Este párrafo debido a Chomsky es revelador en sí mismo:
“No existe un movimiento anarquista unificado que tenga una postura sobre la que poder hablar. Lo que hay son muchas corrientes en conflicto que disienten a menudo muy marcadamente. Hasta donde yo sé, no ha habido nunca muchos anarquistas que se opongan a llevar a la práctica lo que ellos denominan medidas reformistas dentro de la sociedad existente, como la mejora de los derechos de la mujer o la salud de los trabajadores”.
“El anarquismo individualista –el de Stirner y otros- es una de las diversas raíces del llamado movimiento ‘libertario’ en Estados Unidos. Este movimiento conlleva una entrega al capitalismo de libre mercado y no tiene conexión con el resto del movimiento anarquista internacional. En la tradición europea, los anarquistas se solían llamar a sí mismos socialistas libertarios, en un sentido muy distinto de la palabra ‘libertario’. Hasta dónde puedo discernir, los movimientos obreros, que no se llamaban anarquistas, estaban muy cerca de la corriente principal del anarquismo europeo que muchos de los estadounidenses que se calificaban a sí mismos de anarquistas… Pero el movimiento libertario de Estados Unidos, y hasta cierto punto el británico, es muy distinto en su realidad y en su desarrollo del anarquismo, y de hecho no se opone a la tiranía, mientras se trate de una tiranía privada. Esto difiere radicalmente de otras formas de anarquismo”.
Sirve como introducción a la crisis del anarquismo al despuntar el siglo XXI, que no es el único pensamiento que la padece, porque crisis semejantes se viven en casi todo el pensamiento heredado del siglo anterior y que, en gran medida, fue moldeado en los tiempos decimonónicos.
Si bien esa crisis generalizada podría establecerse alrededor del surgimiento y expansión del postmodernismo –con su conocida animadversión por los grandes relatos y su aquiescencia al individualismo metodológico-, en el caso del anarquismo específicamente data de finales de la Guerra Civil española. Después de los hechos de Mayo de 1937, el anarquismo catalán, en efecto, entró en una desbordante crisis que duró relativamente hasta 1961, ya en el exilio. No se puede sostener, empero, que de los sectores en pugna todos ellos mantuvieran siempre la misma postura: en tramos, fueron maximalistas; en otros, posibilistas.
La raíz de la crisis residía en la pertenencia de los anarquistas al Frente Antifascista que, como se sabe, condujo en un tramo inicial al ingreso de ministros anarquistas a los gobiernos tanto republicano como catalán, y al alineamiento de las llamados comités superiores de las organizaciones clásicas, la CNT y la FAI, al realismo que la guerra civil y las condiciones europeas del momento imponían a los republicanos españoles.
En otras palabras, desde aquellas fechas el anarquismo español organizado se topa con la realpolitik del Estado contemporáneo.
Con la Guerra Fría, esa crisis no se detuvo sino que, al contrario, fue mermando la eficacia organizativa y diezmando las filas del anarquismo. Con Mayo del 68, hubo un respiro, que no duró mayor cosa.
Hasta que la Transición española pareció abrir nuevas posibilidades, pero ya el tiempo histórico era otro, y los líderes anarquistas no supieron interpretarlo.
En efecto, con la degradación del mito soviético no se produjo una alteración del orden de las izquierdas favorable al anarquismo sino que, al contrario, entró en escena un nuevo antiestatismo, el neoliberalismo, que, a decir verdad, apuntalaba las tiranías privadas en desmedro de las poblaciones y a favor de los Mercados manejados desde el mando vertical del sistema-mundo capitalista. Nuevas realidades requerían audacias teóricas y prácticas, y el abandono de los dogmas del pasado, pero nadie se percató de tal cosa. Hasta surgió el anarcocapitalismo con su discurso anarco (neo) liberal que sigue siendo parte de los antiguos cantos de sirena en contra del Estado de Bienestar.
Pues, bien, la paradoja es que los anarquistas socialistas se ven ante la disyuntiva de apoyar el Estado de Bienestar frente al combate que contra el mismo efectúan las multinacionales y el capital financiero. No queda otra. Y para más inri, en Venezuela, el grupúsculo anarcocapitalista y anarcoliberal que goza del beneplácito de sus afines español y europeo, está ubicado en la derecha contra los bolivarianos haciendo las veces de “tonto útil” al servicio del neoliberalismo y del capitalismo de Washington.-










![bandera%20y%20A[4]](http://img.over-blog.com/600x399/1/21/63/43/2012-7/bandera-20y-20A-4-.jpg)


