1.-
El chavismo surge en la historia política a partir
de la insurrección de la juventud militar el 4 de febrero de 1992. Este intento de golpe militar fracasó. También el otro golpe de nueve meses más tarde, el 27 de noviembre del mismo año, pero el
chavismo pudo cabalgar sobre él aunque su origen fuera otro.
El chavismo es, por tanto, un movimiento de
militares nacionalistas que se propone sustituir la distribución del poder que durante cuarenta años sostuvo el Pacto de Punto Fijo, mediante el cual la socialdemocracia y la democracia cristiana
se alternaban en el mando al socaire de una alianza tripartita que sostenía la paz social, alianza de la burocracia sindical, los empresarios y el gobierno de turno, Todo con el beneplácito de la
embajada de los Estados Unidos y la aprobación del Tío Sam.
La victoria electoral del chavismo abrió una etapa
de ensayos reformistas de diverso calibre. Primero, la constituyente y, a renglón seguido, la habilitante, mediante las cuales el núcleo duro trataba de conquistar Pdvsa. La batalla por esta
última consumió más de un año realmente, ya que la pequeña burguesía tecnócrata enquistada en la petrolera se opuso encarnizadamente a someterse al nuevo mando ya que de esa manera perdía su
propio poder. Derrotada y estigmatizada pasó al ocaso.
Con lo cual el núcleo duro se vio atareado en la
recomposición tecnológica del país y en la apertura de nuevos caminos para sembrar autonomías en el orden de la ciencia y de la técnica, casi siempre con respaldo de China y de potencias
europeas. La competencia tecnológica sobre el mercado petrolero venezolano fue causa y consecuencia, a la vez, de las políticas yanquis de marcado raigambre neoliberal que pretendían diluir el
mando vertical del modo histórico del Estado venezolano a favor de las empresas transnacionales de origen norteamericano, lo cual chocó con la consciencia del poder militar reciclado en los
cuarteles a partir de la crisis de 1989.
2.-
La clase gobernante de la Venezuela actual tiene,
por tanto, una etiología militar ciento por ciento, aunque se fundamenta en una suerte de alianza cívico-militar de tinte nacionalista y
revolucionario, ya que está en pugna con la clase dominante del antiguo régimen, separada del mando vertical de la sociedad y de la administración
directa del capitalismo venezolano. La expresión de esa alianza es el PSUV.
El proceso venezolano actual se trata de una
revolución política, es decir, una confrontación por el mando en el manejo del conflicto social, es decir, de la lucha de clases. Y ésta, a la vez,
influencia a aquélla.
La tendencia a transitar de una revolución meramente
política a una revolución social es alimentada desde abajo y desde arriba. Desde abajo, porque obligada por las circunstancias de su enfrentamiento a las fuerzas del viejo régimen y porque busca evitar la colombianización de la sociedad venezolana, el sector gobernante se ve en
la imperiosa necesidad de sostener las iniciativas populares en un amplio abanico de alternativas mientras que, desde abajo, porque los niveles de participación y consciencia del pueblo
trabajador, de la juventud y de los sectores tradicionalmente excluidos alimenta el imaginario colectivo a partir del socialismo y del poder popular.
3.-
El poder
mediático neoliberal ha sido tenaz en combatir el chavismo. Controlado en gran parte por el sionismo cristiano –contra el cual han enfilado sus baterías levemente algunos sectores de El
Vaticano en alguna oportunidad- ha estado implicado en todas las jugadas internas y/o externas que han procurado quebrar el gobierno y la hegemonía de la alianza cívico-militar en los procesos electorales. Estos últimos han sido justificatorios de la filiación democrática de la revolución bolivariana la que, a
pesar de todo, ha sido siempre puesta en solfa por los medios de manipulación de masas en el ámbito global. Aparte de los Estados Unidos, y de todos los medios masivos burgueses de América
Latina, en España ha sido el país donde más ha ejecutado su lavado de cerebro el poder mediático neoliberal.-
4.- Un estudio alrededor de los mecanismos del poder
no puede excluir los escenarios regionales y planetarios, especialmente cuando el sistema capitalista pasa por lo que algunos autores denominan la segunda
globalización.
