Lundi 20 août 2007 1 20 /08 /Août /2007 11:45

[1]MIGUEL ACOSTA SAIGNES:

CIENCIA Y POLÍTICA EN LA VENEZUELA DEL SIGLO XX**.

 

Reinaldo ROJAS*.

 

RESUMEN

 

 

            El presente artículo es un estudio histórico sobre la vida y obra de Miguel Acosta Saignes.  Se inicia con un breve recuento de sus primeros años de vida hasta su integración a la generación del 28. De inmediato se realiza un análisis sobre la formación política del personaje en su transformación del antigomecismo al socialismo. Posteriormente, se indaga sobre su formación como científico en México, pues, para ese momento, el país azteca era un verdadero laboratorio de cambios políticos y sociales, impulsados a partir de 1911 por la Revolución Agraria Mexicana. Allí se estaba viviendo un proceso revolucionario en lo interno social y en las relaciones del Estado Mexicano con el capital monopólico internacional. La estadía en este país dio como resultado sus primeros trabajos sobre los pueblos indígenas mexicanos y sobre los del Caribe.  Concluida esta fase de análisis se examina su contribución para la construcción de las bases sobre las que se sustentarán las Ciencias Sociales en Venezuela. Finalmente se escruta al hombre político que busca en la ciencia un apoyo para la lucha y al científico que no descuida su compromiso político-ciudadano.

 

Palabras claves:  Miguel Acosta Saignes, historia y político del siglo XX, Ciencias Sociales en Venezuela.
 
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I.- Ciclo vital: Los primeros años.

 

            Miguel Acosta Saignes nació en San Casimiro, Estado Aragua, el 08 de noviembre de 1908 y murió en Caracas el 10 de febrero de 1989, siendo sus padres  Miguel Acosta Delgado, oriundo de Maturín y Adela Saignes Roulac, de origen francés,  la cual llegó con sus padres a Caracas a la edad de 7 años.[1] Sin embargo, su infancia va a transcurrir en un pujante pueblo del Estado Miranda, Río Chico, en el que van a confluir a principios de siglo y hasta la crisis del  29 dos factores fundamentales en el progreso alcanzado por aquella Venezuela agro-exportadora de entonces: un producto de exportación, en este caso el cacao, y una moderna vía de comunicación, como lo será el ferrocarril construido entre 1882 y 1888 entre el puerto de Carenero y San José de Río Chico, hasta llegar posteriormente a las cercanías de El Guapo, en el lugar de La Española.[2]   Este hecho le dará a Río Chico una gran importancia económica y, por ende cultural y educativa, en toda la zona de los valles del Tuy y Barlovento.

 

            Es en Río Chico donde el pequeño Miguel realiza sus estudios primarios en la Escuela de Cleofe Bello Medina, cursando luego su bachillerato en el Colegio San Pablo, de Caracas, regentado por los Bachilleres Roberto y Raimundo Martínez Centeno.  Fue don Roberto un destacado docente en la Caracas de la primera mitad del siglo XX, llegando a ocupar por su sólida formación intelectual un sillón en la Academia Venezolana de la Lengua, además de ser inspirador y primer Presidente de la Asociación de Maestros de Instrucción Primaria[3], organización vanguardia del magisterio venezolano en la década de los años 30.

 

            En el Colegio San Pablo el joven Acosta inició sus estudios de bachillerato, al lado de sus compañeros de estudio Rómulo Betancourt y Jóvito Villalba, para terminarlos en 1927 en el Liceo Caracas, entonces dirigido por don Rómulo Gallegos.  Egresado de bachiller realiza sus primeras labores como docente en el propio Colegio San Pablo y como Subdirector en la Escuela Zamora.  Tempranamente se encontraba con la docencia en su nivel elemental, base de lo que será más tarde su trayectoria como maestro de las Ciencias Sociales venezolanas.

