Historia de Venezuela

Lundi 21 janvier 2008 1 21 /01 /Jan /2008 17:22
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Nueve años tenía yo el 23 de enero de 1958. O sea que: era uno de esos párvulos que venían de la “semana de la Patria” y del “General Marcos Pérez Jiménez, presidente constitucional”, y no entendía un carajo del bendito “Nuevo Ideal Nacional”. Incluso cuando por encima de nuestras cabezas pasó “La Vaca Sagrada”, se me ocurrió preguntarle al viejo, “¿Por qué tumbaron a Pérez Jiménez, si él era tan bueno”. “Porque era un tirano”, me respondió.

 

Todas las semanas anteriores las calles eran un solo peo. Yo vivía en Los Magallanes de Catia, a pata de mingo de donde comienza el cerro, en una casa de vecindad. Mi tío Chano que había venido a arreglar los papeles en Extranjería a principios de año, por las noches comentaba de sus peripecias cuando comenzaba el jaleo por la zona del centro de la ciudad. Y, en las noches, escuchábamos unas vainas que sonaban como a triquitraquis. Era plomo. Y, yo pude ver a adolescentes cayéndose a coñazos con la policía, que era una verdadera osadía moralmente reprochable desde el punto de vista de mi maestro de la “Federico Quirós”.

 

Y, la noche del 22 o del 21 –no puedo recordarlo cincuenta años después- pasaron unas patrullas –yo estaba en la puerta de la casa de vecindad con otros vecinos- y empezaron los grandes carajos a dispararle a todo el mundo, a ciegas, causando el terror entre vecinos y transeúntes…

 

Total, que el 23 comenzó esa algarabía, la gente gozaba una bola, y yo vi a más de uno persiguiendo a algún pendejo gritando: “agárrenlo, es un esbirro…”.

 

En la tarde del 23, mi viejo, cosa rara en él, me dijo que fuéramos a ver un espectáculo. Consiguieron él y sus amigos, un camioncito y nos montamos todos. El camión enfiló para los lados de Los Caobos y nos bajamos todos en una esquina desde la cual se percibía cómo el pueblo asaltaba la sede de la “Seguridad Nacional”, la policía secreta y política del pérezjimenismo. Incendiada, de su seno huían despavoridos esbirros y funcionarios; y las personas que asediaban el edificio los mataban a palos si los pillaban.

Aquello me impresionó arrechamente. La “Casa del Poder” incendiada y asediada por los currantes. Mi viejo y sus amigos aplaudiendo y gozando una bola; y yo, a los nueve años, sin entender muy bien qué coño era lo que pasaba.-

 

Floreal Castilla, Magister Scientiarum en “Filosofía y Ciencias Humanas”, UCV.-

 

21-ene-08

Par Verde - Publié dans : Historia de Venezuela
Lundi 21 janvier 2008 1 21 /01 /Jan /2008 17:06
El 23 de Enero o la "Revolución " de las espinas
José Sant Roz - www.aporrea.org
21/01/08 - http://www.aporrea.org/ideologia/a49650.html

A partir de 1958, a todo el que salía a celebrar el 23 de enero le echaban plomo. Cada 23 de enero hasta 1968, se daba en Venezuela un promedio de entre 6 o 7 estudiantes asesinados por los cuerpos represivos en todo el país, además de docenas de torturados y encarcelados. Por lo general en todos esos 23 de enero siempre teníamos suspendidas las garantías constitucionales.

Rómulo Betancourt mantuvo desde 1958 el mayor de los desprecios y el mayor odio hacia los acontecimientos del 23 de enero, que él finalmente consiguió trasmitírselo a toda Acción Democrática. Yo no sé de dónde carajo le surgido ahora esa manía de celebrar tal día a Antonio Ledezma, precisamente quien siendo Alcalde de Caracas prohibió todo tipo de manifestaciones en la capital.

Horrible posición esa la de Rómulo si se toma en cuenta que fue en parte debido a la resistencia adeca por la que se consigue hacer tambalear al régimen de Pérez Jiménez. Cada vez que haya disturbios callejeros, Betancourt aterido de indignación gritará contra “La fauna de añoradores del paraíso perdido del 23 de enero.” Porque en verdad, él mismo reconocía que el más grande error histórico fue el haberle permitido a la juventud venezolana adueñarse de una posición antiimperialista. Aquel era el gran momento para un cambio total hacia un verdadero régimen de justicia y de igualdad social. Como en ningún otro momento de nuestra historia se tuvo un momento mas hermoso, más auténticamente patriótico donde la juventud estaba decidida a llevar la batuta de la defensa de la soberanía nacional. Betancourt habría de trastocarlo y destruirlo todo.

Pero en cuanto Chávez toma el poder comienza esa horrible jarana de los adecos y copeyanos tratando de celebrar con toda clase de estridencias la “caída del tirano”. Bueno, y todos sabemos cómo lo celebran, al lado de la oligarquía que ese día traicionó al pueblo; al lado de la embajada americana que impuso el Pacto de Nueva York. Al lado de la Iglesia con aquel monseñor Rafael Ignacio Arias Blanco “con voz de tiple y cuerpo de señora[1]” que al ver tambalearse la dictadura, en un todo de acuerdo con Fedecámaras produjo aquella conocida carta pastoral.

El 23 de enero, pues, huye aquel “horrible lagarto del pantano, aquel mono roedor, aquel loro obeso, redondo de alma y de barriga[2]”. Sale cargado de maletas; sus edecanes, sus sirvientes, sus jalabolas más fieles le siguen; aquello parece la expedición de Livingtone en lo más profundo del África austral, y comete la imprudencia el dictador de mostrar preferencia por una de aquellas abultadas maletas y dice: “Por favor, cuídenme mucho ésta.” ¡Toma! “Lo percibieron unos oficiales y se la apropiaron. Sacaron todos los valores que tenía y en la repartición tuvo su parte Wolfgan Larrazabal. Total que la maleta para los efectos de prueba en el juicio no apareció.[3]

El pueblo fue muy temeroso de participar activamente en la lucha callejera. No había realmente dirigentes en la calle. Es verdad que se hablaba contra el dictador. En realidad ocurrió en lo interno un fenómeno bien raro: casi todos los funcionarios importantes del perejimenismo pasarían a formar parte del régimen victorioso que asumiría Rómulo en 1959. Los jueces seguirían en sus cargos, las llamadas fuerzas vivas seguirían siendo las mismas, la prensa que guardó silencio durante la dictadura y visitaban regularmente a Tarugo (por ejemplo, Miguel Otero Silva) seguiría con los mismos directores; los sindicalistas que pasarían luego a vivir en el Country Club (y que en pleno gobierno adeco, ante cualquier estornudo de un general en algún cuartel amenazaban con echar a la calle un millón de obreros[4]), se encontraría el coleccionador de leones, monos y tigres, el famoso sindicalista José González Navarro.

Ciertamente, por un lado el 23 de enero de 1958 fue un arreglo político para que las cosas continuaran tal cual las dejaba Pérez Jiménez. Más aún, todos los militares que habían participado en el alzamiento contra el dictador, quedarían marcados como sediciosos, y rápidamente serían puestos en cuarentena. Se habían convertido indudablemente en elementos peligrosos para la estabilidad del país, y por eso un grupo de altos oficiales que nada había hecho en contra de la tiranía, serían los que tomarían el timonel en los altos mandos de las Fuerzas Armadas. ¿Quiénes estaban dictando estas normas?, pues el imperio, porque los cargos claves los tomó la burguesía, el poder económico. Los que toman el timonel llevan decidido que el país debe seguir funcionando en lo social y en lo económico como lo venía haciendo desde el siglo XIX. Los asesores de la Junta de Gobierno, José Giacopini Zárraga (último ministro de Hacienda de MPJ), Edgar Sanabria y Alirio Ugarte Pelayo, todos ultra conservadores, auspiciaban un gobierno que ni remotamente oliera a revolución, para que el extranjero se entendiera que prácticamente nada había cambiado. Para mantener el status quo, tal cual Pérez Jiménez lo había dejado, se habían reunido en Nueva York, Betancourt, Caldera y Villalba.

De inmediato, los oligarcas se movilizaron, el Presidente de Fedecámaras (o Fedécame, como le decían), Ángel Cervini, propuso una tregua obrero-patronal, a los sindicatos para que no hicieran huelgas, lo que resultó una verdadera patraña para robarle combatividad al proletariado y con ello reducir los riesgos de una revolución social.

Fueron, como siempre, los militares quienes produjeron el colapso definitivo del régimen. Como se venía haciendo desde el siglo pasado, para hacer creer que el pueblo participa en aquella lucha contra el dictador se le abre las compuertas a unos delincuentes y zagaletones para que saqueen la casa de Pérez Jiménez y de algunos de sus ministros.

 

La gesta más sublime de aquella acción, digna de ser estampada en los anales de AD, vendría luego: se trata de una expresión de Gonzalo Barrios y que los partidos Acción Democrática y Copei han celebrado mucho: Se encontraba este ambiguo personaje durmiendo en un lujoso apartamento en Nueva York, al cual van Betancourt y Jaime Lusinchi, muy de mañana a notificarle la nueva buena; el ex Secretario de Gallegos, al enterarse profiere: Caramba, ¿a quién se le ocurre tumbar a un dictador a estas horas de la madrugada? Los dos políticos irrumpen en carcajadas espantosas, vulgaridad inefable profundamente arraigada en el partido del pueblo.

Como dentro del traumatizado aparato de gobierno han quedado enconchados jefes del pasado, como los coroneles Roberto Casanova y Abel Romero Villate, el “genial” oligarca Arturo Sosa, a quien le tocará jugar un papel crucial en la democracia, propone que se les dé a cada uno cien mil dólares para que se vayan y cojan las de villadiego. 

Como estas genialidades se pagan muy bien en Venezuela, de inmediato Arturo Sosa fue premiado, como se dijo, adjudicándosele el Ministerio de Hacienda. Así comenzó funcionando la Junta de gobierno presidida por el frívolo Wolfgang Larrazabal.

Betancourt ordenó a su partido que ejerciera toda la presión posible para que se exigiera la ampliación de la Junta Patriótica. Comenzó progresivamente a degenerar aquel movimiento. Ya Jóvito estaba dando piruetas verbales contra EE UU sin esperar las órdenes impartidas por el Departamento de Estado para hacer la farsa. Se había acordado en Nueva York, que tanto Rómulo como Jóvito, para confundir al pueblo utilizasen algunos latiguillos antiimperialistas. Ya estaban en cuenta de que a medida que transcurriera el tiempo se harían inevitables las divisiones dentro de los partidos, pero que había que adelantarse en cuanto al tema de la propaganda, y mientras se cogía el poder. Jóvito estaba desaforado por ser el primero en llegar a Miraflores de acuerdo con lo convenido en Nueva York.

A Larrazabal se le escapa decir que pronto deben hacerse elecciones libres y directas, y aquello fue una bomba que pronto corrió por todos los partidos; fue algo que además celebró con entusiasmo el pueblo. El día 25 de enero la Junta de gobierno fue engrosada por dos civiles, Eugenio Mendoza (de los prominentes acreedores privados) y Blas Lamberti. Ese mismo día por la noche, Larrazabal muestra claramente el tipo de hombre que es, al declarar: “El gobierno mantiene absoluto control de la situación y muy pronto podrá anunciar la suspensión de las medidas que para mantener el orden se han dictado, para que, en esa forma TODOS LOS VENEZOLANOS PODAMOS DISFRUTAR DE NUESTROS ESPECTÁCULOS PÚBLICOS, DE NUESTRAS CARRERAS DE CABALLO Y DEL AIRE LIBRE QUE RESPIRA LA NACIÓN.[5]” Resulta increíble que el PCV haya decidido dar todo su apoyo a un hombre tan frívolo y vacuo.

Pero eso no es lo peor: El PCV se dedica con frenesí a pedir elecciones ya para el pueblo, sin caer en la cuenta que esto es la peor trampa que a la vez es la propuesta de oro del betancurismo. El PCV anda en una campaña de que el pueblo rescate su “soberanía”.

Para ese enero de 1958, tenemos en Caracas 40 mil ranchos, y en toda Venezuela un 25 por ciento de la población es analfabeta.

 



[1] A decir de Pérez Jiménez

[2] Esto lo dijo Pablo Neruda.

[3] “Habla el General”, Agustín Blanco Muñoz, UCV, Editorial José Martí, Caracas, 1983.

[4] Así nos lo recuerda Silvio Ruiz.

[5] “Venezuela 1958”, Antonio Blanco Muñoz, Fundación “Cátedra Pío Tamayo”, UCV, 1991, pag. 178.

jrodri@ula.ve

 
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Vendredi 4 janvier 2008 5 04 /01 /Jan /2008 11:29
05-01-2008
Las oportunidades que están surgiendo actualmente en la ciencia venezolana no debieran ser desaprovechadas
El camino hacia delante de Venezuela

 
Nature

Traducción del artículo "Venezuela´s way ahead" publicado en la prestigiosa revista científica Nature (volumen 450, página 922) el 13 de diciembre de 2007, realizada por Juan J. Infante para Rebelión

El pasado 2 de diciembre, el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, sufrió de forma inesperada su primera derrota electoral en toda una década. El presidente esperaba reformar la constitución para consolidar su poder y acelerar la reforma socialista del país, pero el referéndum se saldó con una victoria del no a la reforma constitucional. La oposición se manifestó principalmente a través de marchas de cientos de miles de estudiantes que protestaban junto a sus profesores. Sin embargo, el presidente de corte populista de izquierdas, a pesar de todos los fallos cometidos, ha apoyado significativamente a la ciencia y las universidades de Venezuela.

Chávez se considera el líder de una revolución socialista inspirada en las ideas de igualdad de Simón Bolívar, el libertador de Sudamérica del dominio español a principios del siglo XIX. Chávez ha nacionalizado grandes industrias incluyendo la petrolera y ha ido distanciando políticamente a Venezuela de su principal socio comercial, los Estados Unidos. El alza en el precio de las exportaciones de crudo venezolano ha sostenido un crecimiento económico acelerado.

El presidente venezolano se ha enfrentado a compañías petroleras que operan en Venezuela y a grupos de poder dentro del país. Sin embargo, Chávez ha realizado esfuerzos para mantener a los académicos de su parte. De igual modo que los oficiales del ejército, los profesores venezolanos se pueden jubilar a los 47 años y recibir una generosa pensión de por vida. Aunque no todas, sí que buena parte de las 33000 personas que forman la gran masa académica del país se acogen a la prejubilación. Además, los profesores venezolanos tienen el derecho de elegir a sus estudiantes. Su tendencia a elegirlos de la clase media–alta podría explicar algunas de las protestas estudiantiles contra el gobierno socialista de Chávez.

Sin embargo el gobierno ha tomado medidas para apoyar a las universidades. En 2001 se creó el Ministerio de Ciencia y Tecnología, que reparte dinero a proyectos en régimen de concurrencia competitiva. En enero de 2007 se comenzó a aplicar la Ley Orgánica de Ciencia, Tecnología e Innovación (LOCTI) que obliga a las 7000 empresas más grandes de Venezuela a destinar una parte de sus impuestos anuales de forma directa a las universidades e institutos públicos de investigación. El gasto conjunto público-privado en ciencia se ha cuadruplicado hasta alcanzar 2500 millones de dólares según fuentes gubernamentales, lo que representa la muy respetable cifra del 2,1% del producto interior bruto en 2007.

Según algunos académicos, estas medidas han dado como resultado que la ciencia venezolana reciba de pronto más financiación de la que puede administrar. Las empresas invierten en proyectos de investigación porque se les apremia a hacerlo, sin un sistema adecuado de evaluación de las memorias de los proyectos. El gobierno evalúa actualmente los resultados conseguidos en el primer año de aplicación de la LOCTI y debe encontrar la manera de canalizar la financiación venidera a los proyectos más prometedores.

Las prioridades venezolanas, por razones obvias, van desde el estudio de enfermedades infecciosas y ecología del bosque tropical hasta ingeniería y solución de problemas ambientales relacionados con la extracción de crudo. Uno de los problemas radica en que pocos de los departamentos de las aproximadamente 50 universidades venezolanas cuentan con el equipamiento técnico y humano suficiente para realizar investigación competitiva a nivel internacional. Otro es que los profesores no se sienten especialmente motivados a llevar a cabo proyectos originales ya que las publicaciones no se traducen necesariamente en su promoción. La clave para hacer que la ciencia venezolana sea más productiva es hacer que la investigación sea un requisito para el éxito de la carrera académica, que no debería poder terminarse a los 47 años.

También existen planes para convertir el primer centro de investigación del país, el Instituto Venezolano de Investigación Científica en Caracas en una universidad dedicada a la investigación con todo el apoyo necesario. Esta medida ayudaría a producir doctorandos preparados y motivados que puedan hacer crecer a la ciencia de Venezuela. El instituto debería contar con el apoyo público y privado suficiente para crear nuevos centros en los Andes, el Amazonas y en el rico estado petrolero del Zulia en el noroeste del país, todas zonas necesitadas de impulso al perfil investigador.

El resultado del referéndum para la reforma constitucional ha elevado la esperanza de que la democracia en Venezuela sobreviva a Chávez e incluso crezca gracias a algunas de sus peculiares medidas. El fortalecimiento de la ciencia tanto en estados de la periferia como en la capital venezolana es un legado de incalculable valor.

El artículo original se encuentra en este enlace: http://www.nature.com/nature/journal/v450/n7172/full/450922a.html

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Jeudi 3 janvier 2008 4 03 /01 /Jan /2008 22:48

El Jueves lía a Elena con Chávez

03.01.08 |

 

El 2007 acabó para el Rey con la monumental polémica que se formó con el "¿por qué no te callas?" que le espetó al presidente venezolano que no paraba de meterse con Aznar en la Cumbre Iberoamericana. Ahora El Jueves, que ya le había hecho pasar un mal rato colocando en su portada a su hijo y su nuera en actitud sexual, le desea un feliz año nuevo poniéndole en la situación de que el verborreico Chávez saliera con su divorciada hija. Si yo fuera el Rey me andaría con ojo, porque en esto del amor... nunca sabes lo que te va a deparar el futuro.

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Jeudi 3 janvier 2008 4 03 /01 /Jan /2008 02:14
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Termómetros bajarán hasta 11 grados centígrados en varias partes de Venezuela


 
Caracas, 02 Ene ABN.- Temperaturas entre 11 y 13 grados centígrados (ºC) se estarán registrando en los próximos días en varias parte del territorio nacional.

Estas bajas en los termómetros se mantendrán hasta el 15 de febrero, lo cual indica que posiblemente los venezolanos pasen la época de carnaval 4 y 5 de febrero con algo de frío.

El pronosticador de guardia del Centro Nacional de Alertas y Pronósticos Hidrometeorológicos (Cenaph), Jacinto Guedez informó que esto son las temperaturas más bajas que estadísticamente se han venido registrando en Venezuela.

Guedez explicó que este fenómeno se debe al movimiento aparente del sol, porque para esta fecha se ubica en el hemisferio sur.

Venezuela esta ubicada en el trópico, lo cual hace que los rayos no incidan directamente sobre el territorio venezolano sino en forma oblicua.

“Por estas razones es que para estas fechas los rayos del sol caen sobre el territorio venezolano en forma oblicua calentando menos la superficie terrestre', dijo.

Recomendó usar ropa adecuada porque los venezolanos no están acostumbrados a las bajas temperatura. El uso de la indumentaria apropiada permitirá la prevención de enfermedades de las vías respiratorias.
 
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© ABN 2005
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Vendredi 28 décembre 2007 5 28 /12 /Déc /2007 18:44
El hombre culto que fue Cipriano Castro y que casi nadie conoce
José Sant Roz - www.aporrea.org
28/12/07 - http://www.aporrea.org/actualidad/a48137.html

A finales del siglo XIX, en aquella tierra de muerte y horror fue surgiendo un hombre de determinaciones nacionalistas. Era músico, gran bailarín, estudioso, guerrero, inteligente, un político con garra.

Don Cipriano Castro[1] había estudiado música con los maestros: Rafael María Sarmiento y José Consolación Colmenares. Éste último era del pueblo de Pregonero. Castro estudió violín, tocaba la flauta y la trompeta, y en los años del exilio se ganaba la vida dando serenatas y tocando en las fiestas. Uno de los personajes poco estudiados de esta época, es Obdulio Cacique (bombardinista y músico de la Banda Los Cachacos), quien fue su amigo hasta el momento en que por cuestiones políticas, ambos terminan en bandos contrarios y acaban enfrentándose en el pueblo Libertad. En ese enfrentamiento muere un tal Evaristo Jaimes. Algunos dicen que fue en este momento cuando se conocieron Castro y Juan Vicente Gómez, ya que este personaje de Evaristo Jaimes venía siendo padrino de confirmación de Gómez. Refiere la historia que habiendo tomado Castro poder en el pueblo, Gómez le pidió permiso para enterrar a su padrino.

Tanto Obdulio Cacique como Castro, fueron dirigidos por un gordo camaleón de la época llamado Ascensión Niño. Este señor Ascensión era Procurador General, y había sido muy amigo de Antonio Guzmán Blanco, y pudo sobrevivir cincuenta años en la poliquería, desde 1870 hasta los turbulento días de 1918, cuando muere a causa de la gripe española.

Obdulio, muere a los 36 años dizque de un infarto. Dicen algunos que fue mandado a envenenar por el famoso Pablo Peñalosa, dentro de las intrigas de la época. La muerte de Cacique causó tanto revuelo que se publicó su autopsia por la prensa, firmada y convalidada por nueve médicos. Obdulio era más disciplinado, mejor militar y político que Castro; Castro era más rebelde.

Existe una gran relación entre la música y el poder, una tesis que ha trabajado con mucha dedicación el Dr. Luis Hernández Contreras. “La música es el único elemento estético que aquellos hombres asimilaron para sí. El tocar el Himno, el rendir los honores, da a estos hombres una sensación de poder diferente a las otras artes estéticas. No se podía rendir honores con una exposición de pintura o con un cuerpo de danza. Cipriano Castro y otros cuatro tachirenses más, llegaron a ser presidentes del Táchira y músicos profesionales: Castro, Ascensión Niño y Jesús Velasco Bustamante (cuñado de Cipriano Castro y quien escribe en formas musicales superiores, es decir, no valses y bambucos sino fantasías y obras de mayor envergadura). Cuando Castro parte triunfante a tomar el poder en Caracas, lo acompañan muchos músicos, además de Ascensión Niño, Agustín Arias y otros que tocaban el violín y el órgano en la vieja iglesia matriz[2]”.

