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(Segunda Parte)
Entre 1984 y 1986, bajo la coordinación de otro destacado antropólogo e historiador venezolano, estudioso de los africanos negros en nuestro país, el Dr. Federico Brito Figueroa, participa en la realización del I Programa de Maestría en Estudios Afroasiáticos, programa único en el país que se desarrolla en las aulas de la Universidad
Santa María, de Caracas. En el acto de graduación de la
primera Promoción de Maestros en Estudios de Africa y Asia, la cual lleva su nombre, el Dr. Acosta Saignes presentó una Lección Magistral con el
título “Las ideas de los esclavos negros de América”, en la que con maestría indaga acerca de un tema de investigación realmente novedoso, ya que nadie o muy pocos historiadores de la africanía en nuestra América se habían planteado la cuestión ideológica de los esclavos y sus efectos en las luchas de liberación nacional y social. Este es su planteamiento al respecto:
“Rige sin duda todavía entre muchos la creencia de que los esclavos no pensaban, no poseían concepciones del mundo, de la sociedad donde vivían, de la injusticia social. Priva la convicción de que carecían de concepciones políticas. Todo ello es erróneo. Resultan abundantes y notables las ideas de los negros durante el período esclavista y en las etapas subsiguientes, cuando debieron luchar por una real independencia y por la adquisición de tierras para trabajar como libres.”[1]
La otra área de investigación donde ejerce su labor pionera y de constructor es en los estudios acerca del folclor. En 1962, publica sus Estudios del folklore venezolano, bajo los auspicios del Instituto de Antropología e Historia que él mismo había ayudado a fundar y a dirigir, cuando también le tocó entre 1947 y 1958, participar en la fundación de una serie de instituciones universitarias en el seno de nuestra Alma Mater, la Universidad Central de Venezuela, como fueron, la Sección de Historia de la Facultad de Filosofía y Letras, germen de la futura Escuela de Historia, del Departamento de Antropología y de la Escuela de Periodismo, labor organizativa que lleva adelante entre 1947 y 1949. Más tarde, en 1948, participa en la fundación de la Comisión Indigenista y en 1952 publica el primer número de los Archivos venezolanos de Folklore.
Cuando llega la década de los 60, Miguel Acosta Saignes es ya un reconocido profesor universitario y figura pública de primer orden en el acontecer político nacional. En el mundo universitario llega a ejercer altos cargo de dirección en su condición de Decano electo de la Facultad de Humanidades y Educación en los períodos 1962-1965 y 1968-70. [2]
En cuanto a su participación política, cabe destacar su elección como candidato independiente en las listas del Partido Revolucionario de Integración Nacional (PRIN)[3] por el Distrito Federal para el Senado de la República entre 1964 y 1969, período en el que asumió, entre otras labores, la presidencia del Comité Nacional por la Amnistía.
En 1970, a la edad de 62 años y después de haber cumplido una extraordinaria labor docente y de investigación, recibe su jubilación como parte del personal académico de la UCV. Sin embargo, su actividad pública no decae. En 1977, producto de su libro Bolívar, acción y utopía del hombre de las dificultades, gana el Premio Extraordinario “Bolívar en nuestra América” convocado en 1976 por Casa de las Américas en ocasión del Sesquicentenario del Congreso Anfictiónico de Panamá. Esta obra nace de un proyecto más ambicioso como lo es el desarrollo de una investigación sobre la formación y evolución del pueblo venezolano. Ya había tratado el tema indígena y el de los negros. Le faltaba avanzar en el estudio de los pardos, cuando viene de La Habana la convocatoria para el concurso acerca de la vida y obra de Bolívar. Por ello, cuando conoce del veredicto que lo favorece una de las respuestas que le da a la periodista que lo entrevista es clara y evidente de lo que venimos afirmando. Allí señala:
“Quizá aclarará mejor mi intención el confiarle que este ensayo ha sido como la primera parte de una obra que he venido preparando, cuyo título provisional es “El pueblo venezolano en 1810” Estudiando al pueblo encontré a Bolívar. De modo que el ensayo premiado es fragmento de mi esfuerzo por estudiar el pueblo venezolano en la lucha de liberación nacional”[4].
