Mercredi 17 mars 2010 3 17 /03 /Mars /2010 16:31

A propósito del control militar en el sur de Chile

Wednesday March 17, 2010 05:37
by Vladimir Benoit - Estrategia Libertaria

Hoy, más que nunca, a reconstruir una alternativa revolucionaria.

[...] en primera instancia la presencia de las fuerzas armadas responde a la necesidad de re establecer el dominio de clase en una zona donde, por tales o cuales razones, este flaquea o, simplemente, desaparece. Eso es lo fundamental. Luego, todo lo que suceda o no, se monta sobre este principio. Toda consideración del asunto militar debe asumir que su llegada es la prueba fehaciente del Estado golpeando la mesa, colocando y re-estableciendo el orden, un orden que, por lo demás, se basa la dominación de una clase por sobre otra.

Militares en las calles
Militares en las calles

 


A propósito del control militar en el sur de Chile. Hoy, más que nunca, a reconstruir una alternativa revolucionaria.

Son los militares, es el Estado golpeando la mesa:

Al parecer, uno de los asuntos más delicados a tratar desde la izquierda, es el tema de la militarización de las zonas afectadas por el terremoto en Chile. Tristes son las palabras de algunos compañeros que confunden las cosas de una forma brutal, sin ver el fondo del asunto, confundiendo la demagogia con el análisis, vacilando ante la coyuntura, siendo incapaces de mantenerse como una organización revolucionaria (1). Al parecer, todos hemos sido presas del terror que genera el terremoto, no sólo por lo que implica la catástrofe como tal, sino, porque a todo el mundo (de la izquierda revolucionaria) se les erizan los pelos a la hora de pensar en siquiera separase un milímetro de las masas. Pero déjenme decirles que con estos acontecimientos quedó claro que la izquierda de intención revolucionaria está ya, desde el principio, alejada de la clase en su conjunto. La incapacidad de repuesta directa, así como el tipo de respuesta espontánea de amplios sectores de los oprimidos y explotados dan cuenta de la poca y casi nula incidencia de los sectores auto denominados “de intención revolucionaria”. Como si no bastara con los hechos, nos encontramos con declaraciones demagógicas y populistas que pretenden mostrar alguna consonancia con el pueblo, sin embargo, esto sólo confirma su fragilidad, su falta de asentamiento, etc. La incapacidad de respuesta autónoma de la clase trabajadora frente a catástrofes como estas es una muestra clara de nuestra marginalidad, de que poco y nada hemos incidido en su forma de actuar y razonar, y que no nos hacemos parte de su espíritu, de que el predominio ideológico lo tiene la clase dominante.

El populismo en las organizaciones revolucionarias es la salida fácil y simplona que sólo busca un resultado inmediato, pero carece totalmente de proyección estratégica, no comprende el momento político ni las tareas del presente, sino que sólo piensa, torpemente, en que una adherencia inmediata es necesaria para conseguir sumar en el futuro, lo que es falso. Para el anarquismo clasista e involucrado en las luchas populares, siempre ha sido claro que el sumar a un programa político revolucionario es un asunto de contexto político, de situación revolucionaria objetiva (que contempla el estado real de organización popular) y no de la mera sumatoria abstracta a posiciones que buscan coincidir de forma forzada con la actualidad, travistiendo y confundiendo el momento presente con fines meramente demagógicos (2). No. Las organizaciones revolucionas hoy, pasan la mayor parte del tiempo en situaciones desfavorables, apostando a espacios de resistencia que suelen ser diezmados. Sin embargo, ello tiene que ver con la situación concreta del movimiento y el posicionamiento de las clases y no sólo con la asertividad o impertinencia de las organizaciones. Hay momentos y momentos y todos sabemos que Chile, hoy, no es una olla de presión a punto de explotar. Y la crisis social que emergió entre los escombros que dejaron esos tres minutos de terror, lo confirman. El atraso en términos de “subjetividad revolucionaria” (parte fundamental del estado objetivo de cosas) –ligada indeleblemente al desarrollo de la organización popular- es claro, al mismo tiempo, nos debe dar un mejor ordenamiento presente, debe ser medido como una coordenada del hoy. El terremoto nos permite hacer un real balance de nuestras fuerzas.