También Castro era administrador de un periódico, llamado El Álbum, que se hace en Rubio en 1878, poco conocido. En los años en que imperaba el gobierno de Ignacio Andrade, se hablaba de un don Cipriano Castro que se encontraba enfermo en su hacienda de Bella Vista. Eso lo reseña un periódico llamado La Probidad, de 1887, que lo dirigía Samuel Niño.

No se sabe, hasta qué punto Castro aceptaba la anexión del Táchira como sección del gran Estado Los Andes. Porque él llega a ser gobernador del Táchira cuando la capital imperaba en Mérida, en los años cuando su futuro enemigo Carlos Rangel Garbiras era su aliado. Pero al mismo tiempo, antes de 1899, lo vemos entregado a su afición por las zarzuelas, por las arte en particular, y por allí cultivándose en el trato con muchos hombres que posteriormente le serán útil a la hora de emprender su campaña hacia la capital. Cuando definitivamente parte en esa campaña, deja a su hermano Celestino, encargado de la responsabilidad del Estado y de que no se olvide del pago a los músicos de la banda.

Cuando se celebró el Centenario del Nacimiento del Libertador, Castro era jefe civil del Distrito Bolívar, y se realizaron unos actos, entre ellos la erección de El Obelisco de San Antonio. Uno de los contribuyentes fue el propio Cipriano, como empleado municipal y colaboró con 25 pesos. El otro de los personajes que dirigía las festividades era Juan Vicente Gómez.

No cabe duda, de que esa posición tan nacionalista de Castro le viene de su sensibilidad artística, de su cultura y gran apego por su tierra. Con esa sensibilidad se incorpora a los ejércitos que comandaba Sacramento Velasco, de Capacho; allí lo acompaña otro excelente soldado llamado Buenaventura Macabeo Maldonado. Castro es simplemente para esa época, con 21 años de edad, de finales de la década de los setenta, un coronel de montoneras. En una de esas escaramuzas que se dan, llega a triunfar sobre Espíritu Santos Morales, su archienemigo, posteriormente reivindicado, en un periódico llamado Pío Gil, publicado en San Cristóbal en 1936 y que dirigía el doctor José Ramón Rangel, el padre de Domingo Alberto Rangel. En tres distintas oportunidades, Castro vence a Espíritu Santos Morales.

Castro formaba parte de un grupo que chocaba con la sociedad civil pujante de San Cristóbal, de fines del XIX. No es de los que participan de las empresas y de ese impulso liberal como el Ferrocarril del Táchira, el Teatro Garbiras, lo que después fueron el Club Táchira y el Salón de Lectura y la Banda Sucre. Castro fue un empleado de la Botica Alemana, en los años en que se viene fracasado (porque no termina los estudios) del Seminario de Pamplona. Debieron ser éstos los años claves de su aprendizaje: cuando adquiere un rigor prusiano, y una admiración por el estilo de vida que hacen los comerciantes alemanes en San Cristóbal. Estilo que imperó en el ornato, y en la difusión de toda una cultura. Porque el período de Castro en Cúcuta, exiliado, del fracaso de la revolución legalista, no ha sido estudiado; son esos años que van del 1892 a 1899.

 

Castro se hacía pasar por liberal pero se nutría, para llevar adelante su causa, de unos artículos interesantes que escribía Pedro María Morantes (el famoso Pío Gil), titulados “Andinismos”, en los que se buscaba la separación del Táchira del Gran Estado Los Andes. Entonces en lo político se vivía una época de gran anarquía, masacres, asesinatos sin culpables.

Para 1897, Castro era el hombre de mayor prestigio del Táchira. Y los tachirenses buscaron en él al héroe que los vengara de muchas humillaciones sufridas y que no habían podido ejecutar ni Juan Pablo Peñaloza ni Obdulio Cacique. Pero todo este proceso que acaba llevando a cabo Castro, en lo concerniente al Táchira, produjo un gran retroceso, porque cuando la sociedad civil estaba comenzando a motorizar por sí misma los grandes cambios, vino el Estado y se convirtió en un descomunal aparato dadivoso. Todo el mundo esperaba una ayuda del Estado, y así fue con la casa y la banda municipal, con las compañías de zarzuela, con todo.

Una vez que Castro toma el poder nacional quiere una Constituyente para todo: asambleas constituyentes para los estados y hacer constituciones en cada estado y, claro, elaborar una revolucionaria Constitución nacional. Comienza con un equipo de jóvenes que no pasaban de los 35 años, de modo que se perfilaba como un plan diseñado para gobernar unos cuarenta años.

Para la exposición del Táchira del año de 1906, inaugurada por Zoila, la esposa de Cipriano, se muestra por primera vez a todo el ambiente cultural de la época y la banda que amenizaba los conciertos era la “Banda Castro”. Fueron ritos de exaltaciones al valiente Castro: valses, bambucos, marchas de Alejandro Fernández, de infinidad de compositores venezolanos que escribieron loas musicales al hombre victorioso. Hay valses cuyas partituras hoy se conocen: “Siempre Invicto”, “A la Victoria”, “Zoila”, etc. Los músicos tachirenses han sido dados a componer cantos a sus gobernantes, al único que casi no le escribieron fue al general Gómez, sin embargo un músico que luego fue hecho preso en la Rotunda, y murió bajo la tortura del gobierno de este tirano, José María Rivera, escribió: “Marcha Homenaje al General Eustoquio Gómez”.

E gobierno de Castro es el primero en poner orden en el Táchira, en lo social y jurídico, en el establecimiento de las instituciones políticas, como presidente de Venezuela, mandando a través de sus familiares.

Intelectuales y políticos como Vargas Vila, José Federico Bazó, Teodocio Belandia Sánchez (ingeniero bogotano, masón) y Rafael Núñez, ejercieron gran influencia en él. Vargas Vila vivió en el Táchira. Por influencia de estos colombianos Castro acaba haciéndose anticlerical.

Pedro María Morantes fue uno de los redactores de la idea Restauradora, en un periódico que se publicaba en San Cristóbal y que lo dirigían Lucio Valdés y Eligio Constantino Guerrero quien luego fue Procurador del Estado. Este último fue un personaje clave de Castro que luego pasa a servirle a Gómez. Entre los políticos tachirenses de esa época surgieron mucho traidores. Puede decirse que casi todos los “restauradores” se volvieron “rehabilitadotes”.

En Caracas, Castro se deja embeber en ese ambiente de zarzuelas y de compañías, de opereta y cupletistas: Eso acabó siendo su perdición.  Encargado de la Presidencia, Castro no ejecutó más, pero siempre estaba pendiente de la música. Es más, el valse de Vicente Cedeño “Castro en Margarita”, tenía el nombre de una novia de Vicente con la cual él se había peleado; pero cuando Castro va a Margarita, y oye el valse, le dice: “Oiga ese es un valse con introducción tres partes, dos menores, una mayor y una coda”. Y le pregunta a Vicente: “¿Y cómo se llama el valse?”, y es cuando él decide responderle: “Castro en Margarita”.

La invasión del oligarca Manuel Antonio Matos contra Castro, viene siendo una copia exacta de la guerra también mundial contra el Presidente Hugo Chávez. Como veremos, sólo dos Presidentes nacionalistas tuvo Venezuela entre ese largo período que va de 1830 y 1998: Cipriano Castro e Isaías Medina Angarita

En esa campaña atroz que se le hizo en Estados Unidos caricaturizando a Castro como un asqueroso mono es idéntica a la que se diseña cuando con Chávez tildándole de macaco balbuceante.

La gran diferencia fue que Chávez no se ha dejado atrapar por la vieja burguesía, ni ha sido presa fácil de las hembras, lo que más perdió a Castro. Cuando los grandes poderes internacionales consiguieron desacreditar a Castro, entonces ledieron “el tiro en la nuca”. El Departamento de Estado se buscó a Gómez y lo atornilló en el poder, para así mejor robar y estafar a Venezuela. Entonces fuimos durante más de cuatro lustros, el mayor paraíso de América Latina para los inversionistas extranjeros. Hay que reivindicar la figura de Cipriano Castro, despojarla de los horribles trajes con que nos los pintó la gran prensa internacional, y porque además el Castro que los venezolanos conocemos ha sido tendenciosamente manipulado por intelectuales como Enríque Bernardo Núñez, Mariano Picón Salas y el propio Pío Gil, como el resto de la élite intelectual y académica que le aduló miseablemente a Gómez.


[1] Todos estos datos sobre Castro, casi desconocidos se los debo al Dr. Luis Hernández Contreras, en una entrevista que concedió en el año 2000, y que fue publicada en el semanario La Razón.
 

[2] Ut supra..

jrodri@ula.ve

 
Par Verde - Publié dans : Historia de Venezuela
Lundi 24 décembre 2007 1 24 /12 /Déc /2007 16:54
24-12-2007
Documental íntegro. (2004 / 76min / DV). En castellano, subtítulos en inglés.
Venezuela Bolivariana: Pueblo y Lucha de la IV Guerra Mundial

 
www.calleymedia.org Via Redvoltaire

Par Verde - Publié dans : Historia de Venezuela
Mardi 18 décembre 2007 2 18 /12 /Déc /2007 21:41
Simón Bolívar fue asesinado
Luis Salazar Martínez / colombia.indymedia.org - www.aporrea.org
18/12/07 - http://www.aporrea.org/actualidad/a47646.html
"Para 1830, Simón Bolívar se había convertido en un personaje incómodo para muchos de sus compañeros de armas: deseaban sacar provecho de la revolución independentista e incorporarse al emergente desarrollo social del capitalismo, ...y el ejemplar desprendimiento de El Libertador los acusa de faltos de amor, de comerciantes mercenarios, en fin, de espíritus pequeñitos... por no decir en tinieblas.

En torno a la muerte de El Libertador han tejido una gran farsa. El Parricidio de Santa Marta devela la conspiración criminal del veneno y al instrumento servil de la política aritmética de los del Norte, que liquidó al Padre Político y Militar de Hispano América.

Desde 1977, Luis Salazar Martínez investiga el caso y aporta documentación fehaciente. El autor publicó una serie de artículos sobre el crimen de Santa Marta. En 1985 da con el asesino material encontrando en Fernando Bolívar el victimario y en Mariano Montilla, un cómplice material; como artífice del complot, el gobierno político de Estados Unidos, ante cuya expansión imperialista debemos estar alertas.

El socialismo utópico de Bolívar chocaba con los intereses del federalismo de orientación capitalista, contra la oligarquía criolla y hasta contra el clero absolutista.

El Bolívar aquí historiado, es en mucho desconocido en su concepción filosófico-naturalista del mundo que, como masón-espiritista, lleva una vida sin ambiciones materiales; asimismo de entrega por el mejoramiento de las instituciones sociales y del orden republicano, ajena a las pasiones de muchos de sus acompañantes.

"El Parricidio de Santa Marta" acelera la ruptura sociopolítica de la historia y la sociedad.

VIGENCIA del PENSAMIENTO POLÍTICO de SIMÓN BOLÍVAR
Soberanía bolivariana: Criterio Espiritista

Para el expansionismo imperialista de los del Norte, Bolívar se convirtió en un problema enorme. Los patriotas federalistas de orientación capitalista veían en El Libertador un serio obstáculo para poner en práctica la "filosofía" de Jeremy Benthan: enriquecimiento a través de la usura y del robo a los dineros y bienes públicos y hasta privados.

Bolívar solicitó repartir tierras comunales a los indígenas y hombres color, así como a los soldados del Ejército Libertador; abogó por el mejoramiento de las condiciones laborales y el pago debido según la jornada de trabajo; abrió escuelas y hospicios para la infancia; creó escuelas y universidades, dotando de reglamentos y recursos a las instituciones de educación superior; planteó la libertad de los esclavos y exigió la Igualdad de todos como ley universal para la Gran Colombia. Asumió la unión de los pueblos liberados como necesidad histórica en el desarrollo social de las nuevas repúblicas. Dio ejemplos de desprendimiento material intentando corregir las debilidades de sus compañeros de armas. ¿Qué no hizo Bolívar para mejorar las instituciones y preservar la paz pública?

Su pensamiento político no es de fácil concepción. Las ideas bolivarianas en cuanto a la organización del pueblo han estado vedadas debido a su contenido Socialista. El Socialismo Utópico de la época parece nebuloso para nuestros historiógrafos, pero el gobierno político de Estados Unidos concibe el asesinato del Padre Político y Militar de Hispanoamérica y lo pone en ejecución, precisamente por ser un hombre socialista y socialista su concepción de gobierno, administración pública y organización de los pueblos.

El socialismo utópico de El Libertador nos es desconocido porque la conspiración del veneno del siglo pasado se cuidó de no dejar cabos sueldos, pero un observador imparcial de los oscuros hechos de San Pedro Alejandrino puede descubrir el parricidio de Santa Marta, por la aspiración bolivariana de un gobierno continental socialista de gigantescas proyecciones, basado en la ayuda mutua cooperativista, teniendo al hombre como centro de todo el quehacer político-social. Está presente también las relaciones con la Gran Bretaña contendiente de EE.UU. en el dominio de los mercados y materia prima: los gringos dejaron testimonio de su supuesta neutralidad frente a la Guerra Patriótica hispana hasta tanto ellos estuvieran en condiciones de apoderarse de las repúblicas mestizas del Continente liberado.

La concepción del hombre bolivariano se enfrenta a la vieja concepción de ética cristiana donde Dios es autor de la regeneración: para Bolívar es la Razón Natural y por vías perfectamente naturales los medios de la redención de la humanidad.

La Soberanía no viene del "cielo" ni el Papa es la máxima expresión de poder. El Rey y la Monarquía no son el motor de la historia. Todos ellos usurpan el Poder Soberano del Pueblo. La Soberanía reside en el Pueblo y sólo el Pueblo es Soberano, la Justicia es su base y su término es la utilidad perfecta y, es usurpación quien pretenda gobernar sin consulta popular.

BOLIVARIANISMO vs IMPERIALISMO

Estados Unidos penetra en nuestro continente en una larga lista de crímenes, principiando por Sucre y El Libertador, engrosándola Sandino y Allende, y muchísima gente buena debemos acreditarle al Capitalismo Salvaje debido a las profundas heridas causadas a la causa de liberación popular de muchos y todos los pueblos a lo ancho y largo del planeta. Hoy día sigue asesinado a través del paquete neoliberal y el Fondo Monetario Internacional y siempre está presto al genocidio y de echo lleva el hambre y la miseria como moneda para los pobres.

Asumir a Bolívar es asumir una lucha permanente, investigar las ideas de El Libertador es reconstruir la historia y pretender la unión en todos los órdenes de la vida humana pero una Unión Socialista como instrumento transitorio hacia una vida superior. Es en fin, enfrentar la sociedad burguesa y edificar la Sociedad Bolivariana para el hombre bolivariano. Afrontar la lucha necesaria con todas sus consecuencias.

Tomado del libro de Luis Salazar Martínez
(196 páginas con láminas e ilustraciones)
el cual esta disponible a la venta.


Redefinir la Historia
Por: Luis Salazar Martínez
Una visión de Mariano Montilla en el entorno del Libertador

La historia conocida es una falsificación. El Bolívar revolucionario es más profundo, radical y definido en sus ideales, que lo publicitado por la burguesía. El Bolívar humano que afronta la organización del gobierno y la sociedad en términos socialista-cooperativista es totalmente ignorado hasta por los comprometidos con el proceso bolivariano de nuestra hora. Han resaltado aspectos de un hombre a lo sumo “demócrata-liberal” inclinado por la socialdemocracia, permisivo con la Iglesia, con expresiones simplistas sin sustancia filosófica-metodológica, inútil para los cambios socio-radicales. Mientras que la historiografía moderna enaltece a los enemigos acérrimos del centralismo bolivariano como Mariano Montilla (1782-1851), quien con Fernando Bolívar asesina al Libertador-Presidente; tenemos pues criminales por héroes.

La formación de Montilla es mantuana, de orientación federalista-capitalista, casado con los emergentes burgueses usureros del Norte. Veamos la opinión de historiadores y cronistas.

Daniel Valois Arce en su libro Edifique en el Viento – Biografía de Bolívar, Tomo I. “Tipografía Vargas, S.A.”. Caracas pág. 110, afirma que durante los primeros movimientos de la Revolución, “Juan Vicente (Bolívar) indicó serenamente a Simón, como el hombre predestinado para esa alta misión; los concurrentes entre quienes estaban Montilla, Rivas (...) La rechazaron. Era el primer brote del largo duelo entre el mantuanismo caraqueño y Bolívar”.

Ese duelo insurgió de nuevo en Sudamérica y da un golpe de Estado en Venezuela en abril de 2002.

Felipe Larrazábal, en su Bolívar, Tomo I, Ediciones de la Presidencia de la República, 1983, Caracas, pág. 313, nos declara que habían “...enemigos personales de Bolívar, como Mariano Montilla y otros”; así también Mariano Montilla formó parte activa de la comitiva encabezada por Bolívar para prender a Miranda en quien veía también un enemigo de sus intereses de clase.

Es importante aclarar que Bolívar se entera de la intención criminal de esa aristocracia autonomista criolla de juzgar y ejecutar sumariamente al Generalísimo Francisco de Miranda y piensa en la posibilidad de salvarlo sin comprometer su posición revolucionaria y poder continuar la lucha con el apoyo posible de los demás combatientes; entregando a Miranda al poder realista quizá lograría respeto por la vida del Precursor. La ejecución sumaria breve pretendida no residía en la supuesta “traición” al claudicar ante Monteverde y entregar la plaza de Valencia, sino porque el girondino constituía un insalvable obstáculo para los intereses federalistas de los adictos al capitalismo comercial de los gringos y es la persona más idónea para encabezar los destinos de la revolución independentista.

En 1822, Montilla le envía a Bolívar para atender la liberación del Sur, tan arriesgada como temeraria, el armamento urgido con desesperada necesidad: fusiles de un calibre diferente al de las municiones; patraña urgida por las diferencias ideológicas de una espurias clase social impotente para detener el carro invencible de la revolución

Dice Augusto Mijares en la pág. 308 de su libro El Libertador, Caracas, 1987, que era tal la inquina de Mariano Montilla contra Bolívar que “hizo cuanto pudo por hostilizarlo en los difíciles días de 1815 y 1816. Hasta parece que fue expresamente a la casa del Libertador a desafiarlo cuando éste preparaba la expedición de Los Cayos. Según Larrazábal la causa de tal actitud era la vanidad y la ambición de Montilla (...) y esta debilidad, que ya lo había convertido en enemigo irreconciliable de Miranda durante la primera República, vuelve a manifestarse en sus relaciones con Bolívar”.

Ramón Díaz Sánchez (Bolívar El Caraqueño, Tomo I, Colección Libros Revistas BOHEMIA, Nº 41, pág. 143), también hace referencia al punto destacando que Montilla, entre otros, es quien se opone, a principio de febrero de 1815 (enemistado desde los sucesos de Cartagena y sufriendo reveses el Ejército Patriota), a que Bolívar asuma la dirección general de la lucha armada, postulado por Brion para jefe supremo de la nueva ofensiva revolucionaria planteada, y enérgicamente acusa a El Libertador de ser el causante de los fracasos sufridos, lo tilda de incapaz y cosas por el estilo... “He venido a decirle todo esto para que se bata conmigo. No veo cuáles son sus méritos para mandar esta expedición. Por su incapacidad nos hallamos aquí derrotados. Vamos, saque sus pistolas o su sable...”.

En abril de 1830 es Montilla quien lo recibe en Cartagena en su viaje por el Magdalena y quien le consigue hospedaje en Santa Marta; en diciembre, intencionadamente le informaría del asesinato de Sucre asestándole un rudo golpe moral en pleno apogeo de una enfermedad mortal que, en todo caso, requería sosiego y tranquilidad.

Es Montilla, el 5 de diciembre de 1830, quién ubica la persona que atendería a Bolívar, de inmediato hace venir al doctor a su casa para asegurarse de la opinión de Réverénd: “...cuál es su concepto de la enfermedad del Libertador” fue el abordaje directo, a lo que el médico le responde que la enfermedad había llegado a su último grado terminal y sólo era cuestión de días el trágico desenlace. Podría verse aquí una preocupación por asegurarse que el galeno no opondría resistencia a los planes homicidas ya que no estaba calculado el surgimiento de Réverénd por “propia voluntad” a última hora, así podrían cuidarse las espaldas y desembarazar al doctor McNight y la posible sospecha de participación del gobierno político de los del Norte que había enviado una nave de guerra, el Grampus, para escoltar a Bolívar desde Sabanilla hasta Santa Marta, de lo que se desprende que estaban enterados de los pasos que daba El Libertador y se cuidaban por tener todo bajo su control y evitar escapase la presa.

Encontramos al mismo caballero siendo testigo junto a José Laurencio Silva (cuñado de Fernando Bolívar a raíz de solicitud realizada por el mismo Libertador para tal enlace) de la inspección del cadáver.

Es también Montilla, después de los funerales, quien le ofreció ¿sobornó? al doctor (de 32 años de edad) el cargo de Cirujano Mayor del Ejército de la Unión por sus “servicios” según lo afirma Réverénd en su Diario, (cita de Gabriel H. Pineda, pág. 17) que es rechazado pero insiste y le dice: “¿Aceptaría usted siendo ad honorem el despacho?”, honor aceptado por Réverénd, pero nuestro caballerito es sitiado en Cartagena y tiene que viajar a Jamaica después de haber capitulado y no se confirma el puesto.

Doce años después (en 1842) Montilla se excusa y no asiste a la exhumación para el reconocimiento de los restos, estando ausente asimismo durante la repatriación de los despojos. Quizá el peso sobre la conciencia se lo impide.