Pero, ¿ cómo concibe Acosta Saignes a Bolívar en su relación con el pueblo venezolano?, ¿Qué es lo nuevo y novedoso de su interpretación?. Es indudable que esta obra resume años de estudio sobre la formación histórica de nuestro pueblo y de nuestra cultura, en la que se combina el conocimiento profundo de un sector social, el de indios, esclavos y pardos, prácticamente ignorados por la historiografía tradicional y oficial bolivariana. El Bolívar de Acosta Saignes no es el hacedor de la Independencia, el Padre de la Patria, sino el genio resultante de los esfuerzos de muchos sectores sociales: el de los criollos, pardos, mestizos, negros libres y esclavos, indios y legionarios de otras naciones que vinieron a conformar los ejércitos de Páez, de Piar, de Urdaneta, de Mariño, ejércitos triunfantes bajo su dirección y la de Sucre, de Carabobo hasta Ayacucho. De esos miles de combatientes que Bolívar condujo, dice nuestro autor, mucho aprendió y nada hubiera podido hacer sin ellos.
Por ello, hay un enfoque diferente en esta obra, una visión sociológica del proceso independentista, y de Bolívar una interpretación clasista, vale decir, asumida desde la perspectiva de su relación como individuo histórico frente a las clases sociales de su época, en especial, frente a los criollos de donde proviene y a quien expresa en sus primeros años y frente a los sectores sociales explotados y no poseyentes a quienes defiende en sus proclamas y decretos antiesclavistas y de igualdad social[5] y que fueron los que lo elevaron a la condición no sólo de Libertador de naciones, sino también, de Libertador social de los explotados.
Pero no se trata de una interpretación interesada, politizada, la que Acosta Saignes nos presenta. Al contrario, se aprecia el gran esfuerzo de someter a una crítica exhaustiva las fuentes históricas que le sirvieron para construir su obra, tal como ya lo había hecho con relación a la interpretación de nuestro pasado indígena pre-colonial y colonial, en sus Estudios de Etnología antigua o con los materiales que le sirvieron de base documental para llevar adelante su libro sobre la Vida de los Esclavos negros en Venezuela. Por ello, señala claramente, con ánimo conceptual y de perspectiva de método:
“Nuestro esfuerzo ha sido el de una interpretación clasista de Bolívar, no repitiendo lo dicho respecto de historias suyas escritas ya, sino con el estudio de los archivos de él mismo, de Sucre, de Páez, de Santander, y las narraciones de quienes fueron actores en el desarrollo de la Independencia: Urdaneta, O’Leary, Páez. Quien trate de escribir la verdadera historia de los Libertadores, de los trabajadores, de los pobres, ha de elaborar sus propios materiales desde la raíz”[6].
Producto de este importante libro, Acosta Saignes se transforma – tal vez sin quererlo y sin habérselo propuesto – en uno de los más destacados intérpretes marxistas de Bolívar y por ello, además de preparar una nueva Antología de Simón Bolívar para la Universidad Nacional Autónoma de México en 1981 y publicar en 1983, también en México bajo el sello editorial de Siglo XX, una Introducción a Simón Bolívar, se plantea elaborar una nueva obra acerca de El Libertador que titula en primera instancia “Dialéctica del Libertador” y que a pesar de haber culminado antes de su muerte, lamentablemente aún no ha sido publicada.[7]
Producto de esa misma actividad, entre 1982 y 1984 dirige el Seminario “Bolívar y la Emancipación Hispanoamericana” en el Programa de Maestría en Historia que se llevó a cabo en esos años en la Universidad Santa María y del cual participamos como alumno. Allí, de primera mano, pudimos compartir sus enseñanzas y su método de investigación sobre Bolívar y el proceso independentista hispanoamericano, trabajando tanto fuentes secundarias como primarias en el estudio del pensamiento bolivariano. De aquella experiencia surgieron una serie de estudios que luego publicamos en forma de libro en 1986, bajo el título de Historiografía y política sobre el tema bolivariano, y que fuera prologado por él en su primera edición.[8]
IV.- Ciencia y Política: Instrumentos para la liberación del Hombre.