Volviendo al tema de los militares, hay que decir que las diversas operaciones que se desplegaron en las zonas de catástrofe fueron la repuesta inmediata del Estado burgués al desborde generalizado que crea la falta de coerción “regular”. Al verse sobrepasado todos los sistemas de control usados normalmente y que se hayan naturalizados en la vida ciudadana, vuelve urgente la aparición abrumadora del Estado en una de sus expresiones más nítidas y sin pelos en la lengua: las FFAA. Es decir, en primera instancia la presencia de las fuerzas armadas responde a la necesidad de re establecer el dominio de clase en una zona donde, por tales o cuales razones, este flaquea o, simplemente, desaparece. Eso es lo fundamental. Luego, todo lo que suceda o no, se monta sobre este principio. Toda consideración del asunto militar debe asumir que su llegada es la prueba fehaciente del Estado golpeando la mesa, colocando y re-estableciendo el orden, un orden que, por lo demás, se basa la dominación de una clase por sobre otra.

El supuesto actuar decente de estos parásitos de los trabajadores, servidores del Estado, contrasta con los 1.609 detenidos en dos semanas de toque de queda, así como los 210 que permanecen detenidos, son la prueba de la “civilidad” militar. No hay acuerdos intermedios ni capacidad de negociar, eso es mera demagogia. Al no haber organización de clase, poder popular, es imposible que se negocie cualquier cosa.

“El mensaje ha sido recibido”:

Por otro lado, Si bien se puede argumentar que los militares llegaron a colocar orden ahí donde reinaba la ley del más fuerte, podríamos preguntar si es que ¿no es acaso esta dinámica la que ha predominado en la cultura, en las relaciones personales, en la vida colectiva en general?, ¿y es que no es acaso el saqueo, la violencia, el egoísmo y la brutalidad con los pares la forma destilada de la ideología de mercado? La sentencia de Hobbes que dice que el hombre es el lobo del hombre, si bien se trata de hacer pasar por un axioma inmutable, no es sino la forma más desnuda y clara de las contradicciones que acarrea el capitalismo contemporáneo. El terremoto, como un maravilloso concepto dialéctico ha dejado ver las dos caras unidas desde la intimidad: la fuerza del orden militar, por un lado y el saqueo y vandalismo organizado que responde al “sálvense quien pueda”. Años de bombardeo mediático, de formación cultural neoliberal, han dado sus frutos. La iniciativa orgánica ha sido acaparada por bandas de lumpen que han visto la oportunidad de “salvarse”, de hacer de esto una oportunidad para acumular algo más de bienes, de acuñar riquezas, etc. La burguesía, en lo más alto de la pirámide social encuentra su propio reflejo en el saqueo organizado de las bandas de lumpen, bajo ninguna circunstancias se trata de movimientos contrapuestos, sólo el academicismo más burdo puede tratar de ver en estas expresiones de pillaje algún impulso revolucionario. Hay que aclarar que no estamos colocando en la misma canasta la reacción espontánea de los muchos que sentían la necesidad de sobrevivir luego del terremoto, y tomaron lo que necesitaron del gran comercio (supermercados, bodegas repletas de alimentos, etc.) no, en lo absoluto. Esa actividad fue un acto legítimo de expropiación. Pero eso dista de ser algo similar a la actividad organizada en contra de los demás pobladores o actos de pillaje que tenían como objeto el enriquecerse, ya sea en lo in mediato o en le mediano plazo. Esto último es sólo una forma de “adquirí barato, vendo caro” propia del comercio.

No puede haber soberanía popular si se clama la presencia del Estado:

Esta catástrofe natural deja en claro la crisis social que ya nos remecía, y ante la cual poco y nada íbamos haciendo. La propia impotencia popular, la falta de desarrollo de organizaciones y conciencia de clase, hace que esta intervención brutal del Estado se vea como única alternativa. El predominio de lazos sociales sobredeterminados por la lógica de mercado hace que, rápidamente, los trabajadores aislados de su propia clase, hacinados en pequeños barrios, sin conciencia de ser parte de una comunidad mayor, apuestan por las fuerzas armadas, mientras que, de forma contradictoria, se auto-organizan. Pero al no haber perspectivas se trata de una reacción básica y natural de defensa contra el enemigo que ¡no es sino su vecino, el de la población adyacente!