Aparte de la labor conspirativa y revolucionaria que
el chavismo llevó a cabo en el seno de las Fuerzas Armadas venezolanas desde 1983, según algunos analistas, y más ampliamente desde el momento en el cual el poder civil puntofijista la usó para
matar al pueblo, el 27 de febrero de 1989, es lícito especular que deben haber existido otras razones para que el poder militar se divorciara tan abruptamente de los mandos de la Cuarta
República. Y, la cuestión colombiana no puede ser desplazada sin más.
La situación colombiana para el momento de los
intentos golpistas del chavismo el año 1992 era de una guerra civil no declarada donde los sectores en pugna hacían uso de todas las armas al alcance de sus manos. Ciertamente, las FARC eran más
poderosas que en este momento, y el movimiento popular mucho más activo. De aquí que sectores de derecha de las Fuerzas Armadas venezolanas debieron ver con alarma la pasividad del poder civil
cuartorrepublicano ante ese hecho de trascendencia geopolítica aparte de que sectores civiles filocolombianos intentaban conciliar con la oligarquía neogranadina en lo que a los reclamos
fronterizos de ésta respecta.
Y, naturalmente, la sociedad venezolana, a partir de
1989, cayó en los terrenos en los cuales una prédica semejante a la de los faracos podía regarse como pólvora por los sectores excluidos del país y generar un poder revolucionario al margen de
las Fuerzas Armadas y del gobierno de turno. Este hecho motivó que la derecha militar se aliara con la izquierda de tal manera que antes que las FARC penetraran en territorio venezolano, el poder
militar encabezara un nuevo proceso en Venezuela.
El hecho de que sectores derechistas de las Fuerzas
Armadas acompañaran al chavismo en las primeras etapas del gobierno evidencia esta alianza que, a partir de 2006, comienza a resquebrajarse por la alineación con Cuba, mediante el ALBA, y por la
declaración de la chavista como revolución socialista.
5.- Desde luego debemos diferenciar entre el poder
material y el poder formal a partir de la promulgación de la constitución bolivariana de 1999.
El problema consiste en cómo podemos medirlos. La
única forma es la de que todo poder lleva apegado su alícuota del excedente social. En ese sentido, la vieja burguesía puntofijista sigue conservando un sólido poder económico (caso de la Polar);
financiero (la Banca privada); mediático (empresas privadas de medios de comunicación) y político (gobernaciones, alcaldías, partidos políticos, etc.). Pero, a partir del 2002, no tiene poder militar o está cabizbajo esperando mejores oportunidades para salir a la superficie.
En ese sentido la nueva clase gobernante sólo
controla el Estado, incrementando los controles y las regulaciones, buscando constituir un Estado benefactor o Estado del bienestar, pero como clase no ha podido dotarse de un poder financiero al
margen del Estado, es decir, privado. Pero ese control del Estado está sujeto a que siga beneficiando a las masas populares, de lo contrario perdería su legitimidad.-
6.- Estamos ante una situación de triple poder. Por un lado, el poder privado, apuntalado sobre el apoyo que el Imperio hegemónico global le brinda; por el otro lado, el poder del Estado que,
al menos formalmente, está en manos de la nueva clase gobernante (alianza cívico-militar, PSUV, sector patriota de las Fuerzas Armadas); y, en el medio, el poder popular, desde abajo,
horizontalista en la mayor parte de los casos, embrionario en gran parte del país pero con altos niveles de consciencia en zonas muy localizadas. Existe una suerte de simbiosis entre los dos
últimos lo cual no implica la ausencia de permanentes contradicciones.
El Estado, por tanto, es uno más de los poseedores
del poder político. Si bien su burbuja aparenta ser la mayor de todas las otras esferas de poder tienen relaciones y magnitudes nada despreciables. Debido a la mayoría electoral chavista todo el
poder público en sus diferentes ramas está bajo su control, aunque hay alcaldías, gobernaciones, magistrados y jueces que realmente responden a otra influencia distinta a la chavista.
En los tiempos de la decadencia neoliberal sin
embargo siguen teniendo hegemonía, gracias a la desregulación de los mercados y al auge del capitalismo financiero, otras organizaciones trasnacionales que obviamente tienen interés político en
Venezuela por ser una zona todavía virgen donde el metabolismo del sistema capitalista globalizado no ha podido desplegarse plenamente, como ha sido el caso, por ejemplo, de Colombia.-