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La globalización estimuló el surgimiento de una oligarquía mundial del capital, un auténtico club de los amos del mundo. El mismo desafía la esencia de la
gobernabilidad democrática.
Nunca antes las corporaciones multinacionales habían alcanzado su dimensión actual. Tal como refería Noreena Hertz en su obra The Silent
Takeover, publicada en 2001, de las cien mayores economías del mundo, cuarenta y nueve eran Estados-naciones y cincuenta y uno corporaciones multinacionales. Desde entonces la
balanza se ha inclinado cada vez más en la dirección de estas últimas, gracias a un proceso sistemático de megafusiones empresariales.
Dichas megacorporaciones tienden a ser controladas con mano firme. Hace varias décadas Galbraith desarrolló su teoría de la evolución corporativa, según la cual las empresas habían pasado del
liderazgo carismático de sus fundadores a aburridos directorios tecnocráticos. Ello no se corresponde a la realidad actual, donde figuras como Steve Jobs, Steve Ballmer, Warren Buffet, Ted
Turner o Rubert Murdoch, dominan con fuerza sus emporios económicos.
Esos grandes líderes corporativos no sólo comparten un mismo código de valores, sino que suelen reunirse habitualmente. Sus valores son aquellos que dan sustento a la globalización. Los
espacios donde se reúnen van desde los de naturaleza abierta como el Foro Económico Mundial hasta agrupaciones reservadas como Bilderberg, la Comisión Trilateral o el Chairmans Club. Según
Bruno Cardeñosa: "Estos grupos pretenden gestar una red de mando que no se vea afectada por el 'capricho' de turno de los ciudadanos" (El
Gobierno Invisible, Madrid, 2007).
La conjunción entre el gigantesco poder económico de las corporaciones, el liderazgo carismático sobre las mismas, la presencia de un código de valores compartidos y la existencia de un marco
asociativo común, genera un poder desmesurado. No es exagerado hablar, por tanto, de un "club de los amos del mundo". Cualquier Estado que se enfrente al código de valores o a los intereses de
éste, debe estar dispuesto a asumir un costo muy alto, razón por la cual pocos se arriesgan a hacerlo. Ello ha conducido a lo que el historiador John Pocock ha calificado como la subordinación
de las comunidades soberanas de ciudadanos al poder del dinero.
Curiosamente varios de estos amos han decido descender del Olimpo para medirse con los simples mortales. Ello ha implicado abandonar el mundo de la opacidad para someterse al conteo de los
votos y al escrutinio público. El primero de ellos fue Silvio Berlusconi en Italia y el más reciente Sebastián Piñera en Chile. Sin embargo, lo que acaba de ocurrir en Tailandia debe estarlos
haciendo temblar. Thaksin Shinawatra, el hombre más rico de ese país y antiguo Primer Ministro, acaba de ser despojado de la mayor parte de su fortuna por una sentencia altamente politizada de
la Corte Suprema. Es el riesgo que corren quienes desdeñan los hilos ocultos y el poder gremial del "club". Algo que sin duda no le ocurriría a un Carlos Slim.
altohar@hotmail.com
Así, a medida que la ciencia avanza, Dios parece tener cada vez menos que hacer. Es un gran universo, desde luego, por lo que Él, Ella o Ello, podría estar ocupado provechosamente en muchos sitios. Pero lo que evidentemente ha ocurrido es que ante nuestros propios ojos ha ido apareciendo un Dios de los vacíos; es decir, lo que no somos capaces de explicar, se lo atribuimos a Dios. Después, pasado un tiempo, lo explicamos, y entonces deja de pertenecer al reino de Dios. Los teólogos lo dejan de lado y pasa a la lista de competencias de la ciencia.
Carl Sagan: “La diversidad de la ciencia”
[2007]
"La estirpe humana no es más que un sustrato químico en un planeta pequeño, orbitando alrededor de una estrella mediana, en los suburbios de una galaxia del centenar de miles de millones que existen"
“Durante el curso de su desarrollo, las fuerzas productivas de la sociedad entran en contradicción con las relaciones de producción existentes, o, lo cual no es más que su expresión jurídica, con las relaciones de propiedad en cuyo interior se habían movido hasta entonces. De formas de desarrollo de las fuerzas productivas que eran, estas relaciones se convierten en trabas de esas fuerzas. Entonces se abre una era de revolución social” (1859)
Si una idea no parece absurda
de entrada,
pocas esperanzas
hay para ella.-
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"El secreto de la vida es la honestidad y el juego limpio, si puedes simular eso, lo has conseguido." |
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MARX, Groucho (1890-1977) |