Del político que busca en la ciencia un apoyo para la lucha, al científico que no descuida su compromiso político ciudadano por la transformación social. Ese podría ser el sentido del itinerario vital de Miguel Acosta Saignes, con sus variantes y diferencias. De Latifundio, 1937, a Bolívar, acción y utopía del hombre de las dificultades, 1977, hay cuarenta años de vida pública en la que ciencia y política tratan de combinarse, avanzar paralelamente u oponerse, hasta llegar a coexisitir. En su Edad Cualitativa, de esta particular combinación que caracteriza su vida, dice:
“Tengo la edad de mis oficios: carbonero, gasolinero, linotipista, bibliotecario, director de Institutos, decano, senador; y la de mis profesiones: antropólogo, periodista, maestro de escuela, cronista deportivo, locutor, profesor; y la edad de mis actividades para la transformación de la sociedad, en mis escrituras, en actividades organizativas para el progreso, en la conciencia permanente de la política escondida tras múltiples estructuras.”[9]
Su concepción de la política fue, en consecuencia, la del compromiso ciudadano por la transformación. No el poder por el poder mismo. Por ello, su política fue la del contrapoder, la de la liberación definitiva del hombre, no la de coyunturales reacomodos. Fue, sin lugar a dudas, un utopista y a la vez un socialista científico, enraizado en las tradiciones de lucha de nuestros antepasados indígenas y negros, de nuestros liberadores del siglo XIX, de los rebeldes de todos los tiempos contra la opresión y la injusticia. Esa fue la Política de Miguel Acosta Saignes. Por ello, en ese texto tan particular que es su Edad Cualitativa, así lo reconoce, dejándonos este bello testimonio:
“...tengo la edad de los sueños de los socialistas utópicos y de los socialistas científicos; tengo la edad de los hombres y mujeres innominados que anduvieron con Bolívar por todas las latitudes de América y volvieron a cruzar, renacidos, los rumbos de Venezuela con Zamora...”[10]
De allí su compromiso con las fuerzas de izquierda venezolana, del lado de los sectores progresistas y antiimperialistas de nuestra América Latina y del Caribe, acompañando a los movimientos de carácter socialista a lo largo y ancho del planeta, como expresión política del sentido libertario de los sectores oprimidos, explotados y olvidados de la sociedad. Y a la par, en su obra científica, cultivando la historia de “los de abajo”, de los olvidados, de los oprimidos “sin historia”, de ese pueblo inexistente en las versiones de la historiografía oficial. Por ello, también nos dice en su Edad Cualitativa: “...tengo la edad de mis experiencias como antropólogo y como historiador entre negros, entre indios, entre pobres, en busca de las verdades de los olvidados...”
Esta convicción de lucha es la que explica su militancia social y política desde 1937 hasta su muerte, aunque es necesario decir, que desde su regreso a Venezuela en 1946 en su condición de independiente comprometido con la unidad de los sectores de izquierda venezolanos. En la comunicación que le dirige a Nelson-Luis Martínez, Director del Suplemento Cultural de Ultimas Noticias, en el homenaje que se le rindió en 1986, aprovecha la respuesta que le da a su amigo, para referirse a la necesidad de conformar un bloque de unidad política de los sectores de izquierda para salvar al país de la crisis en que se encontraba en esos años, producto entre otros factores, de la nefasta gestión administrativa de Jaime Lusinchi. En aquel momento, se pregunta si después de toda la lucha que se ha llevado a cabo en el siglo XX todo sigue igual y de seguidas se responde:
“No, andamos peor. Existe la deuda. Existe la condición neocolonial a que hemos quedado sometidos pese a la expropiación del petróleo practicada por el gobierno de Carlos Andrés Pérez. Hoy, todo ocurre en un ámbito de dificultades universales, porque si en la época de la independencia se enfrentaban el mundo feudal decrépito y el mundo capitalista naciente y progresista, ahora estamos en la lucha profunda, que innumerables voces quieren esconder, entre el capitalismo y el socialismo.”[11]
Por ello, clama por una unidad nacional de los movimientos progresistas y antiimperialistas venezolanos y una unidad de los pueblos oprimidos del mundo contra la fuerza expoliadora del gran capital financiero internacional. Se le oye decir, ya a tres años de su lamentable desaparición física, estas palabras llenas de fe y convicción en el futuro de nuestros pueblos:
“Todos han de luchar. Y ahora se pelea fundamentalmente – ya vendrán otras etapas – por la libre determinación de los pueblos, por un nuevo orden económico internacional, por la condonación de la Deuda. En el fondo, todos los pueblos sometidos al neocolonialismo de una u otra manera, todos los países dependientes, desean lograr por sus propias fuerzas, el tipo de estructura económica y social que nazca de sus condiciones, de su historia, de sus capacidades o limitaciones.”