 

            Llega el año 28 y Miguel Acosta Saignes se encuentra inscrito como alumno de Medicina en la Universidad Central de Venezuela, mientras trabajaba como corrector de pruebas en el diario El Heraldo, dirigido por los hermanos Angel y Virgilio Corao.  En ese año,  por su participación en la Semana del Estudiante, cae preso,  pasando ocho meses en Las Colonias y Puerto Cabello después de haber estado detenido en la tristemente celebre cárcel de La Rotunda. Fue allí, en La Rotunda,  que cumplió sus veinte años de edad el 8 de noviembre de 1928.  Y será, allí mismo, donde conocerá la doctrina social que le dará sustento vital a su lucha política, hasta su muerte en 1989, el marxismo, el socialismo científico.  En el año 28, de la mano de José Pío Tamayo, el estudiante Miguel Acosta Saignes nacerá a la vida pública para formar parte de la llamada “Generación del 28”.

 

II.-  Del antigomecismo al socialismo: el político.

 

            Ya en libertad, Miguel Acosta Saignes combina el oficio de linotipista y corrector de pruebas en El Heraldo y en la Revista Elite,  con el trabajo político, lo cual lo llevará a jugar un papel protagónico en las luchas que siguen en diciembre de 1935 a la muerte de Juan Vicente Gómez. En 1936 se destaca como fundador de organizaciones gremiales y sindicales en el país, participando, además, en los diversos movimientos  políticos que desde ese año buscan crear un partido único de las izquierdas, el cual se concretará en la creación del Partido Republicano Progresista  (PRP) el 1º de junio de 1936.[4] Antes, el 3 de enero de ese mismo año 36,  había suscrito el “Llamamiento” para constituir una “Unión Popular”  dirigida a liquidar el gomecismo y afirmar las libertades democráticas “...sin restricciones de ninguna especie.” [5]    

 

            Podríamos decir que entre 1928 y 1938 se desarrolla un período muy particular de su vida, el del luchador político democrático, inicialmente antigomecista hasta transformarse en un demócrata convencido que va a darse progresivamente la mano con el ideario socialista.  De este período es su participación en 1935 en la fundación, junto a Inocente Palacios, de La Gaceta de América y la elaboración en 1937, en la clandestinidad,  de su primer libro, Latifundio,  en el que la investigación social está orientada por un compromiso político revolucionario de conocer para transformar, tal como lo plantea el principio marxista. Cuando culmina aquella su primera y pionera investigación acerca de nuestra realidad agraria, rural y campesina, Acosta Saignes era directivo del Partido  Democrático Nacional (PDN) junto a Rómulo Betancourt y Juan Oropesa, quienes compartían la idea de escribir varios libros donde se le diera apertura a una nueva interpretación teórica de la realidad nacional, a tono con los cambios democráticos impulsados desde la calle, tras la muerte del dictador.  En el prólogo “El problema agrario en Venezuela” escrito por Betancourt a Latifundio se establece el objetivo trascendental de la obra: 

 

Latifundio,  de Miguel Acosta Saignes; y Petróleo y dictaduras en Venezuela,  libro mío actualmente editándose en México, son los dos primeros jalones ya alcanzados en ese camino que nos propusimos recorrer. Enfocan uno y otro trabajo los dos problemas fundamentales de Venezuela, los mismos a cuya solución apunta resueltamente el masivo movimiento de las izquierdas nacionales: control imperialista sobre nuestra economía; y pervivencia en nuestro agro de la gran propiedad de tipo feudal.”