Mariano Montilla de un puñetazo al reloj de la habitación detuvo las manecillas a la una y siete minutos de la tarde. Aparentemente fue un arranque de profunda tristeza y desahogo por la muerte del gran amigo; sin embargo, tal expresión es poco lógica porque ya todos conocían sobradamente el inminente desenlace y, además, pudo golpear en cualquier otro lugar, pero quería dejar bien establecida la clave de fecha y hora determinadas de la supuesta muerte tuberculosa: 17, 1:07 (en el Boletín Nº 33 afirman la una en punto) y ese empeño de los conspiradores es porque un 17 de diciembre Bolívar decretó la Unión (socialista) de la República de Colombia. Un 17 de diciembre el Ministro estadounidense, Herbert Bowen recibe plenos poderes para arreglar el conflicto entre Venezuela vs. las grandes potencias europeas (el Reino Unido de la Gran Bretaña, el Reino de Italia y el Imperio Alemán) cuya flota aliada había bloqueado las costas venezolanas hundiendo embarcaciones y cañoneando puertos y fortalezas nuestras y hasta tratan de franquear la barra de Maracaibo en un intento expansionista a la guisa de lo realizado en el siglo XV cuando las naciones europeas se repartieron el mundo a su antojo para recrearlo a su imagen y semejanza. Intervención presurosa para conjurar una nueva revolución popular de alcances continentales que necesariamente, redimensionaría el bolivarianismo: Perú había llamado a todas las Repúblicas para la defensa de Venezuela, los bolivianos y salvadoreños se solidarizan también y en Guayaquil se producen manifestaciones públicas contra la intervención del imperialismo europeo.

Diecisiete heridas de bala presentó el cadáver de Salvador Allende, primer presidente socialista del Continente Sudamericano elegido por el pueblo en votación libre y universal y sacrificado por militaristas al servicio del imperialismo.

Diecisiete fueron los Oficiales de la invencible Legión Británica que rindieron la vida cumpliendo heroicamente con su deber en la Batalla Campal de Carabobo.

Es saludable sean expuestas otras opiniones, diferentes criterios y enfoques incluso opuestos. Lo que tenemos del pasado documental no es una estructura inalterable; lo que movió a aquella gesta heroica sólo está vedado para aquellas personas con criterios petrificados, de corazones gélidos; para quienes ven la Revolución Bolivariana el paso ineludible de nuestro proceso social hacia una superior sociedad continental es cuestión de comprometida conciencia personal y hacia el resto de los hombres. "



Fuente original:
http://colombia.indymedia.org/news/2007/11/75237.php
 
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Par Verde - Publié dans : Historia de Venezuela
Mardi 18 décembre 2007 2 18 /12 /Déc /2007 15:36

Esos no son los restos de Bolívar
José Sant Roz - www.aporrea.org
18/12/07 - http://www.aporrea.org/actualidad/a47629.html

El Bergantín Manuel, que traía al Libertador de Sabanilla, ha llegado a Santa Marta en la noche del miércoles 1º de diciembre de 1830. Está muy mal Bolívar, los amigos que le rodean descubren en sí mismos cierta vergüenza, un ahogo lacerante, un silencio sobrenatural. Bolívar está hecho un cadáver, lívido, descarnado, al borde del mundo invertido de la imperfección: “Encomiendo mi alma a Dios -dirá en su testamento-, nuestro Señor, que de nada la creó, y el cuerpo a la tierra de que fue formado...”

E1 viernes, 10 de diciembre, comienza cierta movilización para organizar los funerales. Había dicho Bolívar en su testamento que dejaba a “disposición de las albaceas mi funeral y entierro y el pago de las mandas que sean necesarias para obras pías, y estén prevenidas por el gobierno.”

Pero cuando se dirigen al gobierno para conseguir las tablas y los clavos para la urna, las autoridades se niegan a darlos. Se crea una comitiva para hacer una colecta para preparar el entierro, en la que se encontraban los señores José Manuel Valdés, José Jimeno y José Carreño. A pocas cuadras se toparon con el coronel Joaquín Mier, quien se les apareció como un milagro. Al contarle lo infructuoso de las gestiones Mier aconsejó visitaran la cárcel de Santa Marta. Allí podían encontrar ayuda.

Bolívar había pedido en su testamento que sus restos fueran llevados a la ciudad de Caracas. Aquello era difícil. Los amigos de Bolívar pensaban que con la muerte se podía conseguir alguna forma de reconciliación con Páez; tal vez se apiadara un poco del cuerpo ya inerme del infatigable luchador y permitiría que se cumplieran los deseos de aquel testamento. Ilusión vana. Páez no quería a aquel muerto ni en broma, ni en pintura.

Iba aquel grupo de amigos silenciosos, unidos por un hombre que habían conocido y admirado y cuyas glorias tenían un peso y una proyección simultánea y permanente en todos los colombianos. Sí, las tablas y los clavos dorados y las cabuyas eran necesarios para cerrar con una costumbre de siglos la simple trayectoria de un hombre. Inverosímiles y grotescos eran los movimientos que hacían nuestros amigos para organizar los funerales de Bolívar; pero así es la vida. Tal vez la prolongación de la vida de algún preso moribundo facilitaría un cajón. El alguacil, generoso, ofreció una ayuda; pero no suficiente para cubrir siquiera la tercera parte de los gastos. De la colecta se conoce una lista fechada e1 12 de diciembre que puede verse en e1 libro de Gabriel Pineda “Bolívar frente a la muerte”, que nos habla de pequeñas contribuciones, hechas en pesos sencillos que se componía de ocho reales. Una tal María Telésfora Romero, vendió al señor Diego Sojo media docena de tablas por siete pesos y que se utilizarían para e1 ataúd. E1 mismo Sojo compró a Narciso Góngora 525 clavos por 2,05 pesos, 600 tachuelas por 1,04 pesos, 50 de las doradas por 1,02, hilo de carreto, hilo negro, 4 cabuyas, etc.

Ya para el 14 de diciembre la urna estaba casi lista; restaba saber dónde se enterraría. Aquí se inicia otra serie de consultas, hasta que finalmente los Díaz Granados -que también habían contribuido para hacer la urna- ofrecen un sepulcro, propiedad de la familia, ubicado al pie del altar de San José, en la catedral de Santa Marta. Finalmente, el 17 de diciembre, a la una de la tarde, muere el Libertador.

El reducido grupo de amigos de Bolívar consiguió entre los vecinos una camisa limpia para sepultarlo decentemente. Aquella muerte, al mismo tiempo, iba a traer muchas alegrías secretas, otras viles, que no pudiendo contenerse iban a estallar en las grotescas revelaciones de un tipo americano pérfido, infernal, común denominador de los grupos partidistas. El 21 de enero llega a Maracaibo la noticia, y el gobernador Gómez, no pudiendo contener su contento, corre a dar la b u e n a nueva a su gobierno: Todos los informes y todas las noticias están acordes; me apresuro a participar al gobierno la nueva de este gran acontecimiento, que seguro ha de producir innumerables bienes a la causa de la libertad y felicidad del país: Bolívar , el genio del mal, la torcida de la discordia o, por mejor decir, e1 opresor de su patria, ha dejado de existir y de promover males, que sin cesar llovían sobre sus compatriotas... Su muerte que en otras circunstancias, hubiera sido un día de duelo para los colombianos y les hubiera impresionado dolorosamente, hoy es motivo poderoso de regocijo, porque viene a constituir la paz y la tranquilidad de todos... Me congratulo con Usía por tan plausible noticia. . .

En el sepulcro, propiedad de Díaz Granado, fue enterrado el Libertador, el día lunes 20 de diciembre. No se puso ninguna lápida en la tumba sino meses más tarde. Después el capitán Joaquín Anastasio Márquez donó una lápida que hizo tallar e inscribir en los Estados Unidos; pero para entonces, ¿se encontraban los restos en la bóveda de los Díaz Granado?

Misterios. ¿No era acaso el cuerpo muerto de Bolívar como el de cualquier otro muerto: polvo, cenizas, barro? Es posible, seguramente no hay ninguna diferencia; pero… ¿quién ordenó el traslado? Se dice que Manuel Bizais, aunque en esto hay también dudas. Pero la naturaleza, que nunca se equivoca, se adelanta a las hipocresías, y en 1834 un terremoto sacude a Santa Marta y destruye parte de la nave de la catedral. Al parecer se hacen nuevos cambios de cadáveres y sigue uña serie de insólitas confusiones y dudas.

Años más tarde, en 1842, el mismo Páez ordenó el traslado de los restos del Libertador a Caracas, y según todos creen ahora, se encuentran en el Panteón Nacional, de esta ciudad. Pero la naturaleza, alerta, hizo su trabajo: no permitió que aquellos venezolanos, aduladores de Morillo, infames soldados de Boves -más tarde soldados de Páez-, esclavos de Morales y Calzada, serviles alcahuetes de Mariño, Santander, Obando y demás "liberales", fueran a su tumba hipócritamente a hacer honores decorativos en presencia de sus restos. Por más de cien años estuvieron orando, discurseando, sobre el polvo de algún bellaco granadino o realista, muy propio y adecuado para intrigantes partidistas. Ironías y bromas del destino. En fin, hay una burla, un adulterio moral, una desgraciada confusión, una historia culpable y vergonzosa.

Antes de terminar quisiera decir algo sobre el doble fondo patético y trágico de la huida y de la muerte de Bolívar y Tolstoi. Al final recibieron las extrañas exequias que hablarían de un estado de contrariedad y de ironía eterna que está detrás de todas las vidas geniales: Tolstoi, que fue casi siempre un hombre encerrado en su cuarto de trabajo, reescribiendo hasta catorce veces una misma novela, un humanista, moralista y religioso alejado de los tumultos, murió rodeado de una mayoría de fantoches y fanáticos religiosos; gente frívola, imitadora de toda moda, carente de personalidad, sin decisiones propias; delegaciones oficiales, turistas, cameramen; en general, gente disipada, desorbitada y tonta. Por el contrario, Bolívar, hombre público por más de veinte años, pero tan solitario como Tolstoi en los asuntos de profunda trascendencia moral y espiritual, murió rodeado de unos pocos amigos; abandonado de los miles de soldados que dirigió, de los políticos que formó; rodeado sólo de desierto y abandono; aislado de los pueblos lejanos que le alabaran y vitorearon, y de las mujeres que le amaron. San Pedro Alejandrino, e1 17 de diciembre de 1830, fue un lugar silencioso, triste y oscuro como el fin que nos espera a todos... ¡Vaguedades del eterno adiós!

jrodri@ula.ve

 

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Par Verde - Publié dans : Historia de Venezuela
Dimanche 14 octobre 2007 7 14 /10 /Oct /2007 00:42

La presentadora de “TVE 24 Horas” hace una reseña sobre el largometraje venezolano “Miranda” –hoy- y dice, entre otras perlas, que la “Villa del Cine” es el Hollywood venezolano; con lo cual, estoy autorizado a decir que Hollywood es la “Villa del Cine” de los Estados Unidos.

 

Pero la mala leche de la presentadora no se queda ahí, sino que prosigue señalando que Miranda es uno de los íconos de Hugo Chávez. Espero que entre los íconos de ella no esté Francisco Franco.

 

Y, sigue la señora o señorita –da igual-: “Miranda, de origen español-canario fue uno de los personajes de la Emancipación Americana”. Cierto, pero con piquete al revés.

 

Es decir, Miranda fue el Precursor de la Independencia de Venezuela. ¿Oyó bien doña presentadora? De-Ve-ne-zue-la. Naturalmente, todos, absolutamente todos los libertadores pensaron en América como un todo, y la idea de Miranda era la “Colombeia”, nombre con el cual designaba a toda la América bajo el dominio de la monarquía es-pa-ño-la, nada que ver con la lusitana. ¿Y eso por qué? Bueno, chico, porque Portugal siempre fue protectorado británico y Miranda no veía mal a Inglaterra.

 

Sigamos: Miranda nació en Caracas; el que era canario era su padre, Sebastián, que, dicho sea de paso, a don Sebastián los peninsulares de Santiago de León de Caracas lo veían con ojeriza porque aparte de comerciante –oficio del cual se denostaba por la época- era eso, canario.

 

Veremos si la presentadora es capaz en algún momento, al referirse a Bolívar, de decir algo como “español-vasco”, ahí sí que no transmiten su crónica. Y, en efecto, si Miranda fue “español-canario”, siguiendo la misma línea de comparaciones, Bolívar fue “español-vasco”. Pero ya se sabe, mentar a los vascos hoy es tanto como mentar la soga en la casa del ahorcado. Qué me temo que el ahorcado será un Borbón.

 

Hasta en las reseñas de la televisión les brota por los poros el racismo y el colonialismo, que, jamás han relegado en lo que respecta ni a América, ni a Canarias ni a los vascos, y, también, a Cataluña.

 

No se trata de una “irascibilidad nacionalista” ni mucho menos. Se trata de que el lenguaje refleja, retrata, cómo ves las cosas. El lenguaje es el espejo de la conciencia. Y esta gente sigue teniendo una conciencia que en 515 años no ha cambiado mayor cosa. ¿Ícono de Chávez, Miranda? Pero si se trata de un personaje histórico venezolano como puede ser para los españoles Pi i Margall; que, claro, Pi i Margall, apuesto fuertes contra lochas, no es ícono de Juan Carlos I ni de Rajoy ni de esa fauna franquista del postfranquismo que todavía piensa que España será, más temprano que tarde, como la España de los Reyes Católicos, Benedicto XVI por delante.

 

Me llamó la atención, por otra parte, que en su artículo de ayer en “Quinto Día”, el viejo Domingo nos advierta, a los que necesitaran de esa advertencia, que “no es lo mismo ser antiyanqui que ser antimperialista”. No sé cómo –ni me interesa saberlo- diferencia Domingo ambos términos; pero por tratar de diferenciarlos termina uno aceptando el imperialismo. ¿Es que acaso el yanqui que toma un avión a cualquier sitio del planeta con la misma facilidad con la cual tomo yo el autobús Los Teques-Caracas puede ser diferenciado del imperialismo yanqui? No creo. El yanqui puede hacer eso porque es un ciudadano de un imperio. Yo, para viajar a Seúl, debo trabajar de diez a quince años, por la medida chiquita. Entonces, no somos iguales.

 

Lo mismo sucede con cualquier ciudadano europeo. Y, en Europa, donde único hay petróleo es en Rusia y en el Mar del Norte. ¿Y entonces con qué se justifica que, carente de energía, Europa pueda ser lo que es? ¿Del “trabajo” de su gente? Vamos, señores, si vamos a hablar de Supermán les puedo echar el cuento de cuando conocí a Clark Kent en Nueva York, a pata de mingo del rascacielos sede del diario “Planet”.

 

Y así como yanquis, anglosajones en general, y europeos, se recorren el mundo, un africano para llegar a Europa debe ir en patera y, encima, en manada, que si el océano se traga su dosis diaria de carne negra, pues al menos alguno llega a Tierra Firme.

 

Y esta es la clave de todo: nos miran como nos miran porque nos ven desde el Norte. Nosotros tenemos que dejar de mirar hacia arriba, pedigüeños, suplicando ciencia y civilización.

 

Por eso es que no quieren a Hugo Chávez, ni en Madrid ni en Washington ni en otros sitios. Porque les movió el piso: está exigiendo otras reglas para el juego. Y, los del Norte no quieren sino las suyas. Y seguirán arguyendo que “el tirano Chávez” no es otra cosa que el “payaso de los monos”. Es decir, “monos” nosotros; porque, ellos, claro, son el producto del “diseño inteligente” de Dios, paridos por la Virgen María que no era virgen sino de oficio tiradora, que, de paso, tuvo siete hijos más; y, por el Espíritu Santo, faltaba más.

 

¡Patria, socialismo o muerte!

¡Venceremos!

F.C.-

 

 

 

 

 

 

 

 

Par Verde - Publié dans : Historia de Venezuela
Jeudi 13 septembre 2007 4 13 /09 /Sep /2007 16:09
Francisco de Miranda: “Me cago en el Tío Sam y en la Reina de Inglaterra”
José Sant Roz - www.aporrea.org miranda-francisco-imagen.gif
13/09/07 - http://www.aporrea.org/actualidad/a41135.html
En la desesperación, por salir de la tiranía de España, Miranda se dedicó a buscar ayuda en otros imperios. Estados Unidos para realizar su independencia contó con la ayuda de Francia y de España. Cuando nos tocó luchar por la nuestra, desde un principio imaginaron las potencias europeas y del Norte, que nosotros, por nuestra condición social, por nuestras tradiciones y cultura, por nuestro sentido de la vida y de la muerte, libres podríamos convertirnos en serios enemigos del avasallante comercio y poder europeo y norteamericano. Entonces se nos negó todo tipo de ayuda.

El carácter y la condición humana del latinoamericano son de lo más opuesto al sajón del Norte. En la larga historia de nuestra tragedia desde que surgimos de la oscuridad que nos imponía España, Estados Unidos se auto-designó el papel de protector de nuestro destino, y lo que hizo fue aprovecharse de pueblos inválidos, indefensos, mutilados, y trastornados por toda clase de desgracias o confusiones políticas o morales: papel bajo y denigrante el de utilizar a conciencia a pueblos que jamás han podido ser ellos mismos, con fines de provocar una corrupción generalizada en el continente latinoamericano.

Al principio se buscó ayuda en el Norte, aunque la gran esperanza se concentraba en Inglaterra, donde Miranda desde hacía casi treinta años realizaba una ardua labor revolucionaria. Estas esperanzas se desvanecieron cuando Inglaterra, dirigida, como siempre, por intereses meramente mercantilistas, decidió dar apoyo a España en su lucha contra Napoleón. ¿Qué hacía con respecto a la independencia suramericana el poderoso del Norte, nuestro vecino? La rica, fresca, impasible, extensa y vigorosa América del Norte contaba 35 años de haberse declarado independiente cuando nosotros firmábamos la declaración, por allá en el año de 1811. Así, pues, que no debía ser por falta de madurez y poder por lo que Estados Unidos se mostraba reacio a dar una contundente ayuda a nuestra lucha. A diferencia de los gobernadores del Norte, Simón Bolívar libertó el extenso territorio de la Nueva Granada, hoy Colombia; independizó también Ecuador, Perú, y fundó la República de Bolivia. No sólo eso, sino que Bolívar inmediatamente proponía liberar Cuba y Puerto Rico. Es de advertir que la libertad de Cuba se vio estropeada durante dos generaciones, porque Estados Unidos, en connivencia con Inglaterra, hizo saber a nuestros patriotas que no estaban de acuerdo con la inmediata independencia de aquella isla. Es decir, que si Estados Unidos permitía que nos debatiéramos en la más horrorosa escasez de recursos era sencillamente porque poco le interesaba el que fuéramos esclavos o independientes. Fue así como durante más de diez años mantuvo una inexcusable imparcialidad a pesar de los innumerables pedidos de ayuda de nuestros pueblos. A veces su imparcialidad se traducía en burla, en desprecio e incluso en una sórdida alianza con los enemigos de la revolución. Los patriotas, fatigados de recibir negativas y excusas de neutralidad con el invasor español, decidieron cancelar sus ansiosos pedidos a Estados Unidos. Mientras así nos trataba Estados Unidos, Haití, uno de los países más pobres del mundo, trastornado por toda clase de calamidades sociales, tuvo la infinita nobleza y generosidad de ofrecernos hombres, armas y dinero.

Norteamérica promulgó leyes para impedir toda clase de auxilios a los patriotas. Una de ellas decretaba diez años de presidio y diez mil pesos de multa a todo ciudadano que quisiera proteger la causa de los independientes suramericanos. Estas leyes estuvieron vigentes para el año 1819, ocho años después de haberse firmado nuestra declaración de independencia.

Miranda se entrevistó por primera vez con el Primer Ministro William Pitt en febrero de 1890, para un proyecto que debía sentar una base sólida para el futuro de la Gran Bretaña, y abrirle “una fuente inagotable de comercio”. Le pedía que ayudara a los hispanoamericanos sometidos por un gobierno de terror por medio de una fuerza naval y militar auxiliar, para emprender una revolución, mientras las colonias trataban de formar un gobierno independiente. Todo esto era imprescindible tal cual como Francia y España lo habían hecho para ayudar a Estados Unidos.

El gran misterio en todo esto era si realmente Estados Unidos estaba dispuesto a cooperar la emancipación de estas colonias. Las operaciones por parte de Inglaterra, y en esto era claro Miranda, no incluían en modo alguno ni conquista ni monopolios comerciales. Un plan destinado a acabar con la exclusión de los criollos en las funciones públicas, eliminar la perniciosa censura de la Inquisición que impedía una verdadera instrucción.

A la par de estas esperanzas, Miranda no perdía de vista el apoyo que le podría brindar Norteamérica, y seguía carteándose en este sentido con Washington, Knox y Hamilton. No obstante llegó un día a escribir en su diario que percibía que sus amigos estadounidenses ya no parecían arder con entusiasmo por la emancipación de su tierra, y que a lo mejor eran ilusorias sus aspiraciones. Pero a él no le correspondía dejar un solo instante en luchar y en persistir en sus ideas y proyectos. Carta tras carta, no quería que ninguno de sus amigos le dejara de recordar en sus esfuerzos por buscar la libertad de su tierra. Para que se vea que Inglaterra abrigaba más que propósitos generosos con nosotros, ideas que podían ser tan esclavistas como la de los propios españoles, el 18 de septiembre de 1791, llegó a escribir al Primer Ministro Pitt: “… nunca debería Vd. olvidar que todas las ideas involucradas en esos planes le fueron comunicadas expresamente con el fin de promover la libertad y felicidad del pueblo hispanoamericano y el bienestar y honor de Inglaterra como objetos enteramente compatibles uno con otro. Empero, si se sintiera Vd. inclinado a emplear esos proyectos de cualquier otro modo, puede estar convencido de que mis compatriotas no carecen de medidas de hacer fracasar sus siniestros propósitos… el dinero nunca ha sido el objeto de mis desvelos y podría Vd. estar convencido de ello, pues he rechazado los empleos y las dignidades que la más grande y magnánima Soberana del mundo tuvo la bondad de ofrecerme en servicio, la ejecución de un objeto que supera todo interés personal.”