Pero agrega, que ésta no es una unidad idílica, nacida sólo de la buena voluntad y de la espontaneidad de las condiciones ambientales. No, la suya es una unidad de conciencia tras un propósito, por ello, es una unidad de voluntades integradas bajo el eje central de un programa de lucha. Este es su planteamiento para aquella hora de división política, crisis económica y desconcierto:
“Es preciso redactar un plan que pueda incorporar a todos los sectores progresistas del país, aún aquellos que poseen débiles comienzos de comprensión. Todo a través de un programa.¿Cómo pueden escoger candidatos los componentes de una fuerza nueva, que encuentre apoyo en todos los sectores, naturalmente, en algunos de forma muy parcial, sin elaborar unos propósitos básicos?.”
Aquí habla la voz de la experiencia. Esta es la política que ha conocido y combatido: acuerdos sobre plataformas políticas generales que al final no se cumplen, integraciones impuestas “desde arriba” por necesidades electorales de momento, candidaturas sacadas de cenáculos partidistas sin previa consulta con sus electores. Todo ello es para Acosta Saignes un método erróneo de trabajo político que busca una unidad dirigida a impulsar la transformación social que por tales defectos y carencias se reduce finalmente a un simple recambio de funcionarios en el poder. Por ello, propone una metodología realmente democrática pero que exige, de las fuerzas de cambio, trabajo político y educativo de calle, organización y conciencia popular. Veamos:
“Será indispensable decir: Aquí está un gran proyecto, elaborado colectivamente, por todas las fuerzas actuantes a principios de 1987. ¿Quién puede cumplir sus postulados? ¿Qué partidos, grupos e individualidades se comprometen a cumplir con el proyecto del pueblo? Porque creo, además, que por primera vez, en un gran movimiento de solidaridad, el programa debería ser discutido en toda la Nación, por todos los sectores. Partidos, barrios, juntas comunales, sectores campesinos, grupos ecologistas, grupos municipalistas, económicos, culturales. Un programa que sea la expresión de la voluntad total y no excluya a nadie, cualquiera sea su ideología. Las discriminaciones que asombrosamente parecen ya iniciarse, conducirán al fracaso de todos los esfuerzos y al engaño de un nuevo tiempo que ha de ser enfrentado para desenvolver poderosos fines de nacionalidad.”[12]
He aquí, condensado, en el Miguel Acosta Saignes de 78 años, ya maduro, su pensamiento político, el cual, disperso en panfletos, artículos de prensa, ensayos, discursos, y en la entrelínea de sus libros tendrá que sistematizarse y estudiarse con más profundidad. Ciencia y Política como quehaceres que no se excluyen, sino que se encuentran creadoramente en un hombre que nos legó con su vertical actuación pública y con su avanzada obra científica una forma transparente de hacer política y de hacer ciencia, de cara a un pueblo y a su mejor destino. Mucho habrá de escribirse sobre este admirado Maestro venezolano, revolucionario a carta cabal que como todo verdadero creador hizo realidad aquel principio martiano que hoy nos ilumina en esta Venezuela de proyectos inacabados, políticos infecundos e intelectuales frustrados: Hacer es la mejor manera de decir.”