 

            En cuanto al libro en sí, señala, el autor de Venezuela, Política y Petróleo, cuando no había sido oficializado como el “padre de la democracia”:

 

Este libro de Acosta Saignes insurge contra el esquematismo simplista. Analiza con método universal, pero con ojos y estimativa venezolanos, el problema de la tierra. El ortodoxo encontrará que falta en esta obra su trajinada fraseología de clisé. El pueblo venezolano, y la juventud revolucionaria del país, en cambio, leerán con avidez estas páginas, nutridas de las angustias y anhelos reivindicatorios del campesinado de Venezuela.” [6]        

 

            Esta visión rápida que hemos hecho de su actividad política en el país, entre 1929 y 1937,  debe completarse con su viaje a México a fin de participar en el Primer Congreso de Estudiantes Socialistas de América, el cual debía  realizarse en Guadalajara, México,  en agosto de  1937 y al que finalmente no pudo llegar a tiempo, tal como lo testimonia su compañero de periplo, Pedro Beroes.  Sin embargo, fue un viaje de fundamental importancia en la evolución de su vida académica posterior. Curazao, Puerto Colombia, Barranquilla y Colón fueron las primeras escalas antes de llegar a la ciudad de Panamá, donde pensaban ir a Guatemala y de allí a México. Pero no, de Panamá salieron a La Habana, donde se encontraron con un importante grupo de estudiantes que les sirvieron de informantes y guías en la patria de Martí, Carlos Rafael Rodríguez y José Antonio Portuondo,  quienes los pusieron en contacto con don Fernando Ortíz, sabio e investigador de la cubanidad y uno de los científicos sociales de la época que más influencia tendrá en la obra antropológica futura de Miguel Acosta Saignes.

 

            De La Habana, la delegación venezolana, viaja a Veracruz donde conocen que el Congreso había terminado el día anterior de su llegada.  A un solo acto pudieron asistir los dos estudiantes venezolanos: la cena que presidieron dos grandes maestros de la juventud latinoamericana, Vicente Lombardo Toledano y Juan Marinello. Sin embargo, relata Pedro Beroes, como Miguel Acosta Saignes había ido a México a asisitir a un congreso de estudiantes y como no lo había logrado,  entonces decidió irse a Mérida, Yucatán, para asistir al Congreso Nacional de Estudiantes de México. “Fue ese – dice Pedro Beroes – su primer encuentro con la Cultura Maya, y, tal vez el origen de su carrera de antropólogo que cursó por los años 40, después de un largo período de clandestinidad política, al cabo del cual volvió a México.(...) Esa tierra de verdes estallantes y rojos rabiosos, con su piel de maíz y terribles volcanes, nos marcó a los dos para el resto de nuestras vidas.”[7]

 

            Y efectivamente, en 1938 Acosta Saignes parte a México expulsado del país por el gobierno de López Contreras y allí permanecerá hasta 1946 cuando regresa, pero con una visión diferente de la lucha política y del papal de la ciencia. Se fue como un joven político que aspiraba aprovechar el exilio para aprender economía – que es la escuela donde se matricula inicialmente – para luchar mejor, pero regresa como un científico que ha tomado conciencia del papel que juega el estudio y comprensión objetiva de nuestras realidades sociales para poder transformarlas, pero eso sí, un científico politizado, comprometido y militante de las causas progresistas y sociales del continente y del mundo.

 

Por ello, cuando ya está de nuevo en Venezuela en 1946, su labor central ya no será la del activista político organizando una estructura partidista para la toma revolucionaria del poder, sino la de un docente universitario y científico social comprometido con la lucha social y política de su pueblo, al lado de sus fuerzas progresistas y revolucionarias, dedicado a aportar conocimientos acerca de esa misma realidad, labor que lo va a transformar en uno de los más destacados constructores del edificio  de las Ciencias Sociales en nuestro país. Ese cambio, se le debe a México, a su revolución y a su universidad. Veamos:

 

III.-  Formación en México: El científico.

