algún psicópata que se ha salido de control.
Lo mejor que me gustaba de salir con mis amigos gringos era que ellos pagaban todo, tenían dólares a raudales y no dejaban que yo me bajara de la mula. Por esa misma época tuve contacto con gente de la clase media norteamericana y uno de ellos me dijo que mientras la economía ande bien en los Estados Unidos no pasaría nada. Y pasó.
Pero ya el 11 de septiembre de 2001 había dejado de verlos a todos. A veces echo de menos esa arrogancia imperial y esas sonrisas de lástima con las que trataban con nosotros. A veces, también, recuerdo nebulosamente que se referían a nosotros como “los nativos” o “los locales”. El camarada Chávez terminó nacionalizando, de nuevo, la empresa que fuera privatizada. Todos volvieron a casa, como si hubieran estado en un Vietnam de putas, ron y carros alquilados, y con dólares a granel.-
Así, a medida que la ciencia avanza, Dios parece tener cada vez menos que hacer. Es un gran universo, desde luego, por lo que Él, Ella o Ello, podría estar ocupado provechosamente en muchos sitios. Pero lo que evidentemente ha ocurrido es que ante nuestros propios ojos ha ido apareciendo un Dios de los vacíos; es decir, lo que no somos capaces de explicar, se lo atribuimos a Dios. Después, pasado un tiempo, lo explicamos, y entonces deja de pertenecer al reino de Dios. Los teólogos lo dejan de lado y pasa a la lista de competencias de la ciencia.
Carl Sagan: “La diversidad de la ciencia”
[2007]
"La estirpe humana no es más que un sustrato químico en un planeta pequeño, orbitando alrededor de una estrella mediana, en los suburbios de una galaxia del centenar de miles de millones que existen"
“Durante el curso de su desarrollo, las fuerzas productivas de la sociedad entran en contradicción con las relaciones de producción existentes, o, lo cual no es más que su expresión jurídica, con las relaciones de propiedad en cuyo interior se habían movido hasta entonces. De formas de desarrollo de las fuerzas productivas que eran, estas relaciones se convierten en trabas de esas fuerzas. Entonces se abre una era de revolución social” (1859)
Si una idea no parece absurda
de entrada,
pocas esperanzas
hay para ella.-
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"El secreto de la vida es la honestidad y el juego limpio, si puedes simular eso, lo has conseguido." |
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MARX, Groucho (1890-1977) |