Sin embargo, a pesar de la gravedad de la situación, la “ayuda” militar no puede ser justificada bajo ningún aspecto. Plantearlo de esta forma es legitimar, naturalizar el dominio burgués, la forma estatal como la única forma de ordenar un grupo humano. Paradójicamente, en estos momentos, cuando las formas tradicionales de orden social se caen, muchos colocan el grito en el cielo y se olvidan de que un proceso de cambio radical es, justamente, el sobrepasar tales formas. Y es que la urgencia militar no tiene que ver sólo con la ayuda más básica, sino con la necesidad de perpetuar una jerarquía que se vino abajo. El mayor temor no era simplemente que la ciudadanía se enfrentase entre sí, sino que de una u otra forma, lograse inventar alguna orgánica que, efectivamente, reemplazara a los militares y al poder del Estado, aunque sea por un momento. ¿O es qué acaso vamos a caer en la paranoia mediática que nos quiere hacer creer que los trabajadores podrían atacarse mutuamente, hasta el punto de aniquilarse? ¿Tan atravesados estamos por la ideología capitalista que nos es más fácil pensar en que Blade Runner se haga real a que los trabajadores articulen un mínimo de organización? Ya en tiempos pasados, Bakunin comprendía mejor las potencialidades de los mementos en que el Estado tiende a “desaparecer” por causas “externas”. En 1870 señalaba respecto a los campesinos, en el contexto de la guerra Franco-Prusiana, donde el Estado francés quedó por un momento en “ruinas”: “No temáis que los campesinos, al cesar de ser contenidos por la autoridad pública y por el respeto al derecho criminal y civil, se devoren mutuamente. Tratarán quizás de hacerlo al comienzo, pero no tardarán en convencerse de la imposibilidad material de persistir en ese camino, y entonces procurarán entenderse, transigir y organizarse entre ellos” (3). Es decir, Bakunin ve en el estado de excepción la oportunidad de los diversos sectores revolucionarios de ensayar e instalar una perspectiva de organización real diferente y que dé respuestas eficientes a la coyuntura, en forma contraria al Estado.

Donde hay un vacío de poder, los revolucionarios deberíamos agitar por una dinámica sustituta, aprovechar la oportunidad de levantar la fuerza del pueblo y no entrar a coquetear con supuestos sectores “buena onda” de las fuerzas armadas, su “correcta conducta”, escudándose en la catástrofe. Hacer esto es delatar la impotencia, la falta de incidencia real y ausencia de peso en el imaginario popular. La izquierda revolucionaria es pequeña y frágil y estamos muy lejos de ser significativos.

Si bien el pueblo chileno está lejos de tener la entereza y frialdad de un monje tibetano, tampoco somos bestias caníbales o zombies de una película de G. A. Romero, somos trabajadores y los diversos indicios de espontánea organización y ayuda solidaria dan cuenta de que no todo está perdido y de que una de las prioridades del Estado fue asfixiar toda iniciativa, dejando sobrevivir ciertos aspectos, fagocitarlos para sostener el orden público, colocándolos a su servicio. Por lo tanto, dudamos que las formas de auto-organización perduren. Si no somos capaces de politizar y desarrollar las experiencias incipientes a las que ha dado pie el terremoto, no podremos hablar del desarrollo del poder popular que llegue, alguna vez, a constituirse como doble poder. En ese sentido, el decir que frente al estado de excepción se ha construido un equilibrio entre dos poderes, uno espontáneo-popular y otro militar, es simplemente delirio. La iniciativa la tiene el Estado y el clamor de amplios sectores lo confirma.

Más que nunca: a formar una organización revolucionaria:

Bakunin ya decía: “la guerra civil abrirá ampliamente el campo a vuestra propaganda socialista y revolucionaria”, y es por eso que se preocupó de formar un partido no muy numeroso pero firme en sus principios. Sin embargo, al no estar preparados para diseminar una alternativa, al no contar con una red capaz de aprovechar los acontecimientos, se ha optado por replegarse en la demagogia populista. Y es que la dirección de un proceso no se improvisa ni emerge mágicamente de las condiciones de miseria. El terremoto nos ha dejado en la ruina y no hemos visto ninguna explosión revolucionaria, sino temor y confusión promovido desde la prensa y aprovechado como un legitimador de las fuerzas armadas.

El pueblo chileno esta aletargado, cansado y al parecer le es mas fácil pensar en un 2012 que en levantar un poco su cabeza.