Para febrero de 1798, la política del cálculo mercantil anglosajón entraba en juego porque los norteamericanos veían que los franceses podían adelantárseles en la Indias españolas y tomarlas para su provecho. Entonces sí se animaron un poco, pero advirtieron que esa empresa libertadora deberían ser ellos, los estadounidenses quienes la patrocinaran.

El Presidente de los EE UU, John Adams para septiembre de 1798, volvió a recibir las peticiones de Miranda por tercera vez, y las dejó de lado. Entonces, viéndose Miranda imposibilitado de conseguir nada ni de ingleses ni de norteamericanos, pensó lanzarse en un albur por sus propios medios, e inició un horrible y largo peregrinaje para que Inglaterra le concediese un pasaporte y así trasladarse a la isla de Trinidad. Inglaterra no quería aflojar esta carta que le servía al mismo tiempo mantener amenazados a España y a Francia. Pitt reiteradamente le estuvo negando el pasaporte a Miranda hasta ver si en los avatares de los espantosos vaivenes en que se debatía Europa, en algún momento lo podía usar en sus juegos diplomáticos.

El Indigente Solicitante, en su augusto peregrinaje, el 6 de diciembre de 1805, llegó a Washington para entrevistarse con el Presidente Tomás Jefferson a quien encontró conferenciando con miembros de su gabinete. Refiere Miranda que cuando él le mencionó a las naciones europeas Jefferson exclamó: “Las alimentaremos a todas mientras estén peleando”. “Si nos pagan”- añadió uno de los ministros presentes- y Jefferson dijo: “naturalmente”.”

El secretario de Estado James Madison le expresa que su gobierno no ve un modo de prestarle ayuda en ese momento sin faltar a la buena fe. Entonces Miranda desesperado le dice que los hispanoamericanos sólo desean una ayuda indirecta, semejante a la que Francia le prestó a los Estados Unidos en la Revolución norteamericana antes de firmarse el Tratado de Alianza. Que Estados Unidos muy bien podría dar su consentimiento y mirar favorablemente su empresa. Madison reacio replica (se ve que están seguros, felices, llenos de fuerza y de desdén por todo lo que no tenga que ver con los fines de desarrollo de su país) que ellos no ven la necesidad de que su gobierno tenga que mirar su proyecto con cólera o con sonrisas, pues los ciudadanos de Estados Unidos pueden hacer cualquier cosa que las leyes no prohibieran expresamente, especialmente en un “asunto honorable y útil”.

No hay ninguna duda de que el secretario Madison trató a Miranda con ironía, con desdén y hasta con desprecio. Cuando a los norteamericanos las leyes les sirven para no acudir a la ayuda del débil y sí para evadir luchar por una causa en la que ellos no dominan totalmente, la aplican con todo el rigor posible. La conjura contra los planes de Miranda fue total: el Departamento de Estado comunicó a España detalles sobre la expedición que estaba organizando Miranda.

El propio Madison le aclara a Miranda que como la amistad de España con Estados Unidos se encuentra en muy buen estado nada puede hacerse que pueda en forma alguna ser incompatible con el sincero y honorable respeto de las reglas impuestas por su respectiva posición. Con la frescura del que lo tiene todo y ninguna relación le hace falta para mantenerse fuerte en el mundo, agrega que si los Estados Unidos tomasen medidas hostiles contra España ello no podría hacerse bajo capa y en forma ilícita sino de un modo acorde con las leyes de la guerra y propio de nuestro carácter nacional. Le recuerda igualmente al venezolano algo que no puede sino entenderse como una velada amenaza a su estadía en el Norte: “que corresponde a los Estados Unidos castigar cualquier manejo dentro de su jurisdicción que de acuerdo con el derecho de las naciones implicara hostilidad contra España, y que un estatuto del Congreso había formulado expresas providencias para tal caso.”

Con 200 hombres pobremente armados llegó Miranda a su amada tierra natal. Ya los españoles estaban preparados para recibirle. Primero intentó Miranda, el 27 de abril, entrar por Puerto Cabello, pero dos buques enemigos se lo impidieron. Allí perdieron dos goletas con unos sesenta hombres. La demencia incontenible de los españoles contra Miranda no se ha conocido en los anales de los pueblos. Toda clase de insultos y de maldiciones; casi no se le podía mencionar sin proferir la palabra “maldito”. Era tal la virulencia de los ataques que se llegó a decir que en los bajos insultos y el sanguinario triunfo de los españoles pudo leerse la verdadera apología del Precursor.

El 28 de mayo el Leander fue perseguido por un buque artillado, su tripulación ya descontenta y confundida y casi en estado de motín. En tal estado Miranda recibió dos fuertes impresiones, primero la muerte del ex Primer Ministro Pitt y la segunda el encuentro con el almirante inglés Cochrane, quien habría de ser famoso en las guerras navales del Pacífico en la independencia de Chile.

Vagando por las islas del Caribe y meditando cómo desembarcar en su patria, Miranda llegó a primeros de junio de 1806 a Barbados. El 20, zarpó vía Trinidad. Entre tanto llegaban informaciones confusas a Londres en las que se decía que Miranda había estaba cumpliendo con éxito su misión. Entonces ciertas poderosas firmas comerciales como la casa Turnbull de Londres, desesperadamente se adelantó a hacer ofertas al Precursor para que les diera preferencia y beneficiara de primero a su casa. Turnbull movió rápidamente todos sus contactos y el 7 de junio de 1806, escribió a Miranda pidiéndole que le indicara algunos puertos de las provincias de las Indias españolas a las cuales se pudiesen dirigir con seguridad sus buques cargados de productos manufacturados. Sobre la marcha Turnbull con grandes empresas de propaganda se dio a la tarea de redactar circulares que debían ir a los más importantes centros urbanos de Suramérica. Estos volantes anunciaban los gloriosos acontecimientos de la libertad en el Nuevo Mundo al tiempo que dicha casa ofrecía sus servicios comerciales a precios muy bajos. Le escribía Turnbull a Miranda: “Pero vm. puede contar fixamente que todos los productos de esa provincia que solían antes venir a Inglaterra recargados de expensas de toda clase, por vía de España, tendrán una ventajosa salida en esa, viniendo en derechura; y lo mismo sucederá con los renglones de estas fábricas, que solían antiguamente remitirse a esas Américas, por vía de España…”

Finalmente, el 1º de agosto de 1806, Miranda entró en la bahía de Coro, y debido a lo tempestuoso del mar pudo desembarcar el día 3. Avanzaron luego hasta el pueblo de la Vela de Coro y allí izaron nuestra bandera. La gente en lugar de recibirle con alegría, desbordada y amor por su patria, con aquella euforia que él tantas veces soñara en sus peregrinajes en Londres. En lugar de esas gloriosas manifestaciones, digo, se encontró con la horrible realidad de la desolación, del silencio, del mayor desconocimiento que pueda caber de su causa y de sus largos dolores y delirios en pro de la emancipación de estos pueblos. Allí sólo los jefes máximos españoles, armados hasta los dientes que anunciaban que un demonio había llegado a Venezuela, sabían de Miranda. La gente de la Vela de Coro huyó y Miranda encontró todo aquel pueblo desierto.

El 13 de agosto evacuaron la Vela de Coro con intenciones de hacer otro ataque, mejor preparados. Se dirigieron a Araba, luego pasaron a Trinidad y el 21 de octubre el Leander llegó a Granada, todo para enterarse el Precursor que había sido demandado por un empresario, que sus deudas eran tan grandes que se encontraba su proyecto en total bancarrota y que estaba siendo perseguido con pedidos enormes por los gastos en que había incurrido. Jefferson, Hamilton, Madison, Monroe vieron aquel fracaso como algo totalmente natural y seguramente con muy buenos ojos. La historia por venir así lo demostrará. El norteamericano Stephen Sayre, gran amigo del Precursor, expresaba que los elevados proyectos de Miranda no eran bien visto por los altos ejecutivos estadounidenses siendo que Inglaterra le había estado ayudando; que si Miranda tenía éxito el pueblo hispanoamericano se convertiría en enemigo de Estados Unidos porque se instalarían allí reinos con príncipes tallados por Gran Bretaña.

Cuando Miranda volvió a Nueva York, derrotado y frustrado, mucha gente dijo que aquella, su locura, había sido una empresa inglesa, no norteamericana, qué malparidos.

jrodri@ula.ve
 
 
Par Verde - Publié dans : Historia de Venezuela
Lundi 3 septembre 2007 1 03 /09 /Sep /2007 22:37

langer-racismo2.jpg [El Racismo es un tema espinoso desde todos los ángulos en la sociedad venezolana y, en general, en la sociedad latinoamericana. Racismo de un lado y racismo de otro lado. Racismo de los Blancos hacia los Negros e Indios y, en general, Mestizos. Y racismo de las víctimas del Racismo contra los racistas Blancos. El tema es peliagudo. Nadie habla de él. Y no podemos asegurar que está superado. Aquí presentamos un extracto de un interesante estudio sobre el tema.]

 

Hacia una apertura del debate sobre el racismo en Venezuela: exclusión e inclusión estereotipada de la persona “negra” en los medios de comunicación·

 

Por Jun Ishibashi

Universidad de Tokio

tropico@attglobal.net

 

          El presente estudio discute el carácter racista de los medios de comunicación, específicamente de las industrias de publicidad, telenovela, modelaje y áreas relacionadas en Venezuela, enfocándose en la práctica de exclusión e inclusión estereotipada de las representaciones “negras”.

 

          La discriminación contra las minorías raciales, étnicas, políticas, religiosas, de género, de orientación sexual y de capacidad física en los medios de comunicación, especialmente en lo relacionado a programas de televisión y de publicidad, ha sido ampliamente discutida en los Estados Unidos y en el Reino Unido en las últimas tres décadas. La emergente conciencia de los derechos de las minorías en los años sesenta y los activismos contra la discriminación a las minorías impulsó los estudios y las expresión de opiniones públicas para atacar el racismo, sexismo, clasismo y heterosexismo en los medios de comunicación.

 

          Hoy en día es común entender que la representación en los medios de comunicación masivos refleja una relación asimétrica de poder entre el sector dominante de la sociedad y la minoría social oprimida. Según Gross (1991), en relación con el caso estadounidense, las personas clave en estas industrias, desde propietarios de las empresas anunciantes hasta individuos en posición decisiva de operación cotidiana en los medios (los llamados gatekeepers),  poseen mayoritariamente las características de ser blancos, ser del género masculino, de clase media o alta, y de ser heterosexuales. No sólo es el estereotipo en los medios el que reproduce el prejuicio, sino que también la ausencia o poca presencia de grupos minoritarios es considerada como el centro mismo del problema, debido al poderoso efecto simbólico de amarrar a aquellos de minorías en el estrato más bajo de la jerarquía económica, política, social y de cultura dentro del estado nacional.

 

          En Venezuela, tanto el activismo contra el racismo en los medios como el estudio sobre él han sido temas poco usuales. De las publicaciones académicas, podemos nombrar sólo el análisis pionero del historiador estadounidense Winthrop Wright sobre humorismo gráfico en revistas hasta principios del siglo XX (Wright, 1990), así como el amplio mapeo del racismo contemporáneo presentado por el sociólogo francés Alain Charier (2000: capítulo II). Este último analizó la exclusión de la representación “negra” en la educación histórica en las escuelas básicas, el ámbito político parlamentario, las producciones de publicidad y telenovela, y el certamen de belleza “Miss Venezuela”.  Discutiendo la actitud de una gran mayoría de venezolanos de negar la existencia misma del racismo, Charier lo resume metafóricamente como el resultado de una “trampa ideológica” del discurso del mestizaje. La invisibilidad de la representación negra y el mito de la “democracia racial”, interiorizadas también por las propias personas “negras”, es la causa, según Charier, de la ausencia del activismo, investigación y consciencia sobre/contra el racismo en Venezuela.

 

          Mi interés personal sobre el racismo anti-negro en Venezuela nació, por coincidencia, a través de mi experiencia profesional en producción publicitaria durante la década de los 1980s, cuando ejercía un cargo de marketing en Caracas para una empresa japonesa de artefactos electrónicos.  En el proceso de desarrollo de una campaña para el lanzamiento del producto llamado “pantalla negra,” la agencia de publicidad propuso un comercial televisivo cuya idea central giraba alrededor de una serie de objetos “bellos, dinámicos y vanguardistas de color negro”. Como elemento protagonizante de esas imágenes, se proponía a una mujer “negra” del estilo de Whitney Houston, icono de belleza afro-norteamericana de aquel entonces.  Esta idea, que a mi juicio era estéticamente extraordinaria, además de poseer el argumento eficaz de marketing, fue objetada por el presidente (un japonés expatriado) de la sede venezolana de la empresa, quien insistió que el target del mercado (clase alta y media alta) rechazaría la presencia de una modelo “negra",  ya que “en Venezuela existe racismo”. Curiosamente, esta posición fue aceptada por mis colegas venezolanos sin generar discusión alguna contra tal precepto de racismo en Venezuela. Esta fue una de las tantas experiencias que presencié del “sutil” racismo en Venezuela en el campo del marketing y la publicidad.

         

Durante mi investigación doctoral a finales de la década de los 1990s, realicé un estudio de caso sobre un movimiento comunitario afrovenezolano. En él observé una penetración de la identidad mestiza aun en una comunidad donde la reivindicación de cultura afroamericana impulsó a construir la autoestima de los miembros del lugar. Allí, los actores declaran su identidad “afrovenezolana” cuando se trata de su “folklore”, y evitan asimismo referirse con el prefijo “afro” cuando construyen el discurso sobre la legitimidad de su ciudadanía (Ishibashi, 2000a; 2000b). La experiencia de observar esta contradicción de identidad entre lo cultural y lo social me hizo reflexionar sobre la complejidad de prácticas culturales en torno a lo étnico y a lo racial en una sociedad donde la ideología de mestizaje está interiorizada profundamente por el pueblo de descendencia africana. Por eso quedé convencido de la necesidad de ofrecer un estudio etnográfico sobre las prácticas racistas en Venezuela, para describir cómo funciona la práctica de exclusión de los “negros” en un país donde el discurso cotidiano niega la existencia de racismo. Asimismo consideré importante discernir la lógica a través de la cual se justifica esa exclusión y de observar cómo es aceptado el mensaje mediático de exclusión racial por parte del pueblo.

 

Comentarios Finales

 

El desarrollo de estudios de Antropología física, social y cultural durante la segunda mitad del siglo XX ha revelado que la idea de “raza” no posee ninguna base sostenible como concepto científico para clasificar a los seres humanos. La “raza” es una construcción social, es decir, una estructura de categorías jerarquizadas que segregan a la población humana (Sanjek, 1996). Lo que produjo el racismo que conocemos no fue el prejuicio etnocéntrico existente desde la remota antigüedad, sino la relación colonial moderna entre dominantes y dominados, bajo un sistema de apropiación económica (Rex, 1970; Sanjek, 1996). Por eso, a pesar de los esfuerzos de las declaraciones de especialistas académicos, el concepto de raza y las prácticas racistas persisten, dondequiera que existan relaciones de poder coloniales y/o asimétricas. Esto ha sido sumamente significativo en la formación de discurso en el cual “Occidente” representa lo “superior y civilizado” y el “resto”, lo “inferior y lo salvaje” (Hall, 1992). Este dualismo estereotipado ha sido interiorizado en las sociedades americanas para marginar a los afrodescendientes y a los indígenas dentro de cada Estado nacional. En esta relación de poder, como dice Stuart Hall, los medios de comunicación juegan un papel central, porque “ellos forman la parte central de los medios dominantes de producción ideológica” (1981: 35). Hall explica:

 

Lo que ellos [los medios de comunicación] “producen” es, precisamente, representaciones del mundo social, de las imágenes, descripciones, explicaciones y marcos de referencia para comprender cómo es el mundo, y por qué funciona tal como se dice y se demuestra que funciona. Y, entre otro tipo de funciones ideológicas, los medios de comunicación construyen una definición de lo que es la raza, cuál es el significado de lo imaginario que la raza posee, y lo que se entiende por el “problema de la raza”. Ellos nos ayudan a clasificar el mundo en términos de categorías de raza.  (Hall, 1981: 35) [Traducido por Ishibashi. Las itálicas y las comillas son del autor H.S.]

 

Por eso, la marginación e invisibilización de los/as “negros/as” en los medios de comunicación es un problema de suma importancia, que debe ser debatido públicamente. Como lo expresó uno de los participantes de las mesas de trabajo de este proyecto, la ausencia de “negros/as” en los medios “muestra la discriminación racial y la exclusión solapada que existe” en esta sociedad venezolana.

 

En los Estados Unidos, cuna del saber del marketing moderno, hasta la década de los sesenta predominaba la publicidad con imágenes estereotipadas de minorías raciales. Sin embargo, esta tendencia experimentó un “cambio drástico” después de los movimientos a favor de los derechos civiles (Takezawa, 1999; Cortese, 1999). En este proceso, el activismo de organizaciones a nivel nacional en defensa de los derechos de las minorías, como la Asociación Nacional de Avance del Pueblo de Color  (National Association for the Advancement of Colored People: NAACP) y el reclamo contra los medios por sus prácticas racialmente prejuiciadas, formaron parte vital del movimiento de reivindicación social de las minorías.

 

La proliferación de imágenes estereotipadas y la “anulación simbólica” de la representación “negra” en Venezuela, en comparación con el caso de los Estados Unidos, es el reflejo de la ausencia, hasta hace poco, del activismo contra el racismo. Sin embargo, esto está cambiando. Vale la pena mencionar los emergentes movimientos en este campo. El primer ejemplo es la Unión de Mujeres Negras de Venezuela. Esta organización nació como producto de la participación de algunas feministas venezolanas en congresos internacionales de la Coordinación de Organizaciones No-gubernamentales de Mujeres durante la década de los ochenta.  Unión de Mujeres Negras ha desarrollado numerosos programas comunitarios de concientización sobre el racismo y para el mejoramiento de la autoestima de mujeres “negras”, así como de educación en etno-historia afrovenezolana, con el auspicio del gobierno nacional. Posteriormente, en la década de los noventa la organización recibió financiamiento para realizar una investigación que coordinaba el Banco Interamericano del Desarrollo sobre comunidades de ascendencia africana en América Latina. Reina Arratia, presidenta de la Unión de Mujeres Negras, ha sido una de las primeras figuras que ha aparecido en los medios (tal como en programas de televisión de alto rating) para denunciar la discriminación anti-negros en Venezuela, e inclusive los contenidos racistas en los medios de comunicación. La Unión de Mujeres Negras también ha sido primera organización en declarar la necesidad de acciones afirmativas en la política pública del Estado nacional (Charier, 2000).

 

El segundo es la Fundación Afroamérica, fundada en 1993 y presidida por el ya mencionado Jesús “Chucho” García. Después de varios intentos político social prematuros en la década de los setenta y ochenta con miras a la auto-determinación de la etnicidad afrovenezolana, a mediados de los noventa, García logra insertar su presencia como representante étnico afrovenezolano en los espacios globales para el desarrollo social-cultural-económico de las comunidades afroamericanas, tales como la UNESCO, la OEA, el Banco Mundial, el Banco Interamericano de Desarrollo, entre otros. García ha sido uno de los pocos intelectuales venezolanos que ha venido publicando regularmente textos sobre el racismo anti-negro en varios periódicos nacionales, así como en la propia revista de la Fundación. García también ha sido pionero en promover la idea de desarrollo sustentable en regiones del país con población afrodescendiente a través de actividades de micro-empresas y cooperativismo, resistiendo así la “folklorización”  del pueblo afrovenezolano.

 

Las actividades pioneras de estas dos organizaciones, junto con otras iniciativas en comunidades de eminente presencia afrovenezolana han dado lugar en 1999 a la creación de la Red de Organizaciones Afrovenezolanas, una confederación de ONGs afrovenezolanas, la primera en su especie en Venezuela. En el año 2001 la ROA participó en la III Conferencia Mundial contra el Racismo, la Discriminación Racial, la Xenofobia y las Formas Conexas de Intolerancia, organizada por la ONU en Durban, Sudáfrica (fue la única ONG venezolana en este evento.) Por el reclamo contundente sostenido por documentos convincentes preparados por la ROA para este congreso, el gobierno venezolano, por primera vez en la historia del país, admitió la existencia del racismo como problema social en Venezuela (García y Camacho, 2002; Mijares, 2003).

 

Lo que me parece muy importante al revisar el desarrollo de la Unión de Mujeres Negra, la Fundación Afroamérica y la ROA es que las ideas y argumentos novedosos para tratar el problema afrovenezolano, tal como son la denuncia contra el racismo, el reclamo de las acciones afirmativas o las propuestas de desarrollo sustentable de la economía local, son productos de las interacciones con activistas afro-latinoamericanas de otros países a través de eventos y espacios coordinados por agentes globales como el BID, el Banco Mundial, la UNESCO y algunas ONGs de alcance global. Así como lo señala Daniel Mato:

 

En los actuales tiempos de globalización, la producción social de representaciones de ideas de “identidad”, “cultura”, “biodiversidad”, “sociedad civil”, “ciudadanía” y otras que juegan papeles significativos tanto en la constitución de actores sociales como en la orientación de sus prácticas, se relaciona de diversas maneras con la participación de esos actores ―como por ejemplo organizaciones indígenas, civiles, ambientalistas, etc.― en sistemas de relaciones transnacionales en los cuales intervienen también actores locales de otros países y actores globales (Mato, 2001: 127).

 

A través del aprendizaje de conceptos claves y términos simbólicamente eficaces dentro de estos procesos globales, los actores afrovenezolanos también adquirieron prestigio como representantes de la “sociedad civil de base” y acumularon poder de negociación con el sector público, logrando por fin el reconocimiento de la existencia del racismo como problema social por parte del gobierno nacional. Lamentablemente a pesar de los importantes resultados históricos antes mencionados, el reclamo contra el racismo no ha alcanzado los oídos de muchos profesionales en los medios de comunicación, ni ha logrado transformar el hábito de vincular firmemente el índice socio-económico con el parámetro de densidad de pigmentación de la piel (mientras más oscuro el color de piel, mayor pobreza), ni tampoco ha logrado afectar el canon eurocéntrico de belleza (mientras más a la “africana”, es más “feo”), como hemos podido observar en este estudio.

