La parapolítica trata de penetrar por los intersticios de la campaña electoral cara a las presidenciales del 7 de Octubre de este año. El tufillo paraco de la estrategia opositora se husmea a distancia. Y salta a la vista la cartelización mediática respecto a las noticias que conforman la matriz escuálida cotidiana de la cual, dicho sea de paso, no están ausentes los anarcoliberales: repite que algo queda, que dijo Goebbels.
Queda al descubierto que los opositores de la revolución bolivariana, del chavismo en suma, no pueden conformar una tercera vía sino que, muy al contrario, están cuadrados todos ante el mismo proveedor de ideas y de otros menesteres menos abstractos. Están todos en el mismo saco.
Porque no puede haber, en los tiempos que corren, ninguna tercera vía. A escala global todas las cartas están sobre la mesa. Los gobiernos nacionales son las únicas murallas ante las arremetidas del capitalismo financiero global contra los pueblos. Si esos gobiernos siguen la línea del neoliberalismo global entonces servirán tan sólo como trampolines para la acumulación del capital transnacional. Pero si ponen los intereses generales de sus pueblos, de sus naciones, por encima de los intereses de los capitales financieros entonces se verán enfrentados a cuanta guerra de cuarta generación se invente o reinvente. Este es el caso del gobierno chavista.
Esto no significa que se ha cancelado la lucha de clases dentro de esos Estados con Gobiernos díscolos ante la disciplina neoliberal global. Siguen siendo sociedades contradictorias porque los Gobiernos a lo más que pueden llegar es a fortificar un Estado-de-bienestar endógeno que, mediante una serie de mecanismos, será siempre bombardeado por el capitalismo global.
En el caso del chavismo su talón de Aquiles curiosamente es la concentración de la toma de decisiones y el culto a la personalidad del líder máximo. Esto hace que la revolución derive a callejones sin salida cuando falte, algún día eso será inevitable, la figura señera. Esto se puede resolver mediante la construcción de nuevas instituciones, y mediante la conformación de una dirección colectiva, pero es más sencillo decirlo que hacerlo.
Las masas populares siguen creyendo en los Mesías. El mesianismo está profundamente arraigado en el imaginario de las manadas sometidas al lavado de cerebro de las religiones desde la cuna a la tumba. No es sencillo desarraigarlo. Chávez que es un tipo avispado sabe eso y quizá siempre se identifica con Cristo y con los poderes sobrenaturales que subyugan y alientan las supersticiones pueblerinas jugando duro.
La religión y el poder siempre se han llevado de la mano en la política, aunque los pueblos saben que los curas, en su mayoría, son de carne y hueso y tan bandidos como cualquier mortal sin sotana. Cuando los antichavistas comprendan, están muy lejos, de que el chavismo es también un sentimiento religioso nacional ya será tarde para ellos. A decir verdad, han venido aceptando el chavismo, la constitución de 1999 y muchas otras cosas porque se adaptan o perecen.
Venezuela ha tenido poca tradición anticlerical. Aquí hasta los ateos le piden la bendición a la mamá. Mientras creamos en salvadores y en la vida buena allá en el cielo no dejaremos de mirar con buenos ojos a los salvadores terrestres, aunque la vida, a veces, no sea tan buena debido a los demonios de siempre. ¡Qué el diablo es escuálido!