Todo esto me lleva a pensar que se ha hecho patente la ausencia de organizaciones de clase (sociales y revolucionarias) a la altura de acontecimientos complejos, de alta envergadura. Hoy, más que nunca, es necesario un importante esfuerzo por levantar organizaciones sociales que puedan sostenerse en la coyuntura, construir redes autónomas ahí donde la hipertrofia y centralización estatal no pueden llegar, así como se vuelve categórico el crear organizaciones revolucionarias capaces de aprovechar los acontecimientos, de hacer que las actuales experiencias –y de todas las que vendrán bajo la “re-construcción nacional” anunciada por la clase dominante- busquen enmarcarse en una perspectiva de clase. La combinación de estos dos aspectos es esencial para la avanzada del socialismo. El pueblo de Chile ya vive en condiciones lo suficientemente asfixiantes como para empezar a darles un sentido critico. La realidad de la explotación, de la desigualdad social es patente, el terremoto sólo ha remecido lo que ya crujía bajo nuestros pies. Ahora, lo que nos falta es organizar ese descontento. Un factor determinante para ello es una organización política revolucionaria que al mismo tiempo que agrupa a los militantes más decididos a dar la lucha y promueve la organización del pueblo, se convierte en un catalizador de los hechos sociales, dándoles un sentido anticapitalista y revolucionario. Hoy, más que nunca debemos crecer a niveles orgánicos, formar a nuestros militantes y foguearnos mientras construimos el tejido popular para así crear este partido poco numeroso pero firme que pueda ser un elemento orientador en medio de la tormenta, bajo un programa claro y sentido por el pueblo.

En particular, los anarquistas, al igual que el resto de la izquierda, hemos estado al margen. Si bien nos hemos hecho cargo en la medida de lo posible con colaborar de forma bastante menor en diversas zonas afectadas, nuestra presencia no ha sido notoria y significativa. Nuestra pobreza ha quedado de manifiesto y notamos, con mucha fuerza, que no somos capaces de manejar coyunturas, de capitalizar políticamente y simplemente nos vamos a la cola de los acontecimientos, con la simple intención de no salir tanto de la foto, pero sin ser capaces de darle nuevos matices.

A pesar de que hace unos meses celebramos un encuentro en conmemoración de 10 años de anarco comunismo y de hacer anuncios sobre una necesaria unidad de los anarquistas, no hemos sido aún capaces de levantar instancias serias que operen de forma eficaz en todos los frentes de lucha. Al parecer, ninguna organización ha colocado como prioridad el avanzar en agruparse, en ampliarse y en crear espacios de iniciativa conjunta. Preferimos seguir aislados o al azar de las complejas dinámicas de base, sin ser capaces de imprimir el sello de la voluntad que no se contradice con la realidad, sino que la interviene, la transforma.

El terremoto deja abierta una coyuntura que nadie había visualizado. Será nuestra responsabilidad el hacer de este momento algo muy lejano a una supuesta “re-construcción nacional” o a un “acuerdo democrático popular” para re-construir Chile, como dice el PC. No, nada de eso. El terremoto debería ser el acontecimiento que nos permita re-construir un pueblo organizado, acumular experiencias y avanzar en el desarrollo de la conciencia de clase, metiendo el diablo en el cuerpo. Sin embargo, esta re-construcción sólo se vuelve concreta con una fuerza auxiliar, una red de revolucionarios capaces de combatir en este contexto de re-construcción la tradicional y bien instalada idea de que sólo los técnicos mandatados por el Estado son la solución, de que el sistema social de mercado es la mejor forma de levantar el país, etc. No. Los revolucionarios debemos crear alternativas, pero esto no se hace mágicamente, sino con organización, propaganda y un trabajo estrecho en medio de las organizaciones populares. En este contexto, agruparse como anarquistas se vuelve aún más necesario y urgente, si es que queremos transformarnos en un verdadero instrumento de masas.

Vladimir Benoit
Militante de Estrategia Libertaria – Chile
Marzo 2010



Notas:

(1) En particular me refiero a las declaraciones de la Organización comunista Libertaria, titulada “OCL-Chile: Declaración pública frente a la actual situación nacional tras el terremoto”, que se puede ver en:
http://correomilitante.entodaspartes.net/2010/03/12/ocl...moto/.

(2) Ya en el “Manifiesto Comunista Libertario”, Fontenis decía: “Otro aspecto del carácter de la organización revolucionaria, es su permanencia: hay épocas en las que encarna y expresa a una mayoría, quienes se reconocen a cambio en la minoría activa, pero hay también períodos de retroceso en los cuales la minoría revolucionaria no es más que una embarcación en la tormenta. Entonces, debe mantenerse, para rápidamente volver a ganar su audiencia- las masas- tan luego como hallan circunstancias más favorables, de nuevo. Aún cuando esté aislada y apartada de sus bases populares, actúa de acuerdo a la constante de los deseos populares, manteniendo su programa pese a todas las dificultades”.

(3) M. Bakunin, Cartas a un francés sobre la crisis actual, Obras, Tomo I, Pág. 134.

 

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Par Verde - Publié dans : Socialismo del Siglo XXI
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Carl Sagan: “La diversidad de la ciencia” [2007]



 

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