 

Sin embargo, la interacción entre actores globales y locales, propia de la dinámica corporativa en el mercado mundial, parece estar influyendo en la transformación de prácticas de los medios en Venezuela. Durante la década de los noventa, bajo la tendencia de apertura de mercado y la aplicación de economía neoliberal, muchas empresas locales, tanto anunciantes como agencias de publicidad fueron fusionadas con o adquiridas por capitales extranjeros. En el marco de estos cambios, más y más estrategias y contenidos de comunicación vienen diseñadas desde afuera para aplicarse a nivel regional en América Latina. Piezas publicitarias protagonizadas por personajes de “razas minoritarias” suelen ser importadas desde afuera o son creadas localmente según lineamientos de marketing de su centro de operación regional, rompiendo así los esquemas de publicidad tradicional venezolana. La creciente cantidad de profesionales de este medio que tienen la experiencia de trabajar en otros países también parece estar influyendo para que éstos se identifiquen con el estilo de comunicación con mayor diversidad social y cultural.  

 

Lo que debemos contemplar es que este “respeto” a la diversidad está aplicándose en el mercado nacional venezolano como consecuencia de la dinámica propia de grandes corporaciones, proceso ajeno a los reclamos concretos anti-racistas de parte de los actores locales como la ROA. En los últimos tiempos de globalización, las empresas “progresistas” utilizan las estrategias de incluir las minorías raciales, étnicas, políticas, religiosas, de género, de orientación sexual, etc., para una mejor “administración de la diversidad” con el fin de organizar sus “energías diferenciadas” en el interés de la ganancia empresarial (Hardt y Negri, 2002: 66). Negri y Hardt lo reseñan:

 

Aún las poblaciones más híbridas y diferenciadas presentan un número proliferante de “objetivos de mercado” a los que pueden dirigirse estrategias de mercadeo específicas --- una para varones latinos homosexuales de entre dieciocho y veintidós años, otra para niñas adolescentes chino-americanas, etc.  El mercadeo posmodernista reconoce las diferencias de cada mercancía y de cada segmento poblacional, acomodando a esto sus estrategias. Cada diferencia es una oportunidad. (Hardt y Negri, 2002: 65)

 

Los activistas afrovenezolanos que han venido consolidando su posición ante el gobierno nacional, ahora tendrán que buscar una mayor efectividad para movilizar la sociedad civil en procura de construcción de diversidad cultural con el protagonismo de las minorías sociales, y así resistir a que las conviertan en un simple objeto diferenciado de marketing según el interés de poderes económicos o de la política desarrollista neoliberal del Estado Nacional. Para cumplir este fin, sería muy importante que los activistas e intelectuales afrodescendientes sostengan diálogos con los sectores de base directamente afectados por esa exclusión, a la vez que estimulen iniciativas populares para enfrentar los racismos. Los datos etnográficos y la discusión sobre las prácticas discriminadoras en este artículo son ofrecidos para facilitar el proceso de apertura de ese debate contra el racismo en Venezuela. 

 

 

www.globalcult.org.ve/monografias.htm

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Par Verde - Publié dans : Historia de Venezuela
Lundi 27 août 2007 1 27 /08 /Août /2007 18:51
Conozca quién fue el gran General Emilio Arévalo Cedeño
José Sant Roz - www.aporrea.org
27/08/07 - http://www.aporrea.org/actualidad/a40327.html

El Presidente Chávez nos invita a conocer y a revisar nuestra historia. Hace poco mencionó con grandes elogios al General Emilio Arévalo Cedeño, llanero guariqueño, quien realmente merece que no olvidemos cuanto hizo por nuestra patria. Don Emilio fue el militar que más resistencia hizo a Gómez, y quien fusiló al famoso asesino Funes, jefe en tiempos de Gómez del Territorio Federal Amazonas.

Unos lo llamaron “jacobino pequeñoburgués”, otros de simple ladrón de caballos y de ganado. Los marxistas Gustavo Machado, Carlos Augusto León, y Rómulo Betancourt lo catalogaron de reaccionario, de anticomunista y de oportunista. Se regó la especie de que en una ocasión Gómez tuvo la oportunidad de capturarlo, pero que ordenó se le dejara en paz porque era conveniente mantenerlo en circulación para así el dictador justificar sus desmanes. Con Arévalo Cedeño permanentemente acosándole en los llanos, Gómez le decía al pueblo que sin él a Venezuela le sobrevendría una horrible tragedia.

Refiere Harrison Sabin Howard[1]: A pesar de todas las limitaciones del enfoque  de Arévalo Cedeño, pocos venezolanos le igualaron en la persistencia de su oposición. Y hubo momentos oscuros para la oposición a Gómez en el que inspiraba un gran respeto y constituía una esperanza para los que, como él, le resistían. En 1927, Nicolás Hernández escribió a José Rafael Pocaterra que los demás caudillos “tienen que convencerse que la única esperanza hoy es Arévalo y que si esa chispa revolucionaria se extingue tendremos que olvidarnos de Venezuela hasta que el cáncer o una disentería acaben con Gómez…”  Para Hernández, Arévalo era “un hombre desinteresado” que  “no ha militado en la política de nuestro país; ha sido militar y nada más, y esta candidez política esta puesta de manifiesto en su directorio, nombrado para no aparecer un ambicioso vulgar si se proclamaba por sí Jefe de la Revolución”. Delgado Chalbaud rechazaba la impulsividad de Arévalo, pero admiraba “la tenacidad y las energías… Tengo por él una viva simpatía, pues es un hombre de méritos…” Y muchos años después de los desastrosos de invasión de Chalbaud en 1929, Pocaterra sostenía “que el único de los hombres de la oposición de quien creo tiene la voluntad de servir con si persona para encabezar un movimiento revolucionario eficaz si tiene elementos es Emilio Arévalo Cedeño”.

 

Emilio Arévalo Cedeño nació en Valle de la Pascua el 2 de diciembre de 1882. Su padre había sido otro general, soldado de la Federación, que combatió al gobierno de Guzmán Blanco, don Pedro Arévalo Oropeza.

Estudió Emilio, en el Liceo Roscio de Altagracia de Orituco. Pronto abandonó el colegio (porque fue cerrado por orden del Ministerio de Educación) y se dedicó a recorrer los llanos. Fue comerciante ambulante, socio de una pequeña imprenta en Altagracia de Orituco, y fundó un periodiquillo llamado “Titán”, que sólo tuvo ocho números. Luego puso una bodega que se incendió totalmente. Volvió al comercio de frutos y animales, hasta que se dedicó a dominar plenamente el oficio de telegrafista que ya había practicado en su labor periodística.

En San José de Río Chico fundó otro periódico llamado “Helios”, también de poca duración. En 1905, siendo orador de orden en una fiesta social, lanzó severos ataques contra la tiranía de Cipriano Castro y Juan Vicente Gómez. En 1908 lo encontramos en Caracas, durante la caída de Castro, tomando parte activa en los asuntos políticos. Fue testigo de la poblada contra el diario “El Constitucional”, fuertemente reprimida por el gobernador del Distrito Federal Pedro María Cárdenas. Cuando la comedia de Gómez se inició el 19 de diciembre de 1908, y casi nadie reaccionó, don Emilio quedó de una pieza contemplando como: “ ¡¡Los venezolanos renunciaron a su sexo para convertirse en mujeres!! Los venezolanos sintieron placer y orgullo en ser esclavos de Gómez y de su tribu...”

En realidad Arévalo Cedeño entra en la guerra contra Gómez como Michael Kolhas, por el robo de unos caballos que le hicieron los genízaros de Gómez: “Negarme a entregar los caballos era ir a la cárcel, y como osé protestar contra las tiranías con un fusil en la mano, y no he nacido para esclavo sino para ser hombre libre, resolví aceptar el brillante negocio que me proponía el general Moros, pero desde ese momento juré en silencio y por la memoria de mi padre, que abandonaría hogar, esposa y todo para irme a la guerra, esperando tan sólo el momento para justificar bien ante la Nación mi aptitud de patriota, la reelección de Gómez por siete años más... El hombre de trabajo se transformaría en guerrero, jurando no claudicar jamás de su condición de ciudadano digno, estar siempre de pie con el fusil en la mano ante la afrentosa tiranía y no permanecer ante ella de rodillas ni boca abajo como los esclavos vencidos, como lo estuvieron ante el monstruo de “La Mulera”, la mayoría de mis compatriotas, durante los veintisiete años que cubrieron de duelo el hogar venezolano”.  

La acción más extraordinaria de este guerrero fue la derrota y captura del monstruo Tomás Funes, quien fungía de jefe del Territorio Federal Amazonas, y junto con Vicencio Pérez Soto y Eustoquio Gómez eran los tres más formidables pilares militares de Juan Vicente Gómez. El fusilamiento de Funes por parte de Cedeño puede considerarse una de las acciones más épicas realizada este siglo, si se toma en cuenta la poderosa fuerza que tenía este hombre para proteger sus multimillonarios intereses en batalá. Funes es tétricamente retratado en la novela La Vorágine por José Eustasio Rivera, y parece un prodigio de maldición abortado por lo más abyecto de la selva.

En un país aterrado por la represión más sanguinaria de todos los tiempos, el desafío de Arévalo Cedeño fue un acontecimiento único: derrotó en varias oportunidades a las fuerzas gomecistas en contiendas como la de Santa María de Ipire donde acabó una fuerza diez veces superior a la suya, comandada por el General Manuel Sarmiento, presidente del Estado Guárico y quien a la sazón se encontraba en Valle de La Pascua. Luego habría también de triunfar en Gafualito (y a 190 kilómetros de Maracay, donde don Bisonte estaba bastante preocupado). A las fuerzas de Gómez las había vencido en Río Negro, Cenizas, Guasdualito, Campo Alegre, Bruzual, Cuchivero, Lezama, Turén, Acarigua y Araure. Como era telegrafista, desde algunos puestos que tomaba en sus andanzas le echaba vainas a Gómez enviándole mensajes que lo sacaban de sus casillas. En una oportunidad habiendo provocado don Emilio una desbandada en el ejército gomecista del general Manuel Padilla, éste no obstante envió un mensaje telegráfico a Gómez diciéndole que había derrotado al faccioso Arévalo Cedeño. Enterado don Emilio del mensaje, al día siguiente toma el pueblo de Santa Ana y conocedor de la línea sur-este manipula el aparato, llama con la señal “treintiuno” (distintivo de los telegramas para Gómez) y le escribe: “... De acuerdo con mi telegrama de ayer, tengo la satisfacción de participar a Ud. Que he capturado al faccioso y ladrón Arévalo Cedeño, suplicando a Ud. respetuosamente se sirva decirme que hago con él...”

En otra oportunidad, cuando el gobierno de EE UU solicitó a Gómez diera libertad a los presos y convocara al país a elecciones libres, don Emilio tomó la oficina telegráfica de Orituco y trasmitió el siguiente mensaje: “General Juan Vicente Gómez – Maracay. Han llegado noticias a mi campamento de que el gobierno americano obliga a Ud. a abandonar el poder, libertar a todos nuestros compatriotas encarcelados, abrir las puertas de la Patria a todos los desterrados y convocar al país a elecciones. Patriota como soy, convengo en que Ud. haga lo que se le impone, porque es lo humanitario, lo civilizado y lo republicano; pero debo protestar por la intervención de un poder extranjero en los asuntos internos de nuestro país. Es decir que combatí contra Ud. y seguiré combatiendo contra los americanos del Norte, porque la herencia de Bolívar es única, indivisible y no permite intervención. Su compatriota que jamás ha sido su amigo – E. Arévalo Cedeño.”

En todas sus proclamas no dejaba don Emilio de recordar frases del Libertador. Simón Bolívar era su gran inspirador.

Arévalo Cedeño pone de manifiesto en su trabajo, la persistente cobardía del pueblo venezolano, con frecuencia habla de esclavos, no de venezolanos: casi nadie le quiso acompañar en su lucha, fue varias veces traicionado. En sus viajes a Trinidad, Nueva York, Barranquilla, el Arauca y Cartagena, pudo comprobar que los venezolanos allí asilados eran unos charlatanes que le tenían pavor a Gómez, aunque contra él perorasen toda clase de insultos. Fue un hombre muy solo, y solo lucha contra Gómez casi treinta años. Yo recuerdo que mi padre una vez le refirió a mi hermano Adolfo, que él estando en una laguna cerca de Santa María de Ipire, vio cuando llegó un grupo de hombres a caballo: estaba allí dirigiendo a aquella gente Arévalo Cedeño. No recuerdo más nada de este hecho.

Poco después de la caída de Pérez Jiménez, estando yo en San Juan de Los Morros, le escuché decir a mi hermano Adolfo que había visto a don Emilio en la Plaza de Los Samanes, quizás esperando un carrito para ir a Valle de La Pascua, donde vivía.

Ya en 1923, encontrándose don Emilio en Nueva York, siempre conspirando contra Gómez, decía: “El petróleo fue una maldición para Venezuela, porque aquella riqueza, así como pasaba a las arcas del tirano, de su familia y de sus favoritos, así también dio fuerzas a la tiranía con el apoyo de los gobiernos de Norte América, Inglaterra, Holanda y Francia y otros más, para que Gómez hiciera la desgracia de nuestra Patria.” Don Emilio hizo más de siete invasiones contra Venezuela y jamás fue capturado. Convencido estaba de que los revolucionarios asilados en Nueva York nada harían por la libertad de su país: “El 12 de abril de 1923 tomaba un barco para llegar a Panamá... dejaba a mis compatriotas atrofiados por aquel ruido ensordecedor de que nos hablara el magno poeta de Nicaragua, quienes como atrofiados nada harían nunca por la libertad de Venezuela.”

En la invasión a Venezuela de 1924, Arévalo Cedeño tomo San Fernando de Atabapo y organizó un gobierno revolucionario en el Territorio Federal Amazonas. En realidad el general Arévalo tenía que hacer frente al gobierno colombiano que también le perseguía. Entonces dirigió comunicaciones a los compatriotas en el exterior para que acudieran donde él estaba haciendo aquella tenaz oposición a Gómez, pero nadie se movió. El tendría que confesar desesperado que aquellos haraganes que se daban a la tarea de criticar cuanto él hacía, era los responsables de crímenes de Gómez. Y añade en sus memorias: “Pero esos hombres vendrían después satisfechos al país a recibir los cargos de la República, a coger los dineros de nuestros pueblos, porque Venezuela es una nacionalidad en donde la sanción no existe, que sabe olvidar muy pronto, en donde es lo mismo ser bueno que malo, ser honrado que ladrón...”

Agobiados por el acoso colombiano y las fuerzas de Gómez, luego de un combate de 36 horas en la boca del Casiquiare, con seis cartuchos y sin comida, emprendieron retirada por el alto Orinoco para alcanzar la frontera con Brasil. Un día cazaron un pequeño mono que tuvo que servir de alimento para veintiocho hombres. En enero de 1925 en una impresionante travesía, llegaron a Santa Rosa de Amanadona para pasar luego al Brasil. Confiesa a sus camaradas, desalentado, que deben solicitar el derecho de asilo a la República del Brasil, para luego emprender la lucha con nuevos bríos.

Vuelve en marzo de 1925 a Nueva York en busca de ayuda e invadir otra vez a Venezuela. Se encuentra de nuevo con todas aquellas momias egipcias, como él llama a los exiliados venezolanos en esta ciudad. Viendo que esta gente se la pasaba bien, y a la vez echando pestes contra el gobierno de Gómez, un día Inocencio Spinetti le dijo: “Tú estás equivocado, y esos hombres tienen razón, porque ellos no necesitan hacer nada contra Gómez, porque regresarán a la Patria a recibir puestos que los esperan; tú te sacrificas por un deseo de Patria libre, pero ello se ríen de ti, porque su posición está asegurada sin tener las penalidades que tus sufres.”

El general Arévalo continuó su calvario de buscar dinero por Francia, Inglaterra y la Habana. Don Emilio fue un hombre culto e hizo amistad con escritores eminentes como José Vasconcelos, autor de La Raza Cósmica, y José Rafael Pocaterra. Luego de recorrer varias islas en las Antillas pasó a Méjico. En mayo de 1927 partió hacia París para entrevistarse con el general Román Delgado Chalbaud. Nada en claro quedó de estos encuentros, hasta que don Emilio ingresó otra a vez a Venezuela por el Arauca, con los bolsillos prácticamente vacíos.

Juan Vicente Gómez no perdía tiempo contra sus enemigos y tenía a los estudiantes presos trabajando en las carreteras. Entonces, como un verdadero vengador de injusticias, don Emilio se aprestó para un ataque singular. Voló a Palenque. Los espías de Gómez se enteraron de la operación y levantaron poderosos campamentos militares, retirando a los presos a lugares lejanos. Hubo el general Arévalo de retirarse a Anzoátegui. Comprobaba en su marcha que nadie quería unírsele; según él nadie quería a Gómez pero todo el mundo le sacaba el cuerpo. Entonces inició un largo periplo por sabanas y selvas, siempre seguidos cerca por las fuerzas del gobierno. Fuerzas combinadas de cinco estados (Guárico, Apure, Bolívar, Anzoátegui y Monagas), le perseguían disputándose el honor de capturarle. Repasaron el Orinoco varias veces procurando confundir a sus enemigos. Fueron seguidos por camiones y cargados de soldados, quizás por primera vez en el país se realizaban estas acciones militares. Cuanto seguidor de la causa de don Emilio caía en manos del gobierno era liquidado en el acto. Así sería la ferocidad con que era perseguido este guerrillero que dos oficiales se habían suicidado por no pasar por la vergüenza de presentarse ante Gómez habiendo sido burlados por la acción de este guariqueño. Estos fueron, el general José Miguel Guevara y el coronel Alfredo Rodríguez López.

Los acosos eran cada vez más fieros. Por alcanzar nuevamente tierras colombianas por el Arauca, padecieron fiebres, mordeduras de las llamadas veinticuatros y tambochas, bajo acometidas de fieras, llegaron a pasar cuatro días sin comer, cruzando ríos como el Guárico, el Pao, Portuguesa, Guanare, Masparro, Uribante, Sarare, vomitando bilis y sin poder echarse a descansar. En 1930 pudo Arévalo llegar a Santa Marta y de aquí ir a Trinidad a bordo del vapor Coronado, pero el gobernador de esta isla le prohibió su desembarco. La recompensa por su captura llegó a tasarse en un millón de bolívares (que viene a ser como millardo hoy en día.) Lo devolvieron a Venezuela, a Carúpano, donde lo esperaban los esbirros, pero gracias a un amigo pudo coger un vapor francés que lo llevó a la República Dominicana. Allí volvió a encontrarse con José Rafael Pocaterra; ya habían matado a Román Delgado Chalbaud y tanto la invasión del general Rafael Simón Urbina como la sublevación del general José Rafael Gabaldón en Portuguesa habían terminado en fracasos. Cundía el más grande desaliento. Todos parecían admitir que era imposible derrocar a Gómez.

De la República Dominicana pasó Arévalo a Panamá. Cruzó nuevamente Colombia, para volver a internarse con sesenta compañeros por el Vichada y aparecer otra vez por la frontera. Entonces se les persiguió con aviones, que metían más bulla que miedo. Según Arévalo eran aeroplanos muy fáciles de echar a tierra, totalmente inofensivos. El día 5 de marzo de 1931 emprendió Arévalo su séptima invasión desde la línea de El Cubarro.

Produjeron fuertes pérdidas al gobierno, por ejemplo, en Mata de Agua, en el bajo Meta, en Lezama y en Bolívar y en un hato llamada Las Mercedes. Se retiraron luego por el río Caparo durante veintinueve días de navegación. Cruzaron el Alto Apure, cayeron en el Arauca y pasaron el invierno en Santa Rosa. El 5 de agosto estaban en El Caribe. Totalmente rodeados resistieron a las tropas del coronel Meléndez de Apure y del coronel Sánchez del Estado Bolívar. Le mataron el caballo a Arévalo y lo salvó milagrosamente uno de sus oficiales, un coriano, saturnino García. Varios de sus compañeros cayeron en aquella acción, entre ellos su querido amigo Carlos Julio Ponte.

Destrozadas sus fuerzas hubo de huir a Barranquilla, de allí otra vez a Panamá, para pasar luego a Costa Rica. Después pasó a Perú, con la ayuda económica que le brindaron José Rafael Pocaterra y el doctor José Rafael Wendehake. Llegó a Lima el 18 de diciembre de 1931. Fue recibido por el presidente del Perú, Coronel Don Luis Miguel Sánchez Cerro. Fue extraordinariamente bien recibido por parlamentarios y ministros e invitado a almorzar a palacio varias veces. Se le hizo un banquete en el Hotel Biltmore, y el homenaje lo presidió el doctor Víctor Andrés Belaunde, líder del grupo independiente en el Congreso.

Llama sobremanera la atención en todas estas memorias de don Emilio, que en una sola ocasión mencione al escritor y más tenaz enemigo de Juan Vicente Gómez, don Rufino Blanco Fombona.

Arévalo hace duras críticas a los intelectuales de la época, serviles a Gómez; dice de Manuel Díaz Rodríguez, senador de la República al servicio del régimen que en una fiesta que daban a las concubinas de Gómez tuvo esta frase para la homenajeada: “Bendito sea tu vientre, oh Dionisia, que ha dado aguiluchos y palomas a la sociedad.”

Es en Perú donde don Emilio comprende la falacia del comunismo que practican los latinoamericanos. No hay que olvidar que don Emilio fue del grupo de los que en 1926 fundó junto con Carlos León, Gustavo Machado y Salvador de la Plaza, en Méjico el PRV (Partido Revolucionario Venezolano). A mediados de 1931, Lima era un hervideros de comunistas furibundos. Dice el general Arévalo: “He juzgado siempre el comunismo como una gran mentira y como un medio de que se valen los desvergonzados y haraganes para llevar a cabo los criminales propósitos de vivir a costa de los engañados...” Condena también al aprismo por considerarlos serviles de Rusia. El 6 de marzo de 1932 estaba en Lima cuando el presidente sufre un grave atentado que lo mantuvo veintiséis días postrado.

