En ninguna parte hay socialismo (mucho menos comunismo) y en ninguna parte lo ha habido nunca.
Tras la revolución rusa de 1917 son tres los paradigmas organizativos que ha asumido el movimiento socialista europeo: el Partido Socialdemócrata alemán; la CGT Sindicalista Revolucionaria; y el Partido Bolchevique… Para el comienzo de los años 1920 las instancias internacionalistas adscritas a cada uno de esos paradigmas serán, por un lado, la Tercera Internacional, dirigida por el Partido Bolchevique ruso; la Asociación Internacional de Trabajadores (AIT), que reúne a sindicalistas revolucionarios, anarcosindicalistas, anarquistas y los casos especiales de anarquismo obrero –como la FORA argentina, por ejemplo; y la Internacional Socialista clásica apuntalada por la socialdemocracia.
Estas fuerzas políticas y sociales tendrán asimismo sus ramificaciones en América Latina. Ya mencionamos el caso de la FORA, pero también las Federaciones Obreras Regionales existieron en otras latitudes latinoamericanas, como Perú, Chile, Ecuador y Colombia hasta el punto de que se conforma una Asociación Continental Americana de Trabajadores (ACAT). En el caso mexicano, el anarcosindicalismo fue muy activo al calor de las reformas sociales auspiciadas por la Revolución. Entre la década de los 1920 y 1930, por ejemplo, se forma la CGT mexicana, suerte de alianza pragmática entre anarquistas, anarcosindicalistas y comunistas bolchevizados que, entre otras actividades, ayudará en la fundación del Partido Comunista cubano.
Otro Partido Comunista que sale de las filas anarquistas es el del Brasil. Hay que tomar en cuenta que en esa época no era tan fluida la información en torno a lo que realmente sucedía en Rusia tras la asunción de los bolcheviques al poder. Realmente, las primeras estampas sobre los acontecimientos de Rusia serán conocidas por el movimiento anarquista gracias a las semblanzas de Emma Goldman, Alexander Berkman y Rudolf Rocker.
Pero Rusia era mucho más que la encarnizada guerra de los bolcheviques por mantenerse en el poder. Los leninistas realmente descubrieron, antes que cualquier otra corriente socialista, la fuerza que anidaba en la contradicción entre el Centro y la Periferia del sistema capitalista. No cabe duda de eso. Aunque los jefes bolcheviques tenían sus esperanzas cifradas en el movimiento obrero alemán, y en la posibilidad de que éste, pudiera realizar una revolución y poner al servicio de la revolución mundial todo el poder científico, tecnológico y económico de Alemania. El Comintern o Tercera Internacional fue una fuerza jamás vista de revolucionarios profesionales al servicio de los bolcheviques rusos que alcanzó los cinco continentes, para bien o para mal de la causa y finalidades que invocaban sus partidarios. Fue clausurada por Stalin en 1943.
Ese estado mayor de la revolución mundial marcaría todo el período que va desde 1919 hasta 1939 en el desarrollo de las fuerzas socialistas en todo el mundo. Sus desatinos fueron inmensos, especialmente en Europa occidental, pero también inmensos fueron sus aportes a la causa soviética, tanto el orden geopolítico como en la agitación y propaganda, y diseminó la ideología marxista-leninista como jamás fue diseminada ninguna otra ideología desde los tiempos del cristianismo. La Tercera Internacional opacó a la socialdemocracia y arrumbó el anarquismo y el sindicalismo revolucionario en el desván de la historia. Sus efectos durarían, prácticamente, hasta finales del siglo XX.
El estalinismo fue diseñado por el marxismo-leninismo quizá muy a su pesar así como el fascismo italiano provendría del socialista Benito Mussolini. A partir de su teoría del socialismo en un solo país, el estalinismo liquidó toda la vieja guardia bolchevique; erró y acertó en el proceso revolucionario chino; transfiguró la Tercera Internacional en un poder propagandístico al servicio de los intereses soviéticos en Europa y América; monopolizó el frente antifascista mundial; y transformó a Rusia en una potencia imperialista tras sus victorias en la Segunda Guerra Mundial. Durante décadas fue hegemónico en el campo de las corrientes partidarias del socialismo y del comunismo, arrumando al resto de los puntos de vista hasta que muchos se extinguieron, como el caso del sindicalismo revolucionario, por ejemplo.
A mediados de 1970’s las dos fuerzas que se disputan el discurso socialista a nivel global son la socialdemocracia, por un lado; y el marxismo leninismo, por el otro. Pero en ninguno de los países donde gobiernan hay socialismo ni comunismo. Ni siquiera en Cuba, desde luego.
Las fuerzas antiimperialistas de la Periferia del sistema global capitalista son afines a uno de esos dos bandos. En su mayoría, apostaría por Moscú, por razones que sólo pueden ser explicadas a partir de realidades geopolíticas antes que por gambitos ideológicos. Hasta el derrumbe del socialismo real soviético el nacionalismo antiimperialista de tendencia socialista será el furgón de cola del Cominform, es decir, de la oficina moscovita que sustituyó a la Tercera Internacional.
Mientras hubo ese auge de la URSS, en casi todos los terrenos, y sin que significara realmente un enemigo a temer para el imperio estadunidense salido de la Segunda Guerra Mundial, los capitalistas de todas partes aplicaron recetas keynesianas y diversas dosificaciones de capitalismo de Estado con el objeto de evitar que los agentes de Moscú tuvieron caldo de cultivo como para virar las situaciones nacionales hacia regímenes al estilo soviético. En la medida que la URSS fue dando señales de estancamiento o de desregulación, los capitalistas asumieron el neoliberalismo y decidieron aplicarlo en un laboratorio especialmente propicio: en el Chile de 1973, tras haber depuesto a Allende y al gobierno de la Unidad Popular. El desmantelamiento del modelo antagónico al soviético comenzó por Chile.
Así, pues, a lo largo del siglo XX, no hubo socialismo ni comunismo en ninguna parte. Y las luchas socialistas fueron confundidas con las luchas nacionalistas de carácter antiimperialista en casi todas partes. Porque la contradicción básica seguía siendo la que había entre el Centro y la Periferia en el sistema capitalista mundial. Pero con el neoliberalismo aflorarán nuevas contradicciones, que estuvieron soterradas durante décadas, en los países centrales e igualmente en los periféricos. Ese sistema global que ha sido el capitalismo a lo largo de cinco siglos se nos presentará al despuntar el siglo XXI en toda la amplitud de su barbarie.-