 

            Cuando el joven Acosta llega al puerto de Acapulco rumbo a la  ciudad de México el 1º de enero de 1938, todo el país azteca era un verdadero laboratorio de cambios políticos y sociales, impulsados a partir de 1911 por la Revolución Agraria Mexicana. Allí si se estaba viviendo un proceso revolucionario en lo interno social y en las relaciones del Estado mexicano con el capital monopólico internacional. En 1934 había llegado al poder el General Lázaro Cárdenas y con él la culminación de las transformaciones revolucionarias que tomarán bajo su dirección el camino de la institucionalización[8], por un lado,  y,  por el otro, la realización en gran escala de la reforma agraria y de la nacionalización de los ferrocarriles (1937) y de las compañías petroleras (1938).  Del papel de Cárdenas, tan cerca de aquel joven revolucionario que llegaba de Venezuela tras combatir a Gómez y a sus continuadores, dice lo siguiente el gran historiador francés François Chevalier:  

 

Sabemos finalmente que Cárdenas relanzó a gran escala la reforma agraria adormecida. Distribuyó más tierras que todos sus predecesores reunidos(...) generalizó y modernizó la institución del ejido(...) y,  finalmente, hizo irreversible en México la subversión de las estructuras latifundistas. Estas iniciativas a las que añadieron otras esenciales como la nacionalización de los petróleos(sic), valieron al nombre de Cárdenas un prestigio sin igual en el país, en particular entre  los rurales.“[9]

 

            Motivado por sus estudios agrarios en Venezuela, el joven Acosta decide estudiar Economía, pero sus ansias de ampliar aún más sus conocimientos sobre el hombre y la sociedad lo llevan a inscribirse paralelamente en la Escuela de Antropología, carrera que finalmente lo atrapa, “...porque en ella encontré economía, sociología, historia, posibilidades de aplicar la estadística; distintas disciplinas que me parecía podrían capacitarme más profundamente para actuar políticamente.”[10]  Allí,  en la Escuela Nacional de Antropología, Miguel Acosta Saignes va a desarrollar todo su talento por el estudio y la investigación social, al lado de grandes maestros mexicanos como Luis Cháves Orozco, Alfonso Caso, Pablo Martínez del Río, Miguel Othon de Medizabal, y otros eminentes profesores e investigadores venidos de otras latitudes como su maestro alemán Paul Kirchhoff, los españoles Alfonso Reyes y Juan Comas, lo franceses Paul Rivet y Alfred Métraux, quienes hicieron escuela en México para beneficio de sus alumnos latinoamericanos.

 

            Compartiendo actividades entre la Escuela Nacional de Antropología, el Instituto de Antropología e Historia y el Instituto Indigenista, los cuales formaban parte de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), después de la reforma universitaria; en aquellos verdaderos centros de investigación y altos estudios, por sus objetivos, régimen de trabajo y, principalmente, por la pléyade de maestros e investigadores que allí se encontraban para la época, Miguel Acosta Saignes va a entrar en el dilema de seguir en la carrera política o adentrarse en las profundidades ilimitadas de la investigación científica. Y el momento llega, cuanto en 1940 sus compañeros del 36 le reclaman que vuelva a Venezuela a incorporarse de nuevo a la lucha política. La respuesta es clara y aunque no cortará nunca con su compromiso ideológico revolucionario ni con el mundo de la política progresista, Acosta Saignes responde:

 

Fue la primera vez que se presentó ese dilema.  Estudio e investigación o política pura y decidí quedarme en México. Había estudiado en varias carreras, tenía múltiples curiosidades intelectuales, multitud de cosas por hacer en esa disciplina que había empezado. Fue así como me resolvía a concluir la carrera de antropólogo, en la cual maduré una concepción política global.” [11]

 