[1] Acosta Saignes, Miguel. Las ideas de los esclavos negros en América. Caracas: Talleres Gráficos del Congreso de la República. 1986. p. 22.
[2] Cf. Rojas, Reinaldo C. y Abraham Toro Rojas. “Presentación” a: Op. Cit. 1984. P. 24.
[3] Fundado en 1966, el PRIN nace de la integración de factores políticos surgidos de la AD oposición o Grupo ARS, el MIR y Vanguardia Popular Nacionalista, destacándose entre sus líderes a Raúl Ramos Giménez, José Manzo González, Domingo Alberto Rangel, José Vicente Rangel, Elpidio La Riva Mata, Luis Miquilena y Manuel Alfredo Rodríguez, entre otros, hasta su disolución en 1969. Cf. Magallanes, Manuel Vicente. Los Partidos Políticos en la evolución histórica venezolana. Madrid: Editorial Mediterráneo. 1973.( p. 527)
[4] Alvarenga, Teresa. “Estudiando al Pueblo Venezolano encontré a Bolívar. Confiesa Miguel Acosta Saignes...”. El Nacional: Caracas, 15 de febrero de 1977. p. 1-C.
[5] Sobre la actitud de Bolívar frente a la esclavitud y otros temas se puede revisar, bajo esta misma perspectiva historiográfica abierta por el Dr. Acosta Saignes, nuestro libro: Historiografía y Política sobre el tema bolivariano. (2° edición). Barquisimeto: Ateneo Ciudad de Barquisimeto-Fundación Buría. 1999. 163 págs.
[6] Acosta Saignes, Miguel. Acción y utopía del hombre de las dificultades. La Habana: Premio Extraordinario Casa de las Américas. 1977. p. 19.
[7] Cf. Colmenares, Hugo. “Tres libros inéditos de Acosta Saignes en busca de editor”. El Nacional. Caracas, 21-08-92. P. C-15.
[8] Rojas, Reinaldo. Historiografía y Política sobre el tema bolivariano. (1° edición) . Barquisimeto: Fondo Editorial Buría. 1986. 111 págs.
[9] Acosta Saignes, Miguel. Edad Cualitativa. Caracas: Impreso en Corpoimpre. 1978. s/p.
[10] Ibid. S/p.
[11] Acosta Saignes, Miguel. “Epístola de agradecimiento y política a Nelson-Luis.” Suplemento Cultural de Ultimas Noticias. Caracas, 07 de diciembre de 1986. N° 972. p. 3.
[12] Idem.
Así, a medida que la ciencia avanza, Dios parece tener cada vez menos que hacer. Es un gran universo, desde luego, por lo que Él, Ella o Ello, podría estar ocupado provechosamente en muchos sitios. Pero lo que evidentemente ha ocurrido es que ante nuestros propios ojos ha ido apareciendo un Dios de los vacíos; es decir, lo que no somos capaces de explicar, se lo atribuimos a Dios. Después, pasado un tiempo, lo explicamos, y entonces deja de pertenecer al reino de Dios. Los teólogos lo dejan de lado y pasa a la lista de competencias de la ciencia.
Carl Sagan: “La diversidad de la ciencia”
[2007]
"La estirpe humana no es más que un sustrato químico en un planeta pequeño, orbitando alrededor de una estrella mediana, en los suburbios de una galaxia del centenar de miles de millones que existen"
“Durante el curso de su desarrollo, las fuerzas productivas de la sociedad entran en contradicción con las relaciones de producción existentes, o, lo cual no es más que su expresión jurídica, con las relaciones de propiedad en cuyo interior se habían movido hasta entonces. De formas de desarrollo de las fuerzas productivas que eran, estas relaciones se convierten en trabas de esas fuerzas. Entonces se abre una era de revolución social” (1859)
Si una idea no parece absurda
de entrada,
pocas esperanzas
hay para ella.-
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"El secreto de la vida es la honestidad y el juego limpio, si puedes simular eso, lo has conseguido." |
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