Cuando salió de Lima, el gobierno puso a su disposición un avión que lo llevó al puerto de Talara en el norte de Perú. Siguió a Guayaquil donde fue bien recibido. Luego marchó a Ipiales, pasó por Berruecos y más tarde a Santa Marta donde consideró que todos los niños de nuestras escuelas deben ir en peregrinación cada año para que conozcan de las penas y tormentos que sufrió nuestro Libertador.

En mayo confiesa que no hace sino leer obras exclusivamente revolucionarias y que ha terminado por castrar todas las otras vocaciones que bullían en él, entre ellas la novelística. Que vive imbuido en los trabajos de Lenin, “La revolución democrática y el proletariado”, “El Manifiesto” con notas de Riazanof, “La Historia de la Comuna” de Lissagaray, “La Historia de la Revolución Rusa” de Trostky. Sobre “El Capital” dice que lleva notas diarias para preparar lecciones para los obreros. Piensa en una expedición contra Gómez, y plantea que si en ella se cuela algún caudillo como Arévalo Cedeño, aunque se embarcaran todos los exiliados, él no iría. Que cuando se formé la revolución triunfante en Caracas él se meterá en ella empeñado en una labor ilegal.

A fines de junio de 1932, merodeando por dónde entrarle a Venezuela, se encontraba en Kingston. Pocaterra le enviaba cuanto podía para mantenerlo políticamente activo, y gracias al dinero que le envió pudo ir a visitarle a Halifax, Canadá. De aquí pasó a Jamaica, luego a la República Dominicana donde fue detenido. Primera vez en su vida que era detenido. Esto provocó un escándalo internacional que movilizó a la diplomacia cubana, sobre todo al general Don Enríque Loynaz del Castillo, quien fue Jefe del Estado Mayor de Máximo Gómez y también del presidente de Perú Sánchez Cerro. De otro modo Trujillo, el dictador e íntimo amigo de Gómez, lo habría asesinado.

Marchó entonces otra vez a Jamaica para volver de nuevo a Perú, pero el 1 de marzo de 1933 conoció del terrible atentado contra Sánchez Cerro por parte de un comunista, que le cegó la vida. Destrozado por la pérdida de este aliado que le había ofrecido recursos para luchar contra el tirano de Venezuela, don Emilio regresa a Jamaica. Pasa a Martinica, luego a Guadalupe, Santa Lucía, Puerto Rico. Asediado por la vil diplomacia de Gómez que le acosa y amenaza y con la ayuda de Pocaterra decide trasladarse a Nueva York, donde llega el 1 de setiembre de 1935. El 18 de diciembre de 1935, recibe una llamada telefónica de su amigo el doctor Rafael Ernesto López quien le dice: “Arévalo, se murió Gómez”.

El entonces presidente constitucional Eleazar López Contreras le da seguridades para que vuelva al país y lo hace, ya no por la selva, escondido tras falsos nombres y bajo el acoso de las fieras de Gómez, destrozado y hambriento. Llega el 15 de enero de 1936 a La Guaira donde abraza a su hijo, a quien no conocía, y llevaba quince años sin verlo, y a su esposa. Veinte y tres años de lucha. Luego para que se vea lo vulgar que era Rómulo Betancourt, llegó a llamar al general Emilio Arévalo Cedeño, Centauro de Caricatura.

Don Emilio fue posteriormente senador por Estado Guárico y más tarde gobernador del mismo Estado. Murió loco en 1965 en Valle de La Pascua, a la edad de 83 años.

 

Otras invasiones

La sublevación en abril de 1929 del general José Rafael Gabaldón, apenas si puede catalogarse de tal: Fue un saludo a la bandera. Ocurrió cuando estaba ya en marcha la invasión de Román Delgado Chalbaud junto con José Rafael Pocaterra. En política lo importante era participar en una acción violenta para dar el salto a la cúspide. Betancourt ve en la expedición del Falke la oportunidad de su vida. Hace un amago de contacto con estos revolucionarios, y le dice a unos amigos que se va a embarcar en el “La Gisela”, para luego unirse a la gente del “El Falke”. “La Gisela” sufre una avería, casi zozobra y los pichones de revolucionarios, Leoni y Betancourt se rinden pronto: Llevaban tres revólveres solamente y quedan varados en la playa de Barahona. Deciden entonces irse a Santo Domingo. Luego se trasladan a Trinidad donde esperan noticias del desembarco y de las acciones de Román Delgado Chalbaud.

 

Igualmente tuvo conocimiento Rómulo, sin poder hacer nada, de la toma de Curazao por parte de Rafael Simón Urbina y Gustavo Machado. En ninguna de estas acciones estuvo presente. Durante su temporada en Curazao, junto con un hermano de Chapita, se dedicó a la importación de bananas, al tiempo que fue tenedor de libros. Hacer de tenedor de libros de contabilidad le encantaba.

Este personaje Rafael Simón Urbina es terrible; en una foto de 1934, aparece con un aspecto de un roedor descomunal, un brillo de fiera en los ojos; nada simpático y muy prepotente. Era alto, atlético y vestía con elegancia. Será Urbina quien luego acusará a Betancourt de pederasta en su libro “Sangre, Dolor y Tragedia[2]”.

Dirá Urbina en este libro que en la casa de los estudiantes de Curazao, en busca de los amores imposibles como aquellos de las horas de relajación que presencié entre Otero Silva y Rómulo Betancourt... Yo cambié de hospedaje porque si allí vivían hombres dignos, en cambio Otero Silva y Rómulo Betancourt solían marchar por las rutas sombrías de Sodoma y Gomorra...

Cuenta también, que en una fiesta en Curazao (1929), se anunció un matrimonio entre Rómulo y Miguel Otero Silva, vestidos ambos de novio. Tal vez una broma de chiquillos “finos” y muy bien mantenidos, porque se hizo entre puros hombres, pero Urbina difundió la foto del “enlace nupcial”.

Esto provocó que Betancourt intentase una demanda judicial contra Urbina por injurias y calumnias. Y dice Urbina al respecto: “Acudió al tribunal, asistido por su defensor el doctor Víctor José Cedillo y se limitó a pedir que, para comprobar o desmentir sus acusaciones, se practicase un examen médico-legal en la persona de Rómulo Betancourt... Ese peritaje diría si Betancourt era o no adicto a las perversiones que hicieron de Sodoma una ciudad maldita, condenada a la postre al asolamiento por la ira divina. Pero a la instancia del General Urbina, que de cumplirse hubiera mostrado bien a las claras la debilidad de las defensas de retaguardia de Rómulo – que de romano sólo tiene los vicios- movió a este usurpador a retirar inmediatamente su demanda. Así se cortó de súbito un proceso que ya se perfilaba como uno de los más escandalosos de la historia de Venezuela, y en el cual habían comenzado a intervenir los médicos doctores Izquierdo y Quesada, y el letrado doctor Alamo Ibarra a favor de Urbina.”

 

En diciembre de 1929 Betancourt se traslada a Costa Rica. Para esta fecha, ya existía en Costa Rica conformada una sección del APRA, pues Raúl Haya de la Torre había llegado con este fin a este país en setiembre de 1928. El programa doctrinario del APRA internacional contemplaba acciones conjuntas de los pueblos latinoamericanos contra el imperialismo yanqui, trabajo mancomunado de estos pueblos por la unidad política y económica, nacionalización de las riquezas nacionales, lucha contra la opresión e internacionalización del Canal de Panamá. Esta sección del APRA la presidía entonces Joaquín García Monge. Cuando Betancourt llega a Costa Rica lo hace como aprista, fervoroso seguidor de la obras de Federico Engels y del marxista peruano José Mariátegui.

El grupo aprista también cuenta con colaboradores costarricenses importantes como la escritora Carmen Lyra, Manuel Mora, Luisa González, Víctor Quesada, Antonio Zamora y Carmen Valverde. 

Betancourt había hecho correr la historia de que andaba en gestiones para comprar armas por orden de los exiliados en Trinidad. De que había procurado alistarse con quienes tomaron Curazao, y no pudo participar en la acción del Falke porque como ya se ha dicho, el barco “Gisela” del que partiría de Santo Domingo estuvo a punto de zozobrar. De modo que tuvo que virar hacia puerto Barahona, en República Dominicana. Había perdido todo contacto con revolucionarios como el general Emilio Arévalo Cedeño, Rafael Simón Urbina y Gustavo Machado. Esta historia de Betancourt se parece a la de aquellos generales granadinos de José María Obando y José Hilario López, que durante la guerra de independencia, cada vez que se les ofrecía una oportunidad para que dieran muestras de sus grandes dotes de luchadores y revolucionarios, se enfermaban.

 

Ha recibido Rómulo, algún dinerito de su padre y ha aprovechado unas recomendaciones que lleva al director y propietario de la revista “Repertorio Americano”, don Joaquín García Monge. Le gusta el ambiente, la bondad de las personas y lo barato de la vida, comparado con las islas del Caribe. Su interés era empaparse del asunto del sindicalismo y seguir indagando sobre el tema petrolero. Es cuando conoce a quien será su primera esposa, Carmen Valverde, una maestra de escuela.

Se le dio cabida en “Repertorio Americano” para que expresara críticas al gobierno de Gómez, y los errores que provocaron el fracaso de la invasión de Román Chalbaud. Ya sobre Betancourt recaía el epíteto de pequeño burgués por parte de algunos asistentes a la Primera Conferencia Comunista Latinoamericana celebrada en Buenos Aires. Ansiaba entonces encontrar una tribuna, un estrado, un balcón, una curul, una columna periodística desde la cual hacer conocer al mundo cuanto bullía en su cabeza. Habló en Costa Rica a algunos hijos de campesinos que acudían a un escuelita en un caserío de este país. Todavía no caía en la cuenta de lo desagradablemente chillona que resultaba su voz. Usaba términos rebuscados que se aprendía de memoria. Pero iba enterándose de que a él lo que le interesaba era la gente inculta, y de que si podía llamar la atención de éstos, todos los demás, algún día tendrían que inclinársele. De modo que muy pronto Betancourt dejó de tener vergüenza por su vocabulario, y optó ese estilo barroco, recargado de expresiones raras que harían extrañamente famosos sus discursos.

 

En mayo de 1930 va nuevamente a Barranquilla; allí se encuentra con Raúl Leoni, Ricardo Montilla, Juan José Palacios, entre otros. Con emotividad revolucionaria todos ellos fundan la Alianza Unionista de la Gran Colombia. Se dedicó a trabajar, con cierto interés en el quincenario “Extracto Notarial y de Juzgados”.

La palabra “Unionista” fue idea de Betancourt. Al fin en Barranquilla encontró un balcón (el del Hotel Regina), para dirigirse a un nutrido público. Celebraron el centenario de la muerte del Libertador, pero no hay nada digno de recordarse que haya dicho nuestro personaje sobre este extraordinario hombre. Satisfecha su necesidad de hablar, pues daría como una veintena de discursos (en teatros, escuelas y asambleas con sindicalistas), partió junto con Gonzalo Carnevalli a Perú.

Estaba en el poder Luis Sánchez Cerro, gran amigo de don Emilio Arévalo Cedeño, y a quién le hizo distinguidos honores y le prestó toda la ayuda posible para regresara a Venezuela y continuara su lucha contra Gómez. Betancourt le tenía una arrechera inexplicable al general Arévalo Cedeño. Quizás porque al igual que Francisco de Paula Santander, se identificaba más con los hombres de pluma que con los de fusil. Se mantenía leyendo y consultando con furor cuanto planteaba José Carlos Mariátegui. Andaba un poco indigesto por lo desordenado de las lecturas. Tan pronto como supo que don Emilio Arévalo Cedeño era amigo del presidente Sánchez Cerro, consideró que éste no era más que un vulgar asaltante del poder y hombre sin “credenciales”. ¿Sin credenciales para qué? Luego veremos con que nombre le bautizaremos cuando ocurra lo del 45.

Volvería Betancourt a Barranquilla, abúlico y cansado, sus maletas llenas de recortes de periódicos, cartillas sindicalistas y panfletos llenos de llamados a la rebelión popular. Ya Raúl Leoni había levantado en Barranquilla una pulpería donde vendía frutas (uvas, peras y manzanas), que con el pretexto de ser de los revolucionarios andantes (ambulantes) se las permitían importar de California. En aquella pulpería, en medio del olor de frutas y tintas de panfletos, Betancourt concibió la creación de otro movimiento político: el ARDI, (Agrupación Revolucionaria de Izquierda)[3]. Como Ricardo Montilla tenía un mimeógrafo, su ansiedad por reproducir sus pensamientos por miles, en panfletos, encontró un respiradero. Aquella pulpería, por detrás o al lado de ella, convirtióse en el centro de un tornado de cartas lanzadas a cuanto luchador, revolucionario o político había conocido por el Caribe, Costa Rica y Perú. Las respuestas no tardaron en llegar: “Sí, estamos de acuerdo; proceda”. Corría el año 31. El ARDI, junto con lo que se denominaría el Plan de Barranquilla, llevaba en sí un proyecto para combatir la dictadura de Gómez, a la vez que la conformación de una estrategia de gobierno una vez que se instaura un régimen democrático en Venezuela. El proyecto del Plan fue muchas veces retocado sobre el mostrador de la frutería del padre de Leoni; en él metió la mano mucha gente: Valmore Rodríguez, Simón Betancourt, Juan José Palacios, entre otros.

Se habló allí de todo: del miserable caudillismo militarista (no el civilista que aparecería luego), de la libertad de expresión, del eterno asunto de los derechos humanos. Lo que más se discutió fue lo relativo a lo de la confiscación de los bienes del General Gómez, que eran cuantiosos y podían alcanzar para muchos. Fue cuando por primera vez se planteó la creación de un “Tribunal de Salud Pública” para sancionar a los corruptos y que luego sería presentado a los jóvenes oficiales de Venezuela; el mismo que se pondría en práctica una vez derrocado el General Isaías Medina Angarita y que se llamó Jurado de Responsabilidad Civil. Se planteó la organización de numerosos sindicatos, la revisión de los contratos y concesiones petroleras; la alfabetización, la autonomía universitaria, lo del sufragio directo y universal y la convocatoria de una Constituyente para revisar al Estado en su totalidad.

Rómulo estaba estudiando mucho, pero sobre todo conociendo a la gente. Cuando hubo concluido su plan y pudo multiplicarlo por centenares con el mimeógrafo de don Ricardo Montilla, conoció otro lado amargo de la vida: las críticas malsanas y bajas. Los revolucionarios con asiento en México y París hablaron del Plan de los “amanerados de Barranquilla”. La indignación de Rómulo fue terrible; a todo el mundo quería responderle y acabó enfermo. De esta enfermedad aprendió cuanto tenía que saber sobre los hilos malsanos que suelen mover a la política. Era realmente un hombre importante porque ya se le llamaba marica. Esto lo comprendió convaleciente. Sólo cuando a uno comienza a llamársele homosexual es un hombre importante y que vale la pena entonces para los demás. Aunque nunca lo hubiese sido, el mote de marica y de hijo de puta, nunca se lo quitarían de encima, por lo que llegó a decir que se había destruido en él todo el odio sentimental, toda fuerza sin valor afectivo para dar cauce en su corazón a un odio canalizado y metódico.

Como ya no era un desconocido, el deambular por el continente americano se le hizo más barato: volvió a Costa Rica. Aquí su producción intelectual y panfletaria fue mucho más intensa. Ya no era tan pichón; hablaba con algún desenfado y serenidad, proclamando en sus conferencias y artículos: “Estamos con las clases explotadas, con el camisa-de-mochila, con el pata-en-el-suelo, con las peonadas de los hatos, con los siervos de los latifundios cafetaleros, con los obreros de las petroleras, con los dependientes de las pulperías, con los medianeros de los ingenios azucareros, con el pequeño comerciante...” Declara abiertamente que sus enemigos irreconciliables son la burguesía imperialista, los latifundistas, los grandes señores del comercio y de la industria y el caudillaje militar[4]. Entonces comenzó a empaparse de la historia de Venezuela a través de los libros de González Guinán.

En 1932, definió su cartilla ideológica para el combate: con quiénes debía estar y a quiénes hacer la guerra. Sus soldados deberían ser las peonadas, el proletariado propiamente dicho, el pequeño propietario arruinado por el monopolio en la ciudad y por el latifundio en el campo, los sectores intelectuales explotados (en oposición al que surgirá de la alianza de los sectores burgueses criollos unidos al imperialismo extranjero). Declaraba entonces que estaba marxistamente convencido de que nuestra realidad exigía un conocimiento del medio, y que por nada del mundo debía hacerse una campaña abiertamente comunista.

Era del todo ridículo para él, dada la exigüidad de nuestro proletariado industrial, pensar en un partido netamente clasista. Que tal posición no haría sino a condenarlo a vivir en el exterior, pendejeando por las avenidas del exilio, escribiendo artículos hipotéticos sobre un hipotético Partido Comunista de Venezuela, PCV. Que se hacía necesario considerar una campaña articulada para atrapar a las clases medias sobre una plataforma realista. Para esta época actuaba como militante comunista y dirigía la Universidad Popular, pero le pedía a su grupo ARDI que tuviera mucho cuidado en el penoso espectáculo de caídas, recaídas del PCV. Proclama que el ARDI debía ser sobre todo un grupo de trabajo, de organización, estudio y combate, que mientras esto se diera, en el futuro, cuando ya estuviesen preparados, entonces buscarían a los distintos grupos de izquierda para definir un acuerdo. Pero como ellos serían los mejores, entonces esos grupos iban a estar bajo el mando del ARDI.

Sostenía con serena convicción que los partidos por más doctrinarios que fuesen, por más de masas que fuesen, siempre van a donde sus líderes los lleven, y proclamaba: “el viraje a la extrema izquierda lo daremos en el momento oportuno, con la seguridad de que la masa mayor del partido se irá tras nosotros. Ese amorfo sector timorato es carne de cañón, que nos servirá para hacer bulto y que no me importa que se quede rezagado. El lastre siempre se bota.[5]

Betancourt seguía marcando distancia de los comunistas a los que llamaba “rojos intransigentes”, “comunistas a trancazos”, “incapaces de discutirle una coma a los usases de la Internacional, como buenos tropicales, palabreros y perezosos.[6]” Alertaba Rómulo a sus seguidores que en su programa de lucha se cuidaran de mostrar un matiz teñidamente antimilitarista porque era muy peligroso. También les recomendaba que tuviesen cuidado en lo referente a la materia anti-imperialista, táctica a su parecer radical de la III Internacional, peligrosa en extremo porque para él “no compensa la alarma que produce con los resultados positivos que de ella deriva para la definitiva emancipación de los trabajadores”. Que se cuiden “del ala italiana a trancazos, monaguillos domesticados del Buró del Caribe[7]”.

Según él era urgente plantearse la construcción de un país moderno en “esa tierra de doctorcitos, malos poetas e historiadores epopéyicos. Creo que el Socialismo en el primer tiempo –mientras surge una cultura política en ese país intelectualmente tan atrasado- no debe asustar mucho. De aquí la importancia que yo le doy a la nueva clase por formarse que propagará el socialismo. Esa clase además del obrero de la Universidad Popular, ese obrero que habrá de rescatar de la Cofradía del Corazón de Jesús o del Perpetuo Socorro, puede ser el profesor primario y el profesor de escuela rural.”

 



[1] “Rómulo Gallegos y al Revolución Burguesa en Venezuela”, Monte Ávila Editores, 1984, pág. 190.

[2] Editorial Americana, 1936.

[3] Que algunos bautizan jocosamente como “Agrupación Reformista de Intelectualoides”, y Betancourt se indigna replicando que “son unos caga leches de la revolución”, “Lenines de bolsillo” y otras expresiones típicas de su léxico y estilo. A Salvador de la Plaza lo llamó “Puntilloso Lenin en alpargatas”. Qué manía la de tratar de desprestigiar a las personas y a las cosas, echando mano de lo nuestro, de lo autóctono.

[4] “Libro Rojo”, Catalá Centauro Editores.

[5] “Libro Rojo”, Catalá Centauro Editores, sexta edición, Caracas, 1985, pág. 142-143.

[6] Ut supra., págs. 156-159.

[7] Ut supra., págs. 156-159.

 

jrodri@ula.ve
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Par Verde - Publié dans : Historia de Venezuela
Lundi 20 août 2007 1 20 /08 /Août /2007 21:19
brito200.jpg Asimismo, lo vemos transitar del estudio de problemas estructurales de carácter demográfico, económico y social a temas de orden político, historiográfico y de mentalidades.

 

            Esta ampliación de sus intereses de investigación los asume en la proyección de los tomos V y VI de su Historia Económica y Social, pero además, y esto es fundamental en la otra dimensión del historiador, en su condición de maestro formador de una escuela, tendencia  o corriente de investigación histórica en nuestro país.  Es así como se hace necesario destacar el esfuerzo desplegado por Federico Brito Figueroa en fundar programas de Especialización, Maestría y Doctorado en Historia en diversas universidades del país como la Universidad Central de Venezuela, entre 1970 y 1980, la Universidad Santa María, 1980-1989 y 1993-1997 y Universidad José María Vargas, 1989-1993, así como en el apoyo y asesoramiento constante de los programas de postgrado que desde 1991 se han venido desarrollando en Barquisimeto con la UPEL y la UCLA en las áreas de Historia y Enseñanza de la Historia.  Fruto de esa labor es la formación de más de ciento cincuenta especialistas, cerca de ochenta magíster en Historia y de unos veinticinco doctores en Historia.