         Fruto de sus estudios universitarios serán sus primeros trabajos sobre los pueblos indígenas mexicanos y sobre los caribes. Había entrado al mundo de la Antropología por la puerta grande que le habían abierto sus maestros de México y en ese mundo dejará obra, creará instituciones en su país y legará su nombre como uno de los fundadores y promotores de los estudios antropológicos latinoamericanos.  De su época de estudiante en México son los siguientes trabajos: En primer lugar, su tesis para optar en 1945 al Grado de Etnólogo en la Escuela Nacional de Antropología e Historia, El comercio de los aztecas y cinco artículos, a saber: “Los Pochteca. Ubicación de los mercaderes en la estructura social tenochca”, publicado en el Nº 1 de revista estudiantil  Acta Anthropológica, de fecha junio de 1945;  “Los Teopixque”, publicado en 1946 en la Revista Mexicana de Estudios Antropológicos; “Migraciones de los Méxica”, volumen VII de Tlatelolco a través de los tiempos, también de 1946; y un artículo que lo acerca al mundo de los caribes: “Los caribes de la costa venezolana”  publicado en Cuadernos  Americanos y en Acta Anthropológica el mismo año que regresa a Venezuela, en 1946.[12]   Estos son los trabajos que anteceden a su primera obra publicada ya en Venezuela, como antropólogo, sus Estudios de Etnología Antigua de Venezuela en 1954.  Pero ya en nuestro país, Acosta Saignes desarrollará una labor de investigación, docencia, divulgación y organización de los estudios antropológicos y sociales que lo hacen, sin lugar a dudas, un verdadero pionero y constructor de las Ciencias Sociales en nuestro país. Sigamos brevemente ese itinerario.        

   

III.-  Construyendo el edificio de las Ciencias Sociales en Venezuela

            Una guía para orientarnos en esta labor compleja y múltiple del maestro Acosta Saignes la dan sus libros y su quehacer universitario.  Sigamos, pues, el hilo conductor de sus obras, cotejándolas con sus actividades docentes y de participación en la vida universitaria y política.

 

            Su primera obra académica es la dedicada al estudio de nuestros antecedentes aborígenes prehispánicos,  trabajos de investigación que publica en 1954 con el nombre de Estudios de Etnología de Venezuela que luego será reeditada en 1961 como Estudios de Etnología Antigua de Venezuela. Allí se recogen una serie de ensayos dirigidos a tratar de manera critica “los innumerables problemas que, respecto de las culturas históricas de Venezuela, surgen al estudiar las fuentes históricas.”[13]  Más que un catálogo de citas y comentarios de la obra de cronistas y viajeros, se trata de un inventario y clasificación de conceptos y, especialmente, una exposición de nuevas hipótesis de comprensión de nuestro pasado aborigen pre-colonial, con indudable repercusión en el tratamiento de esos temas por parte de los estudiosos del presente.     

 

            Hay en esta obra, ensayos clásicos de la antropología moderna y crítica venezolana que él ayudó a fundar como el referido a las “Areas Culturales de Venezuela Prehispánica”, cuya primera versión fue publicada en 1949 en la Revista Nacional de Cultura bajo el título de “Esquema de las Areas Culturales de Venezuela” y que más tarde va a desarrollar con una mayor precisión conceptual y metodológica desde la perspectiva marxista en su libro Venezuela Prehispánica, editado en 1975 en Madrid por la Editorial Mediterránea (EDIME).  A éste le siguen un estudio sobre el tema de la esclavitud entre los Caribes con el título “Macos e itotos”, uno sobre el “Airico”, “Rasgos culturales mesoamericanos en el Orinoco”, “El Maremare: Baile del Jaguar y de la Luna”, “El Canibalismo de los Caribes”, “El Enigma de los Guayqueríes” y un ensayo donde partiendo de Ortiz analiza, en las fuentes históricas del siglo XVI,  una serie de préstamos culturales y de transformaciones sociales bajo la óptica de la transculturación, denominado “Episodios de la transculturación”.

