El desenlace del contencioso de Venezuela con Exxon proyecta serias dudas sobre la tesis que se viene sosteniendo en torno al declive del Estado Nación. En efecto, si Venezuela ha podido pararle el trote a una multinacional tan poderosa como esa es porque todavía el peso del Estado Nación sigue siendo importante. Habría que esperar a tener mayores detalles sobre la decisión y ver qué opinan los teóricos de la desaparición del Estado en aras de la Dictadura de los Mercados sobre este revés a sus posiciones.
Desde luego, esto también tiene relación con el tema de la democracia que tanto se debate en los círculos académicos en estos tiempos.
Que la democracia deje de ser asunto de élites y pase del plano político al plano social es de suma importancia. No basta con que un gobierno sea medido por los demócratas de toda la vida, sino que es preciso que la sociedad sea democrática en todos los sentidos, incluso en el que relaciona al Trabajo con el Capital o la democracia económica como algunos la han tildado.
Porque debe haber otra forma de producir distinta a la implantada planetariamente por la lógica del capital. A lo largo de la historia esa otra forma se ha manifestado en diversas ocasiones: cooperativismo, ha sido una de las más conocidas, pero también ha habido colectivismo, socialismo, etc. Es hora de que ante la crisis sistémica el mundo todo debata en torno a este punto.
Visto lo visto, nosotros seguimos en nuestros trece, ya que postulamos la forma comunista de sociedad en la cual el Trabajo de todos debe servir para que vivamos en armonía con la Naturaleza y el resto de los integrantes de la especie humana. La apropiación individual de la riqueza social es el peor de los desafueros contra los humanos y sus ecosistemas. Sólo podemos superar el capitalismo mediante el comunismo libertario, que lleva la democracia y la justicia social a todas y todos.
Que ha sido también, guardando las distancias, la utopía defendida por Eric Hobsbawn, el insigne historiador, que fue integrante del Partido Comunista británico y fiel a la URSS hasta el final. Nonagenario, Hobsbawn intuye que las revoluciones del año que acaba de terminar son similares a las que azotaron Europa durante el año 1848. No le falta una pizca de verdad en esa afirmación.
En lo que podríamos discrepar es en ese concepto petrificado de proletariado desde el ángulo de la ortodoxia marxista clásica. Realmente, el proletariado ha sido mucho más que la clase obrera industrial moderna, al menos desde el punto de vista de los anarquistas. Para éstos, el campesinado debe ser incluido dentro del proletariado conjuntamente con los sectores proletarizados de la clase media o pequeña burguesía, y hasta personas venidas de la aristocracia o de la burguesía. No en vano el anarquismo es la única ideología plebeya que tiene entre sus mentores nada menos que a un príncipe el cual, dicho sea de paso, aportó las bases del anarco-comunismo.
Quizá lleve razón Hobsbawn, después de todo. A partir de 1848 el movimiento socialista, nacido en la matriz liberal reacia al absolutismo, mantuvo, dentro de las diferencias, su unidad hasta el golpe de estado de Marx en la Primera Internacional (1872) y la Comuna de París (1871). De ahí en adelante, es historia conocida.-






![pinturas-modernas 2b0f11f2 3[1]](http://img.over-blog.com/600x486/1/21/63/43/2011-19/pinturas-modernas_2b0f11f2_3-1-.jpg)
Todo el escualidismo realmente existente, incluyendo a esa guinda de
liberales libertarios, ha dicho pública o soterradamente que Chávez ha ganado con fraude las elecciones donde ha salido victorioso. La sospecha se ha mantenido como una espada de Damocles desde
1999.
les, otra mezcla hará falta.-