 

Igualmente, hay que destacar la elaboración con sus alumnos de postgrado de once Proyectos de Investigación que han servido de ejes de desarrollo de los Trabajos de Grado y Tesis Doctorales que ha conducido directa o indirectamente en sus treinta años de labor como docente de postgrado. Estos proyectos, desarrollados por los egresados de los programas de postgrado que le ha tocado dirigir a lo largo y ancho del país, son la base efectiva de la escuela o tendencia historiográfica creada por Brito Figueroa en Venezuela.  Son los siguientes:

1.     Historia de la Formación de la Propiedad Territorial en Venezuela.

2.     Historia de la Esclavitud Negra en Venezuela y el Caribe.

3.     Las inversiones extranjeras en Venezuela siglo XIX.

4.     Los Grupos Económicos en la Sociedad Global venezolana, siglo XX.

5.     Las Crisis Económicas Mundiales y sus repercusiones en la sociedad global venezolana.

6.     La Revolución de las Reformas y el Liberalismo Doctrinario venezolano.

7.     La Religión como elemento aglutinante, Venezuela siglo XIX.

8.     Historia de las Ideas Políticas en Venezuela 1870-1970.

9.     El Artesanado de Caracas y su hinterland 1750-1830.

10.  La inmigración española en Venezuela contemporánea.

11.  Ciencia, sociedad y política. El Positivismo y los fundamentos de las Ciencias Sociales en América Latina.

 

El desplazamiento  de la problemática económico-social a otra de carácter político y cultural, desde una perspectiva de comprensión del hecho histórico como totalidad,  se expresa claramente en la estructuración de su Tomo V de la Historia Económica y Social.  El diseño inicial de 1966 de un tomo dedicado al “Proceso de Aculturación de Venezuela”  a lo largo del todo el proceso histórico nacional, da paso a dos versiones, una en 1988 y otra en 1996.

 

Sin embargo, conviene destacar que con la aparición de su Tomo IV  en 1987, Brito Figueroa se propone ampliar la obra de seis a ocho tomos, transformando el proyecto inicial, el cual queda propuesto de la siguiente manera:  Tomo V: “De la formación económico-social colonial a los antecedentes de la penetración imperialista; clases sociales y poder político (Segundo tiempo histórico).” Tomo V:  “De la penetración imperialista al tiempo histórico neocolonial; clases sociales y poder político.”  Tomo VII: “De la Aristocracia Territorial  a la Aristocracia del Dinero” y Tomo VIII: “Catalogo y diccionario de categorías económico-sociales.”   

    

            En 1988, el Tomo V se organiza en una serie de contenidos históricos que pretenden darle continuidad al Tomo IV. Esta es la estructura temática planteada en aquel año:

  • Cap. XXX: “A propósito de lo colonial y postcolonial en la Formación Económico-Social de Venezuela en las tres últimas décadas del siglo XIX.”
  • Cap. XXXI:  “La ‘Autocracia Liberal’: Clases Sociales y Poder Político. (1870-1900).”
  • Cap. XXXII: “El cuadro histórico mundial y los antecedentes de la penetración imperialista en Venezuela. (1870-1910)”
  • Cap. XXXIII:  “La ‘Restauración Liberal’: Clases sociales y poder político. (1900-1910).”
  • Cap. XXXIV: “La Formación Económico-Social de Venezuela en la primera década del siglo XX.”24

 

Ahora bien, esta estructura es sustancialmente modifica en 1997 cuando aparece la siguiente distribución temática, donde el autor establece nuevos contenidos y problemas de investigación para su obra. Veamos:

 

·     Cap. XXX: “Prefacio y propósito”

·     Cap. XXXI:  “A propósito de la Formación Histórica de la Nación Venezuela y su evolución.”

·     Cap. XXXII:  “En torno a la Formación del Estado Venezolano.”

·     Cap. XXXIII:  “Población y ‘Geografía del Hambre’ en Venezuela actual.”

·     Cap. XXXIV:  “Clases Sociales y Mentalidad Social en Venezuela Actual”.

·     Cap. XXXV:  “La Cultura y los Procesos de Aculturación en Venezuela Actual”.

·     Cap.  XXXVI: “Concentración y Planetarización en Venezuela Actual.”

 

Como puede apreciarse, el historiador trabaja de hipótesis en hipótesis,  modificando sus esquemas de trabajo en la medida que lo exige el contexto teórico y los cambios históricos que le plantean al investigador nuevas interrogantes, nuevos problemas a ser abordados desde el pasado, pero con sentido de presente.  Tocamos aquí, finalmente, el concepto de historia que organiza el modelo explicativo de la Historia Económica y Social de Venezuela. 

 

Indudablemente, que se trata de una historia estructural25, no estructuralista, la que se despliega en los cuatro tomos que hemos venido comentando. El propio autor lo señala en la Introducción de 1966 cuando afirma que “...esta obra es de historia económica y social y, en consecuencia, orientada a investigar fenómenos con una visión de conjunto,  y de ninguna manera destinada a estudiar personalidades de dilatada a mediocre significación en el contexto de los fenómenos considerados como estructurales.” Esos fenómenos estructurales, referidos inicialmente a la economía, la población y la sociedad sirven de base al tratamiento posterior de las Estructura de las Clases Sociales y su relación con la estructura y funcionamiento del Poder Político, que sería el segundo momento del análisis estructural planteado por el autor al diseñar originariamente su obra y que luego, sensible a las transformaciones que va viviendo el mundo y las propias Ciencias Sociales lo llevan a tratar temas no esbozados inicialmente en la década de los 50, cuando se concibe el proyecto y en la década de los 60, que es cuando se desarrolla la investigación y aparecen los primeros volúmenes.

 

Ya lo señalaba el propio Bloch al referirse al conocimiento histórico: “El pasado es por definición algo que ya no será modificado por nada. Pero el conocimiento del pasado es una cosa en progreso que no deja de transformarse y perfeccionarse.”26  En ese sentido, lejos de detenerse en el tiempo, la Historia Económica y Social de Venezuela  ha venido evolucionando en la búsqueda de una mejor comprensión del proceso histórico venezolano. Consciente de este principio metodológico, el autor señala en 1973, en el Prefacio a la segunda edición del tomo I de su obra, que “...las reflexiones, hipótesis y formulaciones, cifras y resultados preliminares, hasta ahora tienen carácter de aproximación a un problema de estudio y nunca carácter definitivo, ni dogmático; la móvil realidad venezolana, la práctica social, pronunciarán la última palabra.”27

 

Por ello, hay temas constantes, que se mantienen como centros de interés de la investigación, pero que el autor profundiza en el tiempo, como es el caso del problema de la propiedad territorial agraria, tratada no como un fenómeno simplemente jurídico de posesión de un bien inmueble, sino como una verdadera estructura o sistema donde entran en juego los factores de la tierra, el trabajo, el capital y la mentalidad,  pero en la especificidad de nuestro proceso histórico y reconstruido en sus fuentes documentales primarias. A este gran tema-problema, tratado a lo largo de toda su Historia Económica y Social, Federico Brito Figueroa le ha dedicado una obra específica, como lo es El problema tierra y esclavos en la Historia de Venezuela. 28    Sin embargo, la apertura en 1989 del Seminario Doctoral “Historia-Sociología Agraria y Rural en Venezuela” le permite evaluar sus hipótesis de trabajo anterior y platearse un abordaje más integral de aquellos problemas que como  latifundio y latifundismo, tenencia y propiedad de la tierra y conflictos agrarios y campesinos en el siglo XIX, ya habían sido tratados en su obra anterior,  para avanzar con mayor profundidad en el estudio de la  Aristocracia Territorial como  elite colonial y proponer como algo nuevo el estudio de la mentalidad rural venezolana en el siglo XX. Así expone el propio autor su visión de esta problemática  agraria y campesina venezolana en 1989:

 

El problema campesino, desde las perspectivas que utilizamos esta formulación, se configura en conjunto con la propiedad agraria, a lo largo del tiempo histórico venezolano, sufriendo cambios significativos en el contexto de las formaciones económico-sociales que surgen y  desarrollan en el territorio nacional desde el siglo XVI hasta el presente. En el cuadro de esta relación toma cuerpo el espíritu público colectivo que es la mentalidad rural,  o si se quiere, conciencia social  de una sociedad rural propiamente dicha.”29      

           

            Del enfoque económico-social clásico del problema agrario, nuestro autor propone explorar un nuevo nivel de la Historia Social cultivada por los fundadores de Annales como lo es la dimensión de la llamada Historia de las Mentalidades.  El tema se hace significativo cuando el autor aborda los cambios que le imponen a la sociedad venezolana,  la explotación del petróleo y la colonización del espíritu nacional, fenómenos que ya denuncia en el tomo III de la Historia Económica y Social de Venezuela. Esta realidad de cambios lleva a Brito Figueroa a plantearse la práctica desaparición del campesinado venezolano y de su modo de vida por efectos del urbanismo petrolero y del proceso de aculturación que éste lleva implícito como economía dependiente y desnacionalizadora. Sin embargo, el propósito ahora es el de reconstruir esos cambios pero en dos niveles, el de la estructura  económico-social y el nivel de la estructura mental. Este es su planteamiento:

 

La economía urbana, petrolera, minero-extractiva, industrial y financiera en general, liquidan en sentido histórico las bases estructurales de la sociedad rural, pero la mentalidad rural se proyecta en la sociedad global venezolana de nuestro tiempo como una reminiscencia arcaica. Es mentalidad subsiste en patrones de conducta y modos de vida, de las clases específicamente modernas, en el caso de Venezuela, con tendencia a desparecer.”

         

            Al lado de temas constantes como el arriba señalado, esbozos anteriores se transforman en nuevos centros de investigación y estudio, tal como es el caso de la Nación Venezuela frente a los cambios económicos, sociales, políticos y culturales mundiales. El tema cobra fuerza en la década de los 80 alrededor de los preparativos de edición de las Obras Completas del historiador Laureano Vallenilla Lanz.  En el estudio que prepara como Prólogo del primer tomo dedicado a la obra Cesarismo Democrático, Brito  Figueroa presenta su noción histórica de la categoría nación y expone su tesis sobre el origen de la Nación Venezuela. De lo primero señala, que las naciones “...son categorías históricas que no se crean ni se eliminan por decreto o por decisiones político-administrativas apoyadas en ‘constituciones de papel’, sean éstas federalistas, centro-federalistas, oligárquicas, demoliberales o demosocialistas. Las naciones, las nacionalidades y también las minorías nacionales y los grupos étnicos, existen y existirán hasta tanto estén vivas como realidades objetivas (económicosociales, políticas y culturales) las condiciones que engendraron esas categorías históricas.”30  

 

            Esta concepción histórica del hecho nacional lo lleva a plantear, en consecuencia, su tesis sobre el origen de la Nación Venezuela. “Una cuestión es cierta, - afirma -  para quienes cultivamos la historia económico-social con criterio de totalidad, en términos estructurales...Esa cuestión cierta, para nosotros, es la siguiente: en las últimas décadas coloniales se observan, en proceso de desarrollo, los elementos formativos de la Nación Venezuela,...”  ¿Cuáles son las condiciones que caracterizan este proceso?  En primer lugar, al forjarse el hecho nacional en el contexto colonial, más allá de su estructura jurídico-política y de la fecha cronológica 7 de septiembre de 1777, la Nación Venezuela surge en el contexto de una nación oprimida. En segundo lugar, este hecho lleva necesariamente a releer los acontecimientos de 1830, donde la desintegración de la República de Colombia  es interpretado como un proceso de “restauración de la República o, más correctamente, de Venezuela Nación independiente” que como lo había señalado Vallenilla Lanz en su momento había sido un “movimiento eminentemente popular, con un caudillo del mismo origen al frente”.   

 

            Profundizando el tema nacional, Brito Figueroa incorpora en el análisis el nivel de la Historia de la Territorialidad como parte constitutiva de la formación nacional venezolana, ya que como rasgo característico de nuestra historia republicana, después de la desintegración de la “Gran Colombia” “...comenzaron las reclamaciones con respecto a nuestro territorio, que de hecho venía siendo reducido por la parte neogranadina.”31, transformándose el problema territorial, límites y fronteras en aspecto central de la evolución de la Nación, tanto en términos físico-geográficos como políticos e ideológicos.  En el contexto de lo que denomina en 1997 la permanente revolución tecnológica que vive la humanidad, base de la mundialización de la economía...” el historiador se pregunta acerca de la suerte de nuestra naciones latinoamericanas y del Caribe frente a la avasalladora fuerza de dominación que le impone al mundo el nuevo imperialismo planetario, y expone cómo el tema nacional se justifica en su estudio, como problema de investigación y como problema político, “por el brutal impacto en nuestras patrias de la planetarización imperial, hegemónicamente tutoreada por United States, sobre todo en Venezuela, cuyo periplo evolutivo como Nación oprimida parece ser de colonia hispanoamericana a colonia del Imperio del dólar.”32  

 

Al final, el objeto de estudio del historiador sigue siendo el mismo de décadas  atrás, uno, único e integral, una país llamado Venezuela en el contexto de América Latina y el Caribe y frente a las realidades de un mundo en permanente transformación.  Si conocer para trasformar  ha sido principio tomado del viejo pensador de Tréveris, cultivado hasta el presente, la conducta cívica del historiador de oficio que simboliza el profesor de Strasbourg fusilado por los nazis por su amor a Francia y a las libertades del mundo, son finalmente más que modelos de ciencia, fundamentos éticos que explican en parte una obra, una pasión y una vida. Por ello, en Federico Brito Figueroa, para escribir la historia de un pueblo hay que militar en ella, hay que unir pasado, presente y futuro  asumiendo el riesgo de ser luz de la verdad en un mundo sometido a la falsedad y a la mentira. Estamos recordando a Marx frente a El Capital y a Bloch frente a L’Etrange Défaite.  El historiador como conciencia crítica de su tiempo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

FUENTES CONSULTADAS

 

BLOCH, Marc. Los Reyes Taumaturgos. (1° edición en español) México: Fondo de Cultura Económica de México. 1988.

 

_______________.  Apología para la historia o el oficio de historiador . (Edición crítica preparada por Étienne Bloch). México: Fondo de Cultura Económica de México. 1996.

 

BOURDÉ, Guy et Hervé MARTIN. Les écoles historiques. Paris: Éditions du Seuil. 1989.

 

BRITO FIGUEROA, Federico.  Historia Económica y Social de Venezuela. Caracas: EBUC. 4 tomos.

 

_________________________.      La estructura económica de Venezuela colonial. (4ª. Edición)  Caracas:  EBUC. 1996.

 

_________________________.     El problema tierra y esclavos en la Historia de Venezuela. (2da. Edición). Caracas: EBUC. 1985.

 

_________________________.  La Comprensión de la Historia en Marc Bloch. Caracas-Barquisimeto-La Victoria: Fondo Editorial Buría-Centro de Investigación y Altos Estudios Alejandro de Humboldt. 1996.

 

_________________________.  30 Ensayos de Comprensión Histórica. Caracas: Ediciones Centauro. 1991.

 

_________________________.    Balance y Comprensión Crítica del Tomo I de nuestra “Historia Económica y Social de Venezuela”  La Victoria-Caracas: Cátedra Libre Federico Brito Figueroa. 1992.

 

CHEVALIER,  François.  La formación de los latifundios en México. México: Fondo de Cultura Económica. 1985.

 

ÉCOLE DES HAUTES ÉTUDES EN SCIENCES SOCIALES. Marc  Bloch aujourd’hui. Paris. Éditions de EHESS.  1990.

 

FEBVRE, Lucien. Au coeur religieux de XVI° siècle. Paris: École Pratique de Hautes Études. 1983.

 

LE GOFF, Jacques (Dir) La nouvelle histoire. Paris: Editions Complexe. 1978.

 

RAMOS GUÉDEZ, José Marcial. Bibliografía y Hemerografía de Federico Brito Figueroa. La Victoria: Publicaciones de la Alcaldía del Municipio Ribas. 1991.

 

ROJAS, Reinaldo. Historia Social de la Región Barquisimeto en el tiempo histórico colonial. 1530-1810. Caracas: Fuentes para la Historia Colonial de Venezuela. Nº 229. 1995.

 

UNIVERSIDAD DE LOS ANDES.  La Investigación Histórica en Venezuela. Mérida: Memoria del I Encuentro de Institutos y Centros de Investigación Histórica en Venezuela, Mérida, 3-4 de diciembre de 1990. Centro de Estudios Históricos “Carlos Emilio Muñoz Oráa”. 1992. 

 

UNIVERSIDAD METROPOLITANA. Argumentos. México: Publicación de la División de Ciencias y Humanidades de la Universidad Metropolitana, Unidad Xochimilco. Abril de 1997.

 

 



* Ponencia presentada en el II Seminario de Investigación Historiográfica, realizado en la Universidad de Los Andes, Mérida-Venezuela, del 7 al 10 de diciembre de 1999. 

** Profesor Titular de la Universidad Pedagógica Experimental Libertador (UPEL). Doctor en Historia. Premio Nacional de Historia (1992), Premio Continental de Historia Colonial de América “Silvio Zavala”, México, IPGH (1995) y Premio a la Labor Investigativa en la UPEL (2004).  Miembro del Programa de Promoción del Investigador (PPI) del Ministerio de Ciencia y Tecnología, Nivel IV (2004-2009). Presidente de la Sociedad Venezolana de Historia de la Educación (2004-2006)

 

1 Esta concepción de la historia social es la que asumimos en nuestra obra: Historia Social de la Región Barquisimeto en el tiempo histórico colonial. 1530-1810. 1995.

2 Cf. Bourdé, Guy et Hervé Martin. Les écoles historiques. 1989. P. 215 y ss.

3 Cf. Bloch, Marc. Los Reyes Taumaturgos. 1988. Un excelente balance de esta obra es el que hace Jacques Le Goff en su ensayo  “La genèse du miracle royal”. École des Hautes Études en Sciences Sociales. Marc  Bloch aujourd’hui.  1990. pp. 147-156.

4 Cf. Ariés, Philippe. “L’Histoire des  mentalités”. En: Le Goff, Jacques (Dir) La nouvelle histoire. 1978. pp. 167-190.

5 Cf. Febvre, Lucien. Au coeur religieux de XVI° siècle. 1983.

6 La primera edición en español que conocemos es la realizada por la Editorial Ariel, Barcelona, en 1970.

7 Esta primera edición de 1949 dio lugar a las primeras traducciones al español como es el caso de la conocida Introducción a la Historia editada por primera vez en México, en 1952,  por los Breviarios del Fondo de Cultura Económica. Sin embargo, esta primera edición ha sido corregida con otro manuscrito rescatado por el hijo de Bloch, Etienne Bloch, y publicado por primera vez en Francia por la conocida editorial Armand Colin en 1993 y que ha dado lugar a una nueva edición en español, publicada por el Fondo de Cultura Económica de México en 1996, con su título original, a saber: Apología para la historia o el oficio de historiador.

8 Cf. Aguirre Rojas, Carlos.  “La recepción del Métier d’historien de Marc Bloch en América Latina.”  Argumentos. México: Publicación de la División de Ciencias y Humanidades de la Universidad Metropolitana, Unidad Xochimilco. Abril de 1997. (pp. 123-161)

9 El Dr. Luis Beltrán Guerrero fue Profesor de la Facultad de Filosofía y Letras de la UCV en la década de los 50, donde ocupó el cargo de Secretario del Consejo Rectoral además de ser el  primer Director del Instituto de Estudios Hispanoamericanos, período 1953-1958. Cf.  La Investigación Histórica en Venezuela. Mérida: Memoria del I Encuentro de Institutos y Centros de Investigación Histórica en Venezuela, Mérida, 3-4 de diciembre de 1990. Centro de Estudios Históricos “Carlos Emilio Muñoz Oráa” , ULA. 1992.  p. 32.

10 Cf. Rojas, Reinaldo. “Federico Brito Figueroa y la formación de historiadores profesionales en Venezuela.”  En: Brito Figueroa, Federico.  La Comprensión de la Historia en Marc Bloch. 1996. PP. 135-145.

11 En: Ramos Guédez, José Marcial. Bibliografía y Hemerografía de Federico Brito Figueroa. 1991. P. 13.

12 Esta obra de gran influencia en los estudios agrarios de Brito Figueroa fue publicada por primera vez en Francia en 1953 por el Instituto de Etnología de Paris y luego traducido al español y publicado por el Fondo de Cultura Económica de México en 1956.

13 Brito Figueroa, Federico. “Historia-Sociología Agraria y Rural en Venezuela”. En: 30 Ensayos de Comprensión Histórica. 1991. P. 498.

Par Verde - Publié dans : Historia de Venezuela
Lundi 20 août 2007 1 20 /08 /Août /2007 21:01

FEDERICO BRITO FIGUEROA, LOS ANNALES  

Y LA HISTORIA ECONOMICA Y SOCIAL DE VENEZUELA*

 

Reinaldo Rojas**

 

 

RESUMEN

 

El cultivo y difusión de la llamada Ecole des Annales fundada en Francia en 1929 por Marc Bloch y Lucien Febvre, a través de la revista Annales d’histoire économique et sociale ha tenido en el historiador venezolano Federico Brito Figueroa (1921-1999), un importante y destacado promotor, a través tanto de su obra escrita  como de su labor formativa en el campo universitario de postgrado.  El propósito de este artículo es presentar un cuadro general de relaciones entre los principios que han sustentado la tradición analista en los estudios históricos contemporáneos y la obra de Brito Figueroa, centrándonos en una de sus obras, la Historia Económica y Social de Venezuela (cuatro tomos),  la cual no sólo trata de responder a los postulados metodológicos de esa corriente historiográfica, en combinación con la formación marxista del autor, sino que viene a constituir un hito en el desarrollo de la historiografía venezolana contemporánea, al abordar problemas históricos del país desde una perspectiva diferente a como se venía realizando en Venezuela a fines de la década de los 50  y principios de los 60, que es cuando aparece el primer volumen de esta obra. A tal efecto, después de pasar revista somera acerca de la importancia de Annales como revolución historiográfica del siglo XX en Francia y de detenernos brevemente en cuanto a su recepción  en nuestro medio académico y de investigación, pasamos a analizar la estructura y contenido de la Historia Económica y Social de Venezuela en referencia a  sus vinculaciones con la obra de Bloch y la tradición que le sigue en Francia para aquellos años.

 

Palabras claves:  Historia Económica y Social, Escuela de Anales, historiografía venezolana.          

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

I.- Los Annales como revolución historiográfica del siglo XX en Francia, 1929.

 

            La aparición de la revista Annales d’histoire économique et sociale  en Strasbourg, 1929,  es sin duda alguna, uno de los grandes acontecimientos historiográficos del siglo XX.  Con ello, no sólo salió a la luz pública una importante publicación en el campo de la investigación histórica y social,  sino que con su aparición,  se dio inicio formal a un proceso de transformaciones en el quehacer historiográfico contemporáneo,  a través de un nuevo tratamiento de la materia histórica que culminará  en una primera fase, con la redefinición misma de la Historia como Ciencia de los Hombres en el tiempo.