 

            Entre 1954, fecha en que sale la primera edición de los Estudios hasta 1967 cuando se edita por primera vez su tesis doctoral en Antropología, (Universidad Central de Venezuela, 1962),  Vida de los esclavos negros en Venezuela, Acosta Saignes realiza una serie de actividades de orden científico y docente de fundamental importancia. Por un lado, prosigue sus investigaciones antropológicas apenas llega al  país en 1947 dando lugar en 1967 a una obra de investigación etnohistórica poco conocida,  como es su amplio estudio sobre “La vivienda de los pobres” en Caracas, aporte que hace a la gran investigación que sobre nuestra ciudad capital  desarrolla en esos años la UCV bajo la dirección del Dr. Rodolfo Quintero bajo el título de Estudio de Caracas, y que por su carácter prácticamente inédito entre los lectores venezolanos aprovechamos para comentar en la edición especial que le dedicara el diario Ultimas Noticias en los números 971 y 972 de su  Suplemento Cultural de noviembre de 1986, cuando cumplió 78 años de edad.[14]  

 

            En nuestro criterio, dos vertientes lo llevan a realizar este tipo de estudio:  Por un lado, la continuación en mayor escala de sus investigaciones iniciadas en 1955 sobre la vivienda popular venezolana, inicialmente referidos a Barinas, y luego continuados, en relación con la vivienda rural, a Trujillo, Mérida, Barlovento, Paraguaná, Margarita y Macapo. Pero, por otro lado, se trata de una aplicación concreta de su visión antropológica y sociológica de la historia, lo que le lleva a desarrollar diversas investigaciones acerca de las formas de vida del pueblo venezolano. Por ello, señala en su obra:

 

Los indígenas, esclavos, pardos no fueron entes borrosos, como pueden encontrarse en la mayor parte de las historias de Venezuela  escritas hasta hoy. No. Fueron los creadores de la riqueza: trabajadores de las minas, exploradores, cargadores, peones de haciendas y hatos, albañiles, carpinteros, herreros.”[15]

 

            Y acota, en ese nuevo sentido que le da a la investigación histórica que cultiva:

 

La nación surgió de sus manos en tiempos de paz y después, durante la independencia, en épocas de guerra justa. Los alimentos venían de los conucos de negros e indios o de las encomiendas, primero, y haciendas, después, donde ellos mismos eran labradores; las habitaciones por ellos fueron alzadas; los caminos por ellos abiertos; los puertos por ellos acondicionados. La historia de un país no es sólo la historia de sus clases dominantes; es la historia de todos los que trabajan en los más diversos niveles.”    

 

            En ese mismo año de 1967, nuestro autor publica su tesis doctoral que lleva por título Vida de los esclavos negros en Venezuela.  La primera edición de este libro, dado a la luz pública por la Editorial Hesperides, fue prologada por el gran antropólogo francés, estudioso de las culturas negras en América, Roger Bastide, para quien la obra “...enseña al mismo tiempo todo el beneficio que puede lograr la historia de un acercamiento con la antropología, y todo lo que gana también la antropología al acercarse a la historia.”[16]  A ésta le siguen hasta la fecha dos ediciones más: una segunda por Casa de las Américas, Cuba, en 1978 y la tercera, por la editorial venezolana Vadell hermanos, la cual cuenta además del prólogo de Bastide de una Carta-prólogo de su compañero de estudios en México, el eminente historiador cubano Julio Le Riverend B., quien al escribirle a su amigo y compañero de luchas le señala: “No, no debo caer en la tentación de prologar tu estudio, ya clásico por obra de los años y la información, acerca de los negros esclavos y el esclavismo en esa tu patria, que fue la de Bolívar creador y, por serlo,  es la de Martí, dos magnos libertadores de pueblos.”[17]

 

            Esta obra, conformada por quince (15) capítulos,  es sin lugar a dudas una de las obras clásicas de la nueva  historiografía venezolana post-positivista en el área de los estudios afroamericanos y  modelo de investigación donde se combinan la historia social a la manera de los  Annales con la Antropología crítica y la moderna Sociología.  Es un trabajo de investigación documental indiscutible pero con un propósito evidente, “...rescatar del lugar común, del olvido, de los prejuicios y de la injusticia, todo valor constructivo de la existencia de los esclavos negros en la historia de nuestro país.”[18]   Las fuentes históricas son esencialmente documentales y muchas de ellas inéditas hasta entonces, sometidas a un análisis crítico dirigido a superar todo sentido racista y prejuiciado de quienes fueron sus fuentes de elaboración. Casi una lectura al revés de documentos elaborados en un tiempo en donde el negro era concebido y tratado como un animal.  Su enfoque etnohistórico es claro al respecto. Así lo expresa el propio autor, reconstruyendo su método de trabajo:

 

“Antropológica es la presentación de una casuística tomada directamente de los aspectos o circunstancias. Se trata de presentar simplemente la vida de los esclavos en todas sus actividades, tal como la hubiese visto un antropólogo visitante del país durante la época colonial.”

 

            Y en cuanto al método histórico:

 

El tratamiento histórico se ha verificado al seguir rigurosamente la cronología para presentar los materiales. Ello, aparte de ser método apropiado, nos revela el desarrollo gradual de la vida esclavista.”

 

            Este enfoque histórico le permite al antropólogo estudiar el fenómeno de la esclavitud y la vida de los esclavos en la coordenada del tiempo, lo cual tiene un efecto central en su obra, al darle movimiento y sentido de los cambios al propio régimen esclavista y, en especial, superar la ilusión de tranquilidad y reposo que tanto cronistas como historiadores tradicionales le habían dado a nuestro período colonial, llegando hasta el extremo de referirse a nuestra esclavitud como algo necesario y sin las penas de sufrimiento y explotación, que se daban en otras latitudes. Al contrario, señala el autor: “Ni inmovilidad ni paz encuentra quien estudia aquellos tiempos extraordinariamente dinámicos.”

 

            La importancia de este libro en el ámbito de los estudios afroamericanos llevó a la UNESCO en 1967 a solicitar sus servicios como coordinador de un gran proyecto de investigación en el ámbito continental que se tradujera en la elaboración de  un Catálogo de los Centros de Documentación sobre aportes africanos a las culturas de América Latina. Además, el dominio del tema lo lleva a participar en diversas reuniones y coloquios internacionales como el Coloquio de Dahomey, realizado en 1966 y a pasar un trimestre como profesor invitado en el Instituto de Estudios Afroamericanos de la Universidad de Dakar, al lado del Dr. René Durand.

 

           

Par Verde - Publié dans : Historia de Venezuela
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Miguel Bakunin

 

 

Carl Sagan

Así, a medida que la ciencia avanza, Dios parece tener cada vez menos que hacer. Es un gran universo, desde luego, por lo que Él, Ella o Ello, podría estar ocupado provechosamente en muchos sitios. Pero lo que evidentemente ha ocurrido es que ante nuestros propios ojos ha ido apareciendo un Dios de los vacíos; es decir, lo que no somos capaces de explicar, se lo atribuimos a Dios. Después, pasado un tiempo, lo explicamos, y entonces deja de pertenecer al reino de Dios. Los teólogos lo dejan de lado y pasa a la lista de competencias de la ciencia.

 

Carl Sagan: “La diversidad de la ciencia” [2007]



 

Stepehen Hawking

"La estirpe humana no es más que un sustrato químico en un planeta pequeño, orbitando alrededor de una estrella mediana, en los suburbios de una galaxia del centenar de miles de millones que existen"

 

Carlos Marx

“Durante el curso de su desarrollo, las fuerzas productivas de la sociedad entran en contradicción con las relaciones de producción existentes, o, lo cual no es más que su expresión jurídica, con las relaciones de propiedad en cuyo interior se habían movido hasta entonces. De formas de desarrollo de las fuerzas productivas que eran, estas relaciones se convierten en trabas de esas fuerzas. Entonces se abre una era de revolución social” (1859)

 

 

Albert Einstein

Si una idea no parece absurda

de entrada,

pocas esperanzas

hay para ella.-

 

Groucho Marx

"El secreto de

la vida es

la honestidad y

el juego

limpio, si puedes

simular eso,

lo has conseguido."  

  

MARX, Groucho (1890-1977) 
Actor estadounidense

 

 

 

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