 

            Gran parte de la obra de los fundadores y principales colaboradores de Annales ha sido fundamental en la tarea de hacer del estudio de los hechos pasados un procedimiento metódico, ajustado a las nuevas perspectivas que emergen en las Ciencias Sociales, entre fines del siglo XIX y primeras décadas del siglo XX.  Un primer rasgo de esta nueva perspectiva,  es la visión de integración y multidisciplinariedad que estará presente en esta empresa intelectual, sintetizada en lo que Bloch y Febvre – siguiendo a Henri Berr - denominaron una historia síntesis, una historia global, que es lo que define a la Historia Social que promovieron y cultivaron en sus estudios.1 

 

Los nombres y oficios de sus primeros fundadores dan base a esta apreciación: Seis historiadores, a saber, Marc Bloch, Lucien Febvre, André Piganiol, George Espinas, Henri Pirenne y Henri Hauser;  un sociólogo, Maurice Halbwachs, un  politólogo, A. Siegfried y un geógrafo, Albert Demangeon.2  Allí, en el ámbito de la Universidad de Strasbourg, vitrina del mundo académico francés frente a Alemania,  después de la reconquista de la Alsacia y la Lorena en la I Guerra Mundial; en aquella renovada institución, Bloch no sólo compartirá esta nueva visión de la Historia y de las Ciencias del Hombre con su compañero de toda la vida, Lucien Febvre, y sus co-partidarios de la revista Annales, sino que también hará relaciones de trabajo con un excelente grupo de historiadores como Charles-Edmond Perrin y George Lefebvre y los sico-sociólogos Charles Blondel y George Le Bras, amigos con quienes el conocido autor de la Apologie pour l’histoire compartirá la elaboración de su gran obra Le rois thaumaturges (1924)3, en la que se abre por primera vez  campo a lo que más tarde será denominado como historia de las mentalidades y las representaciones y a cuya primera generación – como dice Philippe Ariés4, – pertenece también Lucien Febvre con sus estudios sobre la reforma religiosa en el siglo XVI.5                

 

            Sin embargo, son los artículos, comentarios y editoriales que firmará Febvre en Annales y que luego serán publicados como Combats pour l’histoire en 19536, y la publicación en 1949 de la Apologie pour l’histoire ou Métier d’historien7, los que darán cuenta de ese proceso de deconstrucción-construcción que se plantearon los fundadores de esta importante corriente científica en el campo de la Historia y las Ciencias Sociales  y que se difundirá por el mundo como  Escuela de los Anales.

 

II.-   Los Annales en Venezuela.

 

            Annales llega a Venezuela por dos vías, fundamentalmente: Por la difusión literaria y por la labor formativa de los miembros de esa corriente historiográfica francesa en América Latina.  Es indudable que en la primera vía, le toca un primer puesto a la recepción y traducción de la Apologie pour l’histoire de Bloch, obra que como ha estudiado Carlos Aguirre Rojas ha tenido una notable difusión en América Latina8,  dándose su primera traducción en México, por parte de un alumno de los cursos de Fernand Braudel en París, antes de 1950, el sociólogo mexicano Pablo González Casanova y el escritor de origen francés Marc Aub, primera edición en español que saldrá publicada en la colección Breviarios del Fondo de Cultura Económica (FCE). El título no se corresponde con el original y por ello la Apologie saldrá a la luz en español en nuestro continente, año de 1952,  con el título de Introducción a la Historia. 

 

            Ha sido el propio Federico Brito Figueroa quien ha comentado que corresponde al  humanista Luis Beltrán Guerrero, el haber difundido tempranamente en nuestro país, a finales de la década de los 50,  en su Cátedra de Teoría de la Historia que dictaba en la UCV, la Introducción a la Historia de Bloch publicada en México9. Sin embargo, es justo reconocer que será a partir del establecimiento de los estudios de postgrado en Historia que el propio Brito Figueroa funda en la década de los 70 en la UCV y posteriormente en la década de los 80 en la Universidad Santa María,10  que se empezará a estudiar con más profundidad y detenimiento la obra del fundador de Annales y toda la pléyade de historiadores franceses que para nuestro historiador se continúa en los maestros François Chevalier, Albert Soboul y Pierre Vilar.  Al explorar estos primeros contactos formales de Federico Brito Figueroa con Bloch y los Annales, es necesario estudiar su estadía en México entre 1952 y 1958.    

 

            Efectivamente, es en México donde Brito Figueroa va a completar su formación profesional universitaria en la Escuela de Antropología e Historia en donde obtiene el título de Etnólogo y el Grado Académico de Maestro en Ciencias Antropológicas, con la presentación de su tesis, aún inédita, Desarrollo Económico y Proceso Demográfico en Venezuela, 1958. De su estadía en México y su repercusión en su formación ha dicho lo siguiente:

 

“Mi gran maestro se llamó José Miranda; fui alumno de Wenceslao Roses, traductor de “El Capital”. Me dio Teoría Económica y es ahí donde comienzo a aproximarme a la Escuela Francesa, la Escuela de los Annales, a Marc Bloch. Concurso y me gano una beca, mi Maestría en Ciencias Antropológicas. Presento una tesis. Ahí es donde me hago como(sic)  historiador.”11  

 

            Igualmente,  destacan las Mesas Redondas que sobre diversos tópicos de la Historia Social, en especial el tema agrario, animaba un discípulo de Bloch que se encontraba por aquellos años en México,  en L’Institut Français d’Amérique Latine, el destacado autor de La formación de los latifundios en México,12  François Chevalier. Posteriormente,  – afirma el propio Brito Figueroa -   pero en esos mismos años, mis contactos con Ernest Labrousse, Pierre Vilar, Albert Soboul y Witold Kula completaron el cuadro de mi formación profesional, porque a través de ellos me llegó la luz de L’École des Annales, fundada en los años 30 por Marc Bloch y Lucien Febvre.”13  Es con este bagaje teórico y profesional que regresa Brito Figueroa a Venezuela en 1958. ¿Cómo influye esta preparación intelectual en su obra posterior?

    

III.-  Federico Brito Figueroa y su Historia Económica y Social de Venezuela.

 

            Es en México que Federico Brito Figueroa proyecta la realización de su Historia Económica y Social de Venezuela. Sin embargo,  un estudio de tal magnitud tiene sus antecedentes en Venezuela, cuando realiza sus primeros ensayos como estudiante en el antiguo Instituto Pedagógico Nacional, institución en la que recibe los fundamentos de su formación pedagógica e histórica al lado de maestros como Pablo Vila, Eugenio Imáz, Rodolfo Loero y Luis Acosta Rodríguez y que recuerda como un “laboratorio orientado a formar, en lo inmediato, profesores para la educación media, pero con perspectiva hacia un futuro quehacer en el campo de la investigación, combinado ésta con la docencia, ambas como una actividad cotidiana.”14, afirmación que comparte con sus condiscípulos Ramón Tovar y Guillermo Morón, quienes también, desde las aulas del antiguo Pedagógico Nacional, han hecho carrera en el ámbito de la Historia y las Ciencias Sociales que se cultivan modernamente en nuestro país.

 

            Y, efectivamente, en su Historia Económica y Social de Venezuela,  se puede apreciar esa combinación de influencias que caracterizan la obra historiográfica de Federico Brito Figueroa, donde se destacan dos grandes tendencias: el marxismo, teoría social revolucionaria que asume desde que se incorpora a la lucha social, especialmente, campesina, en los valles de Aragua en la década de los 40, donde producto de su  militancia comunista sufrirá prisión  y destierro en los primeros años de la dictadura perezjimenista. En aquellos años nuestro autor desarrolla sus actividades políticas a la par que realiza  estudios en el Instituto Pedagógico, institución de la que egresa como Profesor de Historia y Geografía en 1949.  

 

            La otra tendencia es la que le viene de su formación profesional en el campo de la Antropología y la Historia al lado de la obra de Bloch y la Escuela de Annales.  En su Historia Económica y Social se encuentran ambas influencias, muy bien expresadas en la concepción misma de Historia que cultiva el autor, en su fundamentación teórico-conceptual y en su abordaje metodológico.  En la Introducción a la primera edición de esta obra, pensada para seis tomos, de los cuales hasta 1987 han aparecido cuatro,  encontramos ambos aspectos: La concepción de una historia militante, comprometida con los procesos políticos de cambio revolucionario,  de reigambre marxista, al lado de un tratamiento profesional de la materia histórica, asumida su investigación como un proceso metódico, crítico y global, de inspiración analista y blochiana donde aparecen nuevos conceptos como criterio de totalidad y comprensión histórica, enfoques que junto al instrumento de la crítica social y el arte del buen escribir que cultiva desde sus primeros ensayos históricos entre 1949 y 1951, antes de su viaje a México en 1952,15  le darán a toda su obra historiográfica su particular estilo en la construcción del discurso histórico.   De ese estilo de escribir y de su método de trabajo e investigación, el propio autor nos ha dejado el siguiente testimonio, a propósito de un ensayo publicado en 1987 y dedicado al Suplemento Cultural del diario caraqueño Ultimas Noticias. Allí señala, en cuanto al uso de la prensa diaria como primer escenario de ensayo y crítica a su labor de historiador, lo siguiente:

 

En la página de opinión, a través de la columna “El Aula en la Calle” presento brevemente y en estilo directo, las notas iniciales de textos que posteriormente publico en el Suplemento Cultural en forma de ensayo y finalmente culminan en libros definitivos. Esta modalidad de escribir   para mis lectores (los únicos críticos que tomo en cuenta en mi trabajo como productor intelectual) me permite contrastar mis hipótesis y formulaciones teóricas con alumnos cercanos o lejanos; con los hombres y mujeres del pueblo que leen y discuten todo cuanto escribo, afortunadamente, con los especialistas con quienes estoy plenamente identificado en cuanto a los fines de “...la historia ciencia de los hombres en el tiempo”. (Subrayado nuestro)

 

            Y en cuanto a la crítica adversa a su obra y concepciones, destaca:

 

“Me permite igualmente conocer las críticas adversas de la historia oficial, conformada espiritualmente por el sistema económico-social y político dominante como una forma de afianzar esta condición en la mentalidad colectiva. Crítica adversa necesariamente porque si ocurriera lo contrario dudaría y me atrevería a repetir la exclamación de Augusto Bebel en el parlamente alemán: “...viejo imbécil que has hecho para que te aplauda la canalla...”.”16

 

            Pues bien, cuatro señalamiento de carácter teórico y de método encontramos en la Introducción de 1966 al primer tomo de la Historia Económica y Social de Venezuela,   que vienen a ser ejes centrales de su concepción historiográfica y donde podríamos decir,  a manera de hipótesis,  se interceptan los dos grandes pensadores sociales que más han influenciado a nuestro autor: Carlos Marx y Marc Bloch, en una relación de identidad y diferencia que más tarde el propio Brito Figueroa explorará en su libro Comprensión de la historia en Marc Bloch.17  Estos cuatro conceptos son a nuestro juicio los siguientes:

  1. La categoría colonia y su utilización como instrumento de análisis del proceso de dominación capitalista de la América Latina y del Caribe, categoría que viene a ser principio de la periodización que propone para el estudio y comprensión crítica de la Historia de Venezuela, desde el pasado aborigen prehispánico hasta nuestra contemporaneidad.
  2. La noción de historia estructural como fundamento y modalidad  de la Historia Económica y Social.
  3. El cultivo de la totalidad como criterio de análisis histórico y
  4. La toma de posición a favor de una historia militante, comprometida con el presente sin por ello estar sometida a sus exigencias políticas coyunturales.

 

Empecemos por su concepción de la Historia como ciencia y su relación con la Política. Para Federico Brito Figueroa, es evidente que la labor historiográfica verdadera se desarrolla entre las exigencias de la  racionalidad científica y la pasión por la política. Así lo señala en la Introducción de 1966:

 

La historia no es un conjunto de tesis a demostrar, pero en todo trabajo historiográfico, en cualquier obra de historia aplicada, precisamente para tener carácter de obra histórica, es necesario constatar el hilo conductor teórico reflejado en la capacidad de abstracción del historiador. La historia no es la política, pero el historiador, hombre de su tiempo, factor histórico individual de los problemas históricos de su tiempo y de su sociedad, no puede  eludir la comprensión del presente para penetrar con más fuerza y certeza en la explicación del pasado.”

 

            La distancia con las realidades del presente no supone su ignorancia. Por ello  puede perfectamente afirmar, en relación a lo que denomina neutralismo ético:

 

No, el historiador es, tiene que ser,  neutral en el desarrollo de sus investigaciones, así se contradigan sus propias hipótesis de trabajo, pero el historiador tiene también que comprender su presente, recordando en esto la lección de Marc Bloch…”18   

 

            Aquí nuestro autor, nos recuerda el famoso párrafo de la Apologie  según el cual “La incomprensión del presente nace fatalmente de la ignorancia del pasado. Pero quizá es igualmente vano esforzarse por comprender el pasado,  si no se sabe nada del presente.”,19 ubicándonos  claramente en la concepción blochiana de la historia como ciencia de los hombres en el tiempo, retomando con ello el concepto de solidaridad de los tiempos y de las edades que hace posible asumir el análisis histórico más como proceso que como simple encadenamiento de acontecimientos y hechos individuales, a la manera de la historia tradicional, acontecimental y  positivista.

 

            Para Brito Figueroa, esta asunción consiente de la historia desde el presente, tiene en nuestro medio una clara carga política y de compromiso social que lo hace reafirmar, ya como historiador profesional, que no puede haber otra historia que la historia comprometida con la verdad y por ello, una historia confrontada – en teoría y práctica -  con la “historia oficial”, historia del poder, historia alienada “…orientada a “explicar”, pero sobre todo a justificar una situación que aspiran a presentar como eterna e inevitable”20.  Al hacer la caracterización global del proceso histórico venezolano, la categoría comprensiva de lo colonial se transforma en el eje central de sus hipótesis de trabajo. Así se puede apreciar en la estructuración inicial de los primeros tres tomos de la Historia Económica y Social. Veamos:

 

            El tomo I se corresponde con la “Formación de Venezuela”, abarcando el pasado indígena pre-colonial, el tiempo histórico colonial hispano y la Venezuela independiente en la primera y segunda mitad del siglo XIX.  El tomo II se denomina “Venezuela Siglo XX” estructurado en  dos partes,  a saber, la época de la penetración imperialista  y la época del neocolonialismo y el tomo III que el autor titula “Venezuela contemporánea” con una única parte referida a la época de la colonización integral del país y que publica en su primera edición en 1973 con un nuevo título: “Venezuela contemporánea ¿país colonial?. En  términos cronológicos los tomos I y II fueron editados por primera vez en 1966, por la UCV, el Tomo III por Venediciones en 1973  y el  tomo IV por la UCV en 1987, vale decir, en veintiún años de vida profesional. 

 

            Cubierto en los tres primeros tomos la relación entre las estructuras demográfica, económica y social  de Venezuela, el tomo IV abre el estudio,  a lo largo de todo el proceso histórico venezolano,  de la relación “Clases Sociales y Poder Político”.  Sin embargo, cada reedición de su obra da al autor la oportunidad de reflexionar sobre la misma. Si en 1966 afirma que “En sentido histórico, neocolonial  o colonial  son los únicos términos con los que se puede definir y caracterizar el proceso de dependencia que domina en todos los niveles sociales de Venezuela contemporánea”, veinte años después, en 1987,  en el Prefacio y Propósito del Tomo IV señala, lo siguiente:

 

En el futuro, a partir de la sexta edición, el contenido temático (manteniendo la misma estructura) de los tomos I, II y III variará sensiblemente. (...) Los tomos II y III serán actualizados estadísticamente, y nada más, porque al revisar las fuentes, apoyados en el criterio metodológico que orienta nuestros trabajos, la investigación empírica y teórica conduce a los mismo resultados: la línea de evolución histórica de Venezuela es de país colonial, pasando por postcolonial y semicolonial, hasta concluir en neocolonial en nuestro tiempo.”21 

 

            En este mismo orden de ideas, en 1992 publica un opúsculo con el título de Balance y Comprensión Crítica del Tomo I de nuestra “Historia Económica y Social de Venezuela”  en donde hace énfasis en el carácter aproximativo de sus investigaciones sobre el proceso histórico venezolano, destacando su condición de obra en permanente construcción. Allí,  partiendo del subtitulo que acompaña su Historia Económica y Social de Venezuela como propuesta de una “estructura para su estudio”,  señala: 

 

Si, “una estructura para su estudio”, porque la historia real de Venezuela puede ser (y así es) comprendida desde diferentes perspectivas, tomando en consideración otros elementos integradores de esa realidad. En efecto, algunas tendencias historiográficas fijan su atención en los sistemas políticos; otras en las ideas o en la cultura en sentido estricto, en la tecnología o en el cambio social.  Todo es válido en la ciencia de la historia, sólo que yo seleccioné la población, la estructura económica y la estructura social como “niveles” significativos de cualquier sociedad global. Esos niveles me facilitaron la reconstrucción y comprensión de la sociedad venezolana, con espíritu de totalidad, a lo largo de un “tiempo de larga duración”. Es decir, desde el mundo colonial iberoamericano al mundo  neocolonial  contemporáneo, regido por el imperialismo planetario, especialmente en la modalidad angloamericana (US).”22 

 

La ratificación de su periodización histórica, sustentada en la categoría colonia, no le impide exponer los cambios que la obra sufre frente a realidades políticas y sociales no sólo nacionales sino también internacionales, por efecto de las transformaciones que vive el mundo en su conjunto en la década de los 80, en especial después de 1989 tras los efectos que en  el socialismo y la teoría crítica marxista produce la desaparición de la Unión Soviética y del Campo Socialista. Veamos como asume este problema. 

 

En el Tomo IV ya se observan rectificaciones con respecto al proyecto original, aunque todavía subsisten algunas formulaciones tipo marxismo demodé, de manera ostensible ene el capítulo XXIV.”

 

            ¿Cuáles son esas modificaciones de que nos habla el autor y cuya precisión nos permiten apreciar su método de trabajo, en especial, en lo que corresponde a una obra de gran magnitud y aliento, como es la que venimos comentando?.

 

 La de esbozar ­– según señala – un tiempo histórico postcolonial,  que se extendería cronológicamente, desde la ruptura del orden colonial hispánico hasta los años sesenta del siglo diecinueve (desaparición de hecho y de derecho del régimen de esclavitud en la estructura económico-social) pero que podría considerarse que igualmente se prolonga hasta las primeras décadas del siglo veinte, porque subsistieron, con carácter dominante, otros dos rasgos coloniales: la gran propiedad territorial o  latifundio, y el nexo de dependencia de tipo tradicional exportación-importación. Así fue hasta que la renta petrolera minero-extractiva entró a dominar la economía venezolana, con relación al carácter de la dependencia.”

 

Y efectivamente, en la edición de 1987, el tomo IV aborda la periodización del proceso histórico venezolano dividido en dos grandes momentos: la Venezuela colonial y la Venezuela postcolonial que el autor extiende cronológicamente hasta la sexta década del siglo XIX. El tomo V trata de los Antecedentes de la Penetración Imperialista, de la sexta década del siglo XIX a la década de los años treinta del siglo XX y el tomo VI de la Penetración Imperialista  al Tiempo Histórico Neocolonial. 

 

            Para Federico Brito Figueroa, los cambios del 89 lejos de cambiar la esencia del Capitalismo y del Imperialismo, lo que hacen es profundizar sus rasgos de dominación social y de explotación nacional, transformando al sistema que emerge de la caída del Muro de Berlín en un nuevo Imperialismo, un Imperialismo Planetario, categoría que sustenta en su Lección Magistral “El historiador de América Latina y el Caribe frente a la planetarización imperialista”,  expuesta en la VII Jornada Nacional sobre Investigación y Docencia en la Ciencia de la Historia, celebrada en Barquisimeto en julio de 1997. En aquella oportunidad se le oye decir:

 

Si, en efecto, un nuevo tiempo se está conformando como tejido mental del orden planetario imperial, el cual entró en el escenario de la historia contemporánea, en sentido universal, en los años correspondientes al Bicentenario de la Revolución Francesa (1989) y a los cinco siglos del llamado “Descubrimiento de América” (1992)”23

           

            Es en este contexto de crisis del proyecto socialista producto de  la desaparición del Socialismo Real y de expansión del Capitalismo bajo la forma de Imperialismo Planetario que Federico Brito Figueroa asume  en la década de los noventa del siglo XX la reflexión sobre su obra y, en especial, de su Historia Económic

Par Verde - Publié dans : Historia de Venezuela

Miguel Bakunin

 

 

Carl Sagan

Así, a medida que la ciencia avanza, Dios parece tener cada vez menos que hacer. Es un gran universo, desde luego, por lo que Él, Ella o Ello, podría estar ocupado provechosamente en muchos sitios. Pero lo que evidentemente ha ocurrido es que ante nuestros propios ojos ha ido apareciendo un Dios de los vacíos; es decir, lo que no somos capaces de explicar, se lo atribuimos a Dios. Después, pasado un tiempo, lo explicamos, y entonces deja de pertenecer al reino de Dios. Los teólogos lo dejan de lado y pasa a la lista de competencias de la ciencia.

 

Carl Sagan: “La diversidad de la ciencia” [2007]



 

Stepehen Hawking

"La estirpe humana no es más que un sustrato químico en un planeta pequeño, orbitando alrededor de una estrella mediana, en los suburbios de una galaxia del centenar de miles de millones que existen"

 

Carlos Marx

“Durante el curso de su desarrollo, las fuerzas productivas de la sociedad entran en contradicción con las relaciones de producción existentes, o, lo cual no es más que su expresión jurídica, con las relaciones de propiedad en cuyo interior se habían movido hasta entonces. De formas de desarrollo de las fuerzas productivas que eran, estas relaciones se convierten en trabas de esas fuerzas. Entonces se abre una era de revolución social” (1859)

 

 

Albert Einstein

Si una idea no parece absurda

de entrada,

pocas esperanzas

hay para ella.-

 

Groucho Marx

"El secreto de

la vida es

la honestidad y

el juego

limpio, si puedes

simular eso,

lo has conseguido."  

  

MARX, Groucho (1890-1977) 
Actor estadounidense

 

